sábado, 13 de julio de 2013

Capitulo 59 Se desvanecen las estrellas en un pálido rayo de luna

Enjugó una lágrima de emoción al cerrar aquel sobre celeste. Se sentía contenta, luego de bastante tiempo, había llegado lo que esperaba: una tarjeta de invitación. Esa invitación era, nada y nada menos, que para la boda de Anne. Sí, al fin su amiga se casaría, nuevamente. Sabía lo feliz que era, y eso le bastaba para estar feliz también.
-¿Estás llorando? ¿Qué te pasó? –Ringo se inclinó hacia ella, asustado.
-Ey, tranquilo, no me pasa nada –rió ella, frenándolo con una mano sobre su pecho- ¿Acaso no sabés que se puede llorar de alegría?
-Sí pero...me hiciste asustar –contestó, poco convencido -¿Y qué es eso que te pone tan alegre como para llorar?
-Pues...¡una boda! ¡Anne se va a casar!
-¡Eso es genial! Con el médico, ¿no?
-Sí, con Mark. Me pone feliz, ya no estará sola, además Dante ya se acostumbró y también está loco con la idea de tener un papá.
-Es es bueno, es un niño pero ya entiende todo. ¿Y cuándo será?
-En veinte días.
-Ah, no falta nada.
-Es que no es necesario mas tiempo, será algo sencillo.
-¿Serás dama de honor?
-Por suerte no habrá de esas bobadas.
Ringo se sentó a su lado y la atrajo hacia él, rodeándola con un brazo.
-Qué bueno que no te guste,  a mí también me parece una tontería.
-Es que no nos “parecen”, lo son.
-Por eso me gustás –le dio un suave beso en los labios –Ey...¿y yo podré acompañarte?
-No creo que sea conveniente...
-¿Por? Si será algo sencillo, habrá poca gente, nadie me reconocerá.
-Es que creo que Mark no sabe de...
-Ay Evy, por favor...-la interrumpió –Lo sabe todo el país.
-Sí....tenés razón. –contestó pensativa –Me llama la atención que nunca me haya dicho nada con respecto a eso. Bueno, tampoco he hablado mucho con él.
-No le interesará. Estará al tanto de las últimas noticias en medicina, no en farándula
-¡Hola, hola! –George tiró su saco al suelo y prácticamente se arrojó sobre el sofá, junto a ellos.
-¡Ey bruto! ¡Nos aplastaste!
-No te quejes Starkey, sino peso nada
-No importa, te tiraste arriba mío.
-Ay qué delicado saliste.
-Bueno, bueno, no peleen.
-La culpa es de George.
-Basta dije. George, dejaste tirado tu saco, no es un trapo de piso.
-Ya lo levantaré, mamá.
Eva rió con la contestación y negó con la cabeza. A veces, todos parecían niños pequeños y caprichosos. George se acomodó mejor en el sofá.
-¿Qué es ese sobre?
-Un sobre.
-No te pregunté a vos, Richard Henry.
-Se levantaron con ganas de fastidiarse, ¿no? Es una invitación a una boda.
-¡Ya sé! ¡Se casa tu amiga, la rubiecita, Jenny!
-No, la otra. Anne.
-¡La mamá de Dante!
-Exacto.
-Ay ese niño....yo lo adoptaría y lo convertiría en un mini-Harrison.
-Pobre criatura –dijeron Eva  y Ringo, al unísono, y después se echaron a reír ante la mirada de George.
-Ey Evy –dijo cuando al fin dejaron de reírse de él -¿No has sabido nada del tipo ese? El que mató al otro....¿cómo se llamaban?
-No nombres a ninguno de los dos –dijo Eva, con cara da asco –Y sí, leí en el periódico que lo detuvieron y está con prisión preventiva o algo así.
-Ahh...qué alivio....
-La verdad es que poco me acordaba yo de eso, no tenía tiempo, ya saben...otras cosas....
Ringo y George sólo asintieron, incómodos. De la nada, Ringo le dio un beso en la mejilla, y George miró hacia otro lado. Aún seguía confundido, y cuando pensaba que ya no sentía nada por Eva, mas que simple cariño, veía esas cosas y sentía que lo invadían los celos.
Se puso de pie y se fue  a su habitación, ante la mirada extrañada de Eva y Ringo.
-¿Qué le pasó? –preguntó ella.
-No sé, está loco –rió antes de darle otro beso.
Ya en su habitación, se encendió un cigarrillo, mirando por la ventana hacia el jardín, donde caía la tarde. Estaba nervioso, casi desesperado por encontrar una respuesta. ¿Por qué se ponía así? No sabía si eran celos por Eva, o celos porque John y Ringo aún sentían algo muy fuerte por ella. Tampoco quería ser como Paul, y encima de todo, estaba Pattie. A veces se arrepentía de haber empezado a salir con ella, ya que habían pasado unos meses y la chica, con justa razón, necesitaba que él tomara una decisión. Y a la vez no se arrepentía de eso, porque sentía cosas fuertes y hermosas junto a ella. Estaba ante un dilema y ahora podia asegurar que sabía lo que había sentido y lo que sentía Eva: tener que elegir. Sólo que lo de él, pese a todo, era mas leve. La mitad de leve.




-En vistas de que no tengo nada para ponerme, tendré que comprar –Eva cerró su armario y se calzó unos zapatos bajos.
Se pintó los labios y se puso una capelina. Estaba radiante, como hacía mucho no lo estaba, y quería salir a recibir a la primavera que traía sus cálidos rayos de sol.
Salió a la calle, canturreando una canción cualquiera. Iría caminando hasta el centro de la ciudad. Hacer compras sola la aburría, pero Jenny estaba acompañando a Patrick en una reunión importante con la discográfica.
-A ver...ese vestido celeste está lindo...-dijo mirando una vidriera. –Pero no tengo zapatos que combinen...Bueno, puedo comprar, la ocasión lo merece ¡París bien vale....un par de zapatos!
Se río de sí misma por estar hablando sola y continuó caminando, hasta que una muchacha la interceptó.
-Disculpe, ¿es usted es Eva Sheels?
Bufó. Sus lentes de sol no habían servido para que no la reconocieran.
-Sí, soy yo...-contestó con pocas ganas.
-¿Puedo hacerle una nota? –la chica casi no terminó de preguntar, que comenzó a hacer señas con la mano a un joven que se acercó con una cámara.
-¿Una nota?
-Para una revista.
-No sé.- comenzó a caminar, pero la chica la siguió.
-Sólo queremos saber si sigue con The Beatles.
-Eso no te importa, ¿ok?
-No me trate mal
-No te trato mal, niña. Sólo te digo lo que me parece.
Continuó caminando, con la chica por detrás, ignorando la catarata de preguntas que le hacía. Temía que más gente se diera cuenta y también la siguiera. Al fin, la muchacha se cansó y la dejó en paz, sin poderle sacar ni una palabra más.
-Bien, no voy a dejar que esto me arruine el día, seguiré con lo mío.
Pese a su propósito, el resto de la tarde la pasó algo paranoica, mirando hacia todos lados. A lo lejos, vio caminando a Murray, su “jefa” en el instituto de fotografía. Para evitar cruzarla, se metió en una tienda.


Ya atardecía cuando, cargada de bolsas, decidió pasar por el estudio. Quería darles una sorpresa a los chicos, pero rogaba que no estuviera Paul Por lo que había escuchado esa mañana durante el desayuno, Paul había grabado su parte de la canción en la que estaban trabajando, el día anterior, así que seguramente no estaría. Y si estaba, ya no quería preocuparse mucho, de todos modos, algún día tenía que verlo.
Ni bien llegó a Abbey Road, se arrepintió. Había olvidado que las fans se apostaban allí. Armada de valor, pasó entre ellas y entró al edificio sin dificultad, ya que la conocían. Se giró y no pudo evitar sonreír con satisfacción: las fans se habían quedado estupefactas al verla, no se lo podían creer, la “chica de los Beatles” era real, de carne y hueso.
Se dirigió hacia el estudio como si fuera la dueña del lugar, increíblemente, ese día tenía la autoestima bien lata. Pero todo se vino abajo cuando allí a Paul, junto con Linda.
-Hola Eva –se apresuró a saludarla.
-Hola Linda.
-¡Ey, qué sorpresa! –exclamó John.
-¿Cómo estás Eva?
-Bien Paul, ¿y vos?
-También, muy bien.
-Ehh...chicas, tenemos que grabar, ¿podrían salir un segundo?
Miró a John. Esa formaba parte de las contadas veces en las que veía súplica en sus ojos, seguramente, temía que se agarraran de los pelos.
-No hay problema Johnny, Linda y yo saldremos a tomar un café, ¿verdad?
-Sí, claro –afirmó Linda, desconcertada.
Salieron, directo hacia la cocina.
-¿Cómo va todo?
Linda pestañó rápido antes de contestarle.
-Va muy bien. Paul no es un chico complicado.
-Nunca lo ha sido –sonrió –Pero ojo, tiende a complicarse, no lo dejes. Hacé que siempre sea así de simple.
-Lo haré.
-Además, creo que vos sos así, simple. No lo digo para ofenderte, te lo digo en el sentido de que no sos una chica llena de mañas y finezas.
-Entiendo, y no, no me gustan esas cosas, me gusta ser una chica común y corriente. Gracias por  el consejo.
-De nada. ¿Y? ¿Tomamos el café?



Luego de casi una hora, los chicos salieron el estudio. La charla con Linda había estado cargada de palabras amables, pero también de silencios, que cada una usaba para pensar acerca de Paul y la mujer que tenía enfrente. Al final, se despidieron con un abrazo poco efusivo, pero bastante sincero.
-Bien Eva, ¿te venís con nosotros? –dijo John.
-Claro.
-Yo no puedo. –todos miraron  a George.
-¿Por?
-Es que...tengo cosas que hacer,
Se encogieron de hombros y salieron del edificio. Sin embargo, Eva sabía perfectamente qué eran esas “cosas” que tenía George.



Rápidamente, se puso los aretes y se planchó el vestido con las manos.
-¿Puedo ir?
-¡Ay Ringo, cómo me tenés con ese “¿Puedo ir?”!
-¿Puedo ir?
-Si vas vos, también querrán ir John y George.
-George no está.
Miró a Ringo, por la forma en que se lo dijo y la hora de la mañana que era, dedujo que George no había dormido en la casa. Bufó, y se acomodó un zapato.
-Qué duros son éstos, me hacen doler....-dijo haciendo una mueca.
-¿Puedo ir?
-John también va a querer.
-¡Yo no! –escuchó un grito en el corredor. Enseguida se apareció John –me voy a Liverpool y vuelvo mañana. Ey, qué linda estás Vicky.
-Gracias Johnny.
-¿Puedo ir?
-Dejá que este tipo vaya a esa boda porque no lo aguanto más –dijo John, fastidiado. Ringo le dio un golpe en el brazo y volvió a mirar a Eva, rogándole.
-Está bien, podés venir conmigo.
-¡Bien! En cinco minutos estoy listo –corrió hacia su habitación.
-Bañate por lo menos –rió John -¿Te dije que estás linda?
-Sí.
-¿Y bonita?
-No.
-¿Y preciosa?
-No.
-¿Y sexy?
-Tampoco -respondió, tentada de risa.
-Qué lástima –le dio un beso apasionado –Mmm...rico perfume. Te voy a extrañar.
-John, te vas por un día.
-No importa, te extrañaré igual.
Esta vez, ella lo besó. Nunca se cansaría de besar a John, era irresistible.
-¡Ya estoy! –gritó Ringo.
-Lo dicho: no se bañó.





Anne estaba radiante y bella como nunca. Su sonrisa iluminaba toda esa oficina del registro civil y a todos lo presentes.
Para su sorpresa, Eva fue elegida testigo, junto con Patrick, así que encantada, firmó.
Luego siguieron unas cuantas fotos y la recepción en un sencillo salón de fiestas. Eran pocos los invitados, pero mucha la alegría. Los familiares y amigos de Anne y Mark estaban felices de que ambos rehicieran sus vidas.
Dante corría de aquí para allá junto a otros niños invitados. Eva y Ringo no pasaron desapercibidos, todos sabían perfectamente quiénes eran, pero estaban contentos de tenerlos allí, salvo algunas viejas que comentaban con escándalo la moral de la “extraña” pareja.
-¡Amiga estas hermosa! –dijo Eva abrazando a Anne.
-¿Te parece? No sé si el color crema me queda bien...
-¡Pero mirá lo que decís! Es el día de tu boda, nada de dudas. Además, el vestido te queda hermoso, y esa sonrisa también.
-Gracias Eva –sonrió y se secó una lágrima.
-¡Ey, no llores! ¡Cuidá tu maquillaje! –intervino Jenny.
-No tenés remedio Cooke.
-¡Saquémonos una foto las tres juntas!
Casi a gritos, Jenny llamó al fotógrafo, un hombre mayor, que enseguida se posicionó y les tomó una foto a las tres, abrazadas.



En la penumbra de la sala, tomaba un whiskey. Había tomado una decisión, y le dolía mucho, porque no estaba seguro. Pero era hora de darle una solución al problema. Se mordió los labios, pensando una y otra vez cómo se lo diría. No encontraba las palabras adecuadas, pero por mas que las encontrara, dolerían igual.
Al fin la puerta se abrió y escuchó unas carcajadas.
-Ringo te dije que no tomaras tanto.
-Ya sabés, no lo puedo evitar...Me encantó la banda de Patrick, me voy a ir con ellos.
Eva soltó una carcajada más, mientras cerraba la puerta.
-Ay....-dijo calmándose –estoy super cansada....Hacía mucho tiempo que no bailaba tanto, y encima con vos, que sos un loco bailando.
-Te tendré que dar clases, Sheels.
-Igual estoy enojada, bailaste como tres canciones con la chica esa, la prima de Mark.
-¿Maureen?
-Sí, qué sé yo cómo se llama.
-No te enojes tontita, tenía que complacer a los invitados. ¡Ay! Casi me choco la mesa.
-Y...si no encendés la luz....
Encendió una lámpara y soltó un gritito.
-Joder George, no sabía que estabas acá, casi me das un infarto.
-¿Qué hacés acá, en la oscuridad, borracho?
-Borracho vos, mirate como llegas. Eva, te estaba esperando, necesito hablar con vos.
-De acuerdo, decime.
-A solas.
-Ok, ok, ya me voy –dijo Ringo -¡Pero no me la robes, eh!
-Tranquilo, no lo haré –respondió George, extremadamente serio.
-Mejor. Te espero en mi habitación –le dio un beso a Eva y le guiñó el ojo.
-Mmm...veré si voy –le sacó la lengua, divertida.
Ringo subió las escaleras y George la miró.
-Eva, es muy serio lo que te tengo que decir.
-¿Pasó algo grave?
-No. Verás....yo....yo....ehhh....
-¿Vos? ¿Qué pasa con vos?
-Eso mismo me pregunto, qué me pasa.
-No entiendo George.
-Yo tampoco.
Frunció el ceño. No estaba comprendiendo qué pasaba, ni para qué George quería hablar con ella si no sabía qué decir.
-Eva, yo...estoy saliendo con otra chica.
Trató de tomar aire, pero sintió todo su cuerpo temblar. Quizás el alcohol le estaba jugando una mala pasada y estaba imaginando cosas.
-Eva, ¿estás bien? –sintió que George la tomaba de los brazos.
-N...no, creo que....no...-la vista se le nubló y las piernas le flaquearon. George la alcanzó a recostar en el sofá antes de que perdiera la conciencia.



***************
Casi un mes sin actualizar, qué vergüenza jaja. Bueno, espero que pese a eso, les haya gustado el capitulo.
La canción que elegí es como para pegarse un tiro XD pero hacía como 15 años que no la escuchaba y cuando la encontré, me vino bien para el capitulo.
Es esta: 
Bueno, ahora me voy y espero no tardar tanto la proxima vez ;)


jueves, 13 de junio de 2013

Capitulo 58 Boulevard of Broken Dreams

-Les dije que esa chica traería problemas. Pensé que ya eran demasiados, pero veo que sigue.
-Brian, tu opinión no cuenta.
-Sabía que dirías eso John.
-¿Ahora van a pelear ustedes? –George se veía exasperado –Ya cansan...
-Yo sólo dije lo que pienso –se excusó Brian -¿Qué tenés para decir Paul?
-¿Yo? Yo nada, ¿qué quieren que diga? Me miran como si fuera un jodido traidor.
-Paul tiene razón, no es su culpa, son cosas que pasan. –dijo Ringo, que también se veía cansado por la situación.
-Al fin alguien que me apoya.
-Bien muchachos, ya están grandecitos, así que arreglen ustedes mismos sus líos de alcoba. –Brian se puso de pie y luego de darles un escueto saludo, salió del estudio.
John sólo hizo una mueca, negó con la cabeza y miró a Paul.
-¿Qué?
-Tranquilo Macca, sólo te miraba.
-Últimamente me mirás como si fueras a matarme.
-Ganas no me faltan....




Miraba todo con profunda tristeza. Paul, su Paul, se iba. Ella ya no significaba nada en su vida y era inútil tratar de buscar una solución, porque no la había. Lo único que le quedaba era resignarse. Resignarse, qué palabra tan...cansada. Sí, era una palabra cansada, como ella, que estaba cansada de sufrir.
Suspiró, mirando una vez mas el cuarto de Paul, el cuarto que éldejaría esa misma noche, cuando volviera del estudio para recoger las dos maletas que estaban sobre su cama e irse para comenzar una nueva vida. Una vida con otra mujer.
Tomó su cámara, que había quedado abandonada en el sillón de su habitación. En aquellos momentos, su única escapatoria era tomar fotografías o encerrarse a fumarse todo lo fumable. Optó por lo mas sano. Tomar fotografías, aunque fueran de cualquier cosa, pero tratando de transmitir el dolor que sentía, en cierto modo la liberaba. De paso, se despejaría y continuaría pensando si era correcto o no algo que había ya decidido. Algo que garantizaría que Paul fuera feliz.



George dio una vuelta mas a la manzana con su coche, mirando a todos lados. Al fin la vio y frenó casi en seco, y le quitó el seguro a la puerta del acompañante. Vio que ella corría hacia su auto, agarrando con firmeza un bolsito marrón.
-Pattie, te estaba buscando –dijo él, ni bien ella abrió la puerta.
-Lo supuse, perdón –entró al auto –Pero me pareció poco prudente esperarte afuera del estudio, con todas las fans.
-Tenés razón ¡qué tonto! –George se golpeó la frente con la palma de la mano –Si te veían subiendo a mi auto te hubieran despellejado. Perdón por no pensar antes.
-Está bien, de todos modos me encontraste.
-Sí, y eso es una suerte. Bien, ¿qué te gustaría? ¿Tomar algo, ir al cine?
-Ehh...George...me llamaste para invitarme al cine.
-¡Pero mierda! Ay, perdón por decir eso. ¡Pero es que me había olvidado! No sé qué tengo, hoy estoy muy estúpido.
Pattie sólo rió, negando con la cabeza.
-No te preocupes, todos tenemos días...despistados.
-Espero que no se repitan más. –rió George –Perfecto, entonces iremos al cine.





Con sigilo, se acercó al trío de palomas que parecían equilibristas en el borde de la fuente de la plaza. Estaba a punto de tomarles una foto cuando se sobresaltó con una voz que la saludó. Las palomas, espantadas, volaron rápidamente hacia otro sector de la plaza.
-Hola –volvió a decir –perdón por ahuyentar a tus palomas.
-Ah, hola Dave –dijo con desinterés, cuando se giró y comprobó que era Dave Davis. ¿Qué hacía ése ahí?
-Al final yo tenía razón. Salías con los cuatro.
-¿Me interrumpiste para eso?
-No...-Dave sacó un cigarrillo -¿Querés?
-No.
Lo prendió y la miró. Ella no supo interpretar bien qué significaba esa mirada.
-¿Sabés? Me gustan las chicas experimentadas, y vos con cuatro....
-¿Qué querés? –lo interrumpió.
-Vamos Eva, siempre me gustaste, eso no es novedad. Te propongo salir del infierno en el que vivís y ser sólo para mí.
-¿Pero qué te pensás que soy?
-Ay por favor, ¿qué pregunta es ésa? Todo el mundo sabe que sus una groupie. Te hiciste famosa por eso.
-Pues no lo soy.
-Eva, podés acrecentar tu fama. Pasás de The Beatles a The Kinks, después a los Rolling y así. El día de mañana te recordarán por eso.
-Prefiero que no me recuerden. Yo no soy una puta.
-Está bien, además yo no te dije eso. Pero te haré una última pregunta, y te dejo tranquila, y juro que para siempre. ¿No te gusto?
-No.
-¿Ni un poco?
-No.
-Ok, eso es raro, pero lo acepto. Pero tenés que saber que hay muchos tipos que se mueren por vos, no estés penando. Y ya sabés, si seguís con mal de amores, aquí está Mr. Dave para acabar con eso. Prometeme que si un día te quedás sola me llamarás.
-No.
-Por favor...
-Ay, está bien. Pero eso nunca pasará.
-Igual esperaré. Y ahora me voy, siento haberte interrumpido. Fue un gusto encontrarte. Adiós.
-Adiós Dave.
-Ah, una última cosa: triste te ves mas linda –le guiño un ojo y se fue silbando y casi bailando. Unos metros mas adelante lo interceptaron unos fans y se puso a firmar autógrafos.
Eva suspiró, negó con la cabeza y caminó hacia su casa, pensando en que aquella conversación había sido de la mas raras de su vida. Igualmente, poco le importaba que uno, dos, mil, o todos los hombres del mundo la amaran. Los que ella quería, no lo hacían.

Llegó a su casa, ya plenamente decidida. Entró en el cuatro de Paul y comenzó a revisar entre sus cosas. Al fin encontró una libreta y allí también encontró el número que necesitaba. Con mano temblorosa, discó el número y esperó, impaciente. Estaba a punto de colgar, aunque sólo había sonado tres veces, cuando escuchó la voz de ella.
-Hola Linda, soy Eva. Necesito hablar con vos.





La película, pese a ser un estreno anunciado con bombos y platillos, no había resultado tan buena como esperaban. Por eso estaban entretenidos criticándola, en la casa de ella.
Aunque se sentía muy a gusto, no podía evitar recriminarse lo idiota que era. ¿Qué hacía él, allí, en su sofá, charlado y riendo con ella? ¿Qué seguía a eso?
¿Pattie qué estaría esperando que sucediera? Decidió tomar el toro por las astas y aclarar de una vez todo, antes de que se convirtiera en un desastre.
-Pattie, debo decirte algo.
-Claro, decime –la chica lo miró seria, evidentemente estaba extrañada por el cambio de George.
-Bueno...si te he llamado, y te he invitado a salir, y estamos ahora aquí es porque...bueno, no hay que ser muy despierto, somos adultos, así que te lo diré sin vueltas: me gustás. Me gustás mucho.
Pattie pestañeó rápido y pestañeó.
-Bueno...vos también me gustás a mí, es obvio, y creo que se me nota mucho.
-Así es –George rió apenas- Mirá, no sé qué pensarás de todo esto, pero a mí me gustaría que fuera algo serio. Pero antes quisiera conocerte mas.
-Está bien, entiendo. Podemos salir todas las veces que quieras.
-De acuerdo. Y...hay otra cosa que debo decirte, y es muy delicada. Seguramente estás enterada, pero quiero explicarte bien. Es sobre una chica.




Tocó timbre sin saber muy bien porqué estaba ahí. Temblaba de los nervios y quería huir de allí. Al fin, Linda abrió la puerta.
-Hola Eva –la saludó con una sonrisa, pero notó enseguida lo preocupada que estaba.
-Hola Linda –hubiera querido mostrarse pedante al ver la situación de “su enemiga”, pero optó por ser natural. De todos modos, ella estaba igual.
-Pasá. Perdón que esté todo desordenado, aún estoy terminando de pintar.
Eva entró mirando todo. El piso que Paul, por el momento, había alquilado, era grande y luminoso, pero no habían trasladado todos los muebles y todavía tenía olor a pintura fresca.
Linda la invitó a sentarse en uno de los sillones y le ofreció algo para tomar. Por el día que había tenido, le pidió un cognac. Se lo estaba sirviendo cuando apareció, saltando, Heather, la hija de Linda.
-Mamá, ¿dónde están mis témperas?
-Hija, saludá.
-Hola –Heather la saludó algo desconfiada y Eva le sonrió. Paul se haría cargo de esa niña, no sólo se iba con otra mujer, sino que también sería padre. No pudo evitar recordar la vez que pensó que estaba embarazada. Si hubiera sido de Paul, ¿cómo sería?
-Heather, ¿por qué no vas a jugar con la niña que vive en el piso de abajo?
-¿De verdad puedo ir?
-Claro, yo te miro hasta que bajes las escaleras.
La niña corrió por un pasillo e inmediatamente volvió con una muñeca, y se puso a saltar junto a la puerta.
-Perdón –le dijo Linda a Eva.
-No hay problema.
Linda se puso de pie y abrió la puerta, y se quedó allí parada hasta que los pasos de la niña en la escalera se dejaron de escuchar.
-Perdón por esto, pero es que con la niña acá, no podemos hablar tranquilas.
-Ya te dije, no hay problema. Bien, te diré a qué he venido. Linda, esto es difícil para mí. Amo a Paul, y ver que se va con otra mujer, y que ocupará el rol de padre...es duro. Pero sé que el no tiene la culpa. Nadie es culpable, y eso a veces desconcierta porque terminás preguntándote qué pasó para que todo acabe así. Pero ya está, no tiene sentido amargarse y empezar una guerra. Él...él te quiere a vos y nada puede cambiarlo.
-Eva yo...
-Esperá, dejame terminar. Primero que nada, quiero pedirte perdón por tratarte mal.
-Estás perdonada, aunque la que tiene que pedir perdón soy yo, aparecí para quitarte a quien amás, encima con una hija...
-No tenés la culpa, ya dije que nadie es culpable. Lo único que te pido es que lo cuides mucho. Están teniendo problemas entre ellos y eso lo pone mal. Y si necesitás algo, decime.
-Claro que sí. Sé que no hay nadie que lo conozca mejor que vos, y sé que necesitaré ayuda.
-Ya sabés, no tengas vergüenza ni temor. Bueno, sólo era eso –se puso de pie y con las manos trató de secar sus ojos, ya que unas lágrimas traicioneras querían aparecer –Les deseo mucha felicidad.
Linda sólo asintió, aún estaba desconcertada, y amagó para ir a abrirle la puerta, pero Eva, con un ademán, le dio a entender que podía sola.
Sólo cuando salió de ese departamento pudo dar rienda suelta a todo el llanto que se estaba tragando. Heather, que jugaba al pie de las escaleras, fue la única que la vio.




-¿Me estás hablando en serio?
-Claro que sí Pattie, nunca hablé tan en serio.
La chica desvió su mirada u respiró agitada. Escuchó que George se acomodaba mejor en el sofá. Se volvió hacia él.
-Yo pensé que todo eso fue inventado por las revistas, para vender.
-No. Eva Sheels existe, y todo lo que has leído en esas revistas, es cierto.
-Pero...
-Es así. Somos cuatro degenerados que vivimos con una chica.
-¿Y qué vas a hacer?
-No sé.
-¿La...la amás? –preguntó con temor.
-Tampoco lo sé. Sentí cosas muy fuertes por ella, me volvió loco. Pero ahora no lo sé, estoy muy mareado, no sé qué hacer. Perdón, la primera cita y mirá lo que te cuento.
-Está bien, hay que poner todas las cartas sobre la mesa.
-Yo no quiero engañarla, no quiero empezar nada con vos hasta saber qué me pasa. Y tampoco quiero lastimarte...¡Mierda, me siento Paul! Yo, que le dije de todo, y ahora estoy igual.
-George, no te preocupes. Yo te voy a ayudar. Prometo no precipitarme, no impacientarme, hasta que vos definas todo esto.
-Gracias Pattie, valés oro. Y perdón por meterte en esto.
-Haría cualquier cosa por vos.
George sonrió y le dio un beso en la mejilla. Nunca en su vida había estado entre dos mujeres que le partían la cabeza.


Paul entró a la casa, sintiendo como se le clavaban las miradas de sus amigos.
-Al fin no compartiremos casa.
-No es gracioso Ringo.
-Uy, no se puede decir nada...
-Ey Paul, ¿estás seguro? –John se veía preocupado. Paul sólo asintió. –Mirá que no hay vuelta atrás.
-Lo sé John, lo sé. –respondió en un susurro –Pero lo tengo que hacer.
El único que no dijo nada fue George. Para su desgracia, sabía qué estaba sintiendo su amigo.
Paul subió a su habitación, abrió unos cajones, sacó unos papeles y los metió en una de las maletas. Después, tomó una en cada mano y se dispuso a salir. Apoyada en el marco de la puerta, la vio.
-Eva...perdón.
-Está todo bien –trató de sonreír –Más que bien.
-Pero...
-Hoy hablé con Linda. Ya no hay más rencores, ya no hay nada. Quiero que estés bien.
-Gracias. Te voy a extrañar.
-Y yo a vos, no sabés cuánto.
Paul apretó los labios y asintió.
-Te quise mucho, ¿sabías?
-Sí, siempre lo supe, por eso no te guardo rencor. Sos...uno de los cuatro amores de mi vida –rió apenas, mientras se secaba una lágrima.
-Lo sé. Y quiero que sepas que siempre vas a estar en mi corazón, fuiste muy importante. Bueno, lo sos, y lo seguirás siendo.
-Es bueno saberlo.
Paul se acercó y le dio un beso en los labios, el último beso, lleno de tristeza, dolor, amargura....Eva se apartó casi enseguida.
-Andá  Paul.  Te están esperando.






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Hola! Como siempre, con retraso, les dejo este capitulo. Espero no volver a atrasarme tanto, pero siempre digo lo mismo y no lo cumplo jajaja
Les dejo la song, es re conocida
Ahora sí, adiós y nos vemos, o nos leemos, o qué se yo! 


sábado, 25 de mayo de 2013

Capitulo 57 Nunca más será nuestro el reflejo del espejo que se apaga.


-Eva escuchame por favor, dale...¡prestame atención, carajo!
Miró con indiferencia a Paul, como si no le hubiera dicho nada.
-¿Tenés hierba?
-¡No!
-Entonces no me hables –lo frenó con la mano, para que no la siguiera y le cerró la puerta de su habitación casi en las narices.
Paul golpeó, sorprendido e indignado, pero pronto se resignó y bajó a la sala, donde vio que George acababa de llegar y colgaba su chaqueta en un perchero.
-¿Otra vez pelearon?
-Sí, bueno, no. Ella no me quiere hablar, ni siquiera escuchar –se dejó caer en el sofá y George se acercó a él, ofreciéndole un cigarrillo.
-Es normal. Sólo a vos se te ocurre traer a tu novia para presentársela.
-Eso fue hace una semana.
-¿Y eso qué tiene que ver? Es lógico que le siga doliendo.
-Pero yo traté de hablarle y...
-Paul, ella te quiere –George puso una mano en el  hombro de su amigo –No va  a entender razones, te quiere y punto. Tratá de comprenderla.
-Trato pero...Ay, me pregunto cuándo dejé de quererla yo. Si eso no hubiera pasado, todos estaríamos bien.
-Desde el primer momento supimos que esto podía pasar, mas tarde o mas temprano. Igual, no me gustaría estar en tus zapatos.
-Es que todo es muy raro. En un punto la sigo amando y..Ay, no entiendo nada. Contame de vos.
-Yo, nada. –George se sentó frente a Paul mientras buscaba con la mirada un cenicero. Se puso de pie cuando vio uno en un estante de la biblioteca. –Sólo salí a tomar aire...
-No me refiero a lo que has hecho, me refiero al tema que estamos hablando, Eva.
George volvió a sentarse y dejó el cenicero sobre la mesa ratona. Le dio una larga calada a su cigarrillo y cuando exhaló el aire recién habló.
-Yo con ella no tengo problemas.
-Pero...¿no estás viendo a esa chica, Pattie?
-¿Cómo sabés eso? –preguntó espantado.
-Algo me contó Ringo.
-Maldito chusma. Solo la vi unas veces, pero siempre la encuentro de casualidad.
-Sí, casualidad...
-Es verdad, no la busco. Es linda, sí, pero...nada mas. O sea, tranquilamente podría gustarme y...¡Paul, me hacés confundir!
Paul soltó una risita amarga ante la indignación de su amigo, y le quitó el cigarrillo de la mano para darle una calada y dejarlo en el cenicero.
-Amigo...creo que los dos estamos complicados.



Jenny esperaba con impaciencia que Eva dijera algo.
-Ay, este café, qué amargo está...¿Y? ¿Qué era eso tan importante que tenías para decirme?
Jenny sonrió complacida.
-Adiviná.
-No estoy para adivinanzas...¡Ya sé! ¡Estás embarazada!
-¡No, no es eso! –rió- Pensá un poco...Es algo no tan importante, pero importante.
-Jenny, jamás entenderé tus explicaciones.
-Bueno, te digo: ¡Patrick y yo nos iremos a vivir juntos!
-¿De verdad? –dijo abriendo grande sus ojos.
-¡¡¡Siii!!! Nada de casamientos, así que no tendrás fiesta. Solo nos pondremos en pareja, y ya estamos buscando departamento.
-¿Dejarás sola a Anne?
-Já...Anne no está tan sola como parece, querida Evita. Mark va a visitarla todos los días. No debe faltar mucho para que le proponga matrimonio, porque ellos no son como nosotros, son unos conservadores –rió.
-¡Pues me alegro mucho, por ella, y por vos! Seguro que les irá bien. Ey, escuché que la banda se va de gira.
-Sí, van a ir a Francia y Alemania, pero como trabajo no podré acompañarlos. Bill, el del bar, te manda saludos.
-Ohh Bill...tandría que hacerle otra visita. A veces echo de menos esos tiempos, ya ni siquiera toco la guitarra.
-Eva, todo sigue mal, ¿no?
-Mal no, pésimo. Paul tiene otra mujer.




Sentado en ese lugar apartado, George esperaba su café. Hojeaba la revista de moda que había comprado, y se sentía un imbécil. No sabía porqué había comprado esa revista ni porqué estaba allí. Bueno sí, lo sabía. En la tapa de la revista, estaba Pattie. Y él estaba en ese mismo bar para ver si tenía la suerte de encontrarla. Sin embargo, no sabía porqué lo hacía. Apenas unas horas antes, le había recriminado a Paul su conducta y ahí estaba él ahora, idiotizado por una chica que apenas conocía. Estaba a punto de levantarse e irse cuando un camarero le trajo el café. Le dio unos sorbos, hastiado. Eva no merecía eso, no merecía nada de lo que estaba pasando, pero él estaba confundido, ni siquiera sabía si Pattie le gustaba.
De pronto, vio que ella entraba, dejaba su bolso en una mesa y pedía permiso para usar el teléfono. La vio marcar, esperar y luego hablar, primero con pocas palabras, y luego haciendo ademanes, visiblemente enojada. Colgó dando un golpe, agradeció, pidió algo para tomar y se sentó en la mesa donde estaba su bolso. Vio que le llevaban un gin tonic, que la chica bebió con lentitud.
Algo tenía que hacía que no pudiera dejar de mirarla, y si lo hacía era para mirar la revista. Tragó saliva y llamó al camarero.
-¿Puede decirle a esa chica rubia que venga?
-Claro señor
George le dio un billete y el camarero se acercó a Pattie, que lo miró desconcertada. Se paró y se acercó. George escondió la revista.
-Hola –saludó él.
-Hola George.-contestó ella con poco ánimo.
-¿Querés sentarte? Estoy solo.
-Bueno...-Pattie se sentó frente a él, poco convencida.
-¿Te pido otro gin?
-¿Cómo sabés que estaba tomando eso? –preguntó con sorpresa.
-Porque te vi –respondió con una sonrisa traviesa -¿No te parece demasiado temprano para tomar?
-Sí, pero necesitaba algo mas o menos fuerte.
-¿Problemas?
-Corté con mi novio y me debe dinero, y lo llamé pero siempre me da excusas.
George no pudo evitar una sonrisita cuando escuchó eso.
-Si necesitás dinero yo puedo...
-Oh no, no –interrumpió –No es que necesite, es que quiero que me devuelvan lo que es mío.
-Hacés bien.---miró a todos lados, no sabía cómo seguir la conversación. Decidió ir al grano. –Amm...Pattie...querrías...¿querrías darme tu número?
Pattie levantó una ceja y se apoyó en el respaldo de la silla. “Es una chica desconfiada”, pensó George y enseguida se arrepintió de haberle hecho ese pedido. Iba a disculparse cuando ella se inclinó hacia él.
-Está bien. No sé para qué lo querés, pero...anotá.
Sin poder reprimir una risita, George sacó papel y un bolígrafo.





Eva leía el periódico con John y Ringo a su lado. John a veces leía algo y a veces le prestaba atención al programa de televisión que miraba Ringo.
-¿No han visto a George? –preguntó ella pasando las hojas del suplemento deportivo.
-No...
-Habrá salido de levante.
-No seas idiota Lennon –Ringo le dio un manotazo.
-Bueno, bueno, perdón –miró de reojo a Eva, que estaba inmutable.
Volvieron a quedarse en silencio, ocupados en sus cosas, hasta que Eva hizo un gritito de espanto.
-¿Qué pasó? –preguntaron los dos, asustados.
-Este tipo...-señaló una fotografía en el periódico.
-“Buscan al asesino...” –leyó John -¿Lo conocés?
-Era el dueño de la casa donde vivía antes...Antes de vivir con Anne. Maldito viejo degenerado.
-¿Y a quién mató?
Ringo no obtuvo repuesta hasta que Eva siguió leyendo y lanzó otro grito.
-Ay no...ay no...
-¿Y ahora qué pasó? –John se veía impaciente y a la vez asustado.
-El tipo ...el tipo muerto....
Ringo le quitó el diario y leyó él.
-Esto parece que pasó la semana pasada, ni enterados estábamos...A ver, el muerto es Joseph...¿Joseph? ¿No es éste...?
-¡Si, si, el ex de Jenny! Ay no...Ella no debe saber nada, sino me hubiera dicho.
-Llamémosla –John se puso de pie y descolgó el teléfono –Decime el número.
-Está en ese cuaderno –Eva señaló un cuaderno junto al teléfono –No me acuerdo el numero aún.
John marcó, primero habló con Anne y luego con Jenny. Eva, aunque estaba sorprendida y pasmada por lo que acababa de leer, rió apenas por la soltura de John para hablar con su amiga. Al fin, él se puso serio y le preguntó lo que querían saber. Después cortó enseguida.
-Dijo que ya lo sabía, pero que no te dijo nada porque no te quería asustar. Parece que los tipos estos eran socios en algo sucio, y estaban borrachos, tenían líos de dinero, y se agarraron a puñaladas.
-Joder...
-Entonces viviste con un asesino –dijo Ringo.
-Sí, ya les he contado sobre él...
-Esta bien, no lo recuerdes –la abrazó. –Igual, tu amiga se salvó al haber dejado al Joseph ese. Y vos también por no trabajar mas con él.
-Si...Me doy cuenta de la gente de la que he estado rodeada, y me da miedo.
-Espero que pronto agarren al tipo, y que no se le ocurra buscarte o algo de eso.
-Ringo, no la asustes.
-Tiene razón, John. En este último tiempo, para bien o para mal, me he hecho conocida. Una nunca sabe como pueden reaccionar o qué ideas se le pueden cruzar a esta gente...
-No te preocupes, te vamos a proteger.




Paul tocó timbre. Se sentía tonto por estar nervioso, sensación que desapareció cuando Linda abrió  puerta.
-¡Hola! –lo saludó ella, con una amplia sonrisa.
-Hola –Paul no terminó de saludarla, que ya estaba dándole un gran beso –Vine para que hablemos.
Linda lo hizo pasar y luego de ofrecerle algo para tomar, cosa que él no aceptó, se sentó frente a él, extrañada.
-Linda....en casa ya no puedo vivir. Creo que sabés las razones.
-Sí, Eva. Paul esto creo que no está bien, esa chica te ama y estará sufriendo horrores. No es bueno ser felices a costa del dolor de los demás.
-Es que no puedo evitarlo. Estamos todo el día discutiendo, o sin dirigirnos la palabra. Quiero irme por eso, y justamente para no seguir lastimándola. Y quiero irme pronto. Y que vos vengas conmigo.



Sentía los largos dedos de John acariciándole la espalda. Se pegó mas a él, haciéndole saber que  aún estaba despierta. Miró que el reloj despertador, iluminado por la poca luz que entraba del exterior, le mostraba que eran las 2 y 15 de la madrugada. De pronto, escuchó un ruido, seguramente era el auto de Paul, que recién regresaba, y seguramente que de la casa de Linda. Empezó a sentir una extraña mezcla de sentimientos encontrados. Abrazada a un hombre, sentía rabia por no poder estar con otro, porque recién volvía de ver a otra mujer,  y a la vez, no podía dejar de pensar tampoco en los otros dos.
Cerró los ojos con fuerza, para obligarse a conciliar el sueño y no pensar mas. Estaba consiguiéndolo cuando escuchó unos golpecitos en la puerta. Se levantó con sigilo, ya que John ya estaba dormido. Se vistió con su bata y abrió.
-Eva, ¿podemos hablar?
-Paul, son las dos de la mañana.
-Lo sé, pero necesito hablar con vos.
-Uff...está bien, decime. Espero que sea importante.
-Sí, lo es. ¿Puedo pasar?
-No. Decímelo acá.
-Es que...bueno, está bien. Eva, yo...me voy a ir.
Pestañeó rápido, para asegurarse de que estaba despierta.
-¿Cómo?
-Que me voy a ir de casa. Mañana comenzaré a buscar algún departamento y me iré tan pronto como pueda.
-Con ella.
-Sí, con Linda. Eva, lo hago porque....bueno, ya ves cómo nos llevamos y sé que todo esto te hace mal y...
Paul no continuó, ya que, aunque había poca luz, pudo ver que ella estaba llorando.
-Por favor Paul, no...
-Ya lo decidí. Perdoname.
-En serio, no te vayas, no te molestaré, te trataré bien, ¡lo que vos quieras! Pero no te vayas, no me dejes.
Paul la abrazó, sintiéndose tremendamente culpable. Por su culpa estaba haciendo sufrir a quien quizás mas lo amaba.
-Lo siento, Eva. Lo siento.
John encendió la luz y se asomó.
-¿Qué está pasando acá?
-John...-Eva se separó un poco de Paul.
-Ah, estabas con él –dijo Paul, sin poder ocultar su incomodidad.
-¿Qué le hiciste?
-No le hice nada, John.
-¿Y por qué está llorando?
-John, calmate –Eva se secó las lágrimas –Paul sólo estaba comentándome su decisión.
-¿Qué te dijo? ¿Por qué te pusiste así?
-Le dije que me voy. Me voy a vivir con Linda.
-¿Y por eso llorás?
-Es suficiente razón. Si te fueras vos estaría igual –contestó con severidad.
-Pero Paul ya no te quiere, te lo dijo. No tiene sentido que llores por él.
-No seas cruel.
-No soy cruel, soy realista. Y vos, estás molestando a ésta hora para decirle semejante cosa.
-Tenía que decírselo lo antes posible, no te metas Lennon, no es tema tuyo.
-TODO lo de Eva es un tema que nos compete a los cuatro. Y por tu culpa ella sufre.
-¡No tengo la culpa de haberme enamorado de otra!
-A ver, a ver –dijo ella, tratando de calmarlos –No hagamos esto mas difícil, no se pasen, si lloro, lloro porque quiero, y a nadie le tiene que importar. Y sí, había otros momentos para dar esa noticia. Igualmente...Paul, en serio, no te vayas. Me iré yo.
-¿Qué? –dijeron John y Paul
-Ni se te ocurra.
-Eva, ya está decidido, me voy yo.
-Pero Paul...-no pudo evitar que la voz se le quebrara y que las lágrimas volvieran a sus ojos. Le dolía demasiado, y le dolía que ahora ellos estuvieran peleando.
-Eva, hace una hora estabas haciendo el amor conmigo ¿y ahora llorás por Paul?
-No es hora de tus escenas de celos.
-No te metas McCartney.
-Ay...¡dejen de pelear! Sí, estoy llorando por él, aunque haya estado con vos. No sé qué te extraña, siempre fue así.
-Pero yo no lo soporto mas. Él se va, le estás rogando para que se quede, te ponés a llorar...¿Y yo? Yo estoy acá, pero claro, no cuento. Ahora Paul parece ser mas importante porque se va.
-Ninguno es mas importante. ¡Los amo! ¿Por qué no lo entienden?
-Eva, es definitivo. Yo me voy, es la única forma de solucionar esto –Paul le dio un beso en la mejilla y se fue hacia su habitación.
-Y yo también me voy.
-John...
-Sí, me voy, no aguanto esto –juntó sus cosas con rapidez –Ya va siendo hora de que te decidas, porque me estoy cansando.


 ******************
Hola! Un mes sin publicar, no tengo perdón! Disculpen pero estaba escasa de ideas y de tiempo, espero no tardar tanto para el próximo capitulo :)
Como siempre, la canción:

Saludos y besos!

martes, 23 de abril de 2013

Capitulo 56 Ojalá que no puedas hacerle el amor, ojalá que no puedas...


Dante festejó cuando el dado le mostró un seis. Contento, hizo avanzar su ficha naranja seis casilleros.
-Ey, ey, no hagas trampa, que caíste en un casillero rojo. Debes retroceder uno.
El chico miró a Eva, molesto, y enfurruñado hizo retroceder su ficha.
-¡Já, mirá! Voy a avanzar cuatro –dijo mirando el dado –de todos modos ya no te alcanzaré.
Anne apareció con una bandeja con tres tazas humeantes y se acercó a la pareja de jugadores, que estaba sentada en el suelo.
-Té caliente, y para vos, leche –señaló a Dante.
-No quiero.
-¿Cómo que no? Vamos, andá a lavarte las manos.
Corriendo, el chico subió las escaleras. Anne se sentó en la alfombra, junto a Eva, y le alcanzó  una taza.
-¿Cómo lleva lo de Mark?
-A veces bien, y a veces...mal.
Hacía dos meses que Anne había comenzado una relación con su médico, Mark. Después de muchas dudas e idas y vueltas, al fin se había atrevido a dar ese paso. Mark era un hombre un poco más mayor que ella, también viudo, y sin hijos. Pese a eso, comprendía la situación de Anne, y también la de Dante. El pequeño se había llevado de manera excelente con él mientras pensaba que era un “amigo” de su madre. Cuando le contaron la verdad, no lo tomó muy bien, sobre todo porque estaba influenciado por los comentarios de sus compañeritos de escuela, que le decían que tener padrastro era malo. Por eso, en algunas ocasiones se comportaba mal, como un niño malcriado y salvaje, pero Anne trataba de no reprenderlo para no empeorar las cosas, aunque a ella le dolía mucho y se le cruzaba por la cabeza la idea de dar fin a la relación. Pero otras veces, Dante parecía olvidar quién era Mark y se prestaba a jugar y reír con él. Por suerte, Mark comprendía perfectamente las actitudes de Dante y como médico aseguraba que pasarían conforme el niño se acostumbrara y creciera.
En cuanto a la relación, Anne se sentía muy feliz, al fin había encontrado un hombre que la quería y la respetaba, aunque aún no podía asegurar que lo amaba. Muchas veces, el recuerdo de su esposo le empañaba la felicidad con tristeza. Lo había amado mucho y lo había perdido de repente. Suponía que a Mark le sucedía algo similar.

Cuando salió de la casa, Eva se sentía feliz por su amiga, ya no la veía como a una mujer dulce pero con dejos de tristeza, sino a una joven radiante y llena de esperanza en el futuro. Ella...ella no podía decir lo mismo. Lo que tanto había temido, llegó: ya no había NADA. Todo el fuego que alguna vez hubo, se había apagado tan rápido como se encendió. Y ella continuaba así, resignada. Pero algo seguía ahí, algo seguía matándola de a poco: la duda. La duda que desde un principio la había atormentado: ¿Cuál? A esas alturas, ya era imposible decidirse. Vivir tantas cosas con cada uno de ellos le complicaba la tarea. Se reprocharía por el resto de su vida no haber elegido cuando todo comenzó. Ahora estaba resignada y creía que tenía merecido el sufrimiento que le causaba seguir amándolos cuando ellos, al parecer, ya no. Quizás ellos también estuvieran confundidos...
Una idea horrible le daba vueltas en la cabeza, pero no le quedaba mas remedio que considerarla. Lo mejor era irse, dar por terminado todo antes de que siguieran lastimándose. Pero esa idea le daba mucho miedo.
Envuelta en esa maraña de pensamientos, llegó a la casa sin darse cuenta.
-Hola amor –John le dio un gran beso en la mejilla, pero ella respondió sólo con una mueca. Ese beso era algo muy lejano, aunque quizás sólo fueran ideas suyas.
-¿Te pasa algo?
-No John, nada. Estoy un poco...mareada. Tomaré una aspirina.
Fue casi corriendo hasta la cocina, tomó la aspirina y se sentó en la mesa, pensativa. A lo mejor, el problema era ella. Ni sabía porqué había respondido así al saludo de John.
Una semana después, pudo dilucidar el misterio.
Leía una novela, tirada sobre el sofá, con la radio a su lado. Subió el volumen cuando el locutor anunció un tema de la banda de Patrick. Sonrió, por suerte estaban teniendo éxito, y bastante seguido pasaban sus canciones en la radio. Según le había contado Jenny, el disco se estaba vendiendo bien.
Se pronto, la puerta de calle se abrió y entró Paul. Eva se extrañó de ver la cara de sorpresa de Paul cuando la vio allí sentada. Parecía espantado.
-Hola...ehh...no sabía que estabas acá.
-Mmm...hace como dos horas que estoy. ¿Y vos, dónde estabas? estuviste toda la tarde afuera y los chicos no sabían dónde te habías metido. –paró de hablar cuando notó la cara de preocupación del chico –Ehh...Paul...¿te sentís bien?
Paul no respondió, solo se quitó la chaqueta y se sentó a su lado y ella apagó la radio y cerró el libro. Quiso hacerle una caricia pero quedó estupefacta cuando Paul, con angustia mal disimulada, le apartó la mano.
-¿Q...qué te pasa Paul? –tuvo un presentimiento y comenzó a desesperarse.
-Yo...ehh....ay Eva, no sé qué decirte.
-Decilo y ya, dejá de dar vueltas.
-Es que no sé por dónde empezar.
-Por el principio. Ey, tranquilo, ¿pasó algo grave?
-No, bueno,  para mí sí. Bah, qué se yo...
-Te repito, tranquilo. Me estás asustando.
-Está bien, voy a hablar pero es muy complicado y...triste. Pero no estoy dispuesto a mentirte, así que te diré la verdad aunque duela.
Eva tragó  saliva. Sentía que el corazón le latía rápido, y que quizás estuviera en sus sienes, ya que sentía allí unas fuertes pulsaciones. Ver el rostro de Paul no la ayudaba, parecía que estaba a punto de romper en llanto, pero trataba de controlarse con mucho esfuerzo, para poder decirle aquello que parecía tan importante.
-Yo...ehh...yo....conocí a alguien. Una chica.
-Lo supuse –respondió en un suspiro.
-Por favor, dejame terminar. Yo la conocí así, de casualidad y la he visto un par de veces más y...me gusta. Lo siento Eva, te juro que traté de controlarme, pero no puedo. Me gusta y encima...creo que la quiero. Hoy la invité a salir, vengo de esa cita. Sólo charlamos, nada mas, pero noté que a ella le pasa algo conmigo también.
-Es esa tal Linda, ¿no?
Esta vez, el que suspiró fue Paul, y asintió mirando el suelo.
-Sí, es ella. Pero te juro que no ha pasado nada, ni siquiera la he besado.
-Eso no te lo creés ni vos...
-¡Es verdad!
-Por favor, sos Paul McCartney, un gran mujeriego que no desaprovecha oportunidades, ¿me va s a decir que no la besaste? No me hagas reír.
-No me hables así. –Paul pareció ofendido, pero volvió a su anterior estado de preocupación –Creeme, es enserio. No he intentado nada porque considero que sería engañarte y no quiero eso. No te lo merecés.
-Oh que considerado, no me lo merezco, pero te vas con ella.
-Eva no me voy  con ella, te dije que no intenté nada y tampoco estoy seguro de si a ella le pasa algo conmigo.
-¿Y si ella no te acepta? ¿Volverás acá, no? Seré como un repuesto.
-No, no digas eso...
Lo miró indignada y se puso de pie de un salto.
-Eva, entendeme yo...
-¿Qué querés que entienda? ¿Que ahora te calentaste con otra y me dejás? ¿Eso querés que entienda?
-No, esperá, calmate.
-¡Entendeme vos a mí, Paul! Hace meses que estoy mal, que esto no va ni para atrás ni para adelante, y ahora me caés con esto, con que te gusta otra y obviamente te vas tras ella, como un perro. ¡Bravo, lo felicito señor McCartney, el conquistador!
Paul también se puso se pie y la tomó de los brazos.
-Basta, calmate.
-¡No me toques! Vamos, andate con ella. Ah no, pará. La que se va soy yo ¡Estoy cansada de todo esto!
-No, no te vas nada. Te lo suplico, entendeme.
-¡Te dije que no! ¡Y soltame de una vez! –intentó zafarse, pero Paul la tomaba con mas fuerza! -¡Dejame!
-¡Calmate, hablemos bien!
-¡No quiero hablar bien, no hay nada para hablar! ¡Dejame de una vez y andate con tu querida Linda si ya no te importo!
-¡¿Qué querés que haga si no te amo mas?!
De inmediato, Paul se arrepintió de lo que había dicho. Se había prometido no decirle semejante cosa nunca, no causarle ese dolor, pero era lo que sentía, o mejor dicho, lo que ya no sentía. Y en ese momento de enojo, se le había escapado.
-Ya...genial –Eva pareció calmarse al escucharlo. –Eso era lo que necesitaba saber. Perfecto, no me querés, se acabó todo. Pero se acabó para vos, para mí no.
-No me creas, lo dije sólo de bronca, yo aún te amo Eva, perdoname, fue horrible lo que te dije.
-Ni te molestes en mentirme. ¿Pero sabés qué? Yo no voy a quedarme sentada y llorando, viendo como una groupie cualquiera te lleva. No, así no me voy a quedar. Vos no me vas a dejar tan fácil, porque yo todavía te amo y voy a hacer cualquier cosa para retenerte. Y si vos no me amás más, no me importa, te vas a quedar conmigo igual,
-Pará, pará, no digas esas cosas...
-Es enserio Paul. Tan fácil no me vas a dejar. A vos y a ella les voy a hacer la vida imposible. A ella y a todas las que se quieran acercar a ustedes. Voy a ser una leona para defender lo que es mío.
-No podés obligarme. Y vos no sos así, no hablás como la Eva de siempre.
-Hace mucho que cambié, y tarde te das cuenta. Me cansé de ser una tonta dominada, ahora voy a ser mala, porque nadie viene y me quita lo que amo.
-No hables como si yo fuera un objeto, y ya te digo, no me podés obligar. Tenés que entender, esto iba a pasar algún día, te lo tenías que imaginar.
-Me lo imaginé, pero ahora voy a luchar. Ya te dije, no te será tan fácil.
-Muy bien –Paul se puso la chaqueta y la miró, desafiante –Empezá esa “guerra” que pretendés librar. Aunque, en parte, la culpa es tuya por nunca haberte decidido por alguno. Alguien tenía que empezar a cansarse y ese soy yo. Me voy.
-Bien, andá con Linda. Les deseo lo peor. De todo corazón.


Después de pasar una noche tratando de ahogar el llanto, vio amanecer. Comprendió que reaccionar como había reaccionado estaba mal, porque Paul terminaría tomándole odio, y ella quería todo lo contrario. Planeó una estrategia: parecer buena, conforme y tranquila, para después dar el zarpazo.
Una semana después, Paul, con incomodidad, le comunicó que traería a Linda a la casa, para que la conociera. Al parecer, la chica estaba enterada de toda la historia, y quería conocer a esa muchacha tan misteriosa de la que todos aún hablaban.
Eva aceptó mostrando que estaba arrepentida y Paul pareció tranquilizarse. Por la tarde, Eva continuaba con la lectura de su novela, cuando vio por la ventana que llegaba el auto de Paul. Era la hora de ver a su enemiga.
Se arregló el pelo frente a un espejo y se sentó de vuelta. Unos instantes después, se abrió la puerta y pareció Paul con una chica rubia, alta, pero con una belleza que no era nada del otro mundo. Una chica común y corriente. Como ella.
-Eva...-Paul se veía nervioso, nunca una presentación iba a ser más incómoda que esa –Ella es Linda.
-Hola Linda –trató de forzar una sonrisa, pero no pudo. Lo que había planeado no podía llevarse a cabo, el odio que se había encargado de elaborar en lo mas profundo de ella, le ganaba.
-Hola Eva, me alegro de conocerte.
-No puedo decir lo mismo, pero así es la vida –volvió a sentarse en el sofá. Vio que Paul, con la miraada, le suplicaba que se comportara, pero no estaba dispuesta a hacerle ese favor.
-Linda, sentate. Iré a preparar té.
Linda asintió, poco convencida, y preocupada. La idea de quedarse a solas con esa otra chica, de la que sabía bastante, pero no tanto como deseaba, la asustaba.
-Así que sos la famosa Linda –dijo Eva, encendiendo un cigarrillo. –Pues, le hacés honor al nombre, sos linda.
-Gracias....
-No te lo tomes como un cumplido, que es lo menos que haré. Voy a ser directa, no tengo ganas de perder el tiempo en cortesías mal hechas. No te conozco, pero te odio. Y así, cayendo como una paracaidista, no te vas a llevar a Paul. Antes vas a tener que pelear por él. Y te aviso que vas a perder.
Linda sólo miró hacia un costado, no quería que esa otra mujer que parecía llena de odio hacia ella, viera como se le cristalizaban los ojos.
-Con Paul apenas comenzamos, pero él insistió en que me conocieras.
-Mejor, me gusta conocer a mis enemigas. Pero ya te digo, no lo lograrás.
Paul apareció con el té y Eva se puso de pie.
-Me voy.
-Pero...
-No jodas Paul, no pretendas que esto sea una reunión de la asociación de amas de casa. Ya te lo dije una vez, pero te lo repito: la peor de las suertes para ustedes dos.




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Hola!!! Perdón por la tardanza, pero ando bastante loca (qué novedad!) con las cosas de la universidad, y este capi lo terminé anoche a las 2 de la mañana, en la cama, durmiéndome, eso explica lo feo que está, pero es lo que hay, no? Peor es que no pudiera subir nada jaja
El título (que titulito le puse eh? jaja) es este tema: 


Alguna argentina me va a pegar un palo por poner un tema de Cacho, pero es demasiado buen tema para no ponerlo! jajaja
Saludos y nos leemos!