lunes, 9 de diciembre de 2013

Capitulo 67 Eres lo único precioso que en mi mente habita hoy...

Tomaba su café bien cargado y leía el periódico. Aún no podía olvidar la noche anterior: la alegría y las felicitaciones se habían ido al cesto de la basura con John. Pero las cosas no quedarían así, lo iba a enfrentar para que le dijera la verdad sobre esa tal Yoko.
-¡Buen día! –Ringo apareció desde la calle, sonriendo -¿A qué no sabés? Salí temprano y…¡conseguí casa!
-Ah. Te felicito.
Cambió su sonrisa por una mueca.
-Perdón Rich, me alegro mucho, de verdad, pero no puedo estar igual de feliz.
-Lo siento. –se dejó caer en la silla frente a ella y le tomó las manos –Mirá Eva, si esto te resulta difícil, yo puedo quedarme.
-¿Eh? ¿Estás loco? No, no, tenés que hacer lo que te parezca mejor para vos, yo no quiero atarte a nada.
-Anoche escuché lo que pasó con John. ¿Qué vas a hacer?
En ese momento, John entró a la cocina. Sin siquiera saludar, se paró frente a ella.
-Perdoname. Por favor.
Ringo comprendió que allí no tenía que hacer nada más y se fue, aunque sabía que Eva no quería que la dejara sola. Ella sólo suspiró y dio vuelta una hoja del periódico, sin siquiera dirigirle la mirada a John.
-Vic, por favor…
El teléfono comenzó a sonar y Eva se puso de pie para atenderlo, mientras John la seguía insistiendo en su pedido de perdón. Intentó que ella no levantara el tubo, pero fue en vano.
-Hola. –contestó, ignorándolo completamente.
-Hola, quería hablar con John…
No necesitaba ser muy inteligente para saber quién era, así que le pasó el auricular  a John, casi arrojándoselo.
-Vicky…-insistió él, cuando cortó la comunicación, casi enseguida.
-No me hables.
-Pero, a ver, no sé porqué pensás mal de ella. Es alguien especial.
-¿Especial? John, basta. Cortemos con todo esto. Decime qué te pasa con ella.
-¿Eh? Vicky no me pasa nada. Me parece alguien muy interesante, es más, deberías conocerla. La estás juzgando sin saber quién es.
-Quiere algo con vos. Te lo digo así, sin haberle visto jamás la cara.
-¿Y cómo estás tan segura?
-Por favor John, nos conocemos. Te llama seguido, te invita a no sé qué cosas de exposiciones, apenas te dirige la palabra por teléfono…Y vos, mirá, vos das lástima. Te ponés estúpido cuando hablás con ella, y bueno, lo de anoche me confirmó todo. A mi no me vas a hacer creer que te presentó a colegas. ¿Qué hiciste? ¿Te acostaste con ella, no?
-Victoria, ¿qué decís? Mirá toda la historia que te inventaste, ¡nada de eso es cierto! –replicó indignado.
-Decímelo a la cara John Lennon –le tomó el rostro y lo obligó a mirarla.
-No me busques Victoria…
-Mirame  a los ojos y decime que no te pasa nada con ella. Atrévete a mentirme, ¡vamos!
Se hizo silencio, apenas interrumpido por Ringo que se apoyó en el marco de la puerta y miraba todo desde allí, negando con la cabeza, tratando de creer hasta adónde habían llegado las cosas.
John bajó la vista y se mordió el labio inferior.
-Está bien, estoy confundido, no sé qué me pasa con ella.
Lo soltó sin despegarle la mirada, asintiendo con la cabeza y apretando los dientes.
-Lo sabía, lo sabía. Pero esto no se queda así John. Esa mujer me va a escuchar.
John levantó la cabeza y sin querer, Eva tembló. Jamás había visto furia en sus ojos, que despedían llamas. Sin embargo, se mostró inmutable.
-¿Y por qué? –dijo él, acercándose amenazadoramente -¿Por qué te vas a meter?
-Porque sí, porque ella no lo va a tener tan fácil.
-Claro, a los otros los dejaste ir, si no me equivoco, ya arreglaste todo con Ringo y lo dejaste, ¿por qué a mí no? ¡No te metas!
-¡Hago lo que quiero y claro que me meto en tu vida!
-¿Acaso yo me meto en la tuya? ¿Acaso alguna vez te reproché que estabas con tres más aparte de mí?
-¡Mirá con lo que salís! ¡Eso fue acordado!
-¿Y por qué no puede ser acordado esto también? ¿Por qué tengo que hacer lo que vos querés? ¿No tengo derecho a estar confundido y lleno de dudas como vos? –la tomó de un brazo con violencia, y ella soltó un quejido.
-Ey, ey, paren acá –intervino Ringo -¡John, soltala!
-No lo voy a hacer –respondió entre dientes, apretando aún mas el brazo de Eva –No lo voy a hacer hasta que me diga porqué dejó en paz a ustedes y a mí no.
-¡Soltame John! ¡Me hacés daño!
-¡John, soltala!
-¡Que no! Vos nunca tomaste una decisión, te la pasaste llorando, y claro, como yo soy el estúpido que se quedó último, no me querés dejar elegir ¡no me importa! ¡Te jodés por no decidirte! ¡Te vas a quedar sin ninguno!
-¡John!
-Tendría que haber hecho caso  a lo que pensé al principio sobre vos, ¡que sos una bruja!
-¡No me digas eso John! ¡Y no hago todo esto para no quedarme sola!
-¿Y entonces por qué mierda lo hacés?
-¡Porque te amo, carajo! Siempre te amé, y tomé una decisión: ¡te elijo a vos! Por eso dejé a Ringo, porque con quien quiero estar es con vos. ¡Y ahora soltame!
Se quedó boquiabierto, palideció. Con lentitud aflojó la fuerza en el brazo de Eva hasta que ella se zafó, mirándolo con una expresión de odio y rencor.
-¿Es verdad eso que dijiste?
-Sí. Pero también te odio, nunca te escuché decir cosas tan hirientes.
-Victoria…
-Dejame John, ya está. Me voy de esta casa, esto fue suficiente.



Tapada hasta la cabeza, contenía las lágrimas. Había pasado toda la tarde allí, tratando de entender lo que había sucedido. John, su elegido, el que sabía que tenía su corazón en la mano, le había dicho cosas horribles, cosas que realmente pensaba sobre ella. Pero más allá de eso, lo que mas le dolía era que había reconocido estar confundido con Yoko. No estaba dispuesta a perderlo como a los otros, porque a él si lo quería, de una forma distinta y mucho más intensa. Por él sí iba a luchar costara lo que le costara.
Escuchó golpes en la puerta pero no se molestó en contestar. La puerta se abrió, escuchó pasos y sintió que alguien se sentaba sobre la cama y la destapaba con suavidad hasta los hombros. Apretó los parpados, haciéndose la dormida.
-A mí no me engañás, Evy.
-¿George?
Abrió los ojos y lo vio, sonriente.
-Sí, soy yo.
-¿Qué hacés acá? –se incorporó  algo asustada.
-Ya me enteré de todo. Así que le dejaste el camino libre a Ringo para estar con John, y  resulta que a él le gusta la japonesa ésa.
-¿La conocés?
-No, pero Paul me habló. Un bicho raro, que le está metiendo ideas aún ms raras a John.
-Con razón está con un carácter tan cambiante.
-La ve seguido. Y nos odia. Ya sabés que las cosas en la banda no van bien, pero si John te deja por esta mujer, se acaba todo.
-George, vos también me dejaste.
-Lo sé, lo sé. Pero vos a John lo querés, y él te quiere, pero no se da cuenta porque esta mujer lo tiene ciego. Tenés que ponerte las pilas y abrirle los ojos.
-Ah, yo no puedo creerlo. Primero Ringo, ¿y ahora vos, dándome consejos?
-Te lo digo por tu bien. Ya sabemos cómo fueron las cosas entre nosotros, todo fue cambiando, pero vos con John no, y todos sabemos que él te quiere. Si terminan todo, él se va a arrepentir. Bueno, vos también.
-¿Y entonces?
-No sé. Lo único que te digo es que hagas algo.

Hacer algo. ¿Hacer qué? Ringo y George, los más inesperados consejeros y celestinos, tenían razón. Pero, ¿cómo llevar esos consejos a la práctica? ¿Cómo hacía para que John se diera cuenta de que a quien quería era a ella?
Suspiró agotada. Su decisión había sido mas problemática de lo que esperaba. Una vez que obedecía a su corazón, que estaba dispuesta a quedarse con uno, aparecía alguien más en escena.




El cumpleaños del pequeño Patrick llegó y para Eva fue una bendición pasar una tarde ocupándose de mimar a su ahijado y divirtiéndose con quienes quería. Más que nunca, sus amigos constituían un remanso para su vida sobrecargada de tensiones y conflictos.  A la hora de la cena decidió volver a casa, demasiado había comido durante la tarde para además cenar. Llegó a la casa aún sintiendo en los labios el gustito a chocolate de las tortas que había ayudado a devorar. Entró a la sala con una sonrisa, recordando uno de los tantos chistes malos que Jenny había contado durante la tarde. Pero la alegría se le borró de un plumazo cuando vio allí, sentadas, a Linda y Pattie.
-¿Y ustedes? –dijo sin molestarse en ocultar su disgusto.
-Eva, ya sabemos que no te complace recibirnos –Linda se puso de pie y se acercó a ella –pero necesitamos hablar.
-Bien, ¿qué quieren? –arrojó su cartera en uno de los sillones y se sentó -¿Alguna tiene cigarrillos? Los míos se acabaron.
Pattie le dio uno y fuego. Luego de la primer calada, se recostó sobre el sillón y se cruzó de piernas -¿Y?
-Es sobre la banda –comenzó Pattie –Parece que los problemas son graves. Escuché a George hablar de “separación”.
-¿No estaría hablando de vos?
Ambas la miraron con gravedad y ella exhaló el humo. –Perdón, no estoy con días buenos.
-¿John no te ha dicho nada?
-¿John? Jaja, sí, claro. Linda, las cosas no están muy bien como para que me hable de la banda.
-¿Ah, sí?
-Sí, la verdad es que no he podido cumplir con lo que les prometí, básicamente porque no he escuchado nada. John y Ringo apenas hablan de esos asuntos, prefieren tratar otros temas.
-Paul ha mencionado a una artista que John conoce…
-No me devuelvas el dardo envenenado, Pattie. –sonrió con malicia-Pero bueno, si nos ponemos serias, sí. John está viendo a una artista, que según me ha dicho George, es media rara.
-Eva, no es por hacerte daño pero….George dice que esa mujer lo está influenciando a John, que odia a todos y que John está muy cambiado. ¿Vas a hacer algo?
-Por supuesto que voy a hacer algo. Ustedes no se preocupen que Eva Sheels hará algo.



Violar la correspondencia ajena y revisar cajones era delito, pero a esas alturas de su vida, poco le importaba. Asé que allí estaba, revisando cada cosa de John, sin tener ni el más mínimo cuidado en dejarlas en su sitio. Que se enterara de lo que era capaz de hacer por él, que se diera  cuenta de  lo que sentía. ¿Si se estaba volviendo una loca obsesiva? Quizás, pero eso tampoco le importaba.
Una tarjeta blanca con finas letras plateadas le dio la información que necesitaba: una dirección. Sonrió triunfal y se dirigió a su habitación. Allí se puso su mejor ropa de calle, un trajecito sastre blanco y negro, y unos zapatos de taco. Por las dudas, se ató bien el pelo con un rodete. Se maquilló y se perfumó como si fuera a una cita romántica y guardó la tarjeta en el sostén.
Cuando puso un pie en la calle, supo que nada la pararía. Era hora de que Yoko Ono la conociera, y en su peor versión.



*************
Hola!!! Qué tal? Espero que bien. Como ven, la cosa se va poniendo buena jajaja. Atención al próximo capitulo. 
Como siempre, les dejo la canción, que me da mucha nostalgia, porque con mi mejor amiga se la dedicamos, durante toda nuestra adolescencia, a todos los chicos de los que nos enamoramos. Bueno, tampoco fueron tantos jaja.  "Eres" de Café Tacvba.
Me despido dejándoles saludos y hasta la próxima!

martes, 19 de noviembre de 2013

Capitulo 66 Porque te vas

Las ramas de los árboles del jardín se agitaban con el viento furioso de la tormenta y golpeaban las persianas cerradas de las ventanas. Las luces de los relámpagos se filtraban, iluminando por apenas instantes la habitación. Eva se giró por enésima vez y se quedó mirando el techo, ¿a quién engañaba? pese  a su edad seguía teniéndole miedo a esas tormentas que parecían que no tenían fin. Suspiró y cerró los ojos tratando de dormir, no ya por la tormenta sino por lo que pasaba en su cabeza, una tormenta sin dudas peor. Había resuelto hacerle caso a su corazón, por más que fuera doloroso. Si, después de tanto tiempo, su eterna pregunta de “¿Cuál? ¿Cuál de todos?” tenía respuesta. Ya se había cansado de pensar y de darle vueltas al asunto, pero no era una decisión producto del hartazgo o de la premura, no, no, era una decisión meditada, pero que sabía que le costaría quizás más dolor que todo el que venía sintiendo por esa situación ya insostenible que vivía día a día. Pese a eso, se iba a animar, quizás por última vez se jugaría todo a una carta que podía ser la ganadora o la total perdedora.
-Vamos Eva, por una vez en tu vida, dejá de pensar si vas a sufrir. Es ahora o nunca. –se dijo en el silencio interrumpido sólo por la lluvia que comenzaba a arreciar.
Sin querer sonrió y se tapó hasta la cabeza, dispuesta a dormir.  




Bajó las escaleras y vio a John, leyendo el periódico y silbando, alegre. Su comportamiento la desconcertaba, el día anterior había estado depresivo y amargado, casi intratable, y ni sabía porqué. Tampoco sabía a qué se debían sus cambios de humor, si al clima que se vivía dentro del grupo, o a la droga que consumía, o a…ella.
-Ey, te abrigaste. –dijo él ni bien la vio.
-Hace un frío horrible, y a esto le llaman primavera. Buen día.
-Ben día. ¿Y cuándo era que se estrena la película?
-John…el 4 de junio. Te lo dije seis veces.
Soltó una risita entre dientes y se encogió de hombros, cerrando el periódico.
-Es que me olvido. –se excusó.
-¿Vas a ir?
-Claro que sí, eso ni se pregunta. –palmeó el sofá y ella se sentó junto a él, recostando su cabeza en su pecho. –Ey muñeca…¿pasa algo?
-No…
-¿Segura? Vicky, te conozco, parecés preocupada.
-Es que…bueno, ya sabés.
-No, no sé, sino no preguntaría.
-Es por Ringo.
-Ah..¿qué le pasa?
-John, eso no me lo niegues, sabés lo que le pasa.
-Es cierto.
Se quedaron en silencio, cada cual en su mundo, él acariciándole el pelo y ella sólo allí, acurrucada, ansiando protección. Había elegido a John, a él era a quien amaba, al  que quizás era al único que había amado, y el resto eran todas confusiones. Apretó los párpados y los labios. No, amar, los había amado a todos, de eso no tenía dudas, aunque siguiera pensando que eso era imposible. Si se lo hubieran contado, jamás lo habría creído, nadie podía estar enamorado de cuatro personas, pero ella sí. Se había resignado a perderlos a todos, pero a John no. A él nunca lo hubiera dejado ir, pero antes tenía que hablar con Ringo. A él…a él tenía que dejarlo, aunque ya no hubiera casi nada entre los dos.  Por eso tenía que hablar para aclarar cosas y ponerle, por fin, un rumbo a su vida y a su corazón.



Con mucho cuidado, envolvía sobre la cama el regalo con papel brillante. En poco tiempo sería el primer cumpleaños del bebé de Jenny, y ella, como buena madrina, tenía los obsequios listos. Estaba armando un moño con cinta verde cuando se asomó Ringo a su habitación.
-¿Puedo pasar? Creo que dejé aquí uno de mis relojes.
-Así es, está ahí arriba –señaló una de las mesas de noche y le corrió un escalofrío por el cuerpo. Estaban los dos solos en la casa, tranquilos. Antes hubiera pensado que ese era el momento perfecto para meterse en la cama con él, pero ahora pensaba que era el mejor momento para hablar.
-¿Qué hacés? ¿Ése regalo es para mí?
-Si te gusta la ropa de bebé, sí.
-Entonces mejor no me des nada. –rió- Eva, voy a…
-Rich, necesito hablar con vos.
-Pero tengo que…
-Por favor.
Miró el suelo, algo molesto. Luego se sentó junto a ella, y se puso a juguetear con la cinta verde entre los dedos. Sabía de qué se trataría la conversación y eso lo preocupaba.
-¿Y bien? –levantó la vista y se encontró con la mirada de ella llena de miedo.
-Eh...nada, nada, era una pavada, perdoname. Andá si querés. –intentó volver a tomar el paquete, pero Ringo se lo quitó de las manos con suavidad y lo dejó al otro lado de la cama.
-Eva…creo saber de qué me ibas a hablar. Hacelo ahora, vamos. Es sobre nosotros ,¿no?
Asintió con la cabeza, mirando hacia donde Ringo había dejo el regalo, incapaz de mirarlo a los ojos.
-¿Qué me ibas a decir? –insistió, acariciándole el rostro.
-Nada. Ya sabés todo, ¿para qué hablar?
-No, no sé, decim…
-Estás con Maureen, ¿no? –lo interrumpió. Ringo soltó un suspiro cansado.
-Sí, perdón.
-No hay nada que perdonar. La culpa fue mía.
-No, ¿qué decís? ¿Cuántas veces dijimos que en esto no había culpas?
-De verdad, ponete  a pensar: si analizás todo, la culpa es mía. La que tiene que pedir perdón soy yo y…
-Pará, pará  ahí. Nada de lo que decís es verdad, las cosas se dieron así. Y cada uno hizo lo que pudo.
No contestó, se limitó a mirar fijamente el piso.
-Eva..¿qué pasa con John?
-No tengo idea.
-Pero lo querés.
-A todos los quiero.
-Me refiero a…ya sabés…si al final lo vas a elegir a él.
-Si. Perdón Rich, yo…
-Ya está, no te preocupes, si los dos sabemos que esto no daba para más. Pero igual es muy doloroso.
-Lo sé. De verdad, lo siento mucho, no pensaba que llegaríamos a esto. Pero con la experiencia de George y Paul, aprendí que tengo que dejarlos libres, la trillada frase de…
-“Si amas algo déjalo ir.” –completó Ringo.
-Sí, exactamente esa cosa. ¿Para qué retenerte? ¿Para qué pelear con esa chica que ni conozco? Ya está , dejemos que todo sea como viene.
-O sea que te resignás.
-Y…sí.
-¿Y con John qué vas a hacer?
-No sé...No sé cómo decirle porque no sé qué le pasa.
-Supongo que tendrás que “reconquistarlo”.
-¿Ringo vos me estás dando consejos?
-Mmm…si querés tomalo así….
Se echó a reír aunque no tenía ganas, y lo abrazó. Aquello ya era delirante para ella, pensaba que la situación se caracterizaría por el llanterío.
-¿Y ahora qué vas a hacer? –le preguntó, soltándolo.
Se encogió de hombros y se rascó la cabeza.
-No sé muy bien qué…Supongo que mudarme con ella. Creo que le gustará vivir en Londres. A vos….¿te gustaría conocerla?
-Me da igual. Bueno sí, quiero conocerla, pero no ya mismo. Dejá que asimile todo esto.
-De acuerdo. Eva…yo te amé mucho, ¿sabías? Fuiste mi adoración.
-Gracias por eso, Rich. Yo también te amé mucho. Quizás todavía  lo haga, qué se yo.



-¿Qué tal? –saludó John. La mayoría de quienes estaban allí contestaron, menos la artista.
-Simpática, ¿eh? –dijo Paul.
-Es que es de la vanguardia.
-Es de la vanguardia y es maleducada.
-Paul, te la pasás quejándote con que estoy “alejado”, parecés mi novia,  te invito a algo y lo único que hacés es quejarte.
Paul resopló, mirando hacia todas partes, simulando interés.
-Mirá, ahí viene.
Hacia ellos se acercó la mujer que apenas esbozó una sonrisa al ver a John y no tuvo disimulo en ocultar su disgusto al ver a Paul.
-Gracias por venir, John. –dijo ignorando por completo a Paul.
-Me gusta mucho esto, eh. –John miró a Paul con mirada asesina, enojado por siu intervención. Paul hizo apenas una sonrisa de disculpa.
-¿Yoko podrías expliacarme esta obra?
-Claro –caminó hacia él y comenzó a hablarle.
Paul negó con la cabeza. Estaba incómodo y aquello no le gustaba nada. En su vida había visto a muchas mujeres acercase a su amigo, pero ninguna como esa.



Llegó el ansiado día y Sir Andrew estaba mas alocado que nunca. Su película al fin se estrenaría y quería estar junto a todo el elenco. Como si de un profesor de escuela se tratara, pasaba lista comprobando que todos estuvieran presentes.
-¡Eva! ¡Eva!
-¡Acá estoy!
-¡Evita!
-¡Acá!
Se abrió paso entre todos y llegó a él, agitada y tocándose el cabello, preocupada por su peinado.
-Llegaste tarde.
-Me atrasé peinándome.
-Ay, estas mujeres…Bien, si vinieron con alguien siéntense con ese alguien, pero cerca mío.
Todos asintieron de mala gana y salieron hacia la sala del cine donde se exhibiría la película. Estaba lleno de gente, Sir Andrew había gastado mucho dinero en publicidad. Eva se sentó detrás  de él, y enseguida llegaron Ringo y George.
-Paul no pudo venir, la niña está enferma –le susurró George.
-¿Y John?
Ambos se encogieron de hombros.
-Cuando salí de casa ya no estaba, había ido a no sé dónde…Pero me aseguró que estaría acá.
-A lo mejor se le hizo algo tarde. –agregó George.
Asintió con la cabeza, tratando de olvidar eso y concentrándose en la película que recién estaba comenzando.
Como era de esperarse, la película era un delirio en su máxima expresión, pero a juzgar por las caras de muchos, les estaba gustando. Lo que faltaba, que fuera un éxito, sin dudas el menos esperado.
Eva representaba a una francesa abandonada por sus padres que se ganaba la vida en los subterráneos de Londres, hasta que decidía seguir haciéndolo pero cantando. Todo muy de novela barata según Eva, pero lo había representado muy bien.
Al fin apareció la escena donde ella cantaba por primera vez, con un marcado acento francés, la canción que a Sir Andrew le gustaba tanto.
“Todas las promesas de mi amor se irán contigo 
me olvidaras, me olvidaras. 
Junto a la estación lloraré igual que un niño 
por que te vas, por que te vas.” 
Tomó la mano de Ringo y lo miró de reojo. Él también se iba de su lado.



La función terminó y John no había aparecido. Lejos de estar enojada, estaba preocupada. George se despidió de ella y junto a Ringo caminaron hasta la salida del cine. Algunos periodistas le hacían preguntas que ella respondía, solícita, otros la felicitaban por su actuación y agradecía con una sonrisa.
-Hola Eva, sabia que te lucirías en la película.
Dave Davis la saludó con un beso en la mejilla.
-Gracias Dave, y gracias por recomendarme, la pasé muy bien filmando.
Dave saludó y se fue rápidamente, saludando a otras personas.
-¿Y éste? –dijo Ringo, mirándolo con desprecio.
-Es Dave Da…
-Sí, ya sé quién es –interrumpió-¿Por qué te habló así?
-Larga historia. Bueno, no tan larga.
-No me digas que vos y él…
-¡Rich!
-Bueno…
-Nunca le di lugar a nada. Además, ¿qué te pensás que soy?
-Perdón, perdón…Mejor vamos a casa.
-Tenés razón, será mejor.

Cuando llegaron no había ni rastros de John. Ringo se fue a dormir, despreocupado, y Eva se quedó sentada en la penumbra, esperando ya angustiada. Al fin llegó, chocándose los muebles debido a la oscuridad.
-John.
-¡Ayy qué susto!
Encendió una lámpara y lo vio: no estaba borracho ni desarreglado.
-¿Qué te pasó? ¿Dónde estabas?
-Eva, perdón, no pude ir.
-¿Pero por qué?
-Porque Yoko me invitó a…
-¿Quién?
-La artista que…
-Sí,ya sé quién es, ¿pero qué hacías con ella?
-Eso te iba a explicar, me invitó a la galería porque venían unos tipos que son colegas de ella y creyó que me podía interesar conocerlos…
-John, hoy se estrenaba mi película.
-Lo sé, perdón. Podemos verla otro día.
-¡John! ¡Era hoy! ¡Era algo importante para mí! ¡Me dijiste que estarías y no cumpliste!
-Paul tampoco fue.
-¡Pero él tiene una familia! ¡Vos te fuiste con ésa…ésa mujer!
-Es que pensé que llegaría a tiempo y cuando vi la hora ya era tardísimo. Igual no me cayeron bien los tipos.
-¡Qué me importa!
-Vicky…
-¡Dejá de mentirme!
-¡No te miento! ¡Y pará de gritar!
Sintió lágrimas de rabia pero se las secó con la manga de su blusa y lo miró con rencor.
-Me fallaste, y por una estupidez.
-Vicky, pará, yo...-quiso tomarla de un brazo.
-Dejame. –se zafó dándole un empujón y subió corriendo a su habitación.
Se juró que no lloraría por eso y no lo hizo. Había llegado el momento de ser fuerte.

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Hola hola! Bueno, acá les dejo el 66, siempre con retraso. disculpen si el texto se ve medio feo, Blogger enloqueció y me ponía las letras con fondo blanco y no se veía absolutamente nada, tuve que ponerlas como las ven. 
Les dejo, como siemrpe, la canción, es una que me gusta mucho, la cantante es francesa y la descubrí gracias a una pelicula de los '70 que se llama "Cría cuervos" (es  buena, si pueden véanla)

Ahora me despido hasta el próximo, adiós!

miércoles, 30 de octubre de 2013

Capitulo 65 Me mata tu ausencia y haberte querido tanto...

El teléfono sonaba con insistencia y nadie parecía dispuesto a atenderlo. Luego de un minuto, calló, para que a los pocos segundos, volviera a rajar el silencio.
-¡Ay ya voy! –Eva, arrastrando los pies, se acercó maldiciendo, aún sabiendo que quien tenía la osadía de llamar a las nueve de la mañana  ni se enteraría de todo lo que le estaba diciendo. –Hola...
-Quisiera hablar con el señor John Lennon –dijo una voz femenina, seca, sin siquiera saludar.
-No vive acá –respondió automáticamente, ya que se había acostumbrado a mentir ante cada fanática loca que se hacía con el número de teléfono y llamaba.
-No es verdad.
Lejos de inmutarse ante la seriedad de la afirmación, dejó escapar una risita. A eso también se había acostumbrado.
-Trate de comprobarlo y listo. Por ahora, no moleste.
Iba a colgar cuando la voz contestó.
-Me dio este número el propio John, en la exposición.
Golpeó con los dedos el auricular del teléfono y tragó saliva.
-¿Usted es...?
-Yoko Ono –completó rápidamente –Lennon me dio este número para que lo llamara. ¿Usted es la secretaria?
-No, la novia –respondió con toda la intención del mundo.
-Ah. Le dejaré mi número así él me llama, ¿puede ser?
-Sí, claro, no hay problema.
Escuchó que le dictaba un número, que obviamente no copió y al que ni se molestó en prestarle atención.
-Gracias, cuando llegue le diré –colgó con asco y volvió a su habitación.
Sin embargo, no pudo conciliar el sueño, pese a que en la noche anterior se había acostado muy tarde y aún se sentía cansada.
Que una mujer rondara a John, aunque sólo hubiera sido un llamado, la molestaba mucho. Él estaba raro últimamente, y ella, para qué negarlo, también. Sentía que estaba llagando al final de su aventura con tristeza, pero también con alegría. No quería arriesgarse aún, pero si escuchaba a su corazón, ya tenía la respuesta. Eso quizás, también le estaba infundiendo fuerzas.
Ringo se movió a su lado, soltando un quejido.
-¿Qué hora es?
-Casi las diez.
-Uhh...
Se incorporó bostezando y buscando su ropa con la mirada. Enseguida se vistió con su bata y se fue a bañar.
Eva suspiró. Ringo...Estaba tan mareada que no sabía qué le pasaba con él. Lo quería, sí, pero no como la primera vez. Eso hacía que estuviera más segura de la certeza que abrigaba. Además, sabía que él tampoco sentía lo mismo. Le había pasado igual que a George y a Paul, y en parte se sentía culpable. Por llorar por los otros, lo había descuidado a él, y ahora estaba segura que en algo andaba con esa chica Maureen. A ella le había tomado odio, como a todas, aunque no tuvieran la culpa de nada, aunque la fuera responsable de todo fuera ella. Las odiaba y a la vez no, pero sabía que si no hubiera sido por ellas, jamás se habrían alejado así. Aunque...si no hubieran ido ellas, hubieran sido otras, o ninguna, pero todo se habría enfriado igual. Si tan solo todo hubiera seguido como al principio....De recordar esos primeros momentos se le llenaban los ojos de lágrimas. Sabía que la vida le había mostrado la felicidad y la tristeza casi al mismo tiempo, y por eso le estaba agradecida.




-¿Si aprendo a cantar bien, podré actuar en tu película?
Eva y Jenny soltaron una carcajada que no le hizo ni pizca de gracia a Dante.
-La película de Eva es muy loca, no te conviene.
-¡Pero Jenny! ¡Estará en le cine! ¡La gente famosa está en el cine, y yo quiero ser famoso!
-Mirá Dante, como están las cosas, dudo mucho que se estrene.
-¡Pero yo quiero...!
-Ay, ay, Dante –dijo Anne entrando con una taza de leche –Mejor será que tomes la leche y hagas las tareas. Las películas y la guitarra son para más adelante.
-No sé para qué te molestás en decirle eso al chico, si no te hará caso –rió Jenny –él imita a Eva y a Patrick, y bueno, a mí también.
-Imita lo que le conviene.
-Quizás esté necesitando un hermanito.
-¡Jenny! ¡No le des ideas!
-Anne, ¿por qué no? –intervino Eva –Sos muy joven, y Mark también, y...
-Alto ahí. No habrá más niños.
Todos resoplaron, incluido Dante, que pronto se fue con su taza a otra parte.
-¿Y Maureen? –preguntó Jenny, de repente.
Eva palideció y miró a Anne.
-¿Qué dije? –Jenny las miraba a las dos -¿Pasó  algo? Oigan, ¿de qué no estoy enterada? ¡Al final nunca me cuentan nada!
-Ey, ey  Jennifer, pará –Anne la miró, tranquilizándola –Lo que pasa es que Eva no estaba enterada de que Mo está en la ciudad.
-No, no sabía –afirmó con un hilo de voz.
-Ah bueno, ahora lo sabés. Es simpática, a mí me cae bien.
-Jenny...
-Ay, ¿y ahora qué pasa Anne? –preguntó, ya cansada.
-¡Pasa que Maureen sale con Ringo!
Callaron apretando los labios, Jenny roja de vergüenza. Eva suspiró y apoyó el rostro sobre sus manos.
-Perdón. –dijo al fin –Perdón por haber gritado así. Espero que Dante no haya escuchado.
-Está mirando televisión...
-Eva, yo no estaba enterada de eso.
-Lo sé Jenny, y perdoname. Es que acabo de darme cuenta el porqué de las salidas de Ringo durante estos días. Sé que hay algo entre ellos, pero ahora todo cierra.
-Eva, ¿estás segura? –preguntó Anne, temerosa.
-Sí, lo estoy. Y ahora sé que todo se está yendo a la mierda.




John guardó su guitarra y salió del estudio sin siquiera saludar. Paul suspiró, y miró a George, que desvió su vista.
-Sería mejor que siguiéramos sin él...
-No Paul, la canción era de él. Y se la arruinaste.
-¡Yo no la arruiné! Sólo le di un par de sugerencias.
-Como digas...-George se encogió de hombros y también comenzó a guardar su guitarra.
-¿Qué, también te vas?
-No hay mucho para hacer.
-Pero está Ringo y...
-Yo me voy.
Miraron a Ringo, George agradecido, y Paul sorprendido.
-Antes quisiera hablar con ustedes. Es sobre...algo.
Los tres se dirigieron al bar más cercano, tratando de pasar desapercibidos.
Cuando les pusieron las cervezas frente, Ringo decidió comenzar a hablar sin rodeos.
-Me está pasando lo mismo que a ustedes.
-¿Qué cosa? Ahh...ya. –dijo Paul –Te compadezco.
-Y yo. –agregó George.
-¿Quién es?
-Es una prima de Mark, el doctor marido de Anne.
-Ay no...-George se agarró la cabeza- ¿Justo una parienta de Anne? ¡Habiendo montones de mujeres!
-¿Te creés que no he pensado eso y me he detestado? Pero qué le voy a hacer...
-¿Y?
-Necesito que me ayuden porque ahora los entiendo. El problema también es John. ¿Alguien sabe si le pasa algo con ella todavía?
-¿Y quién puede saberlo? John siempre es un misterio....
Paul asintió mirando a George .Él, más que nadie sabía que John estaba más extraño que de costumbre, por lo tanto era imposible saber si quería u odiaba a alguien.
-Tampoco sé si Eva me quiere aún....-Ringo bajó la mirada. Algo en su interior le decía que Eva ya no sentía lo mismo, que se había volcado a John. Era doloroso, pero también le daba miedo, por ella. Si a quien amaba era a John y él le hacía lo mismo que el resto, acabaría destrozada.
Eso era, justamente, lo que pensaba ella. ¿Cómo saber si John no seguiría el mismo camino? A la vez se culpaba, si no hubiera dejado pasar el tiempo y hubiera tomado una decisión, no estaría pasando por eso. Era como si a una pena le sumaran otra pena. Pero también se negaba a dejar a Ringo, no quería perderlo como a todos.
-¡Mierda, mierda, mierda! –gritó desesperada, estrellando contra el piso el vaso con agua que tenía en la mano. –¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué amo tanto?
Se dejó caer en el piso, llorando sin consuelo, buscando desesperadamente una solución.


-Será mejor que me dejes acá –Maureen señaló una esquina.
-¿Te parece? Puedo llevarte hasta la casa de tu primo....
-Mmmm no, mejor no. Ya sabés, está Anne y ella le cuanta a...
-Ah sí. –Ringo asintió sin despegar la mirada de la calle.
Ya era de noche y caía una fina llovizna, a pesar de que el día había sido completamente soleado, lo que les había permitido pasear tranquilos durante la tarde.
Habían pasado dos días desde la charla con Paul y George, y pese a que los consideraba dos inútiles para darle consejos, hablar con ellos le había dado cierta seguridad.
Detuvo el coche a unos metros de la casa de Anne, por lo que Maureen lo miró, seria.
-Te dije que...
-Si, lo sé, perdón. Pero no te preocupes por Anna o tu primo.
-Es que es inevitable, ellos piensan que...bueno...que vos...
-Sí, que vos y yo estamos en algo. En cierto modo, tienen razón.
Lo miró sorprendida, con alegría pero también con susto.
-Ringo, yo...
-Seamos claros, Mo –la interrumpió- Está bien, yo estoy con Eva. Sabés la historia, ¿no?
-Algo...Bueno, nunca supe si era verdad lo que decían, de que era novia de los cuatro.
-Sí, es verdad. No la juzgues, pero es verdad. Paul y George ya no están con ella. El amor se acaba, o no sé...La verdad es que no sé qué pasa, todo fue muy raro siempre.
Maureen asintió, bajando la cabeza.
-Lo mío con Eva ya está como frío. No es lo mismo que antes y creo que ella ya no siente lo mismo. Sufrió mucho, y creo que por fin está dándose cuenta de a quién quiere.
-¿Y a vos? ¿Qué te pasa con ella?
Sonrió ante el repentino interés de la chica.
-La quiero, sí. Nunca se deja de querer a alguien, más cuando pasaron tantas cosas.
Otra vez bajó la cabeza, con el semblante triste.
-Pero a quien quiero más es a vos. No sé, me gustás y quiero estar con vos. Te digo todo esto para que evalúes si me das una oportunidad o no, no quiero mentirte
-Claro que te la doy –sonrió, ilusionada –Estaba esperando que lo dijeras, porque no me importa lo que tengas detrás, quién sos, con quién has estado...Me interesás vos y punto.
-Entonces..¿lo intentamos? –preguntó con una amplia sonrisa.
-¡Sí! –Mo se acercó y le dio un tierno beso en los labios.





Abrió los ojos de repente, al escuchar el ruido de las llaves en la puerta. Se había quedado dormida estudiando el guión, y en la penumbra de la sala, adivinó la figura de John. El teléfono comenzó a sonar y él encendió una lámpara. Sonrió, sorprendido al ver que ella estaba allí, y atendió.
Eva se sentó y comenzó a recoger las hojas que se le habían caído cuando escuchó algo que la dejó congelada: John aceptaba ir a una exposición. Por su manera de hablar, tan lacónica, quien estaba al otro lado de la línea era esa mujer. Se mordió los labios, angustiada: esa mujer seguía insistiendo, y a Ringo lo estaba perdiendo. Tenía dos frentes de batalla y todavía no sabía en cuál luchar.  




*-*-*-*-*-*-*-*-*
Hola!!! Acá yo otra vez, o al fin jajja
Espero que anden bien, aviso que el próximo capitulo es el de las DECISIONES chan chan! XD
La canción, como siempre. Temazo de Babasónicos:
Hasta mas vernos!




sábado, 5 de octubre de 2013

Capitulo 63 Los días que están por llegar

Los meses fueron sucediéndose con lentitud, hasta pasar casi un año. El vientre de Jenny creció hasta que un día de lluvia torrencial, Patrick Junior llegó a la familia, a alegrarle la vida a su madrina Eva y a jugar con su “primo” Dante.
Pese  a la reticencia de Patrick, Jenny había decidido llamarlo así, en honor al hombre que le había devuelto la fe en el amor y había enterrado su oscuro pasado en el olvido. El pequeño era un resumen de todo eso en la vida de Jenny. Por otro lado, ya no vivían en el pequeño departamento que compartían. Se habían mudado a una casa propia, que Patrick compró con el primer dinero grande que ganó junto a la banda. Ya eran bastante conocidos y tenían sus fans, a las que Jenny miraba con asco, aunque eso causara la risa de todos.
-Y entonces, el rey verde se casó con la reina azul –el pequeño esbozó una sonrisita y agitó sus piernitas, contento.
-No entiende nada del delirante cuento que acabás de contarle, Eva.
-Ya lo sé, pero se ríe. ¿O no, pequeño querubín? –el bebé hizo otra sonrisa –Este Patrick será todo un galán, con esa sonrisa conquistará mujeres a granel.
-No, no, que quiero que mi hijo sea un hombre bueno  y respetable, rompecorazones hay muchos.
Eva dejó al bebé en su cuna y se acercó a su amiga, que doblaba ropita y la metía en un cajón del armario.
-Todavía me cuesta creer que digas “mi hijo”.
-A mí también. –rió –Pero creerme que es lo más lindo del mundo.
-Claro que te creo. Si me ha cambiado la vida a mí, que soy su madrina, me imagino a vos.
Jenny asintió con una sonrisa soñadora y sincera.
-Al fin llegó lo que merecías. Sos una excelente persona y era hora de que fueras feliz. No como con...
-No lo nombres Eva –la interrumpió, seria –Nunca lo recuerdo y no me hace bien hacerlo, me arruina toda la felicidad.
-Entiendo. No lo diré más.
-¿Y vos?
Respondió encogiéndose de hombros. Podía decir que durante ese tiempo su vida no era feliz, pero sí tranquila. Aún vivía con John y Ringo, aunque la relación qui tenían era mas de amistad que otra cosa. A veces tenía la certeza de pasar el resto de su vida con uno, luego volvía a las dudas y le parecía estar segura con el otro. A veces volvía a pensar en George y Paul, pero recordaba que uno estaba recién casado y el otro era un feliz padre de familia. Últimamente, quizás por la entrada en su vida de su pequeño ahijado, pensaba mucho en su futuro. ¿Cómo sería? ¿Con quién? ¿O estaría completamente sola? A veces aventuraba respuestas, y a veces ni siquiera se animaba.
-Tengo que ir al trabajo –dijo al fin, dándole un beso a su amiga y saliendo casi como huyendo de todo lo que se le había cruzado por la cabeza.

Y sí, tenía trabajo, aunque no lo consideraba así. Un excéntrico director de cine estaba obsesionado con hacer una película psicodélica como la que habían hecho The Beatles. Para eso, buscaba cantantes y actores desconocidos y contactó a Eva. Dave Davis la había recomendado, aunque Eva no tenía ni idea de cómo se había enterado de que ella, en algún tiempo, cantaba. A Dave jamás lo había vuelto a ver, pero eso demostraba que seguía interesado en ella. Alguna vez pensó en terminar con todo lo  que estaba viviendo e irse con él pero, ¿amar tanto a cuatro para irse con uno que ni siquiera le atraía? No tenía sentido, y prefería quedarse sola antes de lastimarse a sí misma de semejante manera.
Sabía que la pelicula sería un fracaso, el director estaba lo bastante loco como para arruinarla, pero le pagaba y además se divertía ensayando, aunque el resto del elenco viviera quejándose de la desorganización. Duraría poco, pero ganaría bastante.
-¡Hola Evita! –gritó el director, dándole un beso en cada mejilla –Tomá, éste es tu guión.
-¿Otro más? Pero si ayer...
-Ayer ya pasó –contestó dándole una calada a su cigarrillo –Esto es lo que se me ocurrió hoy.
-Como diga, Sir Andrew.
El director en cuestión, además de todo lo que tenía en la cabeza, tenía un delirio casi enfermo por la nobleza y se hacía llamar “Sir”. Lo peor era que esperaba lograr verdaderamente el título gracias  a su película.
-¿Segura que se te da bien el francés?
-Sí. Bueno, hago lo que puedo.
-Poné cara de convencimiento, aunque lo hables mal. Recordá que sos una pobre chica francesa.
-Lo sé, aunque no sé si podré cantar....
-¡Por favor! Si sos la mejor.
Sonrió  y asintió, era mejor no llevarle la contraria y más cuando repartía halagos.
Ensayó una docena de veces el guión del día y luego cantó para Sir Andrew, que cada día, al finalizar los ensayos, quería escuchar la canción que ella cantaría para pulir detalles o simplemente por gusto.





Llegó a la casa cuando ya era noche cerrada y se encontró con que sólo estaba Ringo con George.
-Hola a los dos –saludó.
-Hola, ¿qué tal ésa película? –preguntó George.
-Un desastre, como siempre –rió.
-¿Para qué te metiste n eso? –preguntó Ringo.
-Ni sé, pero me gusta. Con ese director nadie puede quejarse de la rutina. Cada cinco minutos te sale con algo distinto.
-Ay...-George se agarró la cabeza –Yo me enloquecería.
-Eso es porque sos muy metódico, Harrison.
-Me dijeron que el tipo siempre anda puestísimo de ácido.
-No lo conozco de otra forma que no sea ésa.
-¿Y vos te seguís metiendo eso?
Se quedó pensativa, mirando a George. Después, esbozó una sonrisa traviesa.
-A veces, con John.
-Uhh...John está dado vuelta. Bueno, me voy –se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla –Nos vemos.
-Chau George
Lo vio saludar a Ringo y después irse muy alegre. Nunca más se había acercado a ella para hablarle. No sabía si seguía sintiendo algo o ya no. Sobre ella, sí sabía: sus sentimientos estaban dormidos hasta que lo veía, a él o a Paul. Ya había comprendido que viviría con eso siempre, y que lo mejor era acostumbrarse.
-¿Y John? –le preguntó a Ringo cuando volvió a la sala.
-Fue a una exposición de no sé qué...Yo no fui porque esas cosas me aburren. Además, tengo que salir y...
-¿Adónde?
-Eric me invitó a cenar.
Levantó una ceja. Si algo había aprendido, era que Ringo mentía muy mal.
-Sos grande y no tengo porqué pedirte explicaciones –se encaminó hacia la escalera.
-Ey, ey, ¿por qué te enojás?
-No me enojo, pero me gustaría que me dijeras la verdad.
-Eva, no creerás que...
-Dejame que crea lo que quiera.
-A ver, te invito a que vengas conmigo, así no pensás cualquier cosa.
-Andá tranquilo, no voy.
Suspiró resignado y le dio un beso en la mejilla como despedida.




Se tomó el tiempo necesario para armarse un porro y fumárselo con tranquilidad, tirada en la alfombra de la sala. En su cabeza volvían y revolvía distintos sucesos de su vida y su eterna pregunta de “¿Cuál?”. Ringo se le estaba yendo de las manos, eso era seguro, y John....John estaba raro.
Estaba terminando su porro cuando, justamente, llegó John.
-Vicky, ¿qué hacés ahí tirada? Ah, ya veo....Traviesa. –se acostó a su lado, riendo –Convidame.
-Llegaste tarde.
-Muy bien, señorita egoísta. Ahora me fumo uno yo, y no te daré.
-No me importa.
-Qué peladora estás hoy.
-¿No me vas a contar de la exposición?
-Veo que ya te contaron esos chusmos. Bueno, era algo raro.
-Si vos decís que es algo raro, entonces es rarísimo. Debe ser una exposición de marcianos.
-No había marcianos, pero sí japoneses.
-¿Japoneses? ¿Qué hacen acá? ¿Todavía no se enteraron que terminó la guerra?
Soltó una carcajada y la abrazó.
-Yo qué sé si se enteraron o no, pero ahí había una exponiendo cosas raritas. Se llama Yoko Ono.
-¿Yoko Moco?
-No, bruta –rió otra vez –Veo que lo porros te ponen graciosita.
-Que me perdone la nación japonesa, pero eso no es un nombre. ¿Cómo se va a llamar así?
-Ella dirá lo mismo de tu nombre.
-No, porque no lo sabe.
-Lo sabrá cuando vea la película. Es seguro que la verá porque decís que es un delirio y a la vista está que le gustan esas cosas.
-Pero mi nombre es lindo, el de ella no.
-Cómo jodés con el nombre. Y claro que el tuyo es más lindo, llevás el nombre de la primera pecadora y eso es....incitante.
-Si querés te doy una manzanita.
-Me interesa que me des otras cosas.
-¡Idiota! –le dio un codazo, muerta de risa.




Los cuatro estaban alrededor de la mesa, discutiendo. Se acercó con una fuente de comida y los miró uno por uno.
-Ya que tengo que hacer el almuerzo, por lo menos tengan la amabilidad de dejar de discutir.
-Sí mamá –respondió Ringo.-
-Hablo enserio. No me gusta cuando pelean. –se sentó en la cabecera, seria.
-Eva tiene razón, es un sinsentido –afirmó Paul –Nos juntamos para comer en paz y charlar, no para gritarnos.
-Claro, eso ya lo venimos haciendo en el estudio.
-John, no seas...
-Oigan eso no me lo contaron.
-Mejor que no te lo cuenten, Evy –dijo George con la boca llena.
-Bueno, ahora coman y no peleen.
Por suerte, todo transcurrió con normalidad, como si fueran buenos amigos. Cuando terminaron, Ringo se fue, alegando que tenía que “hacer cosas”. Pronto, un a uno de los que quedaban, partieron. Cuando se quedó sola, se dedicó a limpiar para no acordarse de la soledad. El teléfono sonó.
-Hola Eva, soy Pattie.
-Hola...
-¿Podemos ir a tu casa? Es para hablar  de un asunto.
Pestañeó rápido. No entendía porqué la llamaba y parecía que tenía urgencia. Al fin respondió afirmativamente con unos balbuceos.
Casi una hora después, Pattie y Linda estaban en la puerta.
-Lamento la molestia –dijo Linda ni bien entró.
-No se preocupen, ¿quieren café?
Ambas se miraron y asintieron.
-Ya se los traigo. Siéntense donde quieran.
Preparó el café, nerviosa. Ver a las dos en su casa era como ver a las parcas. Cuando volvió a la sala, Pattie y Linda charlaban y dejaron de hacerlo cuando la vieron.
-¿Y bien? –se sentó frente a ellas y tomó su taza. Por un momento sintió asco, se veían como tres señoras muy decentes tomando le té para hablar de temas importantes. O no tanto.
-Eh...eh...bueno, Eva....-comenzó a decir Pattie.
-Por favor, sin rodeos.
Se quedaron calladas y Linda decidió recomenzar.
-Vinimos para hablar con vos de un asunto.
-Eso ya me lo dijo Pattie.
-Bien. Por lo que hemos venido escuchando, los chicos no se están llevando muy bien.
-Bueno, nunca se llevaron perfectamente bien.
-¿No?
-No. Tienen caracteres muy distintos y es obvio que nunca todo puede ser color de rosa.
-Lo sé –dijo Pattie –peo creo que hay algo más. George está muy preocupado aunque no me lo diga.
-Y Paul también –agregó Linda.
-Bueno, John también anda raro, y si está así, seguramente tendrá choques con Paul.
-¿De verdad?
-Es más que seguro. Son así, se adoran pero no se soportan.
Linda y Pattie asintieron como si estuvieran en clase, delante de una profesora importante. Eva sólo las miró y tomó un sorbo más de café.
-Después...algo me comentaron sobre peleas en el estudio, sin ir mas lejos, hoy cuando almorzaban discutían. No eran las peleítas que siempre tienen, era un poco mas fuerte y parecía ser que de cosas importantes.
-Entiendo. Eva, si notás que las cosas empeoran...¿podrías decirnos? Así los ayudamos, o por lo menos entendemos lo que les pasa. Ellos no cuentan nada y vos...vos los conocés bien.
Miró a Linda con seriedad y lentamente asintió.
-Sé que es difícil lo que te pedimos pero...

-Tranquilas –la interrumpió. –Las ayudaré. Por mis chicos hago cualquier cosa.



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Hola!!! Acá estoy de vuelta! Como ven hay un nuevo personaje....Yoko muejejejje.
Me voy antes de que alguien me mate o le de algo (Cloquell...) 
Dejo la canción:
Saludos!!!