miércoles, 15 de agosto de 2012

Capitulo 41 Set Fire to the Rain


-Buen díaaa! –canturreó Paul, entrando a la habitación de Eva con una bandeja en las manos. Pero se llevó una gran sorpresa cuando vio que de entre las sábanas, en vez de Eva, apareció George.
-Hola Macca, gracias por el desayuno.
-¿¿¿GEORGE QUE HACÉS ACÁ???
-A la vista está –respondió muerto de risa.
-Cállense, quiero dormir –rezongó Eva tapándose hasta la cabeza.
-Mejor será que me vaya –Paul dio media vuelta, algo ofendido
-¡No, volvé! –gritaron Eva y George
-Lo hacen sólo por la comida....
-¡Paulie no te enojes! ¡Vení!
Se giró y la vio, se le hacía imposible resistirse a una súplica de ella, y mas si la veía así, toda despeinada, y con cara de sueño.
-Está bien....-se acercó nuevamente –Pero este desayuno es sólo para vos, que este enano se lo prepare solo.
-Ufa! –se quejó George, cruzándose de brazos, pero luego le robó una tostada a Eva.
-Te odio maldito Harrison, nos ganaste a todos.
-Eso les pasa por tontos
-¡Pero...!
-Oigan, oigan –interrumpió Eva –Si todas las mañanas va a pasar esto, entonces restringiré la entrada a ésta habitación. O si no, me voy.
-¡No, no, no!
-Bueno, entonces no peleen –dijo seriamente
Paul y George sólo bajaron la mirada, hasta que Paul sacó cualquier tema banal y comenzaron a charlar animadamente.
-¡HOLA! –gritó John, antes de lanzarse sobre la cama como si de una piscina se tratara.
-¡Ey, volcarás todo! –gritaron.
-Ay, no se quejen tanto...
-Veo que llego tarde –Ringo entró restregándose los ojos y bostezando.
-Nadie llegó tarde a nada –dijo Eva sonriendo –Oigan.....es domingo, pero el día está horrible ¿qué hacemos?
Todos la miraron, casi con perversión.
-¡Ey! ¡No sean degenerados!
Los cuatro largaron una carcajada, mas que nada de ver la cara de ella.
-Bueno, entonces ¿qué hacemos?
-Yo tengo que terminar una canción....-Paul se rascó la cabeza.
-Vamos Paul, es domingo, terminala otro día –se quejó George -¡Juguemos Monopoly!
-¿Todo el día? Me aburro.....-dijo Ringo –Mejor miremos películas.
-Tengo algo mejor –John se puso de pie y se ató la bata –Ya vuelvo.
Salió en silencio y con parcimonia, ante la mirada extrañada de todos. Volvió casi enseguida, se notaba que en las manos escondía algo. Se sentó junto a Eva, y abrió las manos.
-¿Qué es? –preguntó ella.
-Oh no....-George miró a John
-¿Estás seguro? –preguntó Ringo
Eva los miró, no entendía nada. Sólo veía en las manos de John cinco pequeños cuadraditos, de algo que podría ser cartón, con dibujos animados.
-Es ácido –dijo John, al verla desorientada.
-¿Qué....?
-LSD.
-John...yo...-dijo al cabo de unos segundos. La verdad era que tenía dudas respecto a ese famoso ácido del que muchos hablaban.
-No te preocupes –dijo Ringo sonriendo –Es genial.
-Si. Es otro mundo –agregó George.
-Yo no creo que sea conveniente....
-Vamos Paul ¿otra vez? –John lo miró –Tardaste muchísimo en probarlo, cuando lo hiciste te gustó. ¿Qué te pasa ahora?
Paul sólo suspiró, mirado a otro lado.
-¿Y?- preguntó John mirándola -¿Te animarías?
-Déjenme pensar.
-De acuerdo. Nos vamos a  desayunar –John guardó las dosis en un bolsillo y se fue, junto con Ringo y Paul.
-yo también me voy –George se destapó y comenzó a buscar su ropa desparramada. Cuando la juntó, se acercó a Eva y le dio un sueve beso –Te quiero bonita –le dijo con una sonrisa y se fue.
Mordió una tostada, pensativa. No sabía si era el momento o no de entrar en “ese otro mundo” que supuestamente se abría al pasar por el LSD. Le asustaba bastante, aunque sabía que se sentiría cuidada porque estaba con los chicos. Sus miedos dieron paso a una sonrisa. Había comenzado el día en la casa que compartiría con ellos, por mucho tiempo. Pese al enojo de Paul con George, que por suerte se disipó enseguida, todo iba bien. Lo que menos quería era que se pusieran rabiosamente celosos, aunque sabía que sería una tarea muy difícil para ellos.
-Vaya Eva... en que lío te metiste....-sonrió, auque antes lo podría haber dicho llena de tristeza o bronca. Eso le dio la pauta de que estaba empezando a disfrutar de la aventura a la que se había subido.




El domingo seguía frío, gris y húmedo, pero dentro de la casa el clima era otro. Como si de un ritual religioso se tratara, los cinco estaban sentados en la alfombra, con las piernas cruzadas, frente al fuego crepitante de la chimenea.
John repartió las dosis y se sentó nuevamente.
-¿Listos? –preguntó
Todos asintieron con la cabeza y se colocaron la dosis en la lengua. Cerraron los ojos y se recostaron.
Eva era consciente de que el “viaje” duraría mas de diez horas, por lo tanto había decidido no pasárselas allí acostada. Quería experimentar, ver, recorrer todo pero desde la nueva perspectiva que ahora tenía.
Primero sintió que volaba. Era demasiado real, podría hasta verse con alas, sobrevolando lugares hermosos y llenos de colores. Abrió los ojos, pero ya la sala no era la misma. Las paredes, antes blancas, ahora estaban recubiertas de algo tornasolado, que se movía con el viento, aunque no lo había. Vio que George se había puesto de pie y miraba por la ventana. Ella también se puso de pie, pero su objetivo era tocar las paredes, que parecían suaves. Caminó sintiendo que flotaba, era una sensación mágica. Tocó las paredes, sí, eran suaves, porque lo tornasolado eran plumas. Ahí le pareció que aún tenía un poco de conciencia porque pensó, asombrada, que el LSD no sólo cambiaba, distorsionaba o generaba imágenes, sino también sensaciones hasta táctiles.
-¿Qué ves? –dijo acercándose a George, que ahora miraba sorprendido por la ventana.
-La calle.....-dijo alucinado –No es gris....
-Lo sé....-Eva quizás estaba teniendo las mismas visiones que él –Tiene colores y manchas....
-¡NO!
Ambos, sobresaltados, miraron a quien gritó. Paul, sentado en un sofá, miraba una pared, muy asustado.
-¡Mierda, está teniendo un mal viaje! –George corrió hacia él, que parecía casi ponerse  a llorar como un niño.
-Hay....hay algo ahí....-señaló con un dedo.
-Paulie, tranquilo –Eva lo tomó por los brazos y lo recostó –No hay nada, yo no veo nada.
Paul le sonrió agradecido, antes de que ella le diera un suave beso. Pareció calmarse, sus malas visiones habían finalizado de sólo verla a ella. Eva se quedó sentada en el suelo, con la espalda apoyada en el sofá en el que estaba Paul. Desde allí vio como John y Ringo se ponían de pie, los veía demasiado normales.....
Luego de un rato, que no pudo determinar cuánto tiempo era, comenzó a caminar por la casa, sorprendiéndose o asustándose de cosas totalmente comunes y cotidianas. Salió al jardín, alucinada con lo que podía sentir al caerle la lluvia, al tocar el césped o las flores empapadas, o simplemente al ver la nubosidad del cielo.




Abrió los ojos. No sabía si se había quedado dormida o si el viaje había terminado. Veía que era de día, aunque el clima siguiera igual. Trató de recordar qué había pasado como para amanecer sentada en el piso, apoyada en la pared, abrazada a Ringo. Notó que el chico estaba despierto, aunque seguía con la cabeza apoyada en su hombro.
-Ey, Ringo....
Él la miró, sonriendo.
-Qué hermosa estás....
Compendió que el viaje de Ringo aún no había terminado, pero se preguntaba si el suyo sí. Le parecía estar normal, aunque con la experiencia del dia anterior, dudaba acerca de qué era real o qué no. Se levantó, como pudo, y casi obligó a Ringo a hacerlo también, para luego recostarlo en su cama.
Miró el reloj: era increíblemente tarde. Mas de una hora de retraso en el trabajo.
Corrió a su habitación, se vistió con lo primero que encontró y bajó las escaleras. Vio a Paul dormido en el mismo sofá, se acercó y le dio un beso, pero él ni se movió. En la cocina, John y George desayunaban.
-¿Te gustó? –peguntó John sin siquiera saludarla, pero con una gran sonrisa.
-Fue....demasiado fantástico y genial.
-Mmm....creo que todavía te dura –rió George –Lo digo por tu cara.
-Es que no lo sé....No sé si ésto es real o qué.
-Mejor no salgas así a la calle –dijo John, preocupado.
-Tranquilo, estoy bien. Me voy porque es tardísimo.



Cuando salió a la calle, se dio cuenta que George tenía razón. Estaba viendo las cosas demasiado distintas, y eso le dio risa: aparte de llegar muy tarde, llegaría drogada. A veces, sentirse rebelde le gustaba mucho.
Luego de dos horas se dio cuenta que había vuelto a la normalidad, aunque estaba un poco mareada.


-¿Y qué se siente? –preguntó Jenny casi con la boca llena, mientras almorzaban.
-Todavía está todo bien, espero que siempre sea así.
-Seguro que sí. Aunque no entiendo....¿no se ponen celosos?
-Y...sí. Pero hacen el esfuerzo por controlarse, y valoro mucho eso.
-Eva.....-Jenny la miró pícara- Y.....¿en la cama?
-¡Jenny! –Eva le tiró con una servilleta, mientras Jenny se mataba de risa.
-¡Es que tengo curiosidad!
-¿Acaso yo te pregunto por Patrick?
-No.....Pero es distinto, yo sólo estoy con uno, no puedo establecer comparaciones, como vos que estás con cuatro....
-¡Jennifer! ¡Te puede escuchar alguien!
Jenny seguía riéndose de su amiga, y Eva no pudo evitar reírse también.
-Jenny....¿podrías acompañarme a un lugar?
-Tenemos que entrar a trabajar, y yo tengo que terminar mi helado.
-Ahora no. Cuando salgamos del trabajo.
-¿Y adónde?
-Quiero visitar a Bill.
-¡Volverás a cantar! –gritó casi arrojando helado por todas partes.
-No, no, sólo es una visita que le estoy debiendo.



Luego de revelar unas fotos, y de ir a tomar otras junto con los entrevistadores, el día de trabajo terminó. Estaba muy ansiosa por volver a casa, SU casa, pero quería realizar la visita.
Bajó hasta donde estaba Jenny, también finalizando su día, y abrió su bolso para buscar dinero para tomar el bus. Allí se encontró con algo extraño, hasta que vio bien: era un porro. Quien sabe cuál de los cuatro se lo habría dejado allí. Sonrió, pero a la vez sintió un cierto miedo, no sabía cuáles serían las consecuencias si seguía en ese camino. Para tranquilizarse, se dijo a sí misma que una joven como ella no debía pensar en consecuencias, mas en la época en la que estaba viviendo, donde al fin todo parecía estar permitido.
Mientras esperaba a Jenny, el Director pasó a su lado. Tembló de pensar qué le diría por su llegada tarde, pero el hombre no se dio cuenta que ella estaba ahí. Al parecer, tenía bastantes problemas como para preocuparse por una fotógrafa que llegaba tarde.
Cuando Jenny terminó con todo, salieron juntas a la calle.
-Creo que te esperan –dijo Jenny con una sonrisita.
Eva miró hacia el lugar donde Jenny miraba. De inmediato reconoció el auto de Paul.
-Vine a buscarte –dijo él abriendo la ventanilla ni bien Eva se acercó.
-Pero.....debo ir a otro lado.
-No importa, te llevo.
Eva miró a Jenny, y le indicó que subiera. La chica parecía sorprendida, y alucinada, y Eva lo sabía, Paul era el amor platónico de Jenny, y viajar en auto con él, podía producirle un ataque, por mas novio que tuviera. Sin embargo, Jenny se controló, porque entendió que era la “venganza” de su amiga por molestarla preguntando intimidades. Subió con tranquilidad, sentándose en el asiento trasero.
-¿Y adónde las llevo, hermosas damas? –preguntó Paul.
-Al bar donde trabajaba.
-¿Ahí?
-Quiero saludar a Bill.
-De acuerdo –Paul encendió el auto, poco convencido.



Cuando llegaron, Eva se sorprendió: Patrick tenía razón, el bar había cambiado mucho. Era mas grande, mejor pintado y con buenas luces. Además, estaba abierto todas las noches de la semana.
Cuando entró, aún no había nadie, pero vio a Bill acomodando botellas detrás de la barra.
-¿Pero qué ven mis ojos? –dijo al darse vuelta y verla -¿Sos Eva?
-¡Si, si, lo soy! –respondió ella riendo y corriendo hacia él
-¿Volvés a cantar?
-No, no, sólo vine a visitarte, hace mucho que no sé nada de vos.
-Lo mismo puedo decir sobre vos. ¿Que tal tu vida?
-Mejor....imposible. Estoy muy bien. ¡Bill te quiero felicitar! ¡Me encanta el cambio del bar!
-Gracias Eva, costó mucho esfuerzo, pero valió la pena. ¿Ya viste el escenario?
-Si, está mas espacioso, mejor iluminado.
-Ese es tu lugar.
-Oh vamos Bill, el canto ya no es lo mío. Fue un sueño de pequeña, acá lo hice realidad, ya está.
-Si vos lo decís.....pero igual, te invito a que subas.
-No sé....
-Vamos, yo mientras preparo unas cervezas para que tomemos.
-No puedo, me están esperando.
-Bueno. Pero te subís igual.
Eva rió, y accedió a subir.
-¡Hola mundo! –dijo al micrófono, aunque el lugar seguía vacío –Ey Bill, ¡es mas grande de lo que parece!
Bajó riéndose, charlaron sobre otras cosas mas, lo saludó y prometió volver para tomar las cervezas.
Sin embargo, cuando salió de allí, sintió algo. Volver a ese lugar le había traído muchos recuerdos. No estaría mal volver pero....no, lo mejor sería dejar las cosas como estaban. Aquello había sido una etapa superada en su vida.

martes, 7 de agosto de 2012

Capitulo 40 My Dark Sweet Lady


Eva miró alucinada su habitación: la mas grande, la que estaba en medio de las otras, la mas importante de la casa.
-WOW! –fue lo único que pudo exclamar.
-¿Te gusta? –preguntó Paul
-¿Que si me gusta? ¡Me...me encanta! No sé qué decir jaja
-No digas nada, con saber que te gusta estamos contentos –dijo Ringo.
-Es hermosa....-entró y, dando una vuelta sobre sí misma, la miró: totalmente pintada de violeta, con muebles blancos, y cubrecama, almohadones, cortinas, y alfombras en lila, violeta y blanco. Sobre el tocador, un enorme ramo de flores, y también la gran ventana abierta; desde su balcón se podía ver el inmenso jardín.
-Me da ganas de dormir acá –dijo George riendo -¡todo en mi color favorito!
-¿Y quién te dijo que no vas a dormir acá? –replicó ella con una mirada y una sonrisa de los mas pícaras. George se acercó y, mirándola de la misma forma, le dio un rápido beso.
-Ey, ey, ey, no empiecen. –se quejó John.
-No te pongas celoso, tonto –Eva también le dio un beso a él.
-¿Sólo un beso?
- Sí, sólo eso.
-Ummhh....
Chicos, esto es hermoso, realmente no tendrían que haberse molestado.
-No nos molestamos, fue un placer decorarla entre todos –Paul acomodó un almohadón –Porque la decoramos entre nosotros, no llamamos a nadie mas.
-Esa no se las creo.
-¿Ah no? Que lástima que no nos creas –Ringo fingió ofenderse, pero enseguida relajó su expresión –De verdad, se nos ocurrió a nosotros, después llamamos a un lugar para que nos vendieran los muebles, y fuimos a otro por las alfombras, cortinas y eso.
Eva miró al resto, que afirmaba con la cabeza.
-¿Hablan en serio?
-¡Ay si, si, si, y si! –John la sacudió de los brazos, mientras reía -¿Tan raro te parece?
-Es que.....no sé....Sí, me parece raro. –rió.
-Ey Paul –dijo John –se viene a vivir con nosotros, tenemos una relación re loca ¡y se extraña porque decoramos una habitación!
Todos rieron, y Eva también, aunque le dio un golpecito en el hombro como venganza
-Gracias chicos, son unos genios. Los amo.
-Nosotros también.
-¿Vamos a almorzar? –preguntó Paul –Así después te ayudamos a traer tus cosas.


Jenny se abrazaba a Anne, feliz. Vivirían juntas, y estaba segura que se llevarían muy bien. Aparte, dejar lo último que la ataba a Joseph, el departamento, hacía que se sintiera al fin liberada.
-¿Esto es todo? –dijo Anne mirando las cajas que Jenny habia traído con ayuda de Patrick.
-No, aún faltan. ¡Ey, Dante! ¿Cómo estás?
-Hola –respondió el niño, y corrió enojado hacia el jardín.
-¿Está enojado? –preguntó Jenny sorprendida.
-Si, pero no con vos, es porque Eva se va.
-Ohh....¿creés que se le pasará?
-Si, pero conociéndolo, creo que será dentro de un tiempo. Por ahora sólo se la pasa sentado, encaprichado, y cruzado de brazos.
-Esto lo soluciono yo –Patrick le guiñó un ojo a Anne, y luego de dejar la última caja, corrió hacia el jardín.


-¡Ey, campeón! –Patrick se acercó a Dante, que estaba sentado en el suelo -¿Cómo estás?
-¿Y vos quién sos? –preguntó molesto el chico.
-Soy Patrick, el novio de Jenny. ¿Y vos cómo te llamás?
-Dante.
-Es un nombre lindo. Había un escritor que se llamaba así.
-Ya lo sé. “La Divina Comedia”.
Patrick miró sorprendido al nene, que  pareció no inmutarse.
-Yo no quiero ser escritor –continuó el chico –Quiero ser guitarrista.
-¿De verdad? ¡Yo soy guitarrista!
-¿Si?
-Si, y tengo una banda. Mirá, sé que Eva te enseñaba a tocar, pero ahora ella no va a vivir mas acá, y está ocupada. ¿Querés que te siga enseñando yo?
-¡¡¡Si!!!
Perfecto, traé tu guitarra que empezamos.


-Chicos, la comida está genial, ¿Dónde la compraron?
-¿Comprar? ¡La hicimos nosotros!
-Si claro George, y yo creo en Santa Claus.
-¿No creés? –preguntó John
-No, no creo en cosas que no existen.
-Buaaaa!!! ¡Santa Claus no existe! –John imitaba el llanto de un niño y se abrazó a Ringo, que no paraba de reír.
-Y tampoco existen los Reyes Magos –agregó con malicia.
-Noooo!!!! No existen los reyes!!!! –John seguía con su pantomima, mientras Paul le lanzaba bolitas de pan.
Cuando se cansó de hacerse el payaso, adoptó un aire serio, pero que igual le quedaba gracioso.
-¿El lunes vas a trabajar?
-Y...sí.
-Ufa.
-Chicos, no empiecen, hoy es sábado, tenemos todo hoy, mañana domingo....y los demás días seguiremos juntitos.
-“Juntitos” Que bien suena –dijo Ringo.
-Da para canción –rió Paul.
-Bueno amores, me voy a buscar algunas cosas y....a hablar con alguien importante, muy importante.



Cuando llegó, se encontró con Anne, Jenny y Patrick tomado té.
-¡Eva! –exclamaron ni bien la vieron.
-¡Hola! ¿Cómo le va a la chica nueva?
-Por ahora, muy bien –respondió Jenny sonriendo.
-Anne, tené cuidado, que ésta chica no traiga a su Patrick a dormir acá –le guiñó un ojo.
-Tranquila ya le dije, tendrá que cuidarse mi –rió.
-Me parece bien, ahora, hablando en serio. ¿cómo va la banda? –dijo dirigiéndose a Patrick.
-Excelente, quizás consigamos un contrato para grabar un simple.
-¡Pero eso es genial! ¡Te felicito!
-Gracias, ojalá se nos dé.
-Seguro, son muy buenos, y se lo merecen. ¿Siguen en el Chester Bar?
-Si, pero también vamos otro, que es mas importante. Aunque el Chester creció muchísimo, Bill está muy contento.
-Ohh, Bill....le debo una visita. Decile que pronto voy a ir, no me olvidé de él. Anne, ¿dónde está Dante?
-Jugando en su habitación, pero....no creo que te quiera ver.
-Eso es seguro. Pero vine principalmente a eso, para hablar con él.


Golpeó suavemente la puerta y abrió. Dante jugaba con unos autitos, sobre una alfombra con dibujos de autopistas, por donde deslizaba los coches.
-Hola Dante.
-Hola Eva –respondió de manera cortante.
Sonrió y entró a la habitación. Se sentó en el suelo, frente a él.
-¿Sabés Dante? Las personas adultas, cuando se ponen serias, dicen una frase que hace que todos tiemblen: “Tenemos que hablar”. Y hoy te la digo a vos.
-Yo no soy persona adulta. Aún voy al jardín de infantes.
-Lo sé....pero como sos mi amigo, igual quiero hablar con vos. Porque somos amigos, ¿no?
-No sé.
-A ver –se acomodó mejor –te voy a explicar. A veces.....pasan cosas en la vida de las personas. Algunas son buenas, otras son malas, y otras, buenísimas. Las que a mí me están pasando ahora son buenísimas. Por ejemplo, tengo un trabajo muy bueno, algún día voy a pedir permiso para llevarte, así ves....
-¿Y por qué te vas? –cortó.
-A eso iba. Entre las cosas buenísimas hay algo mas. Me voy a vivir con...
-¿Con tu novio?
-Con unos amigos.
-¿Con unos amigos? ¡Ya sé! ¡Con The Beatles!
Tragó saliva. De alguna forma el chiquito se había dado cuenta.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Siempre dijiste que ellos son tus amigos.
Ahí se debatió entre decirle o no. No quería mentirle, pero si le decía, el nene podría meter la pata contándoselo a cualquiera, y lo que menos quería era que se enterara la gente; las únicas que lo sabían eran Anne y Jenny., y ésta última había jurado no decirle nada a Patrick. Así que optó no por mentir, sino por omitir información.
-Son unos amigos, no te puedo decir nada mas.
-Ah, no deber ser The Beatles, porque ellos tienen novias y esas cosas....
-Claro –sonrió –Como yo quiero mucho a estos amigos, me voy a vivir con ellos, porque me lo ofrecieron. ¿Me perdonás?
-Está bien.
-Lo malo es que no podré seguir enseñándote a tocar.
-Patrick me dijo que él me dará clases.
-Veo que ya me reemplazaste –se hizo la enojada,  él chico la miró confundido, hasta que ella rió -¡Te estoy gastando una broma! Genial que te enseñe Patrick, él es muy muy bueno. Entonces...¿amigos? –le extendió su mano.
-¡Amigos! –respondió el chiquito estrechándosela –Vas a venir a visitarme,.¿no?
-¡Claro que sí! Cada vez que tenga tiempo vendré, y también podríamos ir a  alguna plaza, a jugar.
-Si, ¡plaza, plaza! –gritó.
Eva sonrió, y luego de darle un abrazo, le dio un sonoro beso en la frente.
-Sos mi angelito, Dante.


Después de juntar algunas pertenencias y ayudar a Jenny a acomodar las suyas, Eva se apareció en la casa de los chicos con algunas bolsas y cajas.
-¡Llegué! –gritó, mientras empujaba la puerta con un pie para cerrarla, ya que tenía las manos ocupadas con una gran caja.
Como nadie contestó, se dirigió al comedor, con una gran sonrisa. Pero se frenó en seco cuando vio quién estaba allí.
-Brian....Hola –saludó estupefacta.
-Hola –respondió mirándola extrañado -¿Y vos sos.....?
-Eva –trató de articular una sonrisa y miró a los chicos, casi desesperada.
-Eva....pasá –Paul se puso de pie y la acompañó hasta las escaleras.
-Paul....-susurró cuando ya estaban llegando a las mismas.
-Tranquila, vamos a decirle, vos no te preocupes.
-Yo también tendría que estar....
-No, no. Vos quedate acá. Esta es una charla entre nosotros y él. –le sonrió de manera tranquilizadora, y ella trató de corresponderle la sonrisa, pero subió muy nerviosa.


Cuando Paul se sentó nuevamente frente a la mesa, le dirigió una mirada significativa a John, quien cruzó las manos y se aclaró la garganta.
-Verás Brian, no te esperábamos...
-Lo sé –lo interrumpió –pero ya saben, debíamos arreglar el último destino de la gira, les dije, tenemos que resolverlo pronto y...
-Si, si, te dijimos que te daremos nuestro parecer mañana.
-Perfecto, entonces me voy.
-No, no. Tenemos que hablarte.
A Brian le pareció que John hablaba demasiado serio, y eso le trajo un mal presentimiento.
-¿Pasó algo grave?
-No –interrumpió Ringo –No es grave, sólo...pasó algo. Está pasando.
-Mmm....no entiendo.
-Tenemos novia –dijo John.
-Ahh....-respondió Brian luego de un largo suspiro –Bueno...supongo que esto iba a suceder....ya les he dicho, no se enreden con cualquier chica, muchas pueden resultar unas cazafortunas....
Los miró, todos asintieron con al cabeza, pero parecía que algo ocultaban. Hubo unos instantes de silencio, que decidió cortar.
-Bueno y....¿quiénes son? ¿Las conozco? ¿Me las presentarán?
Vio que todos se miraban, con rostro tenso. George parecía que iba a decir algo, pero calló, y entonces miraron a Paul, el mas “diplomático” para hablar. El chico comprendió, y se dispuso a hablar, tratando de encontrar las palabras correctas.
-Brian.....no tendrías que decir “¿Quiénes son?”. Mas bien, tendrías que decir “¿Quién es?”. Y si, la conocés.
-¿Cómo? Entonces, ¿solamente vos tenés novia? Pensé que todos...
-Sí, todos.
Los miró extrañado, tratando de comprender.
-Ustedes están drogados, ¿no? Porque si es así, entonces vine a hablarles completamente en vano, mañana ya no recordarán nada...
-No estamos drogados, estamos en condiciones normales.
-Pero Paul, entonces no entiendo qué me querés decir.
-Los cuatro estamos con la misma chica –todos miraron a George, que aún no había dicho nada y ahora hablaba, yendo al grano y con determinación.
-¿Qué? –preguntó el manager, mirándolo como si se hubiera vuelto loco.
-Lo que escuchaste. Los cuatro estamos con la misma chica
-Sí, ustedes está drogados. Volveré mañana –amagó ponerse de pie, pero escuchó a John y se detuvo.
-Estamos enamorados. Y de la misma chica.
-A ver...-se acomodó otra vez frente a los cuatro –aunque no lo quieran creer, es común que un grupo de amigos se sientan atraídos por misma mujer. Pero de ahí, a decir que es la novia de todos...
-Es que lo es –cortó Ringo –Ella también nos quiere, y aunque suene raro, aceptó nuestra propuesta, ser nuestra novia.
-Pero...pero¿¿¿qué clase de mujer aceptaría semejante cosa??? ¡Solamente una cualquiera!
-¡Ey Brian no te pases! –advirtió John
-¿No se dan cuenta? ¡Nadie puede hacer algo así! Está claro que cedió al capricho de ustedes sólo por dinero ¡Y eso que les dije que se cuidaran!
-¡¿Por qué hablás así si ni siquiera sabés cómo es?! –Paul se puso de pie, evidentemente enojado –No tenés idea de lo  que significa para nosotros
-¡No me hagan reír! ¡Teniendo a todas las mujeres del mundo, van a caer en la trapa de una sola!
-¡No es ninguna trampa Brian! –esta vez fue Ringo el que se puso de pie, sorprendiendo a Brian con su reacción –Los cuatro la queremos  y ella nos quiere a nosotros. Eso es todo.
-¡Pero cómo los va a querer a los cuatro! No sean infantiles ¡Eso no puede pasar!
-Si, puede pasar. Y te informamos que hoy se vino  vivir con nosotros –el único que parecía calmo era George, y eso alteró aún mas a Brian, hasta que cayó en cuenta de algo.
-Entonces es....
-Si, es Eva. La chica que viste recién.
Brian se puso de pie, con lentitud, y se paró detrás de la silla, apoyando las manos en el respaldo.
-Ya mismo se va de ésta casa.
-¿QUÉ? –preguntaron los cuatro.
-¡El que se va sos vos! –gritó John -¡No sos nadie para hecharla porque la casa es nuestra! ¡Y tampoco te estamos pidiendo tu permiso ni tu opinión!
Los miró furioso. Aquellos mocosos se estaban pasando de la raya.
-Está bien, yo me voy –dijo al fin –Pero desde ya les digo: cualquier cosa, olvídense de que tape sus escándalos ¡esto se acabó! Y otra cosa: esa mujer los va a llevar a la ruina –dio un portazo y se fue.
Eva, que había escuchado todo desde las escaleras, conteniendose de no aparecer en escena, no puedo resistir las lágrimas y corrió a encerrarse en su habitación. En esos momentos, las palabras de Brian la habían hecho pensar, y si, quizás tuviera razón, quizás ella podría significar la ruina de la banda, y lo que era peor, de la amistad.
-¡Eva! ¿Podés bajar? –escuchó la voz de Paul detrás de la puerta
-N...no puedo, estoy ordenando cosas –contestó atropelladamente
-Por favor....
-Ok, ahora voy....-dijo luego de un suspiro.
Se secó las lágrimas, aunque todavía tenía muchas ganas de seguir llorando, y bajó.
-Ey, Evy...-Ringo notó que había estado llorando y la abrazó ni bien terminó de bajar las escaleras. Eva no pudo contenerse y se aferró a él, en un llanto desconsolado.
-Escuchaste todo, ¿no? –le preguntó John
Sólo asintió, con la cabeza hundida en el pecho de Ringo. Él la separó, y le secó las lágrimas con los dedos.
-No llores mas, no hagas caso a lo que dijo.
Pero....¿y si tiene razón? Miren si todo se termina por mi culpa....
-No, no –dijo John –No pasará eso.
-Brian es así,  toma mal las cosas –agregó George –Pero después, cuando vea que todo va bien, se le va a pasar.
-No te preocupes, es nuestra vida y estamos bien así ¿Vos?
-Yo también Paulie....
-Entonces perfecto. Ya está, ya le dijimos, cumplimos con informarle. El resto es cosa de él, pero no queremos verte llorar mas ¿de acuerdo?
-De acuerdo.
-¿Una sonrisita? –dijo John haciéndole una cara chistosa, de la que ella no pudo evitar reírse. -¡Muy bien, así me gusta!
-¡Ahora vamos a comer!
-Oh no, este Hari siempre pensando en comida...-rieron por su comentario, y se dispusieron, entre todos, a preparar algo para cenar.


Los resultados de la cocina habían dejado bastante que desear: Eva cocinaba, pero lo justo y necesario, y los chicos apenas algo para sobrevivir y no morir de hambre. Terminaron tomando una sopa de algo que no se sabía muy  bien qué era, y que además estaba demasiado salada. Pero aún así comieron, mientras seguían riéndose de sus ineptitudes y mirando una película que daban por TV, tantas veces repetida que se sabían los diálogos.
Después, armando el mismo lío, lavaron los platos y se despidieron para irse a dormir.


Eva salió tiritando luego de bañarse y se sentó en su nueva cama, mirando aún sorprendida su habitación. Se río un poco al recordar las locuras de esa noche,  y pensó que Brian no tenía razón en lo que había dicho. Ella no era una cualquiera, simplemente estaba enamorada; y tampoco causaría la ruina de nada, porque no era su intención. Jamás dejaría a esos cuatro, a ese inmenso amor que tenía. Sonrió y se acostó.

Estaba dormitando cuando le pareció escuchar algo, y de pronto, una leve caricia.
-¿George?
-¿Cómo sabías que soy yo?
-Porque reconozco tus manos. Mentira. –rió –te distinguí con la poca luz que entra desde afuera. ¿Qué...?
No la dejó continuar, ya que la besó apasionadamente.
-Me dejaste picado con lo que me dijiste hoy –susurró.
-Mmm....¿viniste por mí o por la habitación violeta? –preguntó traviesa.
-Adivina
-Creo que...
Pero él nuevamente no la dejó terminar su frase, sólo la besó, ésta vez con un beso interminable, que no paró ni cuando se acomodo sobre ella.
Eva sonrió para sus adentros, él no venía por nada violeta. Ese chico la podía demasiado.

jueves, 21 de junio de 2012

Capitulo 39 Golondrinas en pleno cortejo hechicero


Dante abrió lentamente la puerta y caminó con sigilo. Se sentó en la punta de la cama, abrazó su guitarra y comenzó a demostrar lo que había aprendido, lo que tanto trabajo le había costado.
-If I fell in love with you....
Eva dio un salto y lo miró, tratando de comprender qué pasaba.
-Dante ¿¿¿qué hacés acá???
-¿Te gusta? ¡Hace una semana que  estoy practicando!
Estiró un brazo para tocarlo. La poca luz que entraba por las rendijas de la ventana hacían que el nene no pareciera él, mas bien le parecía un angelito sentado con una guitarra.
-Si...me encanta...
-Quería mostrártelo antes de que fueras  a trabajar, porque anoche volviste muy tarde. Ah, por cierto, ya es hora de que te levantes –se bajó de la cama y se acomodó sus zapatitos. Eva alcanzó a ver el “George Harrison” garabateado en la madera de la guitarra. Cerró sus párpados con fuerza y suspiró.
Desayunó a las apuradas, pero no le alcanzó para agarrar el bus., así que tuvo que caminar. Pensó que estaría bueno, no le vendría nada mal caminar y despejarse un poco antes de comenzar el día laboral. Pero al final se convirtió en un infierno: puestos de diarios con revistas sobre “ellos”, radios prendidas en estaciones con música de
“ellos”, disquerías con discos de “ellos”, colegialas hablando de “ellos”....llegó al edificio conteniendo las lágrimas, pero no pudo mas cuando vio la gigantografía con la tapa del mes: “ellos”.



-¿Me están escuchando? –preguntó Brian. Solo veía cuatro caras color ceniza, sin expresión alguna.
-¿Qué? –dijo Paul, reaccionando.
-Nada, olvídenlo. ¿Se puede saber qué tienen? ¿Están enfermos o qué?
-Nunca entenderías –respondió John.
-Está bien, yo me voy, pero cambien esas caras por favor.
Se miraron. No hacía falta que dijeran nada, estaba todo dicho.
-Vamos a practicar –dijo John sin entusiasmo –La actuación de esta noche tiene que salir bien.
-Ay, para qué tanto si total no se escucha nada –se quejó George
Sin embargo, comenzaron. Pero lo que hacían era desastroso. Se olvidaban las letras, se equivocaban de compás...hasta que John se cansó.
-¡La puta madre que lo re mil contra parió! –gritó golpeando el puño contra la pared.
-Tranquilo –Ringo se le acercó –Chicos esto no da para mas....
-Somos lo peor, me odio por ser tan egocéntrico –se reclamó Paul.
-No sos vos, somos todos. Ahora pensará que la usamos, pensará lo peor de nosotros, y con toda razón –dijo George.
-Si ella es una groupie, o lo que sea, no me importa. Que haga con nosotros lo que quiera que nos dé vuelta como una media. Pero así no puedo. ¿Qué dicen?
-John...-respondió Paul -¿ahora cómo vamos a hacer? Nos debe odiar, y ya no querrá saber mas nada con nosotros....



Se había cansado. Se estaba muriendo y ¿qué era lo peor? Que era por una tontería.  Pero habia decidido que se tragaría el orgullo. Si la usaban, que la usaran. ¿Falta de  dignidad? Ya no le importaba. Los quería, y si tenía que hacer caso al “para saber lo que  es amar hay que perder la libertad” estaba dispuesta a eso. Su único deseo era estar con ellos, y si no los tenía lo demás no le servía para nada.
Alargó la mano y tomó el tubo del teléfono. Agudizó el oído para escuchar que no anduviera nadie cerca de su oficina y marcó. Tomó aire al escuchar el primer tono. Esperó, pero nadie contestó. Colgó rápido, alejó el teléfono. No, no lo intentaría una vez mas, la valentía que había tomado hacía apenas cinco minutos, se había esfumado.



Esa noche el estudio de televisión estaba desbordado, actuaría The Beatles y eso era motivo de llantos, desmayos, luchas con la policía, etc.
Mientras, en el camarín, los cuatro se miraban al espejo y trataban de “inventarse” una sonrisa.
-¿Sabes qué día es mañana? –preguntó Ringo de repente.
-Si, lo sabemos, por eso vamos a aprovechar esto –respondió Paul acomodándose la corbata.


-¡Eva, vení! –gritó Dante en cuanto la vio abrir la puerta. Le señaló la alfombra para que se sentara junto a él, frente al televisor.
-¿Qué ves? ¿Dibujos animados? –dijo mientras le daba un beso en la frente
-No, ¡actuarán The Beatles!
-Ahh....-dijo sin ilusión –Ehh....no puedo, tengo trabajo para terminar –pasó frente a Anne, a quien no vio, y subió las escaleras con la velocidad de una bala.
-Qué lástima que no pueda verlos, ¿no mamá? Son sus amigos.....
-Si....sus amigos...-repitió Anne mirando la escalera.



La actuación empezó, todo iba bien, mejor dicho, como siempre.
-Y ahora, –dijo John frente al micrófono –le toca a George, pero antes queremos decir que ésta canción se la dedicamos a alguien que mañana cumple años.....
George comenzó a cantar “Do you want to know a secret?”, pero sin dudas, la expresión de los cuatro había cambiado: la esperanza de que ella los estuviera viendo los animó.
-¡Eva! –gritó Anne -¡Bajá!
Se asomó y bajó unos escalones.
-¿Qué pasa?
-Te dedicaron una canción....sé que es para vos porque mañana es tu cumple...
Bajó rápidamente y se quedó clavada frente al televisor.
-¡Muy bien, gracias chicos! –dijo el conductor del programa -¡Qué afortunada es la persona a quien le acaban de dedicar la canción! ¿Podría saberse quién es?
-Es....una...amiga...-respondió Paul, y cientos de gritos se escucharon, pero el chico sólo sonrió –Espero que nos esté viendo....
-¡Claro que si, cómo no va a estar viéndolos, si todo el país lo hace! ¡Y ahora...
Pero Eva dejó de escuchar lo que el conductor decía, para seguir mirándolos y repitiendo para sí misma: “Sí, los estoy viendo mis amores”.


Al día siguiente, despertó sobresaltada. No era para menos. Dante saltaba en su cama, Anne sostenía una torta y Jenny aplaudía emocionada, todo al compás del “Feliz Cumpleaños”.
-¡EVAAAA FELIZ CUMPLEEEE! –todos la abrazaron.
Sonreía, feliz, en ese momento lo estaba, tanta demostración de cariño la sorprendió.
-¿Qué te parece si ésta noche cenamos todos juntos? –propuso Anne –Jenny, podrías decirle a tu novio que también venga.
-¡Genial! ¿Qué decís, Evy?
-¡Claro, me encanta la idea!
-Acá tenés mi regalo –Jenny le entregó un paquete rojo, que Eva abrió con ansiedad.
-¡Jenny! ¡Qué hermoso! –dijo al descubrir un bolso color crema -¡Muchas gracias!
-Y este es nuestro regalo –Anne y Dante le entregaron una caja envuelta en papel azul y verde. Eva la abrió con la misma ansiedad.
-¡Zapatos! ¡Biiieeenn! –gritó.
-Y son color crema, así te combinan con el bolso.
-Veo que se han complotado –rió.
-Así parecés mas elegante –Jenny le guiñó un ojo.
-Gracias, gracias, son geniales.
-Si, si, muy geniales, pero por mas que sea tu cumpleaños, no te salvás de ir al trabajo. Así que levantate rápido –ordenó Jenny, mientras Anne y Dante reían por su actitud.


El día de trabajo empezó bien, sólo tuvo que correr detrás de los periodistas para sacar fotos en una presentación de bandas independientes. Lo bueno era que, como todo empleado que cumplía años, recibió una canastita llena de chocolates y dulces, que devoró en el trascurso de la mañana.
Cuando por fin regresó a la sede de la revista, ya era casi la hora del almuerzo. Dejó algunas cosas en su oficina y bajó, en busca de Jenny. Pero la chica parecía que tenía un día tan ajetreado como el de ella, así que, mientras hablaba por teléfono, Jenny le hizo señas de que la esperara en la puerta.
Eva salió a la vereda. Le desagradaba bastante la calle a esa hora pico, donde todos corrían enloquecidos, tanto en auto como a pie. Se apoyó en una pared y encendió un cigarrillo. Cuando exhalaba el humo de su primera pitada, vio como de entre la vorágine de gente emergía un grupito de ancianitos, caminando lentamente. Le dio ternura, parecían tan ajenos a esa locura...
Siguió fumando, mirando hacia todos lados, incluso hacia el interior del edificio, para ver si Jenny había terminado.
-Eva –escuchó un susurro y se giró. Uno de los ancianitos le hablaba.
-¿Eh? –preguntó desconcertada, hasta que se dio cuenta -¿¿¿Qué mierda hacen acá ustedes??? –pese a lo que les había dicho tratando de parecer enojada, algo en su interior saltó de alegría.
-Shh....por favor vení con nosotros
-Paul, no tengo porqué ir con ustedes. Y sacate ese disfraz, te queda espantosamente ridículo.
-¿Y a mi?
-A vos también, John. Váyanse, no quiero saber nada con ustedes –amagó con darse vuelta, cuando escuchó un quejido.
-Ay, ay, ay, mi pierna....mi artrosis....
Se giró, y trató de disimular una risa que, traicionera, amenazaba con salir.
-¡George, dejá de actuar!
-¡Ay, ay, ayyyyy! Por favor ayúdeme jovencita.
Estuvo a punto de irse y dejar a esos cuatro locos, pero la gente que pasaba la miraba de una forma que parecía decirle “Qué despiadada, no ayuda a un pobre ancianito”.
Se volvió hacia ellos, y no sin fastidio, dijo:
-Está bien abuelo, venga que lo voy a ayudar.
-Oh, si, si, llevémoslo.
-Ringo no es necesario que actúes vos también...
Los “cuatro ancianitos” caminaron delante de ella, hasta que se alejaron un poco de la puerta del edificio, y se acercaron a un auto, que no era otro que el de Paul. Entraron todos, seguidos por Eva, aún no muy convencida.
-Paul, deberías comprar un auto mas grande, no cabemos –se quejó John
-¿Se puede saber qué quieren? –peguntó molesta, cruzada de brazos.
-Queremos hablar –respondió George -¿Nos viste anoche?
-Sólo un poco, viejo artrósico.
George rió, pero ella no. Miró detenidamente a cada uno, al parecer ninguno iba  a decir nada mas.
-Viendo que el “queremos hablar” de ustedes, es quedarse completamente callados, me voy –abrió la puerta del coche, y ya estaba bajando una pierna cuando Ringo se la manoteó y le cerró la puerta.
-¡No me toques! –protestó
-Para hablar nos tenemos que ir –Paul encendió el auto.
-No, tengo que almorzar con Jenny –otra vez intentó salir y otra vez Ringo la detuvo -¡Te dije que no me toques!
Paul arrancó y comenzó a salir del tráfico del centro.
-¡Les dije que ahora tengo que almorzar! ¡No pueden hacer esto! ¡Siempre secuestrándome! ¡Siempre hacen lo que se les da la gana!
-Ya, dejá de quejarte –dijo John con total despreocupación, mientras limpiaba sus anteojos.
-¡LOS ODIOOOOO! –gritó pataleando. Pero ellos apenas si hicieron una risita.
Llegaron a la casa, bajaron todos menos ella.
-No pienso moverme de acá hasta que me lleven otra vez al lugar donde me secuestraron.
Ringo abrió la portezuela del coche y se quedó parado, con las manos apoyadas en el techo.
-¿No pensás salir?
-Dije que no –respondió mirando al frente
-Es una lástima que te resfríes por estar sentada ahí, con la puerta del auto abierta, cuando hay tanto viento como hoy.....yo no me voy a ir de acá, ni voy a cerrar.
-Ashhh....¡está bien! –salió del auto y le dio un portazo -¿Qué? ¿Te dolió el portazo que le di a tu coche? –dijo mirando, desafiante, a Paul. Pero él sólo sonrió, negando con la cabeza, para luego seguir al resto, que ya estaba entrando a la casa.



-Sentate, ponete cómoda –le dijo John casi con sorna, al verla parada, cruzada de brazos y apretando los dientes.
-No, gracias –respondió ella de la misma manera.
Ante sus ojos vio como se sacaban sus disfraces, sus sombreros, barbas, anteojos y bastones, quedando tal cual como eran siempre. Y sintió como esa bronca que quería aparentar se diluía, sabía que con el simple hecho de que la miraran la dejaban sin fuerzas. Eso le dio, nuevamente, algo de bronca. ¿Cómo podía ser? ¿Cómo podía dejarse dominar así? Y era que, por mas que quisiera evitarlo, no podía, era un vano esfuerzo mental sobre una convicción que tenía su loco corazón: amar a esos cuatro.
-Ya, ¿de qué quieren hablar? –dijo tratando de recuperar la compostura
-Primero, ¡Feliz Cumpleaños!
-Si, si, gracias....-respondió entre impaciente y fastidiada.
-Segundo –siguió Paul –Te queremos pedir perdón. Fuimos unos completos idiotas.
-Eso ya lo sé.
-Entonces...¿nos perdonás?
-Tendría que pensarlo.
-A ver, Eva –John se puso de pie y arrojó la colilla del cigarrillo que había terminado –Comprendemos perfectamente tu odio y tu desprecio. Fuimos unos desgraciados egoístas, te dijimos de todo, y desconfiamos de vos.
-Decime algo que no sepa.
John suspiró, y continuó.
-Hemos decidido no ser mas así.
-¿Tengo que creerles?
-¡Si! –afirmó Ringo –Tenés que creernos porque cambiamos. Ya está, no mas celos, no mas condiciones, y...
-Y no mas secuestros.
-Ehh....si....no mas secuestros....
-Eva, si querés trabajar, hacelo –George se acercó un poco –No te vamos a molestar con eso de que podés vivir bien con lo nuestro. Sos independiente, pensás así, es tu personalidad, y la vamos a respetar. Aparte, eso es lo que nos enamoró de vos. Bueno, por lo menos a mí....
-Lo que sí queremos –dijo Paul –es que te vengas a vivir con nosotros.
Se quedó pensando, mirándolos.
-¿Por qué hacen todo esto?
-Ay, ¡porque te amamos, mujer! –dijo John, exasperado.
-Claro, ¡por qué otra cosa va a ser? –agregó Paul.
-Pues...lo dicen como quien dice “Voy a comprar naranjas a la esquina”. Eso no me convence mu....
Pero no pudo seguir, porque cuando pudo reaccionar, George la estaba besando, como nunca antes lo había hecho. Y no pudo resistirse. Mierda, podría haber sido cualquiera de los cuatro y le habría pasado lo mismo.
-Eva....por favor....-dijo George apenas separado unos centímetros de su boca.
-Yo....-no sabía qué decir. Es que no tenía nada para objetar: le estaban diciendo que la quería, que le daban todas las libertades, que se fuera a vivir con ellos, ¿qué podría decir ella frente a todo eso?
Levantó la vista y vio a los otros tres frente a ella. Si, esos cuatro podían hacer lo que querían con ella, sin posibilidad de una mínima defensa. Pero estaba decidida a no poner ninguna.
-Ya no dudaremos mas, seas quien seas ya no nos importa, ¡no podemos vivir sin vos! –dijo John.
Tomó aire y lo largó en un rápido suspiro.
-¡Ay si, está bien! –impulsivamente, los abrazó.
-Shhhii!!! ¡Abrazo grupal! –exclamó George dando saltitos.
-¡Malditos sean, no puedo estar enojada con ustedes, me pueden, me pueden!
-Y vos a nosotros, hermosa –Paul le acarició la mejilla y le dio un beso rápido.
-Entonces, ¡aceptás vivir con nosotros? –preguntó John, impaciente.
-¡Si, si, si y si!
-¡Biiieenn! ¡A vivir como en el Tíbet! –festejó George
-Ya salió el tibetano –rió Ringo.
-¡Esto se merece una buena copa! –Paul descorchó una botella de champagne y les sirvió a todos.
Ahora si, estaban comenzando una nueva etapa en sus vidas. Una vida rara. Una vida de a cinco.


martes, 15 de mayo de 2012

Capitulo 37 El amor es un ingrato, que te eleva por un rato y te desploma porque sí.


Eva despertó y vio que llovía torrencialmente, ahí, en medio del campo inglés, en una casa que John no quiso decirle de dónde había sacado. Si, John, ese loco que la había “secuestrado”. Sin dudas, el secuestro mas dulce del mundo.
-Ey Johnny –dijo sacudiéndolo suavemente
-Hola Vicky....-respondió somnoliento -...pensé que te habias escapado....
-Ni loca –rió y le dio un suave beso –Mirá como llueve
-Si, escucho. Y creo que tendremos que quedarnos aquí
-¿Cómo? ¿Por qué?
-El camino es de tierra y con esta lluvia se hará imposible salir. Hoy mas que nunca amo a este clima de mierda, hará que me quede con vos toda la noche.
-Creo que has sobornado al Servicio Metereológico –rió- Pero...yo mañana tengo que trabajar
-Y bueno, por un día no te van a hechar....dejá de pensar en el trabajo


-Creo que tendríamos que llamar a la policía
-Paul, no exageres...
-Hari, supuestamente, hace 2 horas y media que tendrían que haber llegado, y no...
-Se habrán ido a hacer lo que ya sabemos –rió Ringo
-Ustedes se lo toman a risa, pero yo estoy preocupado
-Mas preocupado tendría que estar yo, se llevó mi auto...no quiero verlo chocado por Lennon
-¿Starkey lo único que te preocupa es tu auto?
-Si. Ya Paul, dejalos que hagan su vida. Y no me digas que estás preocupado, estás celoso
-¿Yo?
-Si, y no te lo aguantás –dijo George –Démosle mas tiempo, ya sabemos como es John. Si no hay noticias llamemos a la casa de Eva.


Jenny estaba cansada de atender teléfonos, que sonaban todos a la vez. Pero también estaba extrañada porque Eva no aparecía, era muy responsable y ni siquiera habia avisado. Lo peor era que el director ya le habia preguntado varias veces por ella y ya no sabía qué responderle. Decidió llamar a Anne, quizás ella supiera algo.
-Hola!
La voz de un niño la desconcertó.
-Dante dame eso! –escuchó del otro lado de la línea –Soy Anne, ¿quién habla?
-Anne, soy Jenny
-¡Jenny! Tanto tiempo que no te veo! ¿Cómo estás?
-Bien...¿por casualidad, Eva no está ahí?
-No, ¿no está con vos? este es su horario de trabajo....
-No volvió después del receso por el almuerzo. Dijo que se iba con....con....¿vos sabés?
-¿Qué cosa?
-Que ella....bueno....
-Si, lo sé.
-Ah, ok. Me dijo que se iba a almorzar con ellos, pero no volvió.
-Hay que llamarlos.
-Pero...no tengo el número
-Yo tampoco, sólo lo sabe ella, y creo que no lo tiene anotado en ningún lado, se lo sabe de memoria.
-Entonces, esperemos.


La tarde se iba haciendo noche y nadie tenía noticias de “los dos fugitivos”.
-¡Mierda, mierda, mierda y más mierda! –gritó George- ¡Esto me está desesperando!
-¿No era que yo exageraba y era celoso?
-Paul....de verdad, ya pasaron muchas horas
-Listo, yo llamo a la casa –Ringo marcó el número y esperó impaciente.
-Hola
-Hola...¿sos Anne?
-Si...¿quién habla?
-Soy Ringo –dijo en un suspiro- Por favor, decime que Eva está ahí
-Pues...no. No volvió del trabajo, y su amiga Jenny me dijo que no regresó después del almuerzo....estamos preocupadas
-Estamos seguros de que se fue con John, pero con esta tormenta que hay tenemos miedo de que les haya pasado algo
-Bueno, por lo menos saben que está con él....
-Si. Si hay noticias te aviso. En un rato te llamo para ver si te enteraste de algo. Adiós.
Colgó y miró a los otros dos, que estaban parados detrás de él.
-Nada
-Cuando vuelva lo mato –dijo Paul.


Eva bostezó y se desperezó, y John aprovechó para hacerle cosquillas. Después de luchar con él, sin resultados, no le quedó mas remedio que darse por vencida, y así él la dejó tranquila.
-¿Cómo pasaste la noche, Vicky?
-¿Por qué me decis Vicky?
-Señorita, ¿no sabe que es mala educación contestar una pregunta con otra pregunta? Te digo Vicky porque me gusta. Ahora, contestame
-Ok –dijo riendo- La pasé genial.
-¿Nada mas?
-Maravillosa
-¿Nada mas?
-Alucinante
-¿Nada mas?
-Te amo
-Me encanta esa respuesta, muñeca –le dio un beso y se abrazaron, para quedarse callados, mientras él le acariciaba el pelo -¿Sabés algo? Nunca estuve enamorado, y menos así, como estoy con vos. Me embrujaste
-¡Y dale con que soy bruja!
-¡No te enojes tonta! Te cuento una cosa: hay algo que pensamos los cuatro...
Los cuatro. Que John dijera eso hizo que su maldita confusión regresara. ¿Quién la había mandado a amar a cuarto tipos? Si hasta podría decirse que era un castigo de los dioses, pero si había algo de lo que estaba segura, era de que todo lo que vivía era de todo, menos un castigo. Era un sueño en estado puro, un sueño hecho realidad.
-¿Me estás escuchando?
-Ay no, perdón, me quedé pensando en cualquier cosa
-Te decía que pensamos algo....la idea era planteártelo entre los cuatro, pero ¡qué va! Te lo digo yo y punto. Vos pensalo bien, no tenés obligación de contestarme ahora.
-¿Qué pasa? –preguntó bastante intrigada
-Pensamos si....si querrías venirte  a vivir con nosotros.
Se incorporó un poco y lo miró.
-¿Vi...vivir? ¿Con ustedes?
-Si, en nuestra casa. Pasaríamos mas tiempo juntos....
-¿Que hay de Brian?
-Bueno eso....paneamos decírselo en unos días. Seguramente pondrá el grito en el cielo, pero no te preocupes, nunca le hacemos caso.
-John....yo....realmente....no lo sé....
-Tranquila, pensalo bien. Creo que tendríamos que levantarnos, ya no llueve y podríamos volver.



-Así que los señoritos se escaparon –Paul se veía irritado, cosa que hacía que los demás apenas contuvieran la carcajada -¿Se puede saber por qué ni siquiera avisaron?
-Porque no sos mi padre, Paulie –respondió Eva
-Eva...ay....¡me ganás! ¡Soy incapaz de decirte algo! Pero a éste...a éste...
-Este tiene nombre, y es John Lennon. Y tampoco sos mi padre, te estás pasando. La culpa de todo la tengo yo.
-Eso ya lo sabía.
-Y bueno, ¿para qué tanto escándalo? Ya me conocés, sabés que hago cosas así.
-Pero John –intervino George –ya sabemos que sos así, pero de verdad nos preocupamos, pensamos que les habia pasado algo.
-Está bien. Perdón. –dijo de mala gana
-Bueno chicos, me voy –Eva agarró su cartera –Anne y Jenny también deben estar buscándome
-¡Esperá! –Ringo la detuvo- Si querés llamalas desde acá. Pero antes queríamos decirte que...
-Ya se lo dije –cortó John
-¿QUÉ?
-Si, si, ya se lo dije...
-¡Sos lo peor! –Paul cada vez se enojaba mas
-¿Y? –George y Ringo hicieron caso omiso a la furia de Paul y la miraban con una sonrisa, esperando una respuesta.
-Pues....no sé. Me gustaría pensarlo. Mi primera respuesta sería que SI, que me encantaría, pero no quiero dejar a Anne.....ella necesita el dinero que le pago y sé que le costará encontrar un nuevo inquilino, y que además sea confiable.
-Awww que buena sos –dijo Paul –Entendemos, no te preocupes.


Al día siguiente, Eva se encaminaba hacia el trabajo. El día anterior habia tenido que aguantarse el sermón de Paul, el de Anne, y luego el de Jenny, que se apareció en su casa llena de recriminaciones. Ahora tendría que enfrentarse a otro, y mucho peor: el del director. ¿Cómo le explicaría su ausencia sin notificación de un día y medio? Quizás, hasta ya la habrían hechado...
En la esquina vio como Jenny y Patrick se despedían co un beso. La chica se acercó con una gran sonrisa.
-Que cara de enamorada...-rió Eva
-Ay Evy! –dijo en un suspiro- no sabés lo feliz que estoy. Patrick es perfecto, lo quiero tanto....a veces me da rabia pensar en todo el tiempo que perdí con Joseph
-¡Ya no pienses en él, mujer!
-Eso intento, pero como para no pensar.....me va a dejar en la calle
-¿Cómo?
-El departamento donde vivo es alquilado por él. Y en dos meses vence el contrato que lo obligaba a seguir pagando, por eso no me hechó antes. Obviamente no lo va a renovar, y, pese a que ahora gano bien como para pagarlo yo, no tengo garante....
-¡Puedo ser yo!
-Eva, si no tenés ninguna propiedad a tu nombre....
-Uy, cierto...
-No puedo irme con Patrick porque...bueno, hace poco que nos conocemos como para vivir juntos. Aparte él vive con sus dos amigos.Y para alquilar en otro lado...pues, está dificil. ¡Este maldito Londres cada vez está mas lleno de gente!
-Umm...se me ocurre una idea...
-¿Cuál?
-Dejá que lo piense mejor. Por ahora tengo que hablar con el director.


Golpeó la puerta de la oficina y esperó. No tenía ni idea de lo que le diría.
-¡Adelante!
Abrió lentamente y se asomó, encontrandose con su jefe tomando café y leyendo entretenidamente.
-¡Eva! ¿Cómo estás?
-Pues...pues.....ahora mucho mejor
-¿Por qué?
-Porque...porque....estuve muy descompuesta. Eso venía a explicarle, no pude volver luego del almuerzo porque me sentía horrible
-Oh...comprendo.
-Y luego tuve que faltar porque seguía mal .no avisé porque...
-Si, ya sé, la maldita tormenta que nos dejó a todos sin teléfono. En mi casa aún no restablecieron el servicio y aquí, ya ves, hace apenas unas horas que volvió.
-Si, si, claro, fue por eso....bueno, me retiro, buenos días. –salió de allí agradeciendo a esa tormenta que tantas cosas buenas le estaba trayendo.


-¡Chicos tengo una noticia! –gritó al entrar a la casa, por la tarde, luego de trabajar.
-¿Qué pasa? –preguntaron todos
-Bueno, aún tendría que resolver algunas cuestiones pero...¡creo que podré venirme a vivir con ustedes!
-¡Eso es genial! –Paul la levantó, haciendo que gritara u riera
-Esperen, esperen, dije “creo”. El tema es que Jenny tiene que dejar su departamento y no encontrará otro...a menos que vaya a la casa de Anne. Y para que eso pase, yo me tengo que ir, ¿y adónde me puedo ir?
-¡Con nosotros! –gritó Ringo
-Clarooo! Pero aún no les dije nada a ninguna de las dos. Aunque estoy segura de que querrán, ellas se llevan bien.
-¡A festejar! –John ya empuñaba una botella de vino
-Ya dije que no se apresuren –rió –Pero ojalá que se den así las cosas, así estoy mas tranquila. Y aparte de estar con ustedes, ¡hasta me quedará mas cerca para ir a trabajar!
-¿A qué? –preguntó Ringo, serio
-¿Trabajar? –George arqueó una ceja
-Si, claro –respondió sonriendo
-Pero...-Ringo no puedo continuar, porque John lo interrumpió
-No trabajarás mas
-¿Qué? –preguntó extrañada
-John, hay otros modos de decir las cosas, ¿sabes? –Paul lo reprendió –A lo que nos referimos es a que ¿vas a seguir trabajando?
-Si, ¿por qué no? –sonrió, aunque seguía extrañada por la actitud que habian tomado los cuatro
-Porque no lo necesitás –dijo George
-¿Y quien dijo eso? ¡Claro que si! Lo necesito para mantenerme
-Eva...¿para mantenerte? ¿Qué hay de nosotros? ¿Nos nos querés?
-Paul ¿eso que tiene que ver? Por supuesto que los quiero, aunque no quiero su dinero. Ojo, no lo digo por despreciar, lo digo porque realmente no me gusta ser una mantenida. Ya estoy acostumbrada asi, no creo que eso sea un problema.
-Por supuesto que lo es.
-John...
-Si, si. Te dijimos que vinieras para estar mas tiempo juntos, si vas a trabajar, es lo mismo que siempre.
-También queríamos llevarte  a las giras, si trabajás, no podés –agregó Ringo
-A ver, chicos, esto ya se los expliqué una vez....
-Y nosotros también.
-Paul, no seas asi –dijo al ver que el chico estaba enojándose otra vez.
-No Eva, no soy sólo yo. Es algo que pensamos todos, no consideramos necesario que tengas que salir a trabajar, con lo de nosotros alcanza. Y sabes que alcanza, sobra, y mucho mas.
-Ya lo sé...-suspiró –pero ya les expliqué que no quiero. Entiendan mis razones.
-Entonces entendemos a nosotros también.
-John...chicos...yo...a ver....¿qué es lo que tengo que entender? Entiendo perfectamente que quieren pasar mas tiempo conmigo, eso me halaga, me encanta, pero eso no significa que deje todo...
-¡Por Dios, Eva! –George parecía exasperado. En realidad, todos lo parecían. –Lo que tenés que entender es que no queremos que trabajes. Eso es todo, no hay nada mas.
-Bueno, entonces ustedes entiendan que yo NO quiero dejar de hacerlo.
-Elegí: el trabajo  o nosotros –Eva miró a Ringo y no pudo creer que le estuviera hablando así
-No me hagan esto, por favor
-Te propusimos que vinieras con nosotros para estar juntos ¡no para que te quede mas cerca de tu jodido trabajo!
-¡John, no me hables asi! –empezó a perder los estribos, como ellos. –Entiendo el propósito, pero no entiendo porqué quieren que deje todo
-¡Eva esto es complicado! –dijo Paul- Si fueras la novia de uno, no habria tantos problemas,  pero como sos de los cuatro...¡hay que hacer rendir el tiempo!
-¿Y yo que culpa tengo de estar con los cuatro? –se arrepintió enseguida de haberlo dicho. Y mas aún, cuando cuatro pares de ojos le clavaron una mirada penetrante.
-¿Y nosotros qué culpa tenemos de que vos hayas aceptado eso?
-George, si no aceptaba, me harian la vida imposible
-¿Qué? Eva ¿qué decis?
-Ay, no me entienden, si no aceptaba a los cuatro no estaría con ninguno y todo seria horrible.
-¿Entonces no nos querés a todos?
-¡Ay si!
-¡Entonces no trabajes mas! –se lo dijeron los cuatro. En otro contexto, hubiera sonado como una bromita, pero realmente estaban enojados. Todos.
Se quedaron callados, mirándose. Jamás habia sentido algo así por ellos.
-¿Sabe qué pienso? Que ustedes no es que quieran pasar mas tiempo conmigo, sino que quieren que deje de ser independiente.
-¿Qué decís? –dijo John
-Digo lo que pienso. Son unos egoístas machistas.
La miraron estupefactos, pero ella continuó, aunque conteniendo unas lágrimas de bronca.
-Si yo dejo de ser independiente, dejo de ser quién soy. Y no pienso cambiar, pr mas que ustedes lo quieran.
-Nosotros no queremos que cambies –dijo Paul
-¿Ah no? Me están obligando. Pero desde ya les digo: yo no voy a ser una muñequita encerrada en una casa de cristal, para que ustedes me usen cuando tengan ganas.
-No pensamos eso de vos...
-Yo creo que si –dio media vuelta y se dirigió a la puerta –Acá se acabó todo.
-¡Vos no acabás nada! –John la tomó del bazo con fuerza y la obligó a mirarlo.
-¡Soltame Lennon!
-¡No te suelto nada!
-¡Eva vení acá, por favor! –Paul parecía estar igual que John
-¡No quiero! ¡Dejen de obligarme a hacer cosas!
-¡Muy bien, no te vamos a obligar mas, porque no te queremos ver mas!
-¡Perfecto, porque yo tampoco quiero verlos mas! –se zafó de John y salió de la casa, dando un portazo.


Pasó una semana, donde lo único que hizo fue llorar a escondidas. Los quería como eran, pero ellos parecían intentar cambiarla.
Anne sospechaba algo, y Jenny fue directo al grano.
-Quisiera saber qué te está pasando –dijo parada frente a su escritorio
-Nada Jenny. Por favor, tengo que hacer una llamada...
-La hacés después. Ahora me contás. No me voy a mover de acá hasta que me lo digas.
-Ay....-se tapó la cara con las manos -...Jenny....me peleé.
-¿Con cuál?
-Con los cuatro –dijo comenzando a llorar
-Joder Eva....que te pelees con uno, bueno, pero ¿con los cuatro?
-Son iguales
-¿Qué te hicieron?
-Nada.
-¿Como que nada?
-No quieren que trabaje.
-¿Por?
-Pienso que quieren tenerme en su casa a toda hora, dispuesta para cuando ellos quieran
-Como una puta cama adentro
-Jenny no hables así...
-Es que me sonó así. Pero, no entiendo ¿en su casa?
-Me ofrecieron ir  a vivir con ellos, yo les dije que me gustaría, pero quieren que no trabaje mas. Y yo no quiero eso.
-No entiendo porqué eso. Este es un buen trabajo, no le veo nada malo. El bar también lo dejaste por ellos, y ahí  te iba mas que bien.
-Lo dejé porque yo quise
-Pero ellos te influenciaron
-Si, quizás...
-Eva, esto me hace pensar que te están dominando.
-Capaz que lo hacen inconscientemente. Lo que sé es que esto a veces me supera. Son 4 contra 1....


-Paul ¿qué podríamos grabar ahora? –preguntó John de forma legre
-Mmm....-Paul abrió su carpeta, donde tenía notas y hojas garabateadas
-¿Qué tal ésta? –George sacó una hoja –Dijimos que la haríamos
-No, esta no –le quitó la hoja y la colocó de vuelta en la carpeta
-¿Y ésta? –John sacó otra hoja
-Tampoco
-¿Y es...?
-No, esa tampoco, George.
-No entiendo, están buenas.
-Uff...no quiero éstas porque se las escribí a....bueno, ya saben a quién.
Todos se miraron, nerviosos. Hacía dias que simulaban que no pasaba nada, aunque, sólo en sus cabezas, pasaba de todo.
-Entonces mejor me voy –Ringo cortó el silencio y se puso de pie
-Voy con vos –dijo Paul
Juntos fueron en el auto de Ringo a pasear por ahí. Ya era de noche, y en las calles habia poca gente. Se estacionaron en un parque, y allí bajaron, a  caminar.
-Aún no puedo creerlo –Ringo exhaló el humo de su cigarrillo.
-Y yo tampoco. O sea...nos cambió por su trabajo, ¿cómo es posible?
-Las mujeres son raras
-Rich, ésta no es cualquier mujer
-Lo sé. Pero al final....no sé, no es quién parecía o...bah, no entiendo.
-¿Sólo habrá sido una groupie?
-Paul, qué decís...
-Pero, mirá, estuvo con todos, ya cumplió su objetivo. Ahora vuelve al trabajo, como si no hubiera pasado nada.
-Pero estuvo a punto de vivir con nosotros
-Pero no. Puso al trabajo adelante, y ella sabía que a nosotros no nos gustaba. Yo pienso que nos engañó.


Era la milésima vez que extendía la mano para llamar. Se moría de ganas de escuchar aunque sea a uno de ellos. Pero el maldito orgullo le ganaba. Si ella llamaba, si aceptaba condiciones, se estaría convirtiendo en una esclava.
Guardó sus cosas y se encaminó a la parada del bus, para ir a casa. Era muy tarde, ese día habia tenido muchas cosas para hacer, pero lo hacía a propósito, se llenaba de cosas para no pensar.
Cuando llegó a su casa lo único que quería era dormir. Pero ver el teléfono la hizo cambiar de opinión. Se sentó junto a él, mirándolo y luchando con todo lo que sentía y pensaba.
-Eva...¿qué estás haciendo acá, tan tarde? -preguntó Anne bajando las escaleras, en camisón.
-Estaba viendo unas cosas...
-¿Viendo cosas? A vos te pasa algo, ¿no?
-Digamos que...si.
-¿Qué pasó? –se sentó a su lado
-Discutí con...ellos. Una discusión fuerte.
-¿Por qué?
-No quieren que trabaje. Me iba a ir  a vivir con ellos y les dije....
-¿A vivir con ellos?
-Anne, te lo iba a contar, pero justo paso esto. Ellos me ofrecieron eso, y Jenny tiene que irse de su departamento y pensé si...
-¡Si, que venga acá! –dijo dando un saltito
-Anne, ya ves. No será posible. Ya ves lo que pasó....


-¿De quién es esto? –John agitó un pañuelo rojo de seda
-¿Esto? –George tomó el pañuelo y lo olió –Es de Eva.
-¡No la nombres!
-Está bien....
-¿Qué? ¿Vos no estás enojado con lo que hizo?
-Claro que lo estoy.
-Creo que Paul tiene razón. Es una groupie. Mirá, ni siquiera nos llamó.
-Bueno, nosotros tampoco lo hicimos...
-¿La estás defendiendo?
-No, solo que...
-Si querés, llamala. Después de todo, no siempre tenemos que hacer todo juntos. Yo, ya sabés, no quiero saber nada con ella.
-Vamos John, ¿qué decís de ahora? Si vos nunca la quisiste....
John lo miró fijo y lo agarró por las solapas del traje, acercándolo a su cara.
-Vos no sos quién para decir si la quiero o no, ¿entendiste?
-Está bien, John, calmate...
-George...-lo soltó con suavidad- ...per....perdoname hermano......te juro que no quise hacerte eso, perdoname.....-se tapó la cara- por favor, perdoname
-No te preocupes John, fue un impulso tuyo, ya se cómo sos
-¿Ves lo que termino haciendo por culpa de ella? Me descontrolo, me pierdo...
-A todos nos hace lo mismo –suspiró y se tiró en su cama –Maldita sea la hora en que la conocimos.


Despertó. Por segunda vez en esa noche. Le costaba dormirse, y cuando lo hacia, se despertaba sobresaltada. No podía parar los pensamientos que corrían por su mente. Se sentía engañada, ese mundo hermoso que en tan poco tiempo había aparecido, ahora resultaba ser cartón pintado. Fue hermoso mientras duró. Se odiaba por haber caído, por haberse convertido en una cualquiera. Quería tomarles odio, rencor, pero era imposible, se moría de amor. Tendría que aprender  a olvidarlos, y dejar de extrañar aquello que se había convertido en algo indispensable para ella: cuatro personas que, para bien o para mal, se había dedicado a cambiarle la vida.

miércoles, 18 de abril de 2012

Capitulo 36 Es un rapto de inconsciencia, nena ¡no te suelto mas!

Una terrible punzada en la cabeza la hizo despertar. No abrió los ojos enseguida, pero supo que ya era de día. Se detuvo a pensar donde estaba y abrió los ojos, todo esto en cuestión de unos pocos segundos. Se encontró abrazada a Ringo, sentada en el asiento trasero del auto. ¿Qué? ¿Todavía estaban en el auto? Se incorporó un poco y se dio cuenta que sobre su hombro derecho Paul apoyaba su cabeza, dormido. George, en el asiento del acompañante, dormía despatarrado y con una mano que colgaba hacia el exterior de la ventanilla, por la que entraba el frío de la mañana. John, simplemente estaba tirado sobre el volante. Todo esto coronado por una sinfonía de ronquidos.
-Bonita imagen –dijo Eva para sí misma, mientras se incorporaba, haciendo que Paul abandonara su cómoda posición.
-¿Mmm? ¿Estamos en casa? –dijo bastante dormido.
-Me temo que no…
-Eh? –se despertó del todo, sobresaltado -¿Dónde estamos?
-No sé….calculo que en el mismo lugar de anoche…
-Dejen de hacer ruido…-Ringo se acomodó mejor, hasta que también reaccionó –Ey ¿Qué estamos haciendo acá todavía?
-No tengo  la menor idea –respondió Paul
-Solo recuerdo que dijimos “Vamos”, subimos al auto, y fin. –explicó Eva
-Nos quedamos dormidos antes de salir….-dijo Ringo rascándose la cabeza
-Ey George! –Paul pateó el asiento delantero, donde su amigo dormía –es hora de levantarse
-Mmssfgñsñkfjflkjds…
-¿?
-Vamos George, estamos todos en el auto, pasamos la noche acá.
George abrió los ojos y miró a Ringo con incredulidad.
-No jodas…
-¿Que jodo? ¡Mirá! ¿Ves que estamos en el auto?
-¿Pasamos la noche acá? –dijo sentándose lentamente y mirando alrededor –Tuvimos suerte de que no nos encontrara la policía….¡Eva! ¿Estás acá?
-No, soy un fantasma
-Que graciosa andas hoy…Oigan, tenemos que despertar a John.
Eva se acercó y comenzó a sacudirlo con suavidad.
-John….John..
-Mmmm….Mimi no quiero ir a la escuela….
Todos rompieron en carcajadas, que hicieron que John al fin despertase.
-¿Y esto? ¿Qué pasó?
-Nos dormimos adentro del auto –dijo Paul –Ahora vámonos antes de que nos vea alguien
-Esperá que busco la lla…-bostezó sonoramente -…ve.
-Ah no, yo no pienso viajar con John conduciendo así –dijo Eva –Nos vamos  a matar
-Y bueno bonita, ¡conducí vos!
-No sé.
-¿No sabés? –preguntaron todos
-No. Apenas sé andar en bicicleta.
-Te enseñamos.
-¿Cuándo?
-¡AHORA!
-Ni sueñen, estoy pensando seriamente en volverme caminando.
-Yo te puedo enseñar –se ofreció George –Otro día, claro. Te cobraré caro jeje
-Shh! –chistaron los otros tres
-Está bien, me gustaría aprender
-¡La encontré! –John agitaba triunfalmente el llavero
-No John, no vas  a conducir –Ringo se bajó del auto, abrió la puerta de John, lo sacó casi a la rastra, lo metió en el asiento trasero y se puso al volante –Ahora sí.
-¿Qué pasó? ¿Por qué estoy acá? –John, evidentemente, ni se habia enterado de lo que Ringo había hecho.
-Nada, John, nada…-dijo Paul con fastidio -¡Ahora vámonos!
-Ey, ey ey ¿Por qué Ringo va a conducir? –dijo George, arrastrando las palabras -¿Cómo sabemos que él ¡hip! es el que mas sobrio ¡hip! está?
-George, es claro que vos no lo estás –dijo Paul -¡Vamos!
-Ay ¿Por qué tanto apuro Paulie? –se quejó John
Ringo arrancó y fueron parte del camino peleando, hasta que John y George se durmieron otra vez.

Al rato, Eva llegó a su casa. Entró, tratando de hacer el menor ruido posible. Eran las 7 de la mañana, Dante generalmente se despertaba a las 10, así que tenía tres horas para dormir, antes de darle el regalo. Subía lentamente las escaleras, sufriendo con cada ruidito que hacía.
-Hola Eva
-AY! –se asustó, no esperaba que alguien le saliera hablando. Miró hacia abajo y ahí lo vio –Dante ¿Qué hacés levantado?
-Estoy ansioso por mi cumple, quería que llegara rápido. Aparte anoche me dormí temprano y ya no tengo sueño.
-Ah, que bien…-respondió media dormida- Ah, Feliz…-bostezó –Cumpleaños, Dante. Ahora me voy a dormir….
-¿Y la sorpresa?
-¿La sorpresa? ¿Qué sorpr…? Ah, si, la sorpresa. Quedate sentado en el sofá, con los ojos cerrados, ahora vengo. –el nene obedeció y Eva subió a su habitación, donde miró con tentación su cama. Sin embargo, tomó la guitarra y bajó, para, media mareada, pararse delante de él. La cabeza se le partía al medio, esos cuatro se las pagarían.
-Abrí los ojos.
Dante abrió sus ojitos y la miró, y miró a todos lados.
-¿Y? Yo no veo nada
-CHAN CHAN CHAN CHAAAAAAN!!! –sacó la guitarra de detrás suyo, donde la llevaba escondida -¡Feliz Cumple!
El nene miró la guitarra con los ojos abiertos de par en par. Después la miró a ella, y de la nada le dio un abrazo, que ella no se esperaba, pero que la llenó de alegría.
-¿Te gusta?
-Si! ¡GRACIAS! –la tomó con sus manitas y contempló, embelezado, la funda -¡Son The Beatles!
-¡Obvio que si! ¡Pero mirá la guitarra, que es lo importante! –lo ayudó a abrir el cierre y sacar el instrumento con cuidado.
Se quedó boquiabierto, mirando la guitarra, que era a su medida, hasta que reparó en un detalle:
-¡Está firmada por George! –gritó
-¡Porque serás su sucesor! Ahora, tocá algo de lo que te enseñé.
El pequeño, entusiasmado comenzó a rasgar algunos acordes.
-Ahora vuelvo –subió, supuestamente a buscar algo, pero no se resistió a la tentación y se tiró en la cama, para quedar profundamente dormida al instante.


Se acomodó el blazer azul que se habia puesto, respiró hondo, y con paso decidido encaró hacia la puerta del edificio. Era lunes. Era su primer día de trabajo.
-Nenaaaaa!! –se asustó al oír ese grito y miró a todos los lados del inmenso hall blanco del edificio.
-¿Jenny?
-¡Acá estoy! –gritó nuevamente, pero ésta vez prácticamente saltándole encima. Se veía contenta, mas descontrolada de lo acostumbrado.
-¿Q…qué hacés aca?
-¿Ya te olvidaste que trabajo acá?
-No, pero no sabia que ya habias empezado
-Empezé ahora, tonta. Te iba  a contar el sábado pero…
-Pero estabas ocupada con Patrick, ya los vi.
-¿Eh? ¿Qué viste?
-Tengo que trabajar, después hablamos.
-¡Mala!
Eva subió riendo al ascensor que la llevaría al tercer piso, donde la esperaba una pequeña oficina propia, un archivo de fotos y lo que era mejor: un laboratorio fotográfico. Alí revelaría todas las fotos que sacara, las clasificaría, archivaría o mandaría a publicar. También su trabajo era flexible: si alguien estaba interesado en su trabajo podría  buscarla allí y ella podria atenderlo en su horario de trabajo. En otras palabras: estaba a sus anchas.
-¡Bienvenida Eva! –dijo el director
-Gracias…sinceramente, no me esperaba todo esto…
-Espero que te haya gustado. Si querés podés cambiar todo de lugar, es tu espacio. Ahora…¿podrías revelar algunos rollos que hay en ese armario?
-Claro.
El resto de la mañana trabajó en eso, y sabia que a la tarde tendría que clasificar y ordenar bien el archivo. El verdadero trabajo comenzaría en unos pocos días, cuando saliera a acompañar a los entrevistadores y cuando se encargara de la foto de tapa, además de sesiones de fotos con los artistas.
-¿Vas a almorzar conmigo? –dijo Jenny luego de abrir de golpe la puerta del laboratorio.
-¡Cerrá esa puerta! ¡No puede entrar luz!
-¡Ay, yo que sabía!
-¡Cerrá!
Jenny cerró de un golpe la puerta y se metió entre las fotos colgadas que se secaban.
-No toques nada
-No, no, no, no soy una nenita. Te vas quedar ciega entre esta oscuridad y esa luz roja.
-¿Cómo va tu primer día?
-Bien…atendí unas 500 veces el teléfono jaja ¡Ey, te copiaste de mi! –dijo señalando la falda de Eva.
-¿Vos también de minifalda? Se nos pegó la nueva moda.
-Ja, me encanta ponermela y ver la cara de las viejas.
-Cuando no vos Jenny
-Mary Quant merece un monumento. Bueno, me voy, tengo que seguir trabajando –se acercó a la puerta y la abrió –Ah! Me olvidé de preguntarte lo que te venía a preguntar jaja.
-¡Cerrá!
-¿Vas a almorzar conmigo?
-¡No! ¡Cerrá esa puerta!
-Ufa! –cerró otra vez -¿Por qué no vas a almorzar conmigo?
-Porque Ringo me pasará a buscar.
-Ay, a ella la pasa a buscar Ringo –dijo burlándose -¿Sabés qué? Ahora me voy a almorzar con Patrick, y no te voy a contar nada de que estoy de novia con él….ay, lo dije.
-¡Jaja, te pasás Jenny! Eso te pasa por andar tan enamorada
-Si, puede ser –dijo suspirando –Bueno, me voy –salió del laboratorio dejando la puerta abierta de par en par, mientras se reía.
-¡Cerrá carajo!


Cuando salió del edificio divisó enseguida el auto de Ringo y, sin mirar siquiera, subió.
-Hola Rin…¿John? ¿Qué estás haciendo acá?
-¡Vine a buscarte!
-¿Pero por qué en el auto de Ringo?
-¿Qué tiene que ver el auto?
-Bueno…en eso tenés razón.
John arrancó y a los pocos minutos estaba tomando una autopista de salida de Londres.
-John…tenemos que ir a almorzar a tu casa, ¿adónde vamos?
-A un lugar
-Ok, pero mirá que a las 3 tengo que volver al trabajo.
-Lo lamento, no será posible.
-¿QUÉ? John, te lo suplico, no hagas locuras, yo a esa hora tengo que estar ahí si o si, ¡es mi primer día!
-Pero no estarás, iremos a otro lugar, pasarás la tarde conmigo, te guste o no.
-¡JOHN! ¡ESTÁS LOCO! ¡No puedo faltar!
-Claro que podés.
Lo miró, le estaba hablando seriamente, no en su clásico tono de broma.
-John…
-John, nada. Venís conmigo.
-Pero…no podés obligarme
-Si te secuestro, si. Mejor dicho, te estoy raptando.


-¡El que me hizo la broma que hable ahora o calle para siempre! –gritó Ringo entrando a la habitación de Paul, donde también estaba George practicando con la guitarra.
-¿De qué habla? –dijo Paul mirando a George
-Dejalo…
-Ey, no me traten de loco. ¿Quién hizo desaparecer mi auto? ¡No lo encuentro!
-¿”Perdiste” tu auto? –dijo George sin contener la risa
-Pensábamos que eras despistado, pero no tanto hombre…
-Paul, hablo en serio. No está en el garage y las llaves tampoco. Un momento…¿John?
-Dijo que salía…¡ahí está! ¡Fue él! –gritó George poniendose de pie.
-¿Pero para qué se llevaría mi auto? Yo iba a buscar a Eva….ah, ¡eso lo explica todo!


-¡John, volvamos a la ciudad, ya! –gritó Eva –Te estoy hablando en serio ¡no te rías!
-Sos preciosa cuando te enojas.
-Me engañaste, ahora ya sé porqué viniste en el auto de Ringo
-Si venía en el mío no ibas a aceptar, te ibas a quedar parada esperando a Ringo. En cambio asi, caíste como un conejito en la trampa. ¿O debería decir conejita? Jejeje
-¡No me causa gracia! ¡Te lo digo de verdad!
-Calmate, sólo es…
-Sólo es ¡nada! Y tampoco me calmo. De verdad, no te entiendo.
-Eva, calmate –dijo ya perdiendo la paciencia
-¿Por qué hacés esto? ¡Decime porqué!
-¿Te vas a callar?
-¡No! ¡Volvamos, tengo que trabajar!
-¡Te dije que no!
-¿Por qué?
-¡Porque no se me da la gana!
-¡Estás mas loco de lo que creí! ¡¿Por qué mierda hacés esto?!
-¡Porque me revienta que te hayas acostado con todos, menos conmigo!
Se quedó callada, mirándolo casi con bronca, mientras él seguía con la mirada clavada en el asfalto de la ruta.
-Así que es por eso –dijo al fin –Debí suponerlo, lo único que te interesa de mi  es eso, no querés ser menos, como siempre. ¿Pero sabés qué? Ellos a mi me quieren, yo lo sé, en cambio vos siempre fuiste un misterio, y ahora me doy cuenta.
Al escuchar eso, John salió de la ruta y frenó.
-¿Quién sos vos para decirme eso? –le gritó
-¿Y te parece que no soy nadie para decirlo?
Abrió la portezuela y salió afuera.
-¡Vení para acá! –John la imitó -¿Qué vas a hacer?
-Me voy, como pueda. ¡No me toques! –dijo al ver que él quería tomarla del brazo
-Eva…perdoname, no quise decir lo que dije….
-Lo dijiste porque lo pensás…John, somos grandes, no nos engañemos. Vos a mi nunca me quisiste, pensabas que era una bruja, que quería fama. Después dejaste de decir eso porque seguiste a tus amigos, pero para vos soy una mujer mas. Pero quiero que sepas que yo no pienso lo mismo de vos, no sos uno mas para mí…te amo, mal que me pese –se secó con el dedo una lágrima furtiva que se le había escapado.
-Eva…yo…no, no sé como decírtelo….-le tomó la cara y le dio el beso mas apasionado que habia dado en su vida. Estaba equivocada, si había creído eso de él, era porque no sabía como demostrarle que la amaba con locura.
-Escuchame una cosa, Eva Victoria –dijo separándose de ella –vos estás muy equivocada. No quise decírtelo así, pero en cierto modo estoy celoso porque ya estuviste con todos, esto de “compartirte” me come la cabeza, y ya sabes, hago locuras. Pero te amo, loca. Lo que pensaba antes sobre vos, es cosa del pasado. ¿Me entendiste bien?
-Si…-respondió poco convencida.
-¿Me entendiste o no me entendiste?
-Si, ¡ya te dije que si!
-Bueno, no te enojes.
-No estoy enojada.
-Si, lo estás –dijo sonriéndole travieso.
-Que no, te digo que no…
-No te creo, tonta
Se abalanzó sobre él y le dio un intenso beso.
-¿Ahora me creés? –John solo sonrió una vez mas. Sabía que el chico le habia hablado desde el corazón, lo veía en sus ojos, y ella no podía resistirse a eso.
-¿Volvemos? Ya se te va a hacer tarde para el trabajo y…
-No
-¿Eh?
-Que no. Quiero que vayamos a donde me ibas a llevar, señor secuestrador –subió al auto y John hizo lo mismo.
-Pero…
-Pero nada. Quiero que vayamos –le dio otro intenso beso –Y rápido.
John le sonrió pícaramente y encendió el auto.


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Hola!!! Perdín por la tardanza, les dejo el link de la canción que le da título al capitulo, se llama "Rapto" y es de Gustavo Cerati:
http://www.youtube.com/watch?v=vNhiYAmishs&ob=av2e