sábado, 25 de mayo de 2013

Capitulo 57 Nunca más será nuestro el reflejo del espejo que se apaga.


-Eva escuchame por favor, dale...¡prestame atención, carajo!
Miró con indiferencia a Paul, como si no le hubiera dicho nada.
-¿Tenés hierba?
-¡No!
-Entonces no me hables –lo frenó con la mano, para que no la siguiera y le cerró la puerta de su habitación casi en las narices.
Paul golpeó, sorprendido e indignado, pero pronto se resignó y bajó a la sala, donde vio que George acababa de llegar y colgaba su chaqueta en un perchero.
-¿Otra vez pelearon?
-Sí, bueno, no. Ella no me quiere hablar, ni siquiera escuchar –se dejó caer en el sofá y George se acercó a él, ofreciéndole un cigarrillo.
-Es normal. Sólo a vos se te ocurre traer a tu novia para presentársela.
-Eso fue hace una semana.
-¿Y eso qué tiene que ver? Es lógico que le siga doliendo.
-Pero yo traté de hablarle y...
-Paul, ella te quiere –George puso una mano en el  hombro de su amigo –No va  a entender razones, te quiere y punto. Tratá de comprenderla.
-Trato pero...Ay, me pregunto cuándo dejé de quererla yo. Si eso no hubiera pasado, todos estaríamos bien.
-Desde el primer momento supimos que esto podía pasar, mas tarde o mas temprano. Igual, no me gustaría estar en tus zapatos.
-Es que todo es muy raro. En un punto la sigo amando y..Ay, no entiendo nada. Contame de vos.
-Yo, nada. –George se sentó frente a Paul mientras buscaba con la mirada un cenicero. Se puso de pie cuando vio uno en un estante de la biblioteca. –Sólo salí a tomar aire...
-No me refiero a lo que has hecho, me refiero al tema que estamos hablando, Eva.
George volvió a sentarse y dejó el cenicero sobre la mesa ratona. Le dio una larga calada a su cigarrillo y cuando exhaló el aire recién habló.
-Yo con ella no tengo problemas.
-Pero...¿no estás viendo a esa chica, Pattie?
-¿Cómo sabés eso? –preguntó espantado.
-Algo me contó Ringo.
-Maldito chusma. Solo la vi unas veces, pero siempre la encuentro de casualidad.
-Sí, casualidad...
-Es verdad, no la busco. Es linda, sí, pero...nada mas. O sea, tranquilamente podría gustarme y...¡Paul, me hacés confundir!
Paul soltó una risita amarga ante la indignación de su amigo, y le quitó el cigarrillo de la mano para darle una calada y dejarlo en el cenicero.
-Amigo...creo que los dos estamos complicados.



Jenny esperaba con impaciencia que Eva dijera algo.
-Ay, este café, qué amargo está...¿Y? ¿Qué era eso tan importante que tenías para decirme?
Jenny sonrió complacida.
-Adiviná.
-No estoy para adivinanzas...¡Ya sé! ¡Estás embarazada!
-¡No, no es eso! –rió- Pensá un poco...Es algo no tan importante, pero importante.
-Jenny, jamás entenderé tus explicaciones.
-Bueno, te digo: ¡Patrick y yo nos iremos a vivir juntos!
-¿De verdad? –dijo abriendo grande sus ojos.
-¡¡¡Siii!!! Nada de casamientos, así que no tendrás fiesta. Solo nos pondremos en pareja, y ya estamos buscando departamento.
-¿Dejarás sola a Anne?
-Já...Anne no está tan sola como parece, querida Evita. Mark va a visitarla todos los días. No debe faltar mucho para que le proponga matrimonio, porque ellos no son como nosotros, son unos conservadores –rió.
-¡Pues me alegro mucho, por ella, y por vos! Seguro que les irá bien. Ey, escuché que la banda se va de gira.
-Sí, van a ir a Francia y Alemania, pero como trabajo no podré acompañarlos. Bill, el del bar, te manda saludos.
-Ohh Bill...tandría que hacerle otra visita. A veces echo de menos esos tiempos, ya ni siquiera toco la guitarra.
-Eva, todo sigue mal, ¿no?
-Mal no, pésimo. Paul tiene otra mujer.




Sentado en ese lugar apartado, George esperaba su café. Hojeaba la revista de moda que había comprado, y se sentía un imbécil. No sabía porqué había comprado esa revista ni porqué estaba allí. Bueno sí, lo sabía. En la tapa de la revista, estaba Pattie. Y él estaba en ese mismo bar para ver si tenía la suerte de encontrarla. Sin embargo, no sabía porqué lo hacía. Apenas unas horas antes, le había recriminado a Paul su conducta y ahí estaba él ahora, idiotizado por una chica que apenas conocía. Estaba a punto de levantarse e irse cuando un camarero le trajo el café. Le dio unos sorbos, hastiado. Eva no merecía eso, no merecía nada de lo que estaba pasando, pero él estaba confundido, ni siquiera sabía si Pattie le gustaba.
De pronto, vio que ella entraba, dejaba su bolso en una mesa y pedía permiso para usar el teléfono. La vio marcar, esperar y luego hablar, primero con pocas palabras, y luego haciendo ademanes, visiblemente enojada. Colgó dando un golpe, agradeció, pidió algo para tomar y se sentó en la mesa donde estaba su bolso. Vio que le llevaban un gin tonic, que la chica bebió con lentitud.
Algo tenía que hacía que no pudiera dejar de mirarla, y si lo hacía era para mirar la revista. Tragó saliva y llamó al camarero.
-¿Puede decirle a esa chica rubia que venga?
-Claro señor
George le dio un billete y el camarero se acercó a Pattie, que lo miró desconcertada. Se paró y se acercó. George escondió la revista.
-Hola –saludó él.
-Hola George.-contestó ella con poco ánimo.
-¿Querés sentarte? Estoy solo.
-Bueno...-Pattie se sentó frente a él, poco convencida.
-¿Te pido otro gin?
-¿Cómo sabés que estaba tomando eso? –preguntó con sorpresa.
-Porque te vi –respondió con una sonrisa traviesa -¿No te parece demasiado temprano para tomar?
-Sí, pero necesitaba algo mas o menos fuerte.
-¿Problemas?
-Corté con mi novio y me debe dinero, y lo llamé pero siempre me da excusas.
George no pudo evitar una sonrisita cuando escuchó eso.
-Si necesitás dinero yo puedo...
-Oh no, no –interrumpió –No es que necesite, es que quiero que me devuelvan lo que es mío.
-Hacés bien.---miró a todos lados, no sabía cómo seguir la conversación. Decidió ir al grano. –Amm...Pattie...querrías...¿querrías darme tu número?
Pattie levantó una ceja y se apoyó en el respaldo de la silla. “Es una chica desconfiada”, pensó George y enseguida se arrepintió de haberle hecho ese pedido. Iba a disculparse cuando ella se inclinó hacia él.
-Está bien. No sé para qué lo querés, pero...anotá.
Sin poder reprimir una risita, George sacó papel y un bolígrafo.





Eva leía el periódico con John y Ringo a su lado. John a veces leía algo y a veces le prestaba atención al programa de televisión que miraba Ringo.
-¿No han visto a George? –preguntó ella pasando las hojas del suplemento deportivo.
-No...
-Habrá salido de levante.
-No seas idiota Lennon –Ringo le dio un manotazo.
-Bueno, bueno, perdón –miró de reojo a Eva, que estaba inmutable.
Volvieron a quedarse en silencio, ocupados en sus cosas, hasta que Eva hizo un gritito de espanto.
-¿Qué pasó? –preguntaron los dos, asustados.
-Este tipo...-señaló una fotografía en el periódico.
-“Buscan al asesino...” –leyó John -¿Lo conocés?
-Era el dueño de la casa donde vivía antes...Antes de vivir con Anne. Maldito viejo degenerado.
-¿Y a quién mató?
Ringo no obtuvo repuesta hasta que Eva siguió leyendo y lanzó otro grito.
-Ay no...ay no...
-¿Y ahora qué pasó? –John se veía impaciente y a la vez asustado.
-El tipo ...el tipo muerto....
Ringo le quitó el diario y leyó él.
-Esto parece que pasó la semana pasada, ni enterados estábamos...A ver, el muerto es Joseph...¿Joseph? ¿No es éste...?
-¡Si, si, el ex de Jenny! Ay no...Ella no debe saber nada, sino me hubiera dicho.
-Llamémosla –John se puso de pie y descolgó el teléfono –Decime el número.
-Está en ese cuaderno –Eva señaló un cuaderno junto al teléfono –No me acuerdo el numero aún.
John marcó, primero habló con Anne y luego con Jenny. Eva, aunque estaba sorprendida y pasmada por lo que acababa de leer, rió apenas por la soltura de John para hablar con su amiga. Al fin, él se puso serio y le preguntó lo que querían saber. Después cortó enseguida.
-Dijo que ya lo sabía, pero que no te dijo nada porque no te quería asustar. Parece que los tipos estos eran socios en algo sucio, y estaban borrachos, tenían líos de dinero, y se agarraron a puñaladas.
-Joder...
-Entonces viviste con un asesino –dijo Ringo.
-Sí, ya les he contado sobre él...
-Esta bien, no lo recuerdes –la abrazó. –Igual, tu amiga se salvó al haber dejado al Joseph ese. Y vos también por no trabajar mas con él.
-Si...Me doy cuenta de la gente de la que he estado rodeada, y me da miedo.
-Espero que pronto agarren al tipo, y que no se le ocurra buscarte o algo de eso.
-Ringo, no la asustes.
-Tiene razón, John. En este último tiempo, para bien o para mal, me he hecho conocida. Una nunca sabe como pueden reaccionar o qué ideas se le pueden cruzar a esta gente...
-No te preocupes, te vamos a proteger.




Paul tocó timbre. Se sentía tonto por estar nervioso, sensación que desapareció cuando Linda abrió  puerta.
-¡Hola! –lo saludó ella, con una amplia sonrisa.
-Hola –Paul no terminó de saludarla, que ya estaba dándole un gran beso –Vine para que hablemos.
Linda lo hizo pasar y luego de ofrecerle algo para tomar, cosa que él no aceptó, se sentó frente a él, extrañada.
-Linda....en casa ya no puedo vivir. Creo que sabés las razones.
-Sí, Eva. Paul esto creo que no está bien, esa chica te ama y estará sufriendo horrores. No es bueno ser felices a costa del dolor de los demás.
-Es que no puedo evitarlo. Estamos todo el día discutiendo, o sin dirigirnos la palabra. Quiero irme por eso, y justamente para no seguir lastimándola. Y quiero irme pronto. Y que vos vengas conmigo.



Sentía los largos dedos de John acariciándole la espalda. Se pegó mas a él, haciéndole saber que  aún estaba despierta. Miró que el reloj despertador, iluminado por la poca luz que entraba del exterior, le mostraba que eran las 2 y 15 de la madrugada. De pronto, escuchó un ruido, seguramente era el auto de Paul, que recién regresaba, y seguramente que de la casa de Linda. Empezó a sentir una extraña mezcla de sentimientos encontrados. Abrazada a un hombre, sentía rabia por no poder estar con otro, porque recién volvía de ver a otra mujer,  y a la vez, no podía dejar de pensar tampoco en los otros dos.
Cerró los ojos con fuerza, para obligarse a conciliar el sueño y no pensar mas. Estaba consiguiéndolo cuando escuchó unos golpecitos en la puerta. Se levantó con sigilo, ya que John ya estaba dormido. Se vistió con su bata y abrió.
-Eva, ¿podemos hablar?
-Paul, son las dos de la mañana.
-Lo sé, pero necesito hablar con vos.
-Uff...está bien, decime. Espero que sea importante.
-Sí, lo es. ¿Puedo pasar?
-No. Decímelo acá.
-Es que...bueno, está bien. Eva, yo...me voy a ir.
Pestañeó rápido, para asegurarse de que estaba despierta.
-¿Cómo?
-Que me voy a ir de casa. Mañana comenzaré a buscar algún departamento y me iré tan pronto como pueda.
-Con ella.
-Sí, con Linda. Eva, lo hago porque....bueno, ya ves cómo nos llevamos y sé que todo esto te hace mal y...
Paul no continuó, ya que, aunque había poca luz, pudo ver que ella estaba llorando.
-Por favor Paul, no...
-Ya lo decidí. Perdoname.
-En serio, no te vayas, no te molestaré, te trataré bien, ¡lo que vos quieras! Pero no te vayas, no me dejes.
Paul la abrazó, sintiéndose tremendamente culpable. Por su culpa estaba haciendo sufrir a quien quizás mas lo amaba.
-Lo siento, Eva. Lo siento.
John encendió la luz y se asomó.
-¿Qué está pasando acá?
-John...-Eva se separó un poco de Paul.
-Ah, estabas con él –dijo Paul, sin poder ocultar su incomodidad.
-¿Qué le hiciste?
-No le hice nada, John.
-¿Y por qué está llorando?
-John, calmate –Eva se secó las lágrimas –Paul sólo estaba comentándome su decisión.
-¿Qué te dijo? ¿Por qué te pusiste así?
-Le dije que me voy. Me voy a vivir con Linda.
-¿Y por eso llorás?
-Es suficiente razón. Si te fueras vos estaría igual –contestó con severidad.
-Pero Paul ya no te quiere, te lo dijo. No tiene sentido que llores por él.
-No seas cruel.
-No soy cruel, soy realista. Y vos, estás molestando a ésta hora para decirle semejante cosa.
-Tenía que decírselo lo antes posible, no te metas Lennon, no es tema tuyo.
-TODO lo de Eva es un tema que nos compete a los cuatro. Y por tu culpa ella sufre.
-¡No tengo la culpa de haberme enamorado de otra!
-A ver, a ver –dijo ella, tratando de calmarlos –No hagamos esto mas difícil, no se pasen, si lloro, lloro porque quiero, y a nadie le tiene que importar. Y sí, había otros momentos para dar esa noticia. Igualmente...Paul, en serio, no te vayas. Me iré yo.
-¿Qué? –dijeron John y Paul
-Ni se te ocurra.
-Eva, ya está decidido, me voy yo.
-Pero Paul...-no pudo evitar que la voz se le quebrara y que las lágrimas volvieran a sus ojos. Le dolía demasiado, y le dolía que ahora ellos estuvieran peleando.
-Eva, hace una hora estabas haciendo el amor conmigo ¿y ahora llorás por Paul?
-No es hora de tus escenas de celos.
-No te metas McCartney.
-Ay...¡dejen de pelear! Sí, estoy llorando por él, aunque haya estado con vos. No sé qué te extraña, siempre fue así.
-Pero yo no lo soporto mas. Él se va, le estás rogando para que se quede, te ponés a llorar...¿Y yo? Yo estoy acá, pero claro, no cuento. Ahora Paul parece ser mas importante porque se va.
-Ninguno es mas importante. ¡Los amo! ¿Por qué no lo entienden?
-Eva, es definitivo. Yo me voy, es la única forma de solucionar esto –Paul le dio un beso en la mejilla y se fue hacia su habitación.
-Y yo también me voy.
-John...
-Sí, me voy, no aguanto esto –juntó sus cosas con rapidez –Ya va siendo hora de que te decidas, porque me estoy cansando.


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Hola! Un mes sin publicar, no tengo perdón! Disculpen pero estaba escasa de ideas y de tiempo, espero no tardar tanto para el próximo capitulo :)
Como siempre, la canción:

Saludos y besos!

martes, 23 de abril de 2013

Capitulo 56 Ojalá que no puedas hacerle el amor, ojalá que no puedas...


Dante festejó cuando el dado le mostró un seis. Contento, hizo avanzar su ficha naranja seis casilleros.
-Ey, ey, no hagas trampa, que caíste en un casillero rojo. Debes retroceder uno.
El chico miró a Eva, molesto, y enfurruñado hizo retroceder su ficha.
-¡Já, mirá! Voy a avanzar cuatro –dijo mirando el dado –de todos modos ya no te alcanzaré.
Anne apareció con una bandeja con tres tazas humeantes y se acercó a la pareja de jugadores, que estaba sentada en el suelo.
-Té caliente, y para vos, leche –señaló a Dante.
-No quiero.
-¿Cómo que no? Vamos, andá a lavarte las manos.
Corriendo, el chico subió las escaleras. Anne se sentó en la alfombra, junto a Eva, y le alcanzó  una taza.
-¿Cómo lleva lo de Mark?
-A veces bien, y a veces...mal.
Hacía dos meses que Anne había comenzado una relación con su médico, Mark. Después de muchas dudas e idas y vueltas, al fin se había atrevido a dar ese paso. Mark era un hombre un poco más mayor que ella, también viudo, y sin hijos. Pese a eso, comprendía la situación de Anne, y también la de Dante. El pequeño se había llevado de manera excelente con él mientras pensaba que era un “amigo” de su madre. Cuando le contaron la verdad, no lo tomó muy bien, sobre todo porque estaba influenciado por los comentarios de sus compañeritos de escuela, que le decían que tener padrastro era malo. Por eso, en algunas ocasiones se comportaba mal, como un niño malcriado y salvaje, pero Anne trataba de no reprenderlo para no empeorar las cosas, aunque a ella le dolía mucho y se le cruzaba por la cabeza la idea de dar fin a la relación. Pero otras veces, Dante parecía olvidar quién era Mark y se prestaba a jugar y reír con él. Por suerte, Mark comprendía perfectamente las actitudes de Dante y como médico aseguraba que pasarían conforme el niño se acostumbrara y creciera.
En cuanto a la relación, Anne se sentía muy feliz, al fin había encontrado un hombre que la quería y la respetaba, aunque aún no podía asegurar que lo amaba. Muchas veces, el recuerdo de su esposo le empañaba la felicidad con tristeza. Lo había amado mucho y lo había perdido de repente. Suponía que a Mark le sucedía algo similar.

Cuando salió de la casa, Eva se sentía feliz por su amiga, ya no la veía como a una mujer dulce pero con dejos de tristeza, sino a una joven radiante y llena de esperanza en el futuro. Ella...ella no podía decir lo mismo. Lo que tanto había temido, llegó: ya no había NADA. Todo el fuego que alguna vez hubo, se había apagado tan rápido como se encendió. Y ella continuaba así, resignada. Pero algo seguía ahí, algo seguía matándola de a poco: la duda. La duda que desde un principio la había atormentado: ¿Cuál? A esas alturas, ya era imposible decidirse. Vivir tantas cosas con cada uno de ellos le complicaba la tarea. Se reprocharía por el resto de su vida no haber elegido cuando todo comenzó. Ahora estaba resignada y creía que tenía merecido el sufrimiento que le causaba seguir amándolos cuando ellos, al parecer, ya no. Quizás ellos también estuvieran confundidos...
Una idea horrible le daba vueltas en la cabeza, pero no le quedaba mas remedio que considerarla. Lo mejor era irse, dar por terminado todo antes de que siguieran lastimándose. Pero esa idea le daba mucho miedo.
Envuelta en esa maraña de pensamientos, llegó a la casa sin darse cuenta.
-Hola amor –John le dio un gran beso en la mejilla, pero ella respondió sólo con una mueca. Ese beso era algo muy lejano, aunque quizás sólo fueran ideas suyas.
-¿Te pasa algo?
-No John, nada. Estoy un poco...mareada. Tomaré una aspirina.
Fue casi corriendo hasta la cocina, tomó la aspirina y se sentó en la mesa, pensativa. A lo mejor, el problema era ella. Ni sabía porqué había respondido así al saludo de John.
Una semana después, pudo dilucidar el misterio.
Leía una novela, tirada sobre el sofá, con la radio a su lado. Subió el volumen cuando el locutor anunció un tema de la banda de Patrick. Sonrió, por suerte estaban teniendo éxito, y bastante seguido pasaban sus canciones en la radio. Según le había contado Jenny, el disco se estaba vendiendo bien.
Se pronto, la puerta de calle se abrió y entró Paul. Eva se extrañó de ver la cara de sorpresa de Paul cuando la vio allí sentada. Parecía espantado.
-Hola...ehh...no sabía que estabas acá.
-Mmm...hace como dos horas que estoy. ¿Y vos, dónde estabas? estuviste toda la tarde afuera y los chicos no sabían dónde te habías metido. –paró de hablar cuando notó la cara de preocupación del chico –Ehh...Paul...¿te sentís bien?
Paul no respondió, solo se quitó la chaqueta y se sentó a su lado y ella apagó la radio y cerró el libro. Quiso hacerle una caricia pero quedó estupefacta cuando Paul, con angustia mal disimulada, le apartó la mano.
-¿Q...qué te pasa Paul? –tuvo un presentimiento y comenzó a desesperarse.
-Yo...ehh....ay Eva, no sé qué decirte.
-Decilo y ya, dejá de dar vueltas.
-Es que no sé por dónde empezar.
-Por el principio. Ey, tranquilo, ¿pasó algo grave?
-No, bueno,  para mí sí. Bah, qué se yo...
-Te repito, tranquilo. Me estás asustando.
-Está bien, voy a hablar pero es muy complicado y...triste. Pero no estoy dispuesto a mentirte, así que te diré la verdad aunque duela.
Eva tragó  saliva. Sentía que el corazón le latía rápido, y que quizás estuviera en sus sienes, ya que sentía allí unas fuertes pulsaciones. Ver el rostro de Paul no la ayudaba, parecía que estaba a punto de romper en llanto, pero trataba de controlarse con mucho esfuerzo, para poder decirle aquello que parecía tan importante.
-Yo...ehh...yo....conocí a alguien. Una chica.
-Lo supuse –respondió en un suspiro.
-Por favor, dejame terminar. Yo la conocí así, de casualidad y la he visto un par de veces más y...me gusta. Lo siento Eva, te juro que traté de controlarme, pero no puedo. Me gusta y encima...creo que la quiero. Hoy la invité a salir, vengo de esa cita. Sólo charlamos, nada mas, pero noté que a ella le pasa algo conmigo también.
-Es esa tal Linda, ¿no?
Esta vez, el que suspiró fue Paul, y asintió mirando el suelo.
-Sí, es ella. Pero te juro que no ha pasado nada, ni siquiera la he besado.
-Eso no te lo creés ni vos...
-¡Es verdad!
-Por favor, sos Paul McCartney, un gran mujeriego que no desaprovecha oportunidades, ¿me va s a decir que no la besaste? No me hagas reír.
-No me hables así. –Paul pareció ofendido, pero volvió a su anterior estado de preocupación –Creeme, es enserio. No he intentado nada porque considero que sería engañarte y no quiero eso. No te lo merecés.
-Oh que considerado, no me lo merezco, pero te vas con ella.
-Eva no me voy  con ella, te dije que no intenté nada y tampoco estoy seguro de si a ella le pasa algo conmigo.
-¿Y si ella no te acepta? ¿Volverás acá, no? Seré como un repuesto.
-No, no digas eso...
Lo miró indignada y se puso de pie de un salto.
-Eva, entendeme yo...
-¿Qué querés que entienda? ¿Que ahora te calentaste con otra y me dejás? ¿Eso querés que entienda?
-No, esperá, calmate.
-¡Entendeme vos a mí, Paul! Hace meses que estoy mal, que esto no va ni para atrás ni para adelante, y ahora me caés con esto, con que te gusta otra y obviamente te vas tras ella, como un perro. ¡Bravo, lo felicito señor McCartney, el conquistador!
Paul también se puso se pie y la tomó de los brazos.
-Basta, calmate.
-¡No me toques! Vamos, andate con ella. Ah no, pará. La que se va soy yo ¡Estoy cansada de todo esto!
-No, no te vas nada. Te lo suplico, entendeme.
-¡Te dije que no! ¡Y soltame de una vez! –intentó zafarse, pero Paul la tomaba con mas fuerza! -¡Dejame!
-¡Calmate, hablemos bien!
-¡No quiero hablar bien, no hay nada para hablar! ¡Dejame de una vez y andate con tu querida Linda si ya no te importo!
-¡¿Qué querés que haga si no te amo mas?!
De inmediato, Paul se arrepintió de lo que había dicho. Se había prometido no decirle semejante cosa nunca, no causarle ese dolor, pero era lo que sentía, o mejor dicho, lo que ya no sentía. Y en ese momento de enojo, se le había escapado.
-Ya...genial –Eva pareció calmarse al escucharlo. –Eso era lo que necesitaba saber. Perfecto, no me querés, se acabó todo. Pero se acabó para vos, para mí no.
-No me creas, lo dije sólo de bronca, yo aún te amo Eva, perdoname, fue horrible lo que te dije.
-Ni te molestes en mentirme. ¿Pero sabés qué? Yo no voy a quedarme sentada y llorando, viendo como una groupie cualquiera te lleva. No, así no me voy a quedar. Vos no me vas a dejar tan fácil, porque yo todavía te amo y voy a hacer cualquier cosa para retenerte. Y si vos no me amás más, no me importa, te vas a quedar conmigo igual,
-Pará, pará, no digas esas cosas...
-Es enserio Paul. Tan fácil no me vas a dejar. A vos y a ella les voy a hacer la vida imposible. A ella y a todas las que se quieran acercar a ustedes. Voy a ser una leona para defender lo que es mío.
-No podés obligarme. Y vos no sos así, no hablás como la Eva de siempre.
-Hace mucho que cambié, y tarde te das cuenta. Me cansé de ser una tonta dominada, ahora voy a ser mala, porque nadie viene y me quita lo que amo.
-No hables como si yo fuera un objeto, y ya te digo, no me podés obligar. Tenés que entender, esto iba a pasar algún día, te lo tenías que imaginar.
-Me lo imaginé, pero ahora voy a luchar. Ya te dije, no te será tan fácil.
-Muy bien –Paul se puso la chaqueta y la miró, desafiante –Empezá esa “guerra” que pretendés librar. Aunque, en parte, la culpa es tuya por nunca haberte decidido por alguno. Alguien tenía que empezar a cansarse y ese soy yo. Me voy.
-Bien, andá con Linda. Les deseo lo peor. De todo corazón.


Después de pasar una noche tratando de ahogar el llanto, vio amanecer. Comprendió que reaccionar como había reaccionado estaba mal, porque Paul terminaría tomándole odio, y ella quería todo lo contrario. Planeó una estrategia: parecer buena, conforme y tranquila, para después dar el zarpazo.
Una semana después, Paul, con incomodidad, le comunicó que traería a Linda a la casa, para que la conociera. Al parecer, la chica estaba enterada de toda la historia, y quería conocer a esa muchacha tan misteriosa de la que todos aún hablaban.
Eva aceptó mostrando que estaba arrepentida y Paul pareció tranquilizarse. Por la tarde, Eva continuaba con la lectura de su novela, cuando vio por la ventana que llegaba el auto de Paul. Era la hora de ver a su enemiga.
Se arregló el pelo frente a un espejo y se sentó de vuelta. Unos instantes después, se abrió la puerta y pareció Paul con una chica rubia, alta, pero con una belleza que no era nada del otro mundo. Una chica común y corriente. Como ella.
-Eva...-Paul se veía nervioso, nunca una presentación iba a ser más incómoda que esa –Ella es Linda.
-Hola Linda –trató de forzar una sonrisa, pero no pudo. Lo que había planeado no podía llevarse a cabo, el odio que se había encargado de elaborar en lo mas profundo de ella, le ganaba.
-Hola Eva, me alegro de conocerte.
-No puedo decir lo mismo, pero así es la vida –volvió a sentarse en el sofá. Vio que Paul, con la miraada, le suplicaba que se comportara, pero no estaba dispuesta a hacerle ese favor.
-Linda, sentate. Iré a preparar té.
Linda asintió, poco convencida, y preocupada. La idea de quedarse a solas con esa otra chica, de la que sabía bastante, pero no tanto como deseaba, la asustaba.
-Así que sos la famosa Linda –dijo Eva, encendiendo un cigarrillo. –Pues, le hacés honor al nombre, sos linda.
-Gracias....
-No te lo tomes como un cumplido, que es lo menos que haré. Voy a ser directa, no tengo ganas de perder el tiempo en cortesías mal hechas. No te conozco, pero te odio. Y así, cayendo como una paracaidista, no te vas a llevar a Paul. Antes vas a tener que pelear por él. Y te aviso que vas a perder.
Linda sólo miró hacia un costado, no quería que esa otra mujer que parecía llena de odio hacia ella, viera como se le cristalizaban los ojos.
-Con Paul apenas comenzamos, pero él insistió en que me conocieras.
-Mejor, me gusta conocer a mis enemigas. Pero ya te digo, no lo lograrás.
Paul apareció con el té y Eva se puso de pie.
-Me voy.
-Pero...
-No jodas Paul, no pretendas que esto sea una reunión de la asociación de amas de casa. Ya te lo dije una vez, pero te lo repito: la peor de las suertes para ustedes dos.




***********
Hola!!! Perdón por la tardanza, pero ando bastante loca (qué novedad!) con las cosas de la universidad, y este capi lo terminé anoche a las 2 de la mañana, en la cama, durmiéndome, eso explica lo feo que está, pero es lo que hay, no? Peor es que no pudiera subir nada jaja
El título (que titulito le puse eh? jaja) es este tema: 


Alguna argentina me va a pegar un palo por poner un tema de Cacho, pero es demasiado buen tema para no ponerlo! jajaja
Saludos y nos leemos! 

sábado, 6 de abril de 2013

Capitulo 55 ¿Quién es esta chica? II


Dos meses habían transcurrido desde el escándalo. Sin embargo, las bocas aún hablaban. A Eva, eso ya había dejado de importarle, se sentía deprimida, ajena a todo. Se arrepentía de ya no trabajar mas, ahora se la pasaba aburrida, nada le llamaba la atención, y se fumaba todo lo fumable que se le cruzara. Básicamente, estaba hastiada de todo. Atribuía parte de su estado a su problema de salud, que ya estaba bajo control y casi normalizado, pero culpar a eso le servía como excusa.
Los síntomas del desgaste de la relación habían vuelto. Y para agravar aún mas las cosas, ella se había resignado. El barco hacía aguas por todos lados.
Pero si había alguien por el que estaba dispuesta a abandonar su letargo y ponerse en pie de guerra, ese alguien era Paul. Dos veces lo había escuchando hablar con George de una tal Linda. Lo que temía estaba llegando y ella no iba a permitir que una cualquiera se lo arrebatara. Si tenía que luchar, lo haría, hasta las últimas consecuencias.
Pensar eso la llenaba de odio hacia esa desconocida y hacia todas las que se le cruzaran  a Paul, o a cualquiera de los chicos. Estaba consumiéndose de celos.
Mordisqueaba un lápiz con fuerza, cuando unos golpes en la puerta la hicieron reaccionar.
-Permiso –una sonriente Jenny se asomó.
-¡Ey! Vamos, entrá. –contestó, palmeando la cama para que su amiga se sentara.
-¿Cómo estás? ¡Tengo que contarte una noticia!
-Mejor no te digo cómo estoy, que te arruinaré la alegría que llevás encima. ¡Dale, empezá a contar!
-¡Patrick comenzó con el disco!
-¡Eso es buenísimo, perfecto!
-Cree que en un mes estará a punto. ¡Ay, no sabés la alegría que tiene! Y yo también, obvio. Ah, pero hay otra cosa que debo decirte.
Eva pestañeó rápido ante el cambio de voz y de semblante de Jenny. Pasaba de la euforia a la seriedad en milésimas de segundos, y eso era, muchas veces, desconcertante.
-¿Qué pasó? –preguntó con cuidado.
-Anne me contó todo.
-¿Q...Qué?
-¡Esperá! No fue su culpa, ella comenzó a hablar de que el médico “le tira onda” y yo empecé a tratar de averiguar más, y cuando se dio cuenta...Bueno, estaba contándome lo tuyo. Dijo que había ido con vos, y después volvió por unos controles, y ahí empezó todo. Yo, claro, le pregunté qué porqué había ido con vos y...eso, me dijo.
-No puedo creerlo...¡Anne me lo prometió!
-No te enojes, ya te expliqué. ¿Podés  creerlo? ¡Anne tiene un pretendiente!
-Ese doctor parece buena persona, ojalá que...
-Igualmente estoy enojada con vos.
Eva no puedo reprimir una risita. Los cambios de Jenny tornaban algo delirante a la conversación.
-Decidite por qué cosa hablarás primero.
-De acuerdo. Estoy enojada. No, mentira, no lo estoy –sonrió –Entiendo que a veces soy un poco....impulsiva, y enterarme de tus dudas hubiera hecho que me enojara, te gritara, y todo eso. Prometo controlarme, así ya no hay mas secretos. Igual, sos una tonta.
-Lo sé. Pero por suerte no pasó nada, si no, no sé qué hubiera hecho. Y me alegro que lo sepas, y que no estés enojada, yo tampoco quiero mas secretos entre nosotras. Ahora sí, ¡Qué bien por Anne!
-¡Sí! Cuando me contó quedé pasmada, pero....ella se lo merece. Sé que desde que quedó viuda tuvo varias propuestas, pero ella no quiso, ahora parece que se quiere animar a comenzar de nuevo.
-Es muy joven y tiene que darse una oportunidad. Ojalá todo salga bien. Hay que ver cómo se lo toma Dante.
-Seguro que bien, ese chico es un encanto. Ahora contame lo tuyo.
-Jenny....lo mío es siempre lo mismo.




John y George tomaban distendidos en el lugar mas apartado del bar de mas categoría de Londres. Charlaban de cualquier cosa cuando la conversación cayó en un punto delicado: Eva.
-Pues...ya ves que todo está jodido.
-No John, no lo veo así. Para mí es sólo una crisis.
-Si vos lo decís...Aunque, no sé qué se hace en casos de crisis.
-Supongo que dejar que las cosas se arreglen solas.
-No, no, así no. Se trata de buscar soluciones y...
-¡Hola!
Ambos miraron sorprendidos a la chica rubia que los saludaba. George la reconoció enseguida.
-Hola...Pattie, ¿no? Sos la amiga de la otra chica...¿Cómo era que se llamaba?
-Linda –rió –Y sí, soy Pattie, su amiga.
-Ah, qué bueno verte. Te presento a John.
-Ya sé quién es –volvió a reír –Hola John, soy Pattie, un gusto.
-El gusto es mío –contestó John, poco entusiasta.
-Qué raro vernos acá –dijo George con una sonrisa.
-La verdad que sí, es la primera vez que vengo y no esperaba encontrarlos.
-¿Estas con alguien? –preguntó inseguro.
-Estaba. Mi novio me trajo.
-Ahh...tu novio....-repitió George.
-Y ahora ya me estaba yendo, él se enojó y se fue. Así que eso, nos vemos, un placer haber charlado con ustedes.
-Esperá, ¿querés tomar algo? La otra vez muy amables no fuimos con Paul, y quiero revertir esa imagen.
Pattie sonrió, pero vio la cara de disgusto de John. Iba a negarse, pero George insistió.
-E...está bien, pero sólo una copa, además es tarde y mañana tengo que comenzar a trabajar temprano.
-¿Trabajás? ¿En qué?
-Soy modelo. Y mañana hay una sesión de fotos con mi hermana y...
Pattie continuó parloteando con George, y luego de casi una hora, se despidió de ellos y salió rápidamente del bar y corrió un taxi. Luego de que vieron por la lejana vidriera que ella se había ido, John se sentó junto a George, en el lugar que Pattie había dejado vacío.
-Con que sólo una crisis, ¿no?




Los sábados por la tarde eran peores que los domingos. Los chicos casi siempre tenían notas u otras actividades, y dejaban la casa sola. Después de limpiar la cocina y acomodar un poco las habitaciones, se tiró en su cama a leer. Fumó un cigarrillo tras otro, pensando en que su vida iba la deriva. También pensó en su madre.
Vio que el atardecer llegaba, tomó su cámara y salió a la calle, decidida a aprovechar los claroscuros de la tarde que moría. Solo pudo tomar dos o tres fotos porque la poca luz se desvaneció. Sin embargo, no quería volver  a casa tan rápido, a estar sola. Optó por vagar por ahí, en la noche nadie la reconocería.
Después de recorrer varias calles y de casi acercarse al centro de la ciudad, paró a descansar. Ya hacía frío y rebuscó en su bolso, pero no pudo encontrar ni un solo cigarrillo, los había olvidado. Maldijo, y se sentó en un cantero con unas pocas y tristes flores. En el bolsillo interior de su saco encontró un porro. Ella no lo había puesto allí, seguramente  habría sido alguno de los chicos. Miró a todos lados, cerciorándose de que no hubiera nadie. Lentamente, lo prendió y se lo llevó a la boca. Luego de un cuarto de hora, echó a andar rumbo a su casa, ya era totalmente de noche y hasta le daba algo de miedo. Sentía los efectos de la  marihuana y hasta temió perder el rumbo, pero continuó caminando. Hasta que escuchó un silbato.
-¡Señorita!
Se giró y vio que hacia ella corría un policía.
-Mierda, mierda, mierda –repitió  susurrando desesperada. Arrojó lo que le quedaba del porro al suelo y lo pisó con el taco del zapato.
-¿Documentos? –pidió el policía, de malas maneras.
-N...no los traje.
-¿Qué arrojó al suelo?
-Nada...un cigarrillo.
El policía la movió del lugar donde parecía haberse quedado clavada y miró bien.
-Eso no es un cigarrillo –dictaminó –Tendrá que acompañarme.
-¡Pero yo...!
-Acompáñeme o le cargaremos “Desacato a la autoridad” a su prontuario.
Sin darle tiempo a una palabra mas, el policía la tomó de un brazo y casi la arrastró, mientras le hacía señas a un compañero. Entre ambos, la metieron en un auto policial y se la llevaron.




-Oigan...¿acaso no es ésta la que anda con The Beatles?
-Sí, sí, acá dice que se llama Eva Victoria Sheels. Hola bonita.
-No me hablen idiotas –contestó molesta.
-Bien, a pesar de lo mal que nos tratás, chiquita famosa, te soltaremos. No encontramos hierba en tus pertenencias, así que ya te podés ir. Pero sola no, acá tenés un teléfono –uno de los policías puso un aparato sobre la mesa, y desconfiada, Eva llamó. Con pocas explicaciones dijo que estaba en la comisaría y que necesitaba que la fueran a retirar.
-Ojalá venga alguno de ellos, tendremos autógrafos.
-Le daré uno a Lisa, con eso ya no podrá negarse a salir conmigo.
Eva negó con la cabeza, mirando hacia otro lado. Jamás pensó que terminaría allí.
Al fin se abrió la puerta y apareció Paul, apurado y molesto.
-¿Qué hiciste? –reclamó.
No pudo contestar porque varios policías se abalanzaron sobre él, pidiendo los dichosos autógrafos. Paul firmó varios, hasta que el comisario los llamó a los dos.
-Leeré el acta.
-De acuerdo –dijeron Paul y Eva.
-“A los 21 días del mes de junio de 1967, se procede a la detención de la señorita Eva Victoria Sheels, de 22 años, nacida en Manchester el 14 de enero de 1945, ocupación fotógrafa, columnista de rock y groupie, por portación ilegal de marihuana”
-Oiga, yo no soy una groupie
-Callese y firme aquí sino quiere pasar la noche en el calabozo
La aludida firmó de mala gana y debajo firmó quien la había retirado de la comisaría de Londres, Paul McCartney.
-Por favor, que esto no se sepa-pidió el beatle
-Veremos que hacemos-respondió el comisario
-No, se lo estoy pidiendo por favor-pidió suplicante
-Son 500 libras -respondió cortante el policía
-Usted es un mafioso
-Paul….-dijo la “casi” convicta
-Todo con tal de que no hable-dijo con tono resignado Paul, mientras sacaba su billetera
Paul la sacó de allí, casi a rastras y la metió en el auto.
-Sos una tonta-dijo Paul mientras manejaba su coche- ¿A quién se le ocurre ir por la calle fumando marihuana?
-Esto pasa porque este es un país de mierda-respondió casi indiferente
-Ahora la culpa la tiene el país
-Si, porque es un atraso, ¿o me vas a decir que un país que sigue manteniendo a la monarquía no es un país atrasado?
Paul solo suspiró de rabia y ella esbozó una sonrisa ganadora mientras miraba por la ventanilla y recordaba como había empezado todo…


Cuando llegaron a la casa, discutía. Paul seguía enojado, y ella seguí indiferente a todos los reproches. Al bajarse del auto, Eva lo miró, y se paró firme delante de él.
-Si tan enojado y defraudado por mí estás, andate con tu Linda.
Las palabras parecieron escupidas con odio a la cara de Paul, que la  miró sorprendido.
-No sé de qué hablás.
-No te hagas, que tonta no soy y lo sabés bien. Así que yo también estoy enojada y me siento defraudada por vos. Estamos mano a mano.
Sin decir más nada, entró en la casa y cerró dando un portazo, dejando a Paul afuera, apoyado en el auto, desconcertado.



******************
Hola! Bueno, se habrán dado cuenta (o no) que en este capitulo, se vuelve al primero, o sea, que si releen el primer capi van a encontrar un pedazo de este y viceversa. Locuras mías, pero así lo pensé desde el primer momento en que concebí el fic (?) jajajaaja
Como les va? Espero que estén perfectas, y disculpen la tardanza. Pronto subiré el próximo :)
Ahora me despido, adiós!!! 

martes, 19 de marzo de 2013

Capitulo 54 Ese maldito momento


Anne se apoyó en el respaldo de la silla, mirándola incrédula. Eva veía como sus lágrimas caían en el mantel de la mesa, y dentro de su propio café. Anne tomó aire de golpe y se acercó a ella, susurrando.
-¿Cómo lo sabés?
-Es que ni lo sé. Te dije que son puras dudas. Vos ya estuviste embarazada, decime cómo es.
-¿Qué sentís?
-No sé, es raro...
-Decime los síntomas.
-Quizás sólo sean suposiciones, puede ser stress o...
-Decime los síntomas –volvió a repetir, con mas firmeza. Parecía que estaba mas desesperada que ella.
-Dolor de cabeza, de estómago, náuseas, asco por toda la comida, algún que otro mareo y....el período. Cuarenta días que falta.
-Ay....-Anne sólo se tocó la frente con la mano, negando -¿Cómo pudiste ser tan tonta de no cuidarte?
-Yo....yo....-empezó a llorar nuevamente.
-¡¿Por qué mierda ellos no usaron forros?!
-Anne.....te desconozco, nunca hablás así.....-dijo parando de llorar de repente y mirándola sorprendida.
-Es que....por favor Eva, ¡estás con cuatro!
-Ellos se cuidan y....
-¿De cuál de todos es?
Negó con la cabeza, ya llorando desconsolada.
-No sé, no sé.....
Anne trató de calmarse, dándose cuenta que presionando a su amiga no lograría nada.
-A ver, Eva....tranquilizate. No sabemos a ciencia cierta si estás o no, como decís puede ser stress. Lo mejor será ir  a un médico.
-Anne...¿y si estoy? ¿Qué hago? ¡Me voy a matar!
-Pará, pará, no digas ni hagas locuras.
-Todo mal me sale, todo mal, ¡Y la culpa es mía, mía y solo mía! De verdad Anne, llego a estar embarazada y me tiro al río. No voy a soportar tanto.
Anne se puso de pie, se acercó y la abrazó.
-Ya, tranquila. Llamaré a mi médico, es muy bueno.
-Se dará cuenta de quién soy, y se irá todo mas a la mierda. Seré la groupie embarazada de vaya a saberse cuál beatle.
-Es muy profesional, no dirá nada.  Confiá en mí.
Asintió y trató de tranquilizarse, mientras Anne, rápidamente, llamaba por teléfono a su médico. Al rato cortó.
-Mañana a primera hora tenés que estar allí.
-¿Mañana? ¿No puede ser hoy?
-No tiene turno.
-Es que no voy a poder aguantar un día más....
-Eva confiá en que todo saldrá bien, quizás sea otra cosa.
-¿Y si estoy enferma de algo grave?
-Pará de pensar cosas malas. Sea lo que sea, ya estás jugada, y vas a tener que enfrentarlo.
-Te dije que no, que me voy a matar.
-El que dice que se mata, no se mata. Vamos Eva, te conozco, no harías algo así.


Había pasado toda la tarde temblando, sentada al borde de su cama, vaciando las cajas de cigarrillos, sin poder parar la sucesión de imágenes que tenía en la cabeza. Pensó en meterse LSD, pero en el estado en el que estaba, terminaría teniendo un mal viaje y no queria volverse loca del todo. Tan ensimismada estaba en esa vorágine que solo pasaba por su mente, que no se dio cuenta que John había entrado y estaba sentado a su lado. Cuando se percató de su presencia, dio un saltito, volviendo a la realidad.
-Ey, ¿no me viste? –preguntó extrañado.
-N...no....
-¿Vicky estás bien? Estás temblando y pálida....
-Tengo fiebre, creo....-mintió. Por nada quería contarle la verdad, temía que se pusiera como loco, o algo.
-Recostate, y no fumes tanto...-casi la obligó a acostarse, y la tapó con suavidad. Sin embargo, no parecía muy convencido de lo que Eva le había dicho. Lo cierto era que jamás la había visto tan ida.


Por la noche, obviamente, no durmió. Se levantó cerca de las 3 de la mañana, y se tomó un vaso de leche, sola en la cocina, ya que ni siquiera podía mirar televisión porque  a esa ahora no transmitían nada. Decidió  volver  a la cama con el vaso, porque tenía mucho frío, quizás lo de la fiebre era cierto, sentía escalofríos, pero se los atribuía mas  a los nervios. Antes de llegar a su habitación, miró en cada una de las otras: los chicos dormían plácidamente, descansado de un agotador día de estudio. No pudo evitar que los ojos se le llenaran de lágrimas. Los estaba perdiendo, lentamente pero sin poder hacer nada. Era lo que se había imaginado pero pese  a eso, se había arriesgado igual. Ahora le tocaba vivir las consecuencias, y vaya que era graves.....Si llegaba a estar embarazada, estaba segura que jamás sabría quién era el padre. Se sentía tremendamente culpable, y lo peor de todo era que los seguía amando con el alma, por lo tanto, todo le dolía más.


Anne hablaba y hablaba con el médico, pero Eva no se enteraba de nada. Sabía que su amiga le estaba pidiendo que no dijera a nada a nadie, que guardara discreción total, y también le explicaba los síntomas que tenía. Prestó atención cuando el doctor le habló.
-Eva, no te preocupes, no andaré vendiendo la noticia por ahí. Y ahora, si no te molesta, quisiera revisarte. Acostate en la camilla.
Obedeció sin decir nada y el doctor comenzó a examinarla.
-¿Tuviste vómitos esta mañana?
-Si. De hecho, el desayuno se fue por el inodoro....
El doctor dejó escapar una risita y continuó.
-Bien, esto se sabe rápidamente con análisis de orina, pero haremos los d e sangre también. Mañana, bien temprano, en ayunas, te quiero aquí. Hay una extraccionista, pero le diré que venga mas tarde, así no te ve. Yo me encargaré de extraerte la sangre y mandarla al laboratorio.
-Gracias, muchas gracias, de verdad.


Un día mas tuvo que esperar y casi una semana para saber el resultado. Ese día se sentía tan nerviosa como jamás lo había estado, y las palabras calmas de Anne de nada le servían. Al fin llegaron al consultorio, donde el doctor las esperaba. Era ya de noche y para evitar problemas, le había dicho a su secretaria que se retire. Gracias  a él, allí nunca se habia cruzado con nadie que no sea el propio doctor. Siempre las atendía bien temprano, o como ese día, bien tarde.
-Pasen –dijo recibiéndolas con una sonrisa. Ninguna de las dos pudo corresponderle.
Se sentaron frente al escritorio y Anne tomó con fuerza la mano de Eva. Jamás habia visto a su amiga así, tan frágil, a punto de caerse.
Por suerte, el doctor fue directo al grano.
-Bien Eva, tengo tus estudios y...no estás embarazada.
No pudo reprimir un suspiro de alivio y una sonrisa, que de inmediato se borró, dando paso a una pregunta sombría.
-¿Qué tengo entonces?
-Nada para preocuparse. Anemia y un desequilibrio hormonal que hace que se te haya desregularizado el periodo. Con un tratamiento en base a pastillas volverá a estar todo bien. Pero la principal causa de todo es el stress.
-Y, si....
-Tendrás que tratar de no preocuparte por la situación en la que estás
-Es que es imposible.
-Te lo digo por tu bien. Te recetaré las pastillas para que todo comience  a normalizarse, y también un suplemento de hierro, para la anemia.


Al salir del consultorio, no pudo mas que abrazar a Anne, a modo de agradecimiento. Si no hubiera sido por ella, quién sabe cómo habría terminado. Fue a cenar  a su casa, donde Jenny, Patrick y Dante miraban televisión.
-¡Eva! ¿Qué hacés a ésta hora acá? –dijo Jenny entre sorprendida y contenta.
-Me encontré a Anne  y me invitó a cenar...
-¡Genial! –exclamó Dante -¡Quiero mostrarte lo que he aprendido!
Eva y Anne habían resuelto no contarle nada a Jenny. Era muy impulsiva y diría cualquier cosa, pasmada por la noticia. No les gustaba la idea de terminar peleadas y después tener que estar pidiéndose perdón. Tampoco les gustaba tener un secreto sólo ellas dos, pero lo prefirieron así.
Fue hasta la habitación de Dante, desde donde el chico gritaba para que fuera a verlo.
-Te mostraré una canción que me enseñó Patrick, la escribió él ¡y va a estar en su disco!
-Genial, quiero escuchar lo bien que lo hacés.
-No sé si bien, pero...
-Vamos, te saldrá excelente, empezá.
El nene empezó a rasguear unos acordes simples, antes  de cantar una bonita letra con una dulce melodía. Seguramente, Patrick la habría compuesto para Jenny.....
Miró a Dante, había crecido mucho en los últimos meses. Recordó, al mirarlo, lo que tanto la había atormentado....¿y si hubiera estado embarazada?  Anne tenía razón, ella no sería capaz de matarse. Pero...¿qué hubiera hecho? Seguramente, se hubiera ido sin mas, huyendo como una cobarde, a criar sola a un hijo del que desconocía quién era el padre. Pese a todo, le hubiera gustado tener un hijo así, como Dante, pero las circunstancias eran pésimas.



-¡Victoria! ¡Al fin llegás!
La voz de John ni bien entró a la casa la sobresaltó.
-Perdón, me olvidé de avisar.
-¿Te olvidaste? ¿Se puede saber dónde estabas? ¡Es tardísimo!
-Estaba en la casa de Anne, cenando.
-¿Y porqué no avisaste?
-Ya te dije, entre una cosa y otra me olvidé, no me di cuenta de la hora que era.
-¿Cómo no te vas a dar cuenta?
-John, no me grites. No estoy bien.
-Claro, ahora la señorita no está bien. ¿Sabés cómo estaba yo? ¡Pensé de todo!
-¿Dónde están los chicos?
-¡No me salgas con otra cosa, carajo!
Bufó y pasó a su lado, dirigiéndose a la cocina.
-¡Victoria te estoy hablando!
-¡John no sos mi padre!
-¡Ya lo sé! ¡Pero soy tu novio!
No dijo mas nada, tomó un vaso de agua y corrió a encerrarse en su habitación.
Al rato, escuchó unos golpecitos en la puerta.
-¡No quiero hablar con vos John! ¡Andate, dejame tranquila!
-Soy Ringo, ¿puedo pasar?
-Está bien.
Ringo entró algo apenado y se acercó a ella, que trataba de leer un libro.
-Escuché todo.
-Pensé que no había nadie en casa, aparte de John.
-George y Paul se fueron a no sé dónde, y John empezó a inquietarse porque no venías. Le dije que seguro estabas en lo de Anne, pero ya sabés cómo es él....Se hace la cabeza y termina pensando cualquier cosa.
-Ya sé, pero tampoco cono para que me ande gritando.
-Dejalo...¿vos estás bien?
-Sí, claro.
-Mmm...¿por qué será que no te creo?
Levantó la vista del libro y no pudo evitar sonreírle. Le tomó la mano.
-No me creés porque te miento.
-¿Y porqué mentís?
-Es largo de explicar.
-Tengo toda la noche.
-Pero yo no.
-Vamos Evy...contame. Prometo no irle con el chisme a nadie.
-Es que...es difícil y...Ay, está bien. Tengo la necesidad de decirlo, y sobre todo a vos.  Pero ojo, es fuerte.
-No te preocupes.
-Fui al médico, no me sentía bien.
-¿Y?
-No es mucho, se arregla con medicamentos. Pero...Rich, yo....yo pensaba que estaba embarazada.
Abrió grande sus ojos azules, y tragó saliva.
-Y....no, ¿no?
-No, tranquilo. Pero, ¿qué hubiera pasado si....?
-Joder, no sé. ¿De quién sería? O sea, yo podría ser el padre, o tío de un chico que tuvo mi novia con alguno de mis tres amigos....
-Algo así.
-Fuimos unos inconcientes. Recién ahora veo la dimensión de esto. No medimos las consecuencias nunca, fuimos a hacer lo que queríamos y a cagarnos en todo, y ahí está el resultado. ¿Pero sabés qué? No me arrepiento. Estaremos muy jodidos, pero no me arrepiento de esto con vos.
-Rich...sos un amor....
Se abrazó a él y estuvieron así un rato, hasta que él se recostó a su lado.
-Eso sí, te pido perdón. Perdón por meterte en esto, por tener que pasar estas cosas....
-Tranquilo, yo tampoco me arrepiento, y no tengo nada que perdonar. Al fin y al cabo, creo que la culpable de todo esto, soy yo.


***********
Hola!!!!!! ay, que alivio, no? jajajajja No era para preocuparse tanto pero....sí, sigan preocupadas, se vienen capitulos jodidos muejeje
Como siempre, agradezco que lean este desquicio de novela, y encima comentan! jajaja
Les dejo el tema que le da título ,es de la banda uruguaya No Te Va a Gustar, y es un temazo, escúchenlo, igual lo están pasando bastante por lo menos en los canales de música de por acá.
Besos!


miércoles, 6 de marzo de 2013

Capitulo 53 Somos culpables de este amor escandaloso


Eva estaba recostada en su cama, mirándose la punta de sus pies, fumándose un porro, y con fotos desparramada a su alrededor. Trataba de elegir las últimas que entregaría para el libro, pero la tarea se le estaba complicando mucho. Le dio una calada mas a su porro y lo dejó sobre la mesa de noche, asqueada. Hacía días que se sentía mal, tanto física como anímicamente, y todo parecía fastidiarla. Por eso se la pasaba allí, recluída en su habitación, fumando y tirada en la cama, sin ganas ni de salir al jardín. A veces, hasta la luz que entraba por la ventana la enojaba. Los chicos, después de aquella noche traumática y de que ella estuviera así, habían optado por no molestarla mucho. En realidad, ellos también estaban algo molestos, y al igual que ella, tampoco sabían bien porqué.
Se restregó los ojos y le dio una patada a uno de los almohadones, que cayó al suelo, sin ruido.  La puerta se entreabrió.
-Ey, Georgie, entrá –dijo esbozando quizás la primer sonrisa del día.
El chico entró tranquilo y se sentó al borde de la cama.
-¿Y? –preguntó mirando las fotos.
-¿Y qué?
-No sé –rió un poco -¿No podés elegir?
-Si y no. Ay no sé, creo que nunca en mi vida estuve tan desganada.
George asintió y bajó la cabeza.  Después, suspirando, volvió a mirarla.
-¿Qué vamos a hacer? –preguntó con evidente tristeza.
-Nada. Yo....yo sé que tendría que elegir. Tendría que hacer lo que tendría que haber hecho al principio: elegir. Pero aquella vez no pude, y ahora, sinceramente, tampoco.
-Yo te amo.
-Y yo también mi amor....
Se quedaron viéndose, hasta que una voz los interrumpió.
-Hola...
Vieron a Paul, indeciso sobre si entrar o no.
-Paul, no te había visto en todo el día –sonrió.
-Es que estoy ocupado con la idea del nuevo disco. Te conté que quiero que sea totalmente diferente al resto.
-Y lo será –aseguró George.
-Pero ahora venía a proponerte algo...Si el domingo está soleado, podríamos ira pasar un día de campo ¿Te gustaría?
Eva sonrió. Paul, siempre proponiendo soluciones cuando pareciera que ya no existiesen, siempre tratando de solucionar las cosas. Eso era lo que amaba de ellos: eran tan diferentes, que cada uno parecía “ocuparse” de determinadas cosas. En este caso, Pauil era “el solucionador”.
-A mi me parece bien. Si  hoy termino con estas fotos, ya estaré desocupada. ¿Qué te parece George?
-Me parece genial.
-¡Buenísimo! John y Ringo están de acuerdo, así que preparate.



-¿Cuándo veremos a The Beatles con novias oficiales?
-A mí me parece que ya es hora, aunque sus fanáticas llorarían.
John miró de reojo a Eva y rió con la cara de asco de la chica. Cambió de canal.
-Qué suerte que sacaste a ese par de viejas chismosas. Odio a las viejas esas.
-¿Odiás  a las viejas u odiás el tema de  conversación que tenían?
-Ambas cosas –contestó  riendo.
John la atrajo hacia sí con el brazo.
-¿Cómo te sentís?
-Mmm....de ánimo mejor, pero físicamente no sé que me pasa, siento como si me hubieran dado palazos por el cuerpo. Es raro.
-Estás muy flaquita.
-No tengo hambre, deben ser los nervios.
John le dio un beso en el pelo y la acarició.
-Tranquila, esto se va  a solucionar.


El domingo llegó, y por suerte había sol.
-Día de campoo, día de campoo, día de campooo....
-Ay Ringo por favor, pará de decir lo mismo –Eva habló entre risas, ante la mirada indignada del chico, mientras ponía cosas en una canasta de mimbre.
-Es mi manifestación de que estoy contento –le dio un beso en la mejilla y silbando fue al jardín, donde los otros tres discutían sobre en qué auto debían viajar.
Los miró por la ventana, riendo por lo que escuchaba. Sin embargo, pese a que ella también estaba contenta, no podía evitar sentirse triste. Ya no sentía esa distancia, porque ellos se estaban esforzando  para que no existiera, pero sentía que se trataban  distinto. No como amigos, como algo mas. Como hermanos. Lo cual era peor.

Apartó todo eso de su cabeza y tomó confianza, la confianza que tenían ellos en que todo se arreglaría.
Decidieron ir en el auto de George, porque le había instalado un tocadiscos, lo cual haría mas divertido el paseo.
-Esperen –dijo John antes de que salieran de la casa –Voy a mirar bien, puede haber fotógrafos  y no quiero que nos sigan. Ayer vi a uno rondando.
Después de comprobar que no había nadie, salieron, cargaron las cosas en el auto, y partieron.
Pero al parecer, John no había mirado bien.


Eva se secó las lágrimas que le caían de tanto reírse. Sí, evidentemente eran cuatro niños, cuatro niños pequeños que ni bien llegaron salieron disparados del auto a revolcarse en el césped. No crecían mas.
El lugar al que habían ido era una especie de camping, que como era invierno, estaba desierto. Pese a eso buscaron el lugar mas apartado de todos, para pasar bien desapercibidos.
-¿Piensan comer o van a estar todo el día peleándose en el suelo? –dijo con los brazos  en jarra, apoyadas en la cintura.
-Uy, salió la madre quejona –dijo John.
-¡Yo sí quiero comer!
-Je, a vos no iba dirigida la pregunta George, ya sé que siempre tenés hambre.
Extendió un mantel sobre el césped y a su alrededor se sentaron todos, a devorar papas fritas, sándwiches y gaseosas.
La tarde la pasaron charlando, riendo, escuchando música y jugando a los naipes y a la pelota.
Cuando volvieron a la casa, se sentían tranquilos y contentos. Algo de lo que gozarían por poco tiempo.


Brian sintió como un sudor frío le corría por la espalda. Se toco la frente con la punta de sus dedos y tragó saliva, tratando de asimilar lo que veía en la tapa de aquella revista. Allí, con un gran titular anunciando que era una primicia exclusiva de la revista, estaban los chicos, junto a Eva, subiendo al auto de George, felices. El titular preguntaba “¿Quién es la misteriosa chica que vive  con The Beatles?”. En las páginas interiores estaba Eva, saliendo del instituto de fotografía, o entrando a la casa, o alternativamente con cualquiera de los chicos, riendo. Aún no se sabía su nombre, pero se especulaba con que fuera una asistente o una “amiga” del grupo. En realidad, Brian notó que las especulaciones eran en vano: se daba por sentado que era una amiga. La forma fina de decir que era una groupie.
Trató de calmarse, respirando profundo. Tenía que hacerlo para que no le diera un ataque.
El teléfono sonó, interrumpiéndolo, y cuando levantó el auricular, oyó la voz histérica de John.
-¡Brian! ¡Brian! ¿Qué es lo que están diciendo en la radio? ¡Hablan de Eva!
Sintió que ya no tendría sentido calmarse. Esa revista había encendido la mecha, ya era tarde, ya todos hablaban de eso.



Dos días después, Eva lloraba desconsolada, aunque estaba cansada de hacerlo. El gran secreto había sido descubierto, y parecía que hubieran abierto la caja de Pandora, porque no llegaban mas que malas noticias. Lo peor era que se sentía culpable, aún a sabiendas de que no era la única responsable. Pero los chicos se estaban tragando un buen problema, que nadie sabía cómo resolver. Todo el mundo sabía que The Beatles vivían con una groupie, que ella era fotógrafa y que seguramente “andaba” con todos. Para agrandar mas la cosa, se agregaban mas novios famosos en su haber.


Por primera vez, Brian no sabía qué hacer. Organizar una conferencia de prensa sería como tirarlos a la hoguera, pero ya habian hecho algo parecido cuando debieron remediar la “metida de pata” de John al hablar de Jesucristo. Aparte de todas las habladurías de que eran unos herejes, ahora los curas agregaban que eran unos inmorales por convivir con una mujer.
En fin, era un escándalo. Un escándalo publicado en todos los diarios y revistas  y contado en todos los canales y radios. Se repetía una y otra vez que tenía razón cuando pensaba que esa chica los arruinaría. Lástima que no se había mantenido firme para que la dejaran.
-Brian quizás esto no afecte las ventas, al contrario. Ya sabés cómo es la gente de morbosa.
Se giró y miró a Neil Aspinall, que desde hacía rato lo observaba caminar de un lado a otro de su oficina.
-¿Creés que realmente me importa eso? ¡Lo que necesito es una solución!
-Perdón, yo...
-Mejor andate. Quiero estar solo para pensar.




-La hemos cagado. Pero la hemos cagado bien cagada. –dijo John, dejando su vaso de whiskey sobre la mesa.
Nadie contestó, todos estaban demasiado metidos en sus pensamientos.
-Estaba penando en irme. Tengo dinero, puedo ir al extranjero y desaparecer por un tiempo, hasta que se calmen las aguas y...
-No Eva, no –interrumpió Paul –No te vayas huyendo como si tuvieras la culpa o fueras una delincuente. Todos estamos metidos en esto, y todos saldremos.
-Sí, pero la culpa es mía. Si yo hubiera elegido a uno de ustedes, o a ninguno, nada de esto hubiera pasado.
-Entonces si nosotros no te hubiéramos propuesto ser nuestra novia y vivir aquí, tampoco habría pasado nada –dijo George –Entendelo Evy, acá la culpa la tenemos todos. Bah, en realidad no sé si hay culpas....
-En el amor nunca hay culpables.
-Salió la sabiduría ringuística.
Rieron un poco por la contestación de George, pero volvieron a su estado anterior.


Miró con incredulidad a Murray, sin poder creérselo. Sin embargo, vio sólo reproche en su rostro. Apenas había pasado una semana desde el comienzo del escándalo, y aún así seguían en el candelero.
-Lo lamento, pero las cosas son así, Sheels. Nadie querría un libro donde está la groupie mas famosa del momento. Ojo, yo no me quiero meter en tu vida ni te juzgo, pero ya te digo, las cosas son así.
-Pero...
-Pero nada. Está bien, sí, le daría mas ventas. Pero queremos que el libro se venda por su calidad, no porque estás vos. Deberías haber hecho algo para que tu vida personal no interfiriera en tu vida profesional.
-Murray yo....
-¿Qué? ¿Qué vas a decir? –preguntó con prepotencia.
Bajó la mirada. ¿Qué decirle cuando tenía razón?
-Nada. Olvídelo.
Murray se echó para atrás y suspiró. Miró las fotos que Eva había tomado, las metió en un sobre y las puso sobre el escritorio.
-Estás despedida Eva. Llevate las fotos, son excelentes y podrías usarlas.


Se revolvió en la cama y entreabrió los ojos. A su lado, Ringo dormía plácidamente. Suspiró y negó con la cabeza. Aquello no estaba bien teniendo en  cuenta el lío en el que estaban metidos. Se sentó con lentitud, apenas si eran las ocho de la mañana, pero se levantaría porque debía hablar con alguien muy importante que le aclararía unas dudas que tenía. Dudas que estaban siendo acrecentadas con el dolor de cabeza y estómago que estaba sintiendo.
Salió de la casa después de apenas probar un té medio frío. Se abrigó, no se preocupó mucho en ocultar su rostro para que no la descubrieran. Al fin y al cabo, ya todos lo sabían.
Caminó tiritando, lo único que sentía tibio eran las lágrimas inevitables que le brotaban.
Al fin llegó a la casa de Anne, rogando que Jenny ya se hubiera ido al trabajo.
-¡Eva! ¡Qué alegría verte!
Respondió con una sonrisa triste que su amiga interpretó enseguida.
-¿Cómo estás? ¿Jenny ya se fue?
-Sí, hará unos diez minutos. Pasá, tomemos un café.
Se sentó en la pequeña cocina y comenzó a desabrigarse.
-¿Dante?
-Duerme, hoy no lo llevé al jardín de infantes porque hace frío y tiene tos, no quiero que se enferme del todo.
-Ahh. Supongo que ya sabrás todo, ¿no? –dijo mirando como Anne preparaba el café.
-Y cómo no saberlo....Eva, te han calumniado, deberías denunciarlos.
-No....-dijo suspirando –No quiero mas problemas. Me echaron  del instituto.
-¿También eso? –dijo Anne sorprendida, mientras se sentaba frente a ella.
-Si, es todo por lo mismo. Pero Anne....siento decirte que no vine sólo a visitarte.
-Me imaginé, uno no sale de visita tan temprano. ¿En qué necesitás ayuda?
Eva sonrió ante la predisposición de su amiga. Sin dudas, valía oro.
-Verás...Aparte de todo, tengo un problema mas grande. Es mas grande porque son puras dudas, ninguna certeza.
Anne pestañeó rápido, tratando de entender. Eva le dio un sorbo a su café, estaba visiblemente nerviosa, le temblaban las manos.
-Es...complicado. Pero sos la única que me puede ayudar, porque ya sabés lo que es, y si yo te cuento me vas a poder decir y....
-Basta Eva. Dejá de dar vueltas. Decime de una vez qué pasa.
Se sorprendió de ver su determinación.  Anne siempre había parecido una mujer dulce, y ahora la veía llena de firmeza y seriedad. Tomó aire y trató de controlar su temblorosa voz, mientras sentía la penetrante mirada de Anne clavada en ella. Tomó aire otra vez y tragó saliva.
-Creo que estoy embarazada.



*********
Hola! Perdón por casi un mes de tardanza! Ya saben, exámenes y todo eso.....
Bueno, les dejo el que considero el mejor capitulo de estos últimos mese. Sonará poco humilde pero asi lo siento jajaja
Como siempre, les dejo la canción. Si este fic fuera telenovela, estoy segura que tendría ESTA canción. Creo que  voy a vender mi idea a alguna productora, ya hasta la banda de sonido tiene! jaja
Les dejo un saludo, prometo no tardar tanto. 


jueves, 7 de febrero de 2013

Capitulo 52 Matar a pobres corazones


-Excelentes Sheels, éstas fotografías son excelentes –dijo Scott, y Murray asintió con la cabeza.
-¿Seguro?
-Claro que sí, sino no lo diría.
-Pero....necesitará mas, ¿no es cierto?
-Por supuesto, es un libro, hay que presentar mas.
-De acuerdo, seguiré tomando y seleccionando.
-Me parece bien –dijo Murray. -¿Con dos semanas más te alcanza?
-Si, si, me alcanza y me sobra.
-Perfecto, te vemos en 15 días.

Salió del edificio prendiéndose un cigarrillo y cerrando bien su cartera, ya que allí llevaba el dinero que acababa de cobrar. Subió al primer autobús que pasó y se ubicó en el primer piso, que casi siempre iba prácticamente vacío. Allí, mirando a todos lados para que nadie la descubriera, contó los billetes y sonrió, ya que era bastante. Cerró otra vez y se abrazó a su cartera, mirando por la ventanilla. Pese que estaba contenta, una sombra se interpuso: ¿Qué estaba pasando? No entendía porqué siempre tenía una pregunta persiguiéndola. Al principio era cuál de los cuatro elegiría. Y ahora, qué estaba sucediendo con ellos. Esa distancia qué había comenzado a sentir se hacía cada vez mas intensa, y lo peor era que ellos ya lo sabían, sin que le dijeran nada, supo que lo sabían. Y ni ella, ni ellos, hacían nada mas remediarlo, quizás porque no había remedio. La locura en la que se habían embarcado no tenía solución cuando empezó a hacer aguas por todos lados. Eso le estaba matando el corazón.



-¡Jenny qué suerte que volviste! –exclamó ni bien vio a su amiga parada en la puerta.
-¿Por qué “qué suerte”? ¿Pasó algo? –preguntó entre risas.
-Ehh...no, no. ¿Pero qué? ¿No puedo alegrarme de tu vuelta?
-Jaja, tenés razón, alegrate.
-Vení, charlemos.
Ambas se encerraron en la habitación de Eva, a tomar té y comer cupcackes que Jenny había traído.
-¿Y cómo estuvo todo?
-¡Genial! ¿Y a que no sabés qué? ¡Patrick grabará un disco!
-¿De verdad? ¿No es broma?
-¡Claro que no! ¡Estoy feliz!
-¡Me alegro muchísimo!
-Esta noche iremos a festejar, ¿venís?
-Mmm....no creo que los chicos quieran.
-Ay, ni que fueran tus padres...
-Ya lo sé pero...Prefiero que las cosas no empeoren.
-¿Empeorar? ¿Está todo mal?
-No, no....En realidad, no pasa nada.
-No entiendo. ¿No pasa nada, o no pasa nada en el sentido de que se ignoran?
-Eh...no sé....
-¿Se pelean? ¿Discuten?
-No...
-¿Tienen sexo?
-Si...
-¿Y entonces? ¡Está todo perfecto!
-Ya te dije, no sé.
-Son ideas tuyas, no te enrosques.
-Si quizás si....Cambiemos de tema, ¿Joseph no te molestó mas?
-¡Ni me lo nombres! Por suerte, no apareció nunca mas, y es lo que debe hacer, porque el perímetro judicial ya salió, y si desobedece, va preso.
-¿Y Patrick sabe?
-Te dije que no le contaría nada. Sólo sabe que Joseph me estaba molestando, nada mas. No quiero que sufra por una cagada que me mandé.


-Eva pará de fumar –dijo George al ver que ella abría el tercer atado del día.
-Mirá quién habla. –respondió haciendo caso omiso y encendiendo uno.
-Hacé como quieras entonces
-Claro que sí –dejó su guitarra a un lado, George sólo suspiró resignado.
Paul entró apurado a la sala y los vio, antes de hablar le dio un beso en la mejilla.
-George apurate, estás ahí sin hacer nada y no te cambiaste. Yo ya estoy listo.
-¿Van a salir? –peguntó ella sorprendida.
-Si....tenemos ganas de salir a tomar algo y ver alguna banda. John y Ringo no tienen ganas y...
-¿Y no piensan invitarme?
-Eva...dijiste que te quedarías toda la noche revelando fotos....Por eso no te dijimos...-contestó Paul algo apenado.
Se sintió ofendida, pero ellos tenían razón. Podría haberles dicho que cancelaba todo para ir con ellos, pero no lo hizo y ni sabía porqué. George se fue siguiendo a Paul y se quedó sola.
Un rato después, vio por la ventana cómo se iban. . Pensó en qué estado volverían. Suspiró, enojada, y se dirigió a la cocina, donde encontró a John en pleno viaje de LSD. Lo miró con indiferencia, incluso pensó en la posibilidad de tomar un poco y colocarse junto con él, pero no estaba bien anímicamente y no quería tener un mal viaje. Se sirvió un vaso de agua y se quedó apoyada en la mesada, pensando. Ya no tenía ganas de revelar fotos, y la única opción que le quedaba era aburrirse mirado televisión, ya que Ringo ya se había ido a dormir, después de un día donde había dado muchas entrevistas. Se le ocurrió una idea: llamar a Jenny.


Cerca de una hora después, ya estaba lista. Bajó las escaleras con rapidez y acercó al teléfono para llamar a un taxi que la dejara cerca de la casa de Patrick, donde se encontraría con su amiga. Pero al lado del teléfono estaba John.
-¿Adónde vas? –preguntó vagamente.
-Saldré con Jenny.
-¿Por qué?
-Porque tengo ganas de salir, y Paul y George se fueron.
-Salí conmigo.
-Mirate como estás, es imposible.
-Entonces no salgas.
Colgó el auricular del teléfono al escuchar eso y lo miró. Parecía que, en su delirio, le hablaba en serio.
-¿Cómo dijiste?
-Que no salgas. No quiero.
-Por favor, ni sabés lo que decís. –volvió a levantar el auricular y marcó los números, pero John cortó la comunicación -¿Qué hacés?
-Te dije que no quiero que salgas.
-Vos no me impedís nada.
-¡Sí! –gritó.
Lo miró de arriba a abajo. Si quería pelea, la tendría.
-¡Te dije que no me impedís nada!
-Soy tu novio y te digo que no quiero que salgas.
-No me jodas...
-¡Me estás haciendo enojar!
-¿Y a mí qué me importa?
-No tenés porqué salir, te podés quedar acá, ¿qué necesidad tenés?
-Dejame en paz, voy a hacer lo que quiera.
-Así esto no funciona Victoria.
-Esto no funciona desde hace tiempo.
Se quedó callado, se dio cuenta que lo que él sentía, también lo estaba sintiendo ella.
-No salgas, no empeores todo.
-¡Te dije que me dejes en paz, John!
-Hablemos de esto que pasa.
-¡No pienso hablar de algo tan serio con un drogado!
-¡Dejá de gritar!
-¡Dejá de gritar vos!
-Ey, ey, ey ,¿qué pasa acá?
Los dos miraron hacia la escalera, donde Ringo, bastante dormido, miraba todo sin entender nada.
-Se quiere ir –informó John.
-¿Eh?
-No lo digas como si me fuera para siempre. Saldré con Jenny, su novio, y los chicos de la banda de su novio, porque celebrarán que podrán sacar un disco.
-¿Con una banda? ¿Te vas por ahí con una banda? ¿Sos groupie o qué?
Miro sorprendida a Ringo, jamás pensó que la llamaría de esa forma.
-¿Saben qué? Me voy a ir igual, piensen de mi lo que quieran. Es mas, les voy a dar motivos: me acostaré con el primero que se me cruce.
Dicho esto, dio un portazo y se fue.



Paul y George ya estaban pasados de copas. Los dos ya sabían lo que estaba pasando con Eva, y se habían tomado todo justamente para borrar de sus mentes ese pensamiento. Les costaba creer que todo estuviera acabándose, quizás tan rápido como empezó, pero ninguno de los dos se animaba siquiera a mencionar el tema. Con mirarse y tomar les alcanzaba para saber lo que el otro pensaba.
-¡Hola! –Paul miró a su izquierda y vio a la chica rubia que había visto hacía un tiempo en una fiesta. Si mal no recordaba, se llamaba Linda.
-Hola...¿Linda?
-¡Exacto! No puedo creer que te acuerdes de mi nombre.
-Es fácil relacionarlo con vos....
Linda no dijo nada, solo se sonrojó un poco. George los miró a los dos casi con asco. No entendía como su amigo ya podía ponerse a flirtear con cualquier chica.
-Te presento a George.
-Ja, no necesita presentación. Hola George, me llamo Linda.
-Hola Linda –contestó con poco interés.
-¿Por qué no te sentás con nosotros?
-Es que...estoy con una amiga.
-Llamala.
La chica dudó unos instantes hasta que gritó el nombre de su amiga. Otra rubia, que parecía mas joven, se levantó de una mesa que estaba al otro lado del bar y se acercó con timidez.
-Ella es Pattie –dijo Linda –Bueno Pattie, supongo que no necesitás que te diga quiénes son ellos.
-No, claro que no –contestó sin poder ocultar su emoción –Un gusto conocerlos.
-Vengan, siéntense.


Eva estaba tratando de que su cara de angustia no arruinara la alegría del resto del grupo. Trataba de reír junto a ellos, pero no podía.
-¿Me podés decir porqué estás así? –preguntó Jenny, entre enfadada y preocupada.
-Nada, peleé. Por eso estoy acá. Perdoname, pero va a ser mejor que me vaya.
Patrick, que había escuchado lo último, dijo:
-Ey no Eva, sólo quedate un rato mas. Ahora iremos a tomar algo y después, si querés, te dejamos en libertad.
Sonrió, no podía negarse, así que subió al auto de uno de los guitarristas de la banda junto con el bajista y Jenny. Los de más iban en el auto de otro amigo de ellos.
Un cuarto de hora mas tarde, entraron  a un bar del centro, bastante distinguido. Se ubicaron en una mesa y Eva comenzó a charlar con el bajista, que le preguntaba si podía hacerles unas fotos de promoción. Le estaba explicando mas o menos cómo las querian cuando ella desvió la vista y vio algo que prefería no haber visto nunca: Paul y George, tomando con dos chicas rubias. Lo peor era que ellos también la estaban viendo a ella.


-Creo que es mejor que nos vayamos, ustedes están borrachos
-No Pattie, no –dijo George, y sin querer le tomó la mano, pero ella se zafó.
-Tiene razón, además ya es tarde –dijo Linda poniéndose de pie. -Nos vemos otro día.-
-Ah si, si claro –contestó Paul, distraído. Después que se fueron, se puso de pie, y sin quitarle la mirada de encima a Eva, fue hacia el baño, que quedaba oculto a la gente.
Ella entendió enseguida lo que quería.
-¿Me disculpás? Voy al baño –le dijo al bajista, interrumpiendo su parloteo.
Cuando llegó, aparte de estar Paul, también estaba George.
-Eva, Eva por favor, no es lo que pensás....
-No me expliquen nada. Salieron para verse con ellas, está genial.
-No, salimos solos, y ellas nos encontraron -dijo George –Aparte, ¿que hacés acá? ¿No ibas a quedarte en casa?
-Peleé con John y Ringo.
-¿Por qué?
-No tiene importancia.
-Por favor, perdonanos.
-Los perdono porque....No sé, de algún modo siempre supe que esto pasaría. Los hombres necesitan muchas mujeres, y compartir una....Era obvio que esto acabaría sucediendo.
-Pero no te vamos a dejar....Eva por favor, yo te amo –Paul le tomó una mano y se la besó –Yo te amo.
-Lo sé  -dijo con los ojos llenos de lágrimas –Y yo los amo a ustedes. Pero las cosas no están igual, y creo que ninguno de los cinco tiene la culpa.
Asintieron y se quedaron callados. Por unos segundos los tres sólo miraron el piso, y lo único que escucharon fue el bullicio del bar.
-¿Vamos a casa? –propuso George.
-Vamos, es lo mejor.
Se despidió de Jenny y los demás y salió afuera. Luego de unos minutos salieron ellos también, para no levantar sospechas.
Durante el trayecto en el auto  de George ninguno dijo nada, y cuando entraron a la casa, descubrieron que tenían los ojos húmedos, llenos de lágrimas, y mucha, mucha tristeza en el alma. Allí también estaban John y Ringo esperándolos.
Se miraron, los cinco tenían el corazón roto. 


****************
Hola! Como siempre, pido perdón por la espera, ya saben, exámenes....
Una aclareishon (?) jajaja. Ya sé que Linda y Pattie no eran amigas, pero se me antojó ponerlo así, total es un fanfic, y aquí todo es posible muajajaja
Como ya es mi costumbre, les dejo la música, esta vez es un tema de Fito Páez, se llama Ciudad de pobres corazones, escúchenla, además le da el re clima al capítulo ;)


Les dejo un saludín a todas y gracias por leer!