sábado, 20 de octubre de 2012

Capitulo 45 Siempre seremos prófugos


Era un aeropuerto, pero parecía el infierno, estaba aturdida por tantos gritos.
-Disculpe, ¿usted es...? –preguntó un joven empleado de seguridad.
-Sheels, Eva –respondió mientras abría su cartera y buscaba casi con desesperación su credencial –¡Mierda! ¿Donde la habré metido?
-Es asistente –escuchó la voz de Brian,  y levantando la vista de su cartera lo vio, detrás del empleado.
-Ah, ok, pase –el empleado dejó que pasara las vallas de contención y ella caminó hasta un pasillo que la llevaría hasta la pista.
-Eva –sintió que la tomaban del brazo, era Brian. –Escuchame bien, un paso en falso y todo se viene a pique. No sé si me entendés.
-Claro que entiendo. Entiendo perfectamente –respondió sosteniéndole la mirada –Ahora suélteme.
Brian la soltó y avanzó, seguido por ella. Se metieron dentro del avión unos cinco minutos después, y se ubicaron en sus lugares. Supo que el viaje sería aburrido, estaba sentada juntó a él y tenía terminantemente prohibido acercarse a los chicos.
Comenzó a sentir miedo, jamás había viajado en avión, y en momentos como ese necesitaba alguien que la tranquilizara, aunque sea sólo con un brazo. Pero se encontró con la mirada de hielo de Brian, quien lo único que le dijo fue que se abrochara el cinturón de seguridad.
Luego de dos horas de viaje, el miedo se había disipado un poco, pero no tanto como para dormirse. Brian no decía una palabra, iba concentrado en sus papeles y los chicos se paseaban por ahi, de vez en cuando se acercaban, pero sólo para cruzar unas pocas palabras, ya que no había que levantar sospechas en el resto de os acompañantes.
Cuando llegaron a destino, otro infierno los esperaba, eso hizo que Eva deseara llegar al hotel lo antes posible, aunque sabía de sobra que estaría separada de ellos. Comenzaba a pensar que el haber viajado juntos para seguir viéndose sólo había sido una ilusión, porque estarían muy ocupados, y cuando no, los mantendrían separados. Ni que fueran criminales.....
Cuando entró a su habitación se dejó caer en la cama y soltó un suspiro, mientras contemplaba el techo. De repente, se soltaron todos sus pensamientos. Hacía mucho tiempo que la pregunta que tanto la había torturado no aparecía y en ese momento se hizo presente. ¿Cuál? ¿Cuál de los cuatro? Estaba mas que bien con ellos, pero algo le decía que no sería para siempre. Apretó los párpados y se giró en la cama, acurrucándose para no sentir frío. Quería dormir y hacer desaparecer ese maldita duda.


Luego se dos días, lo que había presentido se estaba cumpliendo. Lo único que hacía era aburrirse dentro del hotel, y contadas veces había visto a los chicos. Se sentía un poco mal, hasta se consideraba un estorbo.
Pensaba en esas cosas, sentada en la cama con la cabeza apoyada en las manos, mirando sin ver a través del ventanal, cuando golpearon la puerta.
-Pase, está abierto –contestó con desgano.
Escuchó que la puerta se abría con lentitud pero ni se molestó en mirar. Seguramente sería Brian con otra de sus estúpidas advertencias.
-¿Aburrida? –se giró sobresaltada, pero con una sonrisa. Era Paul.
-Algo. Bueno, bastante. En realidad, muchísimo.
-Ey...-dijo él, con tono tranquilizador, mientas se sentaba a su lado -¿Sabés qué? Yo no te veo aburrida, te veo triste.
-¿Triste? Por favor....
-A mi no me engañás –la rodeó con un brazo y le dio un beso en el pelo –Vamos, decime la verdad.
Soltó un largo suspiro y se quedó en silencio. Después, decidió hablar.
-Está bien, sí. Estoy triste. Aunque no sé muy bien porqué. Supongo que debe ser porque al final los veo poco y nada. Como que estoy desilusionada.
-Nosotros también. O sea, sabíamos que tendríamos que cuidarnos y que estaríamos ocupados, pero no tanto. Pero pensalo así: el hecho de  saber que estás acá, con nosotros, nos hace sentir bien, aunque no te veamos. No es lo mismo que si estuvieras a un montón de kilómetros de distancia. Pensá igual y vas a ver que no se te hace tan difícil esto.
-Mmm.....sí, tenés razón. Por lo menos los puedo ver aunque sea un ratito, si me hubiera quedado en casa sólo los vería en la tele jaja.
-Es verdad. Y ahora ¡basta de tristezas! ¡A la fiesta!
-¿Fiesta?
-Bueno, en realidad no es una fiesta. Veamos, son las.....-miró su reloj pulsera –ocho y media de la noche. Bajaremos a cenar, simularemos todo lo que tengamos que simular y después.....a la habitación de John.
-¿Habitación de John? Uy, eso me suena mal....jaja


Era la medianoche y los cinco estaban encerrados en la habitación. Recién habían entrado luego de una estresante cena, y Ringo ya estaba armando porros.
-¿Y si nos clavamos un poco de ácido?
-John, mañana tienen que actuar, no van  a ir todos drogados.
-Relajate Vicky, no pasa nada. Dale, tomá un poco, aunque sea un poquitín de ácido.
-Que no. Bueno, un porro sí –rió.
-Vamos a poner música, esto así es aburrido –George comenzó a seleccionar discos.
-Sí, Brian no dirá nada, al fin cedió un poco en sus prohibiciones –dijo Paul sirviendo whiskey.
-Ay John, salí.
Los tres miraron a Eva, que entre risas, quería sacarse de encima a John, que ya estaba un poco cargoso. Sin embargo, ella no parecía muy convencida de querer hacerlo, y solo se reía.
-Emmm....
Miró a George y se dio cuenta que los observaban, recuperó la compostura y alejó a John.
-Disculpen –dijo incómoda.


Una hora después, lo único que hacían era reírse de cualquier cosa y gritar y cantar. Eran cinco pero parecían cien. Los porros habían circulado y hecho efecto, y el alcohol también, asi que se dedicaban a bailar o a decir estupideces sin sentido. Parecía que no se habían visto en años.
En un momento, se le cruzó por la cabeza un pensamiento: se estaba pasando de alcohol y drogas. Últimamente lo hacía a menudo. Pero no le dio importancia, mas cuando lo estaba pasando tan bien. John logró convencerla de que tomara una pequeña cantidad de ácido  y después no supo bien qué pasó, pero los chicos se fueron. Cuando se dio cuenta se estaba acostando con John, ambos drogados, lo que le pareció una experiencia totalmente diferente.


-Johnny....¡Johnny! –lo sacudió, pero el chico apenas hizo un gruñido –Levantate, es tarde.
-¿Tarde para qué? –dijo entreabriendo los ojos –Para mí es temprano....
-A las 10 tenían que estar levantados ¡y son las 9.30!
-Y bueno, es temprano.
-No si tenemos en cuenta que tardás mas de una hora en sentarte en la cama. ¡Vamos!
-Insisto en que es temprano, por eso, para despertarnos bien, podríamos hacer otras cositas.....-le dio un apasionado beso que ella correspondió, y después ya no pudo resistirse y se dejó llevar.
Lo hicieron otra vez y estaban a punto de dormirse cuando la puerta se abrió de golpe y entró Paul, como un huracán.
-¡Mierda John! ¡Te estamos esperando!
-¡Siempre interrumpiendo!
-Brian ya está molesto y si se entera que estabas con Eva.....¡Hola Eva! –la saludó cuando la vio asomarse entre las sábanas.
-Hola Paulie...-respondió somnolienta.
-Continúo: si se entera que estabas con ella empezará a sermonearnos a todos.
-Mmmm......ya voy, ya voy, decile que estaba descompuesto o algo de eso. Macca, buscame los zapatos, no sé dónde los dejé.
Paul casi le revoleó los zapatos por la cabeza y entre risas, John terminó de vestirse como pudo. Los dos se despidieron de Eva con un beso y se fueron.
Levantó sus brazos, desperezándose, y comenzó a buscar su ropa. Cuando la encontró, se duchó y luego fue a su habitación. Decidió no desayunar, los porros de la noche anterior le habían sacado el hambre.
Cuando terminó  de hacerse una cola de caballo con su cabello, tomó su cámara y salió a la calle. Le alegraba poder pasear sin ninguna custodia, al contrario de los chicos. Era hora de andar por ahí, hacer turismo por su cuenta, perderse, sin preocuparse de donde estaba ni cuanto tiempo, eso le permitiría sacar buenas fotos para la exposición. Lo bueno de tener un trabajo “fantasma” como el que tenía, era eso: salir sin preocupaciones.
Pero otra vez sus pensamientos volvieron: la droga, su madre, y la eterna pregunta. Pero no les dio lugar, quería disfrutar de lo que veía y tomarle fotos, porque en esos momentos, cada vez se estaba apasionando mas por la fotografía.




-¡¿Por qué te fuiste?! –gritó Brian, histérico.
-No se ponga así, sólo fui  a dar una vuelta
-¡Pero no avisaste!
-Ustedes ya se habían ido...
-¡Podrías haber avisado en recepción!
-Está bien, perdón, no volverá a pasar. Pero no es necesario que me grite.
Brian la miró, furioso, pero respiró y trató de hablar mas calmo.
-No hagas que te recuerde tus obligaciones.
-No hace falta.
-Entonces obedecé, porque no tengo ganas de pelearme con aquellos cuatro por culpa de una groupie.
-No me llame así, no lo soy. Y no me provoque, porque puedo hablar varias cosas de usted. –se sorprendió de escucharse a sí misma diciendo eso.
-No sé que tendrás para decir de mi,  lo que sé es que ya no quiero hablar mas sobre esto –dio media vuelta  y se fue de la habitación.
Sintió como la sangre le hervía en las venas, le estaba tomando odio. Pero tendría que contenerse, no quería que los chicos pagaran los platos rotos. Aunque sabia que si un día la encontraba de malas, explotaría y no se privaría de pegarle unos cuantos gritos. Ojalá ese día nunca llegara....
Brian entró a su habitación y dio un portazo. Le tenía un odio cada vez mas fuerte a esa chica, que apenas si era mayor de edad. Se recriminaba el hecho de no haberse puesto firme para que la dejaran. O aunque sea para que no viajara con ellos. Una gira era el momento donde mas rumores aparecían, porque mas gente los rodeaba, y con Eva ahí podría suceder cualquier cosa. Eso se confirmó cuando, de entre los papeles de su escritorio encontró un sobre con una nota dentro. Se puso pálido al leerla: “Sabemos quién es Eva Sheels”. La caligrafía no pertenecía a nadie que conociera, y optó por tranquilizarse. Al día siguiente partirían al próximo destino. Esperaría que allí nadie supiera nada ni mandaran anónimos. Si seguía, tendría que empezar a preocuparse. Lo mejor sería tener sangre fría.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Capitulo 44 Separarse de la especie por algo superior


Después de un suspiro, decidió  contestarle.
-Mamá....
-Hija ¿no estás contenta? –interrumpió la mujer
-S, si, claro, pero hay un problema, ya no vivo con Anne y ....
-Ya me dijo ella cuando llamé y me dio éste número. ¿Dónde vivís ahora?
Engañarla sería difícil, su madre siempre había sido astuta, no se dejaba embaucar por nadie y sospechaba ante un mínimo cambio en el tono de voz. Lo mejor sería decirle la verdad, aunque eso le costara que su madre no le hablara nunca mas, ya que estaba segura que no aceptaría su relación.
Tomando aire, volvió a hablar.
-Mamá, es...complicado. Preferiría contártelo personalmente.
-¿Pasó algo malo?
-No, no, todo lo contrario. Pero quiero que hablemos cara a cara, por teléfono no me gusta.
-Me asustás.....
-No te preocupes. El fin de semana próximo estaré desocupada, viajaré a Manchester.
-¡Este fin de semana viajaría yo a Londres!
-Posponé tu viaje, iré yo.


-¿Vas a decirle la verdad? –Ringo abrió de par en par sus ojos azules.
-Créanme que será lo mejor...-Eva se veía preocupada –A mi madre hay que irle con la verdad, si trato de engañarla se dará cuenta y será peor.
-¿Y como creés que lo tomará? –preguntó George, también asombrado.
-¿Como creen que puede tomarlo una mujer criada con las rígidas normas morales de su pueblo,  y que además es ultracatólica? Pues mal, muy mal.
-Oh no Eva.....-Paul la abrazó -¿Cómo podemos ayudarte?
-Siendo así como son....-les sonrió –No se preocupen chicos.
-Si querés, nosotros te llevamos, incluso podemos hablar con ella...
-No John, gracias pero no. Ustedes quédense tranquilos acá, yo tomaré el tren del viernes a la noche.
-Está bien, pero si cambiás de idea nos avisás.


Disfrazados, se despedían con un abrazo de ella. Era la primera vez que tenían que separase desde que vivían juntos, y por mas que fuera por sólo un fin de semana, los hacía sentir mal, no tanto por el viaje en sí, sino por la circunstancia. Eva subió al tren y desde allí los saludó con la mano, asomada a la ventanilla.
El tren comenzó su marcha, llegaría a Manchester al día siguiente, así que trató de dormirse. Pero fue en vano, los nervios y la preocupación le ganaban. Comenzó a leer un libro, y eso pareció darle, poco a poco, algo de sueño, hasta que al fin pudo dormir.
La despertaron las primeras luces de la mañana que se colaban por la ventanilla, y comprobó que ya no estaba muy lejos. Eso hizo que se pusiera mas nerviosa, al punto de sentir náuseas. Joder, era a su madre a quien iba a ver, no a un ogro, pero temía mucho su reacción. Hizo una especie de control mental y sus náuseas cesaron.
-¡Manchester! –gritó el guarda, minutos antes que el tren comenzara a frenar.
Tomó su pequeña maleta y echó a andar por el pasillo, en dirección a la puerta.
Cuando bajó en la estación y comenzó a caminar, vio que nada había cambiado, todo seguía igual que el día que se fue.
Su casa quedaba a pocas cuadras de la estación, así que fue caminando. Al llegar, también la encontró exactamente igual, la puerta seguía despintada, y el resto de las casas de su vecindario seguian tan descuidadas como siempre.
Estaba a punto de golpear la puerta cuando ésta se abrió.
-¡Hija! –su madre le dio un abrazo.
-Hola mamá.
-Supuse que llegarías en este tren, asi que ya te estaba esperando. Pasá.
Eva entró a su antigua casa, en el interior tampoco había cambiado nada. Dejó su maleta al lado de la chimenea de la sala.
-¿Por qué no la subís a  tu habitación?
-Luego lo haré. Veo que todo está igual.
-Si.....Vaya, ¡qué sofisticada estás!
-Jaja, puede ser.
-Seguro que aún no desayunaste, prepararé  té. Ahí tenés galletitas.
Se sentó en uno de los sillones de la pequeña sala, frente a una mesita y al lado de la ventana, por la que extrañamente entraba el sol. Esperó que su madre regresara de la cocina, sentía que tardaba mucho aunque sólo estaba preparando té. Quería que volviera para hablarle, y a la vez no queria. En realidad, deseaba salir de allí corriendo.
-¡Ya está listo! –la mujer volvió con una bandeja con una tetera y dos tazas.
Miró bien  a su madre, estaba sólo un poco mas avejentada, apenas unas mínimas arrugas mas, y también algunas canas. Sin embargo, seguía conservando la belleza que ella misma había heredado,  pero su rostro seguía demostrando rectitud, quizás mas que antes.
-¿Como están todos acá? –preguntó mientras su madre le servía.
-Bien, todos igual. Salvo mi tía Frances, bueno, ella siempre estuvo enferma. ¿Y vos?
-Ya sabés, bien, el trabajo no puede ir mejor, me lleva casi todo el día, pero gano bien y me gusta, además....
-Hija –la mujer la interrumpió, sentándose frente a ella con la taza en la mano –Hablá de una vez.
Sintió como dentro suyo se hacía un nudo, y a la vez un vacío, acentuado por la penetrante mirada que su madre le había clavado.
-Mamá....Verás....Yo...yo....no vivo mas con Anne, vivo....
-Con otra persona., tenés pareja –su madre insistía en interrumpirla, pero seguía manteniéndole la mirada, y un tono casi escéptico, como si ya estuviera enterada de todo.
-Algo así....
-¿Quién es él?
-Bueno, no es “él”, sino....
-¿Estás con una mujer? –se inclinó hacia adelante, su rostro lucía escandalizado.
-No, no –casi rió por la pregunta -¿Conocés a The Beatles?
-Como para no conocerlos, si están por todos lados...
-Bueno yo....vivo con ellos.
La mujer levantó una ceja, y se echó hacia atrás.
-¿Sos empleada de ellos? ¿No era que trabajabas en una revista?
-Si, trabajo en la revista. Pero no soy empleada de ellos. Soy...soy la novia.
Se la quedó mirando, algo que casi hizo que Eva se desesperara, porque no le decía nada.
-¿De cuál de los cuatro? –preguntó al fin.
-De...los cuatro. Lo sé, te sonará raro y loco, pero los amo mamá, y ellos me aman a mí, no puedo estar sin ellos y sé que puede ser algo común que varios hombres gusten de la misma chica, pero no que la misma chica de todos ellos, pero es así, yo los quiero y....
-Te vas de mi casa –la voz glacial de su madre le cortó todo el argumento que estaba diciendo casi sin respirar.
-¿Eh? –fue lo único que atinó a decir.
-Que te vayas. No quiero seguir escuchándote mas –la mujer se puso de pie.
-Pero mamá....
-¡No me llames así! ¡Yo no parí ni crié a una....puta!
-¡No me trates así! –Eva también se puso de pie, y se acercó a su madre, desafiante -¡No lo entendés! ¡Los quiero, y no es pecado amar así!
La mujer levantó una mano y Eva apretó los párpados, sabía que le pegaría. Sin embargo, la bofetada se quedó en intención, porque su madre se quedó como petrificada.
-¡Te vas de mi casa, carajo!
Apretó la mandíbula, sin quitarle la mirada de encima. Jamás había mirado a su madre así, porque jamás habia sentido tanto odio. Sin embargo, que la echara no le resultó extraño, presentía que eso sucedería. Dio media vuelta, tomó su maleta, y se fue de la casa dando un portazo. 

George la consolaba, abrazándola, mientras miraba preocupado a los otros.
-Joder, -dijo John –lo único que hemos hecho es arruinarte la vida.
-No digas eso –se separó de George, secándose las lágrimas con las manos –Yo a ustedes los quiero, y al que no le gusta que se vaya a la mierda.
-A veces las cosas no son así...
-¿Qué estás diciendo? –preguntó Paul, mirando a John.
-Que desde que aparecimos no hicimos otra cosa que darte vuelta la vida.
-Chicos no se culpen. Ustedes son lo mejor que me pasó. Y lo de mi madre.....me lo esperaba, sí. Quizás en un tiempo se le pase. Sigamos con nuestra vida.
-¿Y si le cuenta a alguien sobre lo nuestro? –se notaba que Ringo estaba inquieto.
-No, no será capaz, después de todo es mi madre y no creo que quiera arruinarme.


Pasaron tres días. Salió de una pequeña habitación que estaba bajo la escalera. No la usaban para nada, salvo para amontonar algunas porquerías y juntar polvo. Estornudó por quinta vez y se sonó la nariz.
-Tendré que limpiarle bien si no quiero morir de alergia –dijo en voz alta.
Miró el interior nuevamente, antes de cerrar la puerta., era perfecta sólo tenía una pequeña ventana junto al techo. Era lo que necesitaba, y si les pedía permiso, se la darían sin problemas.
Escuchó los autos de los chicos, y enseguida el torbellino que significaba que ellos entraran  a la casa.,
-¡Hola! –gritaron los cuatro al verla, y luego cada uno le dio un beso. Le encantaba esa parte del día.
-¿A que no saben qué? Salí mas temprano del trabajo y les preparé la cena: ¡Pasta!
-¡¡¡¡SIII!!! –gritaron como si fueran niños pequeños.
-Necesitan hidratos de carbono.
-Y si, hay que tener energía para...para.....bueno, ya sabés –John le guiñó un ojo, y George le dió un codazo -Ey, ¿qué te pasa, enanín?
-¿Por qué estás tan sucia? –George hizo caso omiso de John
-Estaba mirando un poco esa habitación, y bueno, me ensucié.
-Eso no es una habitación, es un cuartucho –dijo Paul
-Bueno señorito –rió –como usted diga.
-¿Y para qué mirabas ese cuartucho? –Ringo quizo saber.
-Emm....sobre eso quería hablarles....Necesito pedirles permiso para usarlo –notó como sus caras cambiaban, estaban extrañados –A ver, será mejor que me explique: quiero revelar allí mis fotografías.
-¿No hacés eso en tu trabajo?
-Si Ringo, pero en el trabajo revelo fotos del trabajo –remarcó bien las últimas palabras –Pero si voy a tomar fotos para la exposición esa, que calculo que serán muchas, no puedo usar cosas del trabajo. Uno, no sería honesto. Dos, si me descubren pueden despedirme.
-Entonces perfecto. Usala ¿no? –John miró a los otros
-Obvio que si, eso ni se pregunta –dijo Paul
-¡Gracias! –los abrazó –Bueno, vamos a comer.
-Esperá –dijo Ringo –Ese cuarto está muy abandonado, hay que ponerlo en condiciones....
-¡Yo puedo sola! Ahora vamos a comer, que tengo mas hambre que George jaja.


Luego de un rato de comer, charlar y bromear, pareció que los chicos recordaran algo de repente.
-Mm! Mm! –Paul intentaba hablar pero tenía la boca llena de comida, por lo tanto hacía señas locas. Los otros parecieron entender.
-Señoras y señores....-anunció John, y luego imitó el sonido de una corneta, mientras Ringo hacía un redoble con los cubiertos en la mesa –...con ustedes....¡el certificado médico!
George sacó del bolsillo de su saco un papel, que blandió en el aire. Luego se lo entregó a Eva.
-“Certifico que la señorita Eva V. Sheels debe hacer reposo por DOS MESES. Diagnóstico: pul....¿pulmonía?
-Fue lo primero que se nos ocurrió –se excusó Paul.
-¿De dónde sacaron esto?
-Je, somos una pequeña mafia, querida. Paso a explicarte –John encendió un cigarrillo y la rodeó con un brazo –Al estudio fue el doctor que nos hace los controles mensuales. George le robó el anotador donde escribe los diagnósticos y recetas, yo escribí eso....
-Porque es el que peor letra tiene –interrumpió Paul –y ya sabemos que los médicos tienen una letra horrible
-Si –continuó John –Después Ringo le robó el sello –Ringo hizo una cara de satisfacción –Le inventamos una firma cualquiera y ¡voilá! ¡Un certificado! Sólo falta ponerla la fecha. ¿No es genial?
-Ya lo creo....-dijo entre risas –ok, si nos vamos a ir en una semana, será mejor que comienze a hacerme la enferma a partir de ahora. Así a nadie le parece sospechoso que de un día para el otro tenga pulmonía.
-Muy bien, se nota que vivís con nosotros.


Luego de una semana de tos y dolores fingidos, Eva terminaba de preparar su maleta. Tenía algo de nervios, y también miedo, temía que alguien descubriera “El Gran Secreto”, como los chicos lo llamaban. También le temía a Brian, sabía que ella no le caía bien ni en lo mas mínimo. Pero también estaba ansiosa porque sabía que sería una gran experiencia. Algo le decía que no sería un simple viajecito.



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Hola! Como están? Bueno, notarán que ahora el blog tiene música. Copia de otros blogs? Sí, un plagio total jajaja. La explicación es la siguiente: quería ponerle music al blog, y ya que la mayoría de los capitulos tienen títulos que pertenecen  a letras de canciones, las puse acá. También hay canciones que no son títulos de capitulos, pero que por ahi fueron importantes. Casi todas son bandas o cantantes argentinos, asi que pueden conocerlos, a medida que avanzan los capitulos, iré agregando canciones. Díganme si les gusta o no, si las molesta  lo saco jajajjaa
saludos!

jueves, 20 de septiembre de 2012

Capitulo 43 Porque en esta vida no quiero pasar un día entero sin ti


El despertador sonó, ruidoso, y Eva recordó que era lunes. Refunfuñando, le dio un manotazo para que dejara de hacer escándalo. Se dio vuelta, aún tapada hasta la cabeza, y sintió algo. Se incorporó, asustada.
-¿PAUL?
-¡Buen día!
-¿Qué hacés acá? ¿Querés matarme del susto?
-Tenía miedo de la tormenta de anoche y vine acá....-respondió, haciendo su mejor carita de niño.
-Assh....me hubieras despertado.
-Es que mi idea era que pasara esto que pasó. Te sorprendí ¿no?
-Ya te dije que casi me matás. Ay....¿por qué es lunes? ¡No tengo ganas de levantarme!
-Mmm....y yo tampoco –dije acercándose y besándola con pasión.
-No, no –lo separó –No puedo, llegaré tardísimo.
-Ummm....
-Vamos Paulie, no te pongas así. Quizás esta noche...-lo miró, traviesa.
-¡Fantástico!
Rió y se levantó de mala gana para abrir el armario y buscar ropa. Paul, por su parte, la miraba, hasta que se quedó dormido. Le dio un beso y salió. La casa estaba en total silencio, los otros seguramente dormirían tan plácidamente como Paul.


-¡Eva llegás tarde!
-¡Lo sé Jenny, el bus se atrasó!
-¡Ya te están esperando!
Corrió hacia el ascensor y subió al segundo piso. Cuando llegó, los dos periodistas y el chofer la estaban esperando.
-¡Al fin! –dijo uno de ellos.
-Discúlpenme, salí a horario, pero no sé qué le pasó al bus.
-Bien, salgamos ya. Tenemos mucho para hacer.

Bajaron de la camioneta, y luego el chofer la estacionó. Estaban en las afueras de la ciudad, en un galpón abandonado. El director de la revista había pedido mas fotografías en locaciones y no todas dentro de un estudio.
Eva, como siempre, ni sabía a quiénes tendría que fotografiar, pero suponía que sería a alguna banda nueva, como venía haciendo desde hacía unos quince días.
Estaba preparando la cámara, apoyada en una despintada pared cuando lo escuchó.
-Vaya, vaya, no sabía que la asistente de The Beatles también era fotógrafa.
Se giró asustada y ahí lo vio: Dave Davis, otra vez.
-Ho....hola Dave.
-¿Cómo estás, linda?
-Bien...bien.....Veo que me descubriste, sí, tengo dos trabajos.
-¿Tan poco te pagan los fabulosos? –rió.
-No es eso, es que hay días que no tienen mucho para hacer...-respondió nerviosa, temía que sus compañeros de trabajo escuchan algo sobre su supuesto “trabajo” con The Beatles.
-Eva, tenemos que comenzar –dijo uno de los periodistas.
Dave se sentó junto al resto de la banda para contestar las preguntas que les hacían, mientras ella los fotografiaba, y observaba todo, buscando el mejor lugar donde podría tomarles mas fotos. Mientras tanto, notaba como Dave no le quitaba los ojos de encima, y eso la incomodaba.
-Bien, eso es todo –uno de los periodistas apagó el grabador.
-Acompáñenme –Eva caminó hacia el fondo del galpón, seguida por ellos.
Allí los acomodó, y luego de tomarles unas diez fotos, les hizo señas de que había terminado.
-Ya está chicos, será una excelente portada.
-Espero que hayamos salido lindos –bromeó Avory.
-¡Por supuesto! –Eva se extrañó, al parecer el único que la había reconocido era Dave, los demás no. Aunque quizás fuera porque la noche de la fiesta ellos estaban demasiado borrachos.
-Eva...-se giró y vio a Dave, muy cerca suyo. Notó que los demás, junto con los periodistas, estaban afuera, fumando y conversando. Sólo habían quedado ellos dos dentro del galpón.
-¿Qué pasa? –preguntó algo nerviosa, mientras desarmaba el trípode de su cámara.
-Mirá, me da igual que seas la asistente de The Beatles......o lo que seas de ellos –lo miró, casi asustada, pero él continuó –Quiero invitarte a salir esta noche ¿Podés?
Le desvió la mirada, simulando que nada pasaba, mientras guardaba la cámara en su estuche. Entrecerró los ojos, como para pensar rápido y mejor. Dave era lindo, sí, y ante ella tenía la posibilidad de convertirse en una perfecta groupie. Pero no quería eso para ella. Si bien mantenía una relación mas que extraña, eso no le daba el pase libre para hacer cualquier cosa, por ejemplo, salir o algo mas, con Dave. No podía hacerles eso a los chicos, porque a ellos los quería.
-Lo lamento Dave, pero no puedo.
-¿Y el sábado?
-No puedo ni hoy, ni el sábado, ni ningún otro día. Tengo novio.
-Ah...no sabía. Supongo que tendría que haber empezado por preguntarte eso...Aunque a la fiesta del sábado fuiste, y que yo sepa, no había ningún novio tuyo...¿o me equivoco?
Lo miró, otra vez asustada. Le parecía que Dave sospechaba o quizás habia visto algo. Si era eso, estaba perdida. Así que decidió parecer lo mas segura y natural posible, como para que a él se le fueran todas las dudas.
-Mirá Dave, si estás insinuando que tengo algo con algún beatle, debo decirte que estás equivocado. Son mis amigos desde hace mucho tiempo. Mi novio es un chico que nada tiene que ver con este ambiente, y el sábado no pudo acompañarme porque estaba enfermo. Eso es todo. ¿Alguna pregunta?
-No, no. Ehh....perdoname por andar metiéndome en asuntos que no me importan.
-No es nada. Si me disculpas, tengo que irme.
-Claro, adiós ¡y saludos!
Salió de allí completamente segura de que lo había convencido, pero también asombrada por su capacidad de mentir.


Cuando entró a la casa, sintió un penetrante olor a marihuana. Pensó que estarían los cuatro, pero sólo encontró a uno.
-¡Ringo pará de fumar!
-Hola ¿no? –le contestó el chico, recostado en un sofá.
-Hola, hola.
-Te ves nerviosa, tomá –le convidó, y dudando unos segundos, lo tomó.
-Fue un día fatal. ¿Y vos? ¿Por qué estás solo?
-Ya grabé mi parte, así que vine a dormir, me siento cansado.
-Yo no te veo durmiendo –rió.
-Cuando llegué me acordé que hay cosas mejores que dormir.
-¿Y cuándo llegarán los chicos?
-En una hora ya estarán acá. No te preocupes por la cena, ya la encargué.
-¡Perfecto! Auch, me sacaré estos zapatos, me están matado –se los quitó y los arrojó, desparramados.
-Vení –Ringo la tomó de la mano y la hizo sentar en su regazo -¿Sabés qué? Tenemos una linda noticia
-¿Si? ¿Cuál?
-No te puedo decir
-¡No me dejes intrigada! –protestó, dándole golpecitos en el pecho.
-Si hablo me matan. Pero es algo lindo, te gustará.
Ambos bostezaron casi al mismo tiempo. Eva se recostó sobre él, que la abrazó, y se quedaron dormidos.


-¡Ey dormilones! ¡Despierten! –Paul los sacudía.
-¡Ringo te fumaste todo! ¡Incluso mis reservas! –se quejó John
-Después te compro....
-¿Qué pasa? –Eva se restregándose los ojos, soltándose de Ringo.
-Llegó la cena., y es mejor que nos apuremos antes de que las pirañas arrasen con todo –Paul la ayudó a ponerse de pie, y Ringo se levantó como pudo.
Cuando llegaron a la cocina, John y George ya estaba comiendo.
-Suelten esos tenedores –dijo Ringo con voz pastosa –Teníamos que hablar, ¿no?
-¡Ah, cierto! –Exclamó George, masticando.
Eva se sentó a la mesa y ellos le sirvieron. Los miró, expectante.
-Tenemos una noticia –anunció John
-Sí una noticia linda
-Ya abrió la boca el enano....
-No peleen y díganme de una vez qué pasa
-Nos vamos de gira
-¿Eh? –dijo luego de unos segundos –Eso no es una linda noticia....por lo menos para mí. Los voy a extrañar.
-¿Y por qué nos vas a extrañar si nos vamos a seguir viendo? –dijo Paul, sonriendo –Te venís con nosotros.
Los miró, se encontró con cuatro caras llenas de emoción.
-Chicos...¿cómo me van a llevar a mí?
-Asistente. En la fiesta funcionó.
Hubiera querido decirle a George que con Dave Davis el truco muy bien no había funcionado, pero no quiso alarmarlos.
-No sé...
-Vamos Eva, por favor, es genial. Nadie sospechará nada –dijo Ringo
-¿Y Brian?
-Ya le dijimos. No le gustó nada la idea, pero simulará que eres empleada suya. Y dijo que nada de acercamientos en público y esas cosas, pero es obvio, nadie cometerá ese error.
-Bueno....si es así....Aunque no sé que diré en el trabajo.
-Mmmm....¡Licencia por enfermedad! Podemos conseguir un certificado médico falso.
-Paul, parecés de la mafia –rió
-Es “la cosa nostra” –dijo John, también riendo.
-Será fácil, sólo será un certificado por dos meses y....
-¿¿¿Dos meses???
-Si....
-Es mucho tiempo, pensé que serían dos semanas o algo así.
-¡Por favor Victoria! –John seguía rogando.
-Bueno....está bien.
-¡Si! –exclamaron todos.
-Además creo que estaría bien conocer otros ligares, y también podría tomar fotos para la exposición esa.....y lo mejor de todo ¡no tendría que separarme de ustedes!



El teléfono sonaba y sonaba, pero no podía atender. Estaba revelando fotos, no podía dejar todo porque se arruinarían. Sin embargo, el odioso ruido continuaba. Con cuidado, acomodó las cosas como para que no ocurriera ningún accidente, y atendió.
-Hola...-saludó de mala gana.
-¡Hola Eva!
-¿Ma....Mamá?
-¡Si, soy yo! ¿Cómo estás?
-Bi...bien mamá, estaba trabajando.....¿Pasó algo? Es raro que me llames.....
-Es que tengo una noticia –por su tono de voz no parecía que estuviera sucediendo algo malo.
-¿Qué pasa?
-¡Iré a visitarte!

sábado, 1 de septiembre de 2012

Capitulo 42 La noche tira un salto mortal


-¡El sábado tenemos una fiesta! –informó George entrando a la habitación –Uy,....perdón por no golpear.
-No importa –respondió Eva sonriéndole –No estaba haciendo nada importante –miró su guitarra, la tenía entre las manos.
-Está desafinada –George la señaló.
-No, no lo está.
-Que sí...-insistió él, y se la sacó de las manos, para comenzar a afinarla.
Haciendo honor a la fama que tenía de afinador extra rápido, en menos de 4 minutos la guitarra estaba lista. Eva volvió a tocarla, aunque no notó ninguna diferencia.
-Para mí está igual.
-Eso es porque te falta oído, no sos genia como yo.
Eva rió, hasta que la cara de John se asomó por la puerta.
-¿Son cosas mías o alguien dijo fiesta?
-Ja, estás obsesionado. Si, yo dije que el sábado hay fiesta. Y grande. Por darte nombres, estarán los Rolling, Bob, The Who, y The Kinks.
-Uy, no me lo pierdo por nada. Eva, vos venís si o si.
-Pero.....¿qué me pongo?
-La eterna pregunta de las mujeres –rió George.
-Si fuera por mí, nada –dijo John con picardía.
-Vamos, hablo en serio.
-Nada importante, será informal.
-Genial. Pero....¿cómo me llevarán a mi?
-En auto.
-John...vamos. Me refiero en calidad de qué.
-No había pensado en eso –George se puso serio –Mmm....como asistente. Si, asistente de la banda. Nadie sospechará nada.
-Pero, si dicen que es informal, ¿para qué estará una asistente?
-Excelente pregunta. Qué inteligente, por algo sos mi novia.
-John....
-Georgie, tranquilo.
-¡Es que también es mi novia!
-Ey, ey, ey, ey, no empiecen –Eva los separó –Vamos, hay que buscar una explicación.
-Bueno....-dijo John –Iremos con nuestra asistente aunque sea algo informal, porque la asistente es nuestra amiga y la invitamos.
Eva y George se miraron y asintieron.
-Será perfecto –dijo George.
-Coincido. Bueno chicos, será mejor que me vaya a dormir, mañana tendré un día que, de sólo pensarlo, me agoto.


Efectivamente, el día siguiente fue demasiado cansador, y recién a última hora pudo sentarse, tranquila, a fumar. Pero el teléfono la sobresaltó. Era Jenny.
-Eva, aquí hay un hombre y una mujer que te quieren ver.
-¿A mi?
-Si....el hombre es de apellido Scott y la mujer es Murray.
-Mmm....no los conozco. Deciles que suban.
Cinco minutos después, un hombre mayor, de cabellos ya blancos, y una mujer joven, rubia, estaban sentados frente a Eva.
-Es un gusto conocerla, señorita Sheels –dijo la mujer –Se preguntará quiénes somos.
-Bueno....no se equivocan –respondió amable.
-Tenemos un instituto de fotografía –dijo el hombre –se dan clases, se hacen exposiciones, se promocionan a nuevos talentos en Europa y América.....
-Ah que bien –en sus adentros pensaba que querían publicidad para su instituto, y ya estaba esperando que terminaran de hablar para mandarlos al departamento d publicidad.
-Estamos interesados en su trabajo –continuó el hombre.
-¿Mi trabajo?
-Así es. Creemos que lo que hace es muy bueno –afirmó la mujer.
-Pero....sólo tomo fotografías a bandas o cantantes, o en eventos de rock....No veo qué pueda aportar a un instituto de fotografía.
-¿Nunca ha hecho fotografías artísticas? –peguntó la mujer.
-Bueno....si, cuando estudié, y a veces salgo a la calle y lo hago, pero jamás las publiqué. Tampoco creo que sean “artísticas”.
-¿No tiene nada para mostrarnos?
-Mmm.....-Eva mió a su alrededor, hasta que dio con un pequeño cuadrito, que estaba detrás de ella –Esta fotografía la tomé yo. Es de mis preferidas.
Murray y Scott tomaron el cuadrito y lo miraron con detenimiento. Era una fotografía en blanco y negro de una calle prácticamente inundada por la lluvia, donde varios automóviles esperaban que una niña con paragüas terminara de cruzar. Ambos se miraron.
-No necesitamos mas –dijo la mujer con una sonrisa -¿Le interesaría tomar algunas para luego exponerlas con nosotros?
-Ehh..ehh-....no sé si pueda, yo....
-Nos gusta lo que hace –la interrumpió Scott –Usted tome las fotografías que quiera, luego las seleccionaremos para la exposición.
-¿Y sobre qué tiene que ser? –preguntó, aún llena de dudas.
-Sobre lo que quiera. Aquí les dejo nuestra dirección y los números de teléfono –dejó una tarjeta sobre el escritorio.
-Señorita Shells, sería un gusto tenerla con nosotros –Murray se puso de pie, y ayudó a Scott a hacerlo. Se despidieron y se fueron.
Eva quedó pensativa. La propuesta era buena, a veces se le había cruzado por la cabeza exponer, pero la forma tan extraña en la que habia llegado la oportunidad, la hacía dudar. Jamás había considerado a sus fotos como artísticas. Para ella eran simplemente “buenas” o “malas”.


-Voto por el “Si” –dijo Ringo levantando la mano
-Yo también –George hizo lo mismo, y John y Paul lo siguieron.
-Chicos.....no sé. Aparte, ¿a qué le voy a sacar fotos?
-A nosotros. Yo soy lindo –Paul hizo su mejor sonrisa –Mentira, tomale fotos  a lo que encuentres.
-Mmm......sí. –se quedó pensativa –Después de todo, creo que cada cosa tiene un lado artístico que merecen que se muestre. Si.....tal vez acepte.
-Tal vez, no. Vas a aceptar –dijo John, serio.
-Ya mismo llamás –Ringo le acercó el telefono
-Pero....
-Llamá.
-¿Y si...?
-Llamá.
Suspiró, y sacó de un bolsillo la tarjeta. Discó el número.
-Soy Eva Sheels –respondió cuando preguntaron quién era del otro lado de la línea.
-Eva Victoria –corrigió John, pero Eva le hizo señas de que se callara.
-Ah, hola señora Murray –saludó –Llamo para decirle que acepto la propuesta.


Ya era sábado, de mediodía, y Eva se prendía los botones de una blusa floreada, mientras escuchaba el barullo que provenía de la cocina.
-¿Se puede? –Paul se asomó.
-Claro.
-Ey, qué arreglada. Te invito a salir esta tarde.
-Lo siento Paulie, hoy debo salir con otro hombre.
La miró, y levantó una ceja. Eva largó una carcajada.
-¿De qué te reís?
-De tu cara. ¡No seas celoso! –rió –Si te digo Dante, ¿te suena?
-¿El chiquito que vivía con vos? ¿Vas a salir con él?
-Así es. Iré a visitar a Anne y de paso lo llevaré a alguna plaza, para que juegue.
-Que idiota, pensé que ibas a salir con un tipo.

Luego del almuerzo, fue caminando hasta la casa de Anne. Allí se encontró a Jenny y Patrick.
-¡Eva! –gritó Dante corriendo hacia ella
-¿Cómo está el nene mas hemroso de todos? –dijo levantándolo en brazos.
-¡Bien! Ya falta poco para que termine el jardín, ¡voy a empezar la escuela!
-¡Eso sí que es genial! ¿Que te parece si lo festejamos....yendo a pasear?
-¡¡¡SI!!!
Anne le cambió la ropa a Dante, mientras Eva charlaba con la pareja, que parecían estar cada vez mas enamorados. Por suerte, todo estaba saliendo bien para ellos.
Cuando Dante estuvo listo, Eva se lo llevó.
-Te llevaré a una plaza.
-Está bien, pero no quiero ir a la que está acá cerca. Esa ya me tiene aburrido.
-Iremos a otra, está lejos, así que tendremos que tomar un bus.
-¡Si, yo quiero viajar en bus!
Enseguida tomaron uno y en cuestión de minutos, estaban en una enorme plaza, casi como un parque, donde Dante corrió, subió a todos los juegos y se llenó de arena. Todo seguido por Eva, que pensaba que llegaria muy cansada a la fiesta de esa noche.
El sol se fue escondiendo, y Dante ya estaba cansadísimo. Tomaron otro bus para regresar, no sin antes comprarse unos copos de azúcar y algunas golosinas. En el trayecto, el nene se quedó dormido, así que tuvo que llevarlo en brazos hasta su casa.
-Estás muy cansada –dijo Anne acostando a su hijo en un sillón.
-Si, pero no sabés lo que me divertí. Me hizo correr por todos lados.
Anne sonrió, pero su expresión enseguida cambió.
-Eva....hace un rato...llamó tu madre.
-¿Mi madre? Qué raro, sólo nos escribimos. ¿No sabés si pasó algo?
-No, igual se la notaba bien. Pensaba que aún vivías acá. Le dije que llamara después, porque no supe si darle el número nuevo o no.
-No, no, no se lo des, no quiero que sospeche nada. Dale sólo el de mi trabajo, y decile que....que....no sé, decile que donde vivo ahora no hay teléfono.
-Ok....
-La verdad, me extraña que llame.


Como la fiesta sería informal, no llegarían en limusina ni con custodia, sólo en sus autos particulares. Sin embargo, al llegar al lugar, se dieron cuenta que estaba lleno de fotógrafos.
-Ohh no...
-Tranquila Evy –dijo Ringo –Recordá que sólo sos “nuestra asistente”. No pasará nada.
Lo miró, tenía mucho temor y nervios. Ringo estacionó el coche y la ayudó a bajar.
-Estás muy linda.
-Gracias...
Los demás ya habían bajado se sus autos y juntos, esquivando los flashes, entraron a un gran salón, llenísimo de gente. John la tomó de la mano y comenzó a presentarle a todos. Si bien a muchos ya conocía gracias a su trabajo, ahora hasta podia verlos distintos, mas distendidos y relajados.
-¿Para qué trajiste a tu asistente? –ambos se dieron vuelta y vieron a Mick Jagger sonriéndoles con una copa en su mano.
-Ey Mick -saludó John –La traje porque aparte de asistente, es amiga.
-Ahh que bien ¿Y cómo te llamás linda?
-Se llama Eva Victoria. Después nos vemos Mick, tengo que seguir saludando gente –John casi la arrastró, y se la llevó.
-¿John, ¿qué hacés?
-No me gusta que te salgan con “Hola linda” “¿Como te llamás linda?”.
-¡Pero si sólo me preguntó cómo me llamo! Tus actitudes pueden hacerlos sospechar.
-Los conozco demasiado bien. Y sabés que soy un enfermo de los celos.
Resopló, y se dejó guiar por él hasta una de las barras. Ringo se apareció con Keith Moon y comenzaron a charlar entre todos, hasta que Paul la sacó a bailar.
-¿Lo hago bien? –preguntó.
-No Paul, sos pésimo. Un tronco. –respondió riendo.
-Pero por lo menos soy lindo.
-Qué ego tenés, dejá de decirte lindo.
-Tenés razón, acá la única linda sos vos –se acercó a ella para besarla, pero lo separó con la mano.
-Ey Paul, recordá donde estamos.
-Uff, perdón, fue un impulso. Mejor no sigamos solos, porque meteré la pata. Te voy a presentar  a The Kinks.
Asintió y lo siguió hasta una mesa donde estaba uno de sus grupos favoritos. Se podría decir que estaba hasta emocionada por conocerlos.
-Bueno, éstos son los que te gustan –dijo Paul, riendo junto con la banda.
-Un gusto chicos –saludó.
-Sentate –Dave Davies le señaló una silla junto a él.
-Ella es nuestra asistente –aclaró Paul, para luego comenzar a charlar con Mick Avory.
-¿Cómo te llamás? –preguntó Dave.
-Eva.
-Vaya, lindo nombre. Es corto, pero lindo. Tienen suerte los Beatles de tener una asistente tan bonita.
-Bueno...gracias...
-¿Así que te gustamos?
-Si, me encantan, tengo todos sus discos.
-¿Y no te gustaría cambiar de banda? Estamos necesitando asistente
-Jaja, no gracias, con los chicos estoy bien.
-Mmm.....bueno, pero siempre se puede pensar en un cambio, ¿no? –sintió como Dave apoyaba su brazo en el respaldo de su silla, como si la quisiera abrazar. Miró a Paul, estaba muy entretenido charlando y tomando con los demás.
Miró hacia donde estaba John, y se sorprendió: junto a él estaba Bob Dylan, otro de sus mas admirados.
-Perdón, tengo que irme –prácticamente se zafó del brazo de Dave y caminó hacia John.
-Bob, ella es Eva –John la presentó cuando la vio acercarse.
-Hola Eva, ¿cómo estás?
-Bien Bob.
Reanudaron la conversación, pero como Eva no sabía de qué iba, no pudo unirse. Sólo  los escuchó, y con eso le alcanzaba, ya que ambos tenían una filosofía de vida que la impactaba. En un momento miró atrás y se petrificó: George y una pelirroja, charlando demasiado juntos. Sintió como los celos se apoderaban de ella, tuvo el impulso de ir y darle un empujón a esa mujer para sacarla de allí. Pero se contuvo al recordar dónde estaba. No podía interferir. Se alejó de John y Dylan, y pidió un trago en la barra. Se sentía ya un poco mareada, pero no le importó. Se sentó a tomar, y a mirar desde allí a George. Si no podía hacer nada, por lo menos lo vigilaría.
Hasta ella llegó un olor que reconoció enseguida. Marihuana. Había llegado la hora en la que todos dejaban los cigarrillos comunes por otros, el alcohol solo, para mezclarlo con pastillas, y algunos se retiraban a un lugar apartado para comenzar un viaje lisérgico.
-Sos la asistente de The Beatles, ¿no? –levantó la vista y vio nada menos que a Pete Townshend.
-Si....
-¿Y qué hacés acá sola? Por lo menos tomá esto –le dio un porro ya encendido, y le dejó un par de pastillas en la mano.
-Gracias –sonrió.
-De nada –como vino, se fue; y ella comenzó a fumar con tranquilidad, pero dejó las pastillas sobre la mesa.
-Hola Eva
-Ah, hola Dave.
-¿Qué hacés sola? Ahhh....ya veo –miró hacia donde ella tenía clavada la vista –Parece que Harrison consiguió una chica.
-Así parece –trató de disimular su enojo, pero le costaba.
-¿Querés bailar?
-No, estoy cansada, gracias. Hoy fue un día largo.
-Entiendo....¡Ey! ¿Y esas pastillas?
-Me las dio Pete Townshend.
-Son buenísimas, pero tomá sólo una.
-¿Pero qué son?
-No lo sé, pero son buenas.
-Eva, ¿por qué no venís conmigo? –miró a su izquierda y se encontró a Ringo –Estamos haciendo una especie de “competencia” –Eva lo miró mejor y sonrió. John no era el único enfermo de los celos.
-Está bien –se puso de pie y lo siguió –No estés celoso.
-Es que lo estoy. Y mucho. Podríamos decir que muchísimo. Y no me provoques porque no respondo de mi.
Sonrió y se sentó junto a él, en una mesa donde estaban los Who. La “competencia” era quién tomaba mas rápido un vaso de lo que sea. Se unió, pero los hombres eran demasiado rápidos.
-¿Puedo sumarme a esta noble causa?
-¡George! –exclamó Ringo –Claro que si, vení.
George se sentó al lado de Eva.
-¿Ya te aburriste de la pelirroja? –le dijo al  oído, aprovechando que no los estaban mirando.
-Sólo es una amiga
-Siempre dicen eso....
-¿Pensás que te dejaría? Vamos, no seas así..
-No lo puedo evitar.
-No pasa nada –le apretó la mano por debajo de la mesa.

Dos horas después, la fiesta era un descontrol. Y no sólo la fiesta, Eva también. La “competencia” le estaba pasando factura, ya que no paraba de reír, decir incoherencias, y sentirse mareada. Aún así, se la estaba pasando en grande.
-Evy....-Ringo prácticamente se tiró sobre ella, para besarla.
-¡Ringo! –a pesar de lo borracha, aún estaba conciente que allí sólo era “la asistente”.
-Todos están dormidos, y los que no, están demasiado drogados o borrachos –otra vez, intentó besarla, pero ella lo apartó.
-No, igualmente es un riesgo.
El se puso de pie, y casi la obligó a ella a hacerlo. Como pudo, lo siguió hasta un rincón oscuro, cerca de la entrada del salón. Allí la arrinconó contra la pared, para besarla casi con desesperación.
-Rin....Ringo....acá no –dijo apenas.
Él le sonrió con picardía, y le dio un beso rápido.
-Elegí: en mi auto o en el jardín.
Le sonrió, traviesa, y lo atrajo hacia ella agarrándolo de la corbata.
-En el jardín.

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Hola!!! acá volví, les recomiendo que escuchen el tema que le da título al capitulo:


miércoles, 15 de agosto de 2012

Capitulo 41 Set Fire to the Rain


-Buen díaaa! –canturreó Paul, entrando a la habitación de Eva con una bandeja en las manos. Pero se llevó una gran sorpresa cuando vio que de entre las sábanas, en vez de Eva, apareció George.
-Hola Macca, gracias por el desayuno.
-¿¿¿GEORGE QUE HACÉS ACÁ???
-A la vista está –respondió muerto de risa.
-Cállense, quiero dormir –rezongó Eva tapándose hasta la cabeza.
-Mejor será que me vaya –Paul dio media vuelta, algo ofendido
-¡No, volvé! –gritaron Eva y George
-Lo hacen sólo por la comida....
-¡Paulie no te enojes! ¡Vení!
Se giró y la vio, se le hacía imposible resistirse a una súplica de ella, y mas si la veía así, toda despeinada, y con cara de sueño.
-Está bien....-se acercó nuevamente –Pero este desayuno es sólo para vos, que este enano se lo prepare solo.
-Ufa! –se quejó George, cruzándose de brazos, pero luego le robó una tostada a Eva.
-Te odio maldito Harrison, nos ganaste a todos.
-Eso les pasa por tontos
-¡Pero...!
-Oigan, oigan –interrumpió Eva –Si todas las mañanas va a pasar esto, entonces restringiré la entrada a ésta habitación. O si no, me voy.
-¡No, no, no!
-Bueno, entonces no peleen –dijo seriamente
Paul y George sólo bajaron la mirada, hasta que Paul sacó cualquier tema banal y comenzaron a charlar animadamente.
-¡HOLA! –gritó John, antes de lanzarse sobre la cama como si de una piscina se tratara.
-¡Ey, volcarás todo! –gritaron.
-Ay, no se quejen tanto...
-Veo que llego tarde –Ringo entró restregándose los ojos y bostezando.
-Nadie llegó tarde a nada –dijo Eva sonriendo –Oigan.....es domingo, pero el día está horrible ¿qué hacemos?
Todos la miraron, casi con perversión.
-¡Ey! ¡No sean degenerados!
Los cuatro largaron una carcajada, mas que nada de ver la cara de ella.
-Bueno, entonces ¿qué hacemos?
-Yo tengo que terminar una canción....-Paul se rascó la cabeza.
-Vamos Paul, es domingo, terminala otro día –se quejó George -¡Juguemos Monopoly!
-¿Todo el día? Me aburro.....-dijo Ringo –Mejor miremos películas.
-Tengo algo mejor –John se puso de pie y se ató la bata –Ya vuelvo.
Salió en silencio y con parcimonia, ante la mirada extrañada de todos. Volvió casi enseguida, se notaba que en las manos escondía algo. Se sentó junto a Eva, y abrió las manos.
-¿Qué es? –preguntó ella.
-Oh no....-George miró a John
-¿Estás seguro? –preguntó Ringo
Eva los miró, no entendía nada. Sólo veía en las manos de John cinco pequeños cuadraditos, de algo que podría ser cartón, con dibujos animados.
-Es ácido –dijo John, al verla desorientada.
-¿Qué....?
-LSD.
-John...yo...-dijo al cabo de unos segundos. La verdad era que tenía dudas respecto a ese famoso ácido del que muchos hablaban.
-No te preocupes –dijo Ringo sonriendo –Es genial.
-Si. Es otro mundo –agregó George.
-Yo no creo que sea conveniente....
-Vamos Paul ¿otra vez? –John lo miró –Tardaste muchísimo en probarlo, cuando lo hiciste te gustó. ¿Qué te pasa ahora?
Paul sólo suspiró, mirado a otro lado.
-¿Y?- preguntó John mirándola -¿Te animarías?
-Déjenme pensar.
-De acuerdo. Nos vamos a  desayunar –John guardó las dosis en un bolsillo y se fue, junto con Ringo y Paul.
-yo también me voy –George se destapó y comenzó a buscar su ropa desparramada. Cuando la juntó, se acercó a Eva y le dio un sueve beso –Te quiero bonita –le dijo con una sonrisa y se fue.
Mordió una tostada, pensativa. No sabía si era el momento o no de entrar en “ese otro mundo” que supuestamente se abría al pasar por el LSD. Le asustaba bastante, aunque sabía que se sentiría cuidada porque estaba con los chicos. Sus miedos dieron paso a una sonrisa. Había comenzado el día en la casa que compartiría con ellos, por mucho tiempo. Pese al enojo de Paul con George, que por suerte se disipó enseguida, todo iba bien. Lo que menos quería era que se pusieran rabiosamente celosos, aunque sabía que sería una tarea muy difícil para ellos.
-Vaya Eva... en que lío te metiste....-sonrió, auque antes lo podría haber dicho llena de tristeza o bronca. Eso le dio la pauta de que estaba empezando a disfrutar de la aventura a la que se había subido.




El domingo seguía frío, gris y húmedo, pero dentro de la casa el clima era otro. Como si de un ritual religioso se tratara, los cinco estaban sentados en la alfombra, con las piernas cruzadas, frente al fuego crepitante de la chimenea.
John repartió las dosis y se sentó nuevamente.
-¿Listos? –preguntó
Todos asintieron con la cabeza y se colocaron la dosis en la lengua. Cerraron los ojos y se recostaron.
Eva era consciente de que el “viaje” duraría mas de diez horas, por lo tanto había decidido no pasárselas allí acostada. Quería experimentar, ver, recorrer todo pero desde la nueva perspectiva que ahora tenía.
Primero sintió que volaba. Era demasiado real, podría hasta verse con alas, sobrevolando lugares hermosos y llenos de colores. Abrió los ojos, pero ya la sala no era la misma. Las paredes, antes blancas, ahora estaban recubiertas de algo tornasolado, que se movía con el viento, aunque no lo había. Vio que George se había puesto de pie y miraba por la ventana. Ella también se puso de pie, pero su objetivo era tocar las paredes, que parecían suaves. Caminó sintiendo que flotaba, era una sensación mágica. Tocó las paredes, sí, eran suaves, porque lo tornasolado eran plumas. Ahí le pareció que aún tenía un poco de conciencia porque pensó, asombrada, que el LSD no sólo cambiaba, distorsionaba o generaba imágenes, sino también sensaciones hasta táctiles.
-¿Qué ves? –dijo acercándose a George, que ahora miraba sorprendido por la ventana.
-La calle.....-dijo alucinado –No es gris....
-Lo sé....-Eva quizás estaba teniendo las mismas visiones que él –Tiene colores y manchas....
-¡NO!
Ambos, sobresaltados, miraron a quien gritó. Paul, sentado en un sofá, miraba una pared, muy asustado.
-¡Mierda, está teniendo un mal viaje! –George corrió hacia él, que parecía casi ponerse  a llorar como un niño.
-Hay....hay algo ahí....-señaló con un dedo.
-Paulie, tranquilo –Eva lo tomó por los brazos y lo recostó –No hay nada, yo no veo nada.
Paul le sonrió agradecido, antes de que ella le diera un suave beso. Pareció calmarse, sus malas visiones habían finalizado de sólo verla a ella. Eva se quedó sentada en el suelo, con la espalda apoyada en el sofá en el que estaba Paul. Desde allí vio como John y Ringo se ponían de pie, los veía demasiado normales.....
Luego de un rato, que no pudo determinar cuánto tiempo era, comenzó a caminar por la casa, sorprendiéndose o asustándose de cosas totalmente comunes y cotidianas. Salió al jardín, alucinada con lo que podía sentir al caerle la lluvia, al tocar el césped o las flores empapadas, o simplemente al ver la nubosidad del cielo.




Abrió los ojos. No sabía si se había quedado dormida o si el viaje había terminado. Veía que era de día, aunque el clima siguiera igual. Trató de recordar qué había pasado como para amanecer sentada en el piso, apoyada en la pared, abrazada a Ringo. Notó que el chico estaba despierto, aunque seguía con la cabeza apoyada en su hombro.
-Ey, Ringo....
Él la miró, sonriendo.
-Qué hermosa estás....
Compendió que el viaje de Ringo aún no había terminado, pero se preguntaba si el suyo sí. Le parecía estar normal, aunque con la experiencia del dia anterior, dudaba acerca de qué era real o qué no. Se levantó, como pudo, y casi obligó a Ringo a hacerlo también, para luego recostarlo en su cama.
Miró el reloj: era increíblemente tarde. Mas de una hora de retraso en el trabajo.
Corrió a su habitación, se vistió con lo primero que encontró y bajó las escaleras. Vio a Paul dormido en el mismo sofá, se acercó y le dio un beso, pero él ni se movió. En la cocina, John y George desayunaban.
-¿Te gustó? –peguntó John sin siquiera saludarla, pero con una gran sonrisa.
-Fue....demasiado fantástico y genial.
-Mmm....creo que todavía te dura –rió George –Lo digo por tu cara.
-Es que no lo sé....No sé si ésto es real o qué.
-Mejor no salgas así a la calle –dijo John, preocupado.
-Tranquilo, estoy bien. Me voy porque es tardísimo.



Cuando salió a la calle, se dio cuenta que George tenía razón. Estaba viendo las cosas demasiado distintas, y eso le dio risa: aparte de llegar muy tarde, llegaría drogada. A veces, sentirse rebelde le gustaba mucho.
Luego de dos horas se dio cuenta que había vuelto a la normalidad, aunque estaba un poco mareada.


-¿Y qué se siente? –preguntó Jenny casi con la boca llena, mientras almorzaban.
-Todavía está todo bien, espero que siempre sea así.
-Seguro que sí. Aunque no entiendo....¿no se ponen celosos?
-Y...sí. Pero hacen el esfuerzo por controlarse, y valoro mucho eso.
-Eva.....-Jenny la miró pícara- Y.....¿en la cama?
-¡Jenny! –Eva le tiró con una servilleta, mientras Jenny se mataba de risa.
-¡Es que tengo curiosidad!
-¿Acaso yo te pregunto por Patrick?
-No.....Pero es distinto, yo sólo estoy con uno, no puedo establecer comparaciones, como vos que estás con cuatro....
-¡Jennifer! ¡Te puede escuchar alguien!
Jenny seguía riéndose de su amiga, y Eva no pudo evitar reírse también.
-Jenny....¿podrías acompañarme a un lugar?
-Tenemos que entrar a trabajar, y yo tengo que terminar mi helado.
-Ahora no. Cuando salgamos del trabajo.
-¿Y adónde?
-Quiero visitar a Bill.
-¡Volverás a cantar! –gritó casi arrojando helado por todas partes.
-No, no, sólo es una visita que le estoy debiendo.



Luego de revelar unas fotos, y de ir a tomar otras junto con los entrevistadores, el día de trabajo terminó. Estaba muy ansiosa por volver a casa, SU casa, pero quería realizar la visita.
Bajó hasta donde estaba Jenny, también finalizando su día, y abrió su bolso para buscar dinero para tomar el bus. Allí se encontró con algo extraño, hasta que vio bien: era un porro. Quien sabe cuál de los cuatro se lo habría dejado allí. Sonrió, pero a la vez sintió un cierto miedo, no sabía cuáles serían las consecuencias si seguía en ese camino. Para tranquilizarse, se dijo a sí misma que una joven como ella no debía pensar en consecuencias, mas en la época en la que estaba viviendo, donde al fin todo parecía estar permitido.
Mientras esperaba a Jenny, el Director pasó a su lado. Tembló de pensar qué le diría por su llegada tarde, pero el hombre no se dio cuenta que ella estaba ahí. Al parecer, tenía bastantes problemas como para preocuparse por una fotógrafa que llegaba tarde.
Cuando Jenny terminó con todo, salieron juntas a la calle.
-Creo que te esperan –dijo Jenny con una sonrisita.
Eva miró hacia el lugar donde Jenny miraba. De inmediato reconoció el auto de Paul.
-Vine a buscarte –dijo él abriendo la ventanilla ni bien Eva se acercó.
-Pero.....debo ir a otro lado.
-No importa, te llevo.
Eva miró a Jenny, y le indicó que subiera. La chica parecía sorprendida, y alucinada, y Eva lo sabía, Paul era el amor platónico de Jenny, y viajar en auto con él, podía producirle un ataque, por mas novio que tuviera. Sin embargo, Jenny se controló, porque entendió que era la “venganza” de su amiga por molestarla preguntando intimidades. Subió con tranquilidad, sentándose en el asiento trasero.
-¿Y adónde las llevo, hermosas damas? –preguntó Paul.
-Al bar donde trabajaba.
-¿Ahí?
-Quiero saludar a Bill.
-De acuerdo –Paul encendió el auto, poco convencido.



Cuando llegaron, Eva se sorprendió: Patrick tenía razón, el bar había cambiado mucho. Era mas grande, mejor pintado y con buenas luces. Además, estaba abierto todas las noches de la semana.
Cuando entró, aún no había nadie, pero vio a Bill acomodando botellas detrás de la barra.
-¿Pero qué ven mis ojos? –dijo al darse vuelta y verla -¿Sos Eva?
-¡Si, si, lo soy! –respondió ella riendo y corriendo hacia él
-¿Volvés a cantar?
-No, no, sólo vine a visitarte, hace mucho que no sé nada de vos.
-Lo mismo puedo decir sobre vos. ¿Que tal tu vida?
-Mejor....imposible. Estoy muy bien. ¡Bill te quiero felicitar! ¡Me encanta el cambio del bar!
-Gracias Eva, costó mucho esfuerzo, pero valió la pena. ¿Ya viste el escenario?
-Si, está mas espacioso, mejor iluminado.
-Ese es tu lugar.
-Oh vamos Bill, el canto ya no es lo mío. Fue un sueño de pequeña, acá lo hice realidad, ya está.
-Si vos lo decís.....pero igual, te invito a que subas.
-No sé....
-Vamos, yo mientras preparo unas cervezas para que tomemos.
-No puedo, me están esperando.
-Bueno. Pero te subís igual.
Eva rió, y accedió a subir.
-¡Hola mundo! –dijo al micrófono, aunque el lugar seguía vacío –Ey Bill, ¡es mas grande de lo que parece!
Bajó riéndose, charlaron sobre otras cosas mas, lo saludó y prometió volver para tomar las cervezas.
Sin embargo, cuando salió de allí, sintió algo. Volver a ese lugar le había traído muchos recuerdos. No estaría mal volver pero....no, lo mejor sería dejar las cosas como estaban. Aquello había sido una etapa superada en su vida.

martes, 7 de agosto de 2012

Capitulo 40 My Dark Sweet Lady


Eva miró alucinada su habitación: la mas grande, la que estaba en medio de las otras, la mas importante de la casa.
-WOW! –fue lo único que pudo exclamar.
-¿Te gusta? –preguntó Paul
-¿Que si me gusta? ¡Me...me encanta! No sé qué decir jaja
-No digas nada, con saber que te gusta estamos contentos –dijo Ringo.
-Es hermosa....-entró y, dando una vuelta sobre sí misma, la miró: totalmente pintada de violeta, con muebles blancos, y cubrecama, almohadones, cortinas, y alfombras en lila, violeta y blanco. Sobre el tocador, un enorme ramo de flores, y también la gran ventana abierta; desde su balcón se podía ver el inmenso jardín.
-Me da ganas de dormir acá –dijo George riendo -¡todo en mi color favorito!
-¿Y quién te dijo que no vas a dormir acá? –replicó ella con una mirada y una sonrisa de los mas pícaras. George se acercó y, mirándola de la misma forma, le dio un rápido beso.
-Ey, ey, ey, no empiecen. –se quejó John.
-No te pongas celoso, tonto –Eva también le dio un beso a él.
-¿Sólo un beso?
- Sí, sólo eso.
-Ummhh....
Chicos, esto es hermoso, realmente no tendrían que haberse molestado.
-No nos molestamos, fue un placer decorarla entre todos –Paul acomodó un almohadón –Porque la decoramos entre nosotros, no llamamos a nadie mas.
-Esa no se las creo.
-¿Ah no? Que lástima que no nos creas –Ringo fingió ofenderse, pero enseguida relajó su expresión –De verdad, se nos ocurrió a nosotros, después llamamos a un lugar para que nos vendieran los muebles, y fuimos a otro por las alfombras, cortinas y eso.
Eva miró al resto, que afirmaba con la cabeza.
-¿Hablan en serio?
-¡Ay si, si, si, y si! –John la sacudió de los brazos, mientras reía -¿Tan raro te parece?
-Es que.....no sé....Sí, me parece raro. –rió.
-Ey Paul –dijo John –se viene a vivir con nosotros, tenemos una relación re loca ¡y se extraña porque decoramos una habitación!
Todos rieron, y Eva también, aunque le dio un golpecito en el hombro como venganza
-Gracias chicos, son unos genios. Los amo.
-Nosotros también.
-¿Vamos a almorzar? –preguntó Paul –Así después te ayudamos a traer tus cosas.


Jenny se abrazaba a Anne, feliz. Vivirían juntas, y estaba segura que se llevarían muy bien. Aparte, dejar lo último que la ataba a Joseph, el departamento, hacía que se sintiera al fin liberada.
-¿Esto es todo? –dijo Anne mirando las cajas que Jenny habia traído con ayuda de Patrick.
-No, aún faltan. ¡Ey, Dante! ¿Cómo estás?
-Hola –respondió el niño, y corrió enojado hacia el jardín.
-¿Está enojado? –preguntó Jenny sorprendida.
-Si, pero no con vos, es porque Eva se va.
-Ohh....¿creés que se le pasará?
-Si, pero conociéndolo, creo que será dentro de un tiempo. Por ahora sólo se la pasa sentado, encaprichado, y cruzado de brazos.
-Esto lo soluciono yo –Patrick le guiñó un ojo a Anne, y luego de dejar la última caja, corrió hacia el jardín.


-¡Ey, campeón! –Patrick se acercó a Dante, que estaba sentado en el suelo -¿Cómo estás?
-¿Y vos quién sos? –preguntó molesto el chico.
-Soy Patrick, el novio de Jenny. ¿Y vos cómo te llamás?
-Dante.
-Es un nombre lindo. Había un escritor que se llamaba así.
-Ya lo sé. “La Divina Comedia”.
Patrick miró sorprendido al nene, que  pareció no inmutarse.
-Yo no quiero ser escritor –continuó el chico –Quiero ser guitarrista.
-¿De verdad? ¡Yo soy guitarrista!
-¿Si?
-Si, y tengo una banda. Mirá, sé que Eva te enseñaba a tocar, pero ahora ella no va a vivir mas acá, y está ocupada. ¿Querés que te siga enseñando yo?
-¡¡¡Si!!!
Perfecto, traé tu guitarra que empezamos.


-Chicos, la comida está genial, ¿Dónde la compraron?
-¿Comprar? ¡La hicimos nosotros!
-Si claro George, y yo creo en Santa Claus.
-¿No creés? –preguntó John
-No, no creo en cosas que no existen.
-Buaaaa!!! ¡Santa Claus no existe! –John imitaba el llanto de un niño y se abrazó a Ringo, que no paraba de reír.
-Y tampoco existen los Reyes Magos –agregó con malicia.
-Noooo!!!! No existen los reyes!!!! –John seguía con su pantomima, mientras Paul le lanzaba bolitas de pan.
Cuando se cansó de hacerse el payaso, adoptó un aire serio, pero que igual le quedaba gracioso.
-¿El lunes vas a trabajar?
-Y...sí.
-Ufa.
-Chicos, no empiecen, hoy es sábado, tenemos todo hoy, mañana domingo....y los demás días seguiremos juntitos.
-“Juntitos” Que bien suena –dijo Ringo.
-Da para canción –rió Paul.
-Bueno amores, me voy a buscar algunas cosas y....a hablar con alguien importante, muy importante.



Cuando llegó, se encontró con Anne, Jenny y Patrick tomado té.
-¡Eva! –exclamaron ni bien la vieron.
-¡Hola! ¿Cómo le va a la chica nueva?
-Por ahora, muy bien –respondió Jenny sonriendo.
-Anne, tené cuidado, que ésta chica no traiga a su Patrick a dormir acá –le guiñó un ojo.
-Tranquila ya le dije, tendrá que cuidarse mi –rió.
-Me parece bien, ahora, hablando en serio. ¿cómo va la banda? –dijo dirigiéndose a Patrick.
-Excelente, quizás consigamos un contrato para grabar un simple.
-¡Pero eso es genial! ¡Te felicito!
-Gracias, ojalá se nos dé.
-Seguro, son muy buenos, y se lo merecen. ¿Siguen en el Chester Bar?
-Si, pero también vamos otro, que es mas importante. Aunque el Chester creció muchísimo, Bill está muy contento.
-Ohh, Bill....le debo una visita. Decile que pronto voy a ir, no me olvidé de él. Anne, ¿dónde está Dante?
-Jugando en su habitación, pero....no creo que te quiera ver.
-Eso es seguro. Pero vine principalmente a eso, para hablar con él.


Golpeó suavemente la puerta y abrió. Dante jugaba con unos autitos, sobre una alfombra con dibujos de autopistas, por donde deslizaba los coches.
-Hola Dante.
-Hola Eva –respondió de manera cortante.
Sonrió y entró a la habitación. Se sentó en el suelo, frente a él.
-¿Sabés Dante? Las personas adultas, cuando se ponen serias, dicen una frase que hace que todos tiemblen: “Tenemos que hablar”. Y hoy te la digo a vos.
-Yo no soy persona adulta. Aún voy al jardín de infantes.
-Lo sé....pero como sos mi amigo, igual quiero hablar con vos. Porque somos amigos, ¿no?
-No sé.
-A ver –se acomodó mejor –te voy a explicar. A veces.....pasan cosas en la vida de las personas. Algunas son buenas, otras son malas, y otras, buenísimas. Las que a mí me están pasando ahora son buenísimas. Por ejemplo, tengo un trabajo muy bueno, algún día voy a pedir permiso para llevarte, así ves....
-¿Y por qué te vas? –cortó.
-A eso iba. Entre las cosas buenísimas hay algo mas. Me voy a vivir con...
-¿Con tu novio?
-Con unos amigos.
-¿Con unos amigos? ¡Ya sé! ¡Con The Beatles!
Tragó saliva. De alguna forma el chiquito se había dado cuenta.
-¿Qué te hace pensar eso?
-Siempre dijiste que ellos son tus amigos.
Ahí se debatió entre decirle o no. No quería mentirle, pero si le decía, el nene podría meter la pata contándoselo a cualquiera, y lo que menos quería era que se enterara la gente; las únicas que lo sabían eran Anne y Jenny., y ésta última había jurado no decirle nada a Patrick. Así que optó no por mentir, sino por omitir información.
-Son unos amigos, no te puedo decir nada mas.
-Ah, no deber ser The Beatles, porque ellos tienen novias y esas cosas....
-Claro –sonrió –Como yo quiero mucho a estos amigos, me voy a vivir con ellos, porque me lo ofrecieron. ¿Me perdonás?
-Está bien.
-Lo malo es que no podré seguir enseñándote a tocar.
-Patrick me dijo que él me dará clases.
-Veo que ya me reemplazaste –se hizo la enojada,  él chico la miró confundido, hasta que ella rió -¡Te estoy gastando una broma! Genial que te enseñe Patrick, él es muy muy bueno. Entonces...¿amigos? –le extendió su mano.
-¡Amigos! –respondió el chiquito estrechándosela –Vas a venir a visitarme,.¿no?
-¡Claro que sí! Cada vez que tenga tiempo vendré, y también podríamos ir a  alguna plaza, a jugar.
-Si, ¡plaza, plaza! –gritó.
Eva sonrió, y luego de darle un abrazo, le dio un sonoro beso en la frente.
-Sos mi angelito, Dante.


Después de juntar algunas pertenencias y ayudar a Jenny a acomodar las suyas, Eva se apareció en la casa de los chicos con algunas bolsas y cajas.
-¡Llegué! –gritó, mientras empujaba la puerta con un pie para cerrarla, ya que tenía las manos ocupadas con una gran caja.
Como nadie contestó, se dirigió al comedor, con una gran sonrisa. Pero se frenó en seco cuando vio quién estaba allí.
-Brian....Hola –saludó estupefacta.
-Hola –respondió mirándola extrañado -¿Y vos sos.....?
-Eva –trató de articular una sonrisa y miró a los chicos, casi desesperada.
-Eva....pasá –Paul se puso de pie y la acompañó hasta las escaleras.
-Paul....-susurró cuando ya estaban llegando a las mismas.
-Tranquila, vamos a decirle, vos no te preocupes.
-Yo también tendría que estar....
-No, no. Vos quedate acá. Esta es una charla entre nosotros y él. –le sonrió de manera tranquilizadora, y ella trató de corresponderle la sonrisa, pero subió muy nerviosa.


Cuando Paul se sentó nuevamente frente a la mesa, le dirigió una mirada significativa a John, quien cruzó las manos y se aclaró la garganta.
-Verás Brian, no te esperábamos...
-Lo sé –lo interrumpió –pero ya saben, debíamos arreglar el último destino de la gira, les dije, tenemos que resolverlo pronto y...
-Si, si, te dijimos que te daremos nuestro parecer mañana.
-Perfecto, entonces me voy.
-No, no. Tenemos que hablarte.
A Brian le pareció que John hablaba demasiado serio, y eso le trajo un mal presentimiento.
-¿Pasó algo grave?
-No –interrumpió Ringo –No es grave, sólo...pasó algo. Está pasando.
-Mmm....no entiendo.
-Tenemos novia –dijo John.
-Ahh....-respondió Brian luego de un largo suspiro –Bueno...supongo que esto iba a suceder....ya les he dicho, no se enreden con cualquier chica, muchas pueden resultar unas cazafortunas....
Los miró, todos asintieron con al cabeza, pero parecía que algo ocultaban. Hubo unos instantes de silencio, que decidió cortar.
-Bueno y....¿quiénes son? ¿Las conozco? ¿Me las presentarán?
Vio que todos se miraban, con rostro tenso. George parecía que iba a decir algo, pero calló, y entonces miraron a Paul, el mas “diplomático” para hablar. El chico comprendió, y se dispuso a hablar, tratando de encontrar las palabras correctas.
-Brian.....no tendrías que decir “¿Quiénes son?”. Mas bien, tendrías que decir “¿Quién es?”. Y si, la conocés.
-¿Cómo? Entonces, ¿solamente vos tenés novia? Pensé que todos...
-Sí, todos.
Los miró extrañado, tratando de comprender.
-Ustedes están drogados, ¿no? Porque si es así, entonces vine a hablarles completamente en vano, mañana ya no recordarán nada...
-No estamos drogados, estamos en condiciones normales.
-Pero Paul, entonces no entiendo qué me querés decir.
-Los cuatro estamos con la misma chica –todos miraron a George, que aún no había dicho nada y ahora hablaba, yendo al grano y con determinación.
-¿Qué? –preguntó el manager, mirándolo como si se hubiera vuelto loco.
-Lo que escuchaste. Los cuatro estamos con la misma chica
-Sí, ustedes está drogados. Volveré mañana –amagó ponerse de pie, pero escuchó a John y se detuvo.
-Estamos enamorados. Y de la misma chica.
-A ver...-se acomodó otra vez frente a los cuatro –aunque no lo quieran creer, es común que un grupo de amigos se sientan atraídos por misma mujer. Pero de ahí, a decir que es la novia de todos...
-Es que lo es –cortó Ringo –Ella también nos quiere, y aunque suene raro, aceptó nuestra propuesta, ser nuestra novia.
-Pero...pero¿¿¿qué clase de mujer aceptaría semejante cosa??? ¡Solamente una cualquiera!
-¡Ey Brian no te pases! –advirtió John
-¿No se dan cuenta? ¡Nadie puede hacer algo así! Está claro que cedió al capricho de ustedes sólo por dinero ¡Y eso que les dije que se cuidaran!
-¡¿Por qué hablás así si ni siquiera sabés cómo es?! –Paul se puso de pie, evidentemente enojado –No tenés idea de lo  que significa para nosotros
-¡No me hagan reír! ¡Teniendo a todas las mujeres del mundo, van a caer en la trapa de una sola!
-¡No es ninguna trampa Brian! –esta vez fue Ringo el que se puso de pie, sorprendiendo a Brian con su reacción –Los cuatro la queremos  y ella nos quiere a nosotros. Eso es todo.
-¡Pero cómo los va a querer a los cuatro! No sean infantiles ¡Eso no puede pasar!
-Si, puede pasar. Y te informamos que hoy se vino  vivir con nosotros –el único que parecía calmo era George, y eso alteró aún mas a Brian, hasta que cayó en cuenta de algo.
-Entonces es....
-Si, es Eva. La chica que viste recién.
Brian se puso de pie, con lentitud, y se paró detrás de la silla, apoyando las manos en el respaldo.
-Ya mismo se va de ésta casa.
-¿QUÉ? –preguntaron los cuatro.
-¡El que se va sos vos! –gritó John -¡No sos nadie para hecharla porque la casa es nuestra! ¡Y tampoco te estamos pidiendo tu permiso ni tu opinión!
Los miró furioso. Aquellos mocosos se estaban pasando de la raya.
-Está bien, yo me voy –dijo al fin –Pero desde ya les digo: cualquier cosa, olvídense de que tape sus escándalos ¡esto se acabó! Y otra cosa: esa mujer los va a llevar a la ruina –dio un portazo y se fue.
Eva, que había escuchado todo desde las escaleras, conteniendose de no aparecer en escena, no puedo resistir las lágrimas y corrió a encerrarse en su habitación. En esos momentos, las palabras de Brian la habían hecho pensar, y si, quizás tuviera razón, quizás ella podría significar la ruina de la banda, y lo que era peor, de la amistad.
-¡Eva! ¿Podés bajar? –escuchó la voz de Paul detrás de la puerta
-N...no puedo, estoy ordenando cosas –contestó atropelladamente
-Por favor....
-Ok, ahora voy....-dijo luego de un suspiro.
Se secó las lágrimas, aunque todavía tenía muchas ganas de seguir llorando, y bajó.
-Ey, Evy...-Ringo notó que había estado llorando y la abrazó ni bien terminó de bajar las escaleras. Eva no pudo contenerse y se aferró a él, en un llanto desconsolado.
-Escuchaste todo, ¿no? –le preguntó John
Sólo asintió, con la cabeza hundida en el pecho de Ringo. Él la separó, y le secó las lágrimas con los dedos.
-No llores mas, no hagas caso a lo que dijo.
Pero....¿y si tiene razón? Miren si todo se termina por mi culpa....
-No, no –dijo John –No pasará eso.
-Brian es así,  toma mal las cosas –agregó George –Pero después, cuando vea que todo va bien, se le va a pasar.
-No te preocupes, es nuestra vida y estamos bien así ¿Vos?
-Yo también Paulie....
-Entonces perfecto. Ya está, ya le dijimos, cumplimos con informarle. El resto es cosa de él, pero no queremos verte llorar mas ¿de acuerdo?
-De acuerdo.
-¿Una sonrisita? –dijo John haciéndole una cara chistosa, de la que ella no pudo evitar reírse. -¡Muy bien, así me gusta!
-¡Ahora vamos a comer!
-Oh no, este Hari siempre pensando en comida...-rieron por su comentario, y se dispusieron, entre todos, a preparar algo para cenar.


Los resultados de la cocina habían dejado bastante que desear: Eva cocinaba, pero lo justo y necesario, y los chicos apenas algo para sobrevivir y no morir de hambre. Terminaron tomando una sopa de algo que no se sabía muy  bien qué era, y que además estaba demasiado salada. Pero aún así comieron, mientras seguían riéndose de sus ineptitudes y mirando una película que daban por TV, tantas veces repetida que se sabían los diálogos.
Después, armando el mismo lío, lavaron los platos y se despidieron para irse a dormir.


Eva salió tiritando luego de bañarse y se sentó en su nueva cama, mirando aún sorprendida su habitación. Se río un poco al recordar las locuras de esa noche,  y pensó que Brian no tenía razón en lo que había dicho. Ella no era una cualquiera, simplemente estaba enamorada; y tampoco causaría la ruina de nada, porque no era su intención. Jamás dejaría a esos cuatro, a ese inmenso amor que tenía. Sonrió y se acostó.

Estaba dormitando cuando le pareció escuchar algo, y de pronto, una leve caricia.
-¿George?
-¿Cómo sabías que soy yo?
-Porque reconozco tus manos. Mentira. –rió –te distinguí con la poca luz que entra desde afuera. ¿Qué...?
No la dejó continuar, ya que la besó apasionadamente.
-Me dejaste picado con lo que me dijiste hoy –susurró.
-Mmm....¿viniste por mí o por la habitación violeta? –preguntó traviesa.
-Adivina
-Creo que...
Pero él nuevamente no la dejó terminar su frase, sólo la besó, ésta vez con un beso interminable, que no paró ni cuando se acomodo sobre ella.
Eva sonrió para sus adentros, él no venía por nada violeta. Ese chico la podía demasiado.