Eva estaba recostada en su cama, mirándose la punta de sus
pies, fumándose un porro, y con fotos desparramada a su alrededor. Trataba de
elegir las últimas que entregaría para el libro, pero la tarea se le estaba complicando
mucho. Le dio una calada mas a su porro y lo dejó sobre la mesa de noche,
asqueada. Hacía días que se sentía mal, tanto física como anímicamente, y todo
parecía fastidiarla. Por eso se la pasaba allí, recluída en su habitación,
fumando y tirada en la cama, sin ganas ni de salir al jardín. A veces, hasta la
luz que entraba por la ventana la enojaba. Los chicos, después de aquella noche
traumática y de que ella estuviera así, habían optado por no molestarla mucho.
En realidad, ellos también estaban algo molestos, y al igual que ella, tampoco
sabían bien porqué.
Se restregó los ojos y le dio una patada a uno de los
almohadones, que cayó al suelo, sin ruido.
La puerta se entreabrió.
-Ey, Georgie, entrá –dijo esbozando quizás la primer sonrisa
del día.
El chico entró tranquilo y se sentó al borde de la cama.
-¿Y? –preguntó mirando las fotos.
-¿Y qué?
-No sé –rió un poco -¿No podés elegir?
-Si y no. Ay no sé, creo que nunca en mi vida estuve tan
desganada.
George asintió y bajó la cabeza. Después, suspirando, volvió a mirarla.
-¿Qué vamos a hacer? –preguntó con evidente tristeza.
-Nada. Yo....yo sé que tendría que elegir. Tendría que hacer
lo que tendría que haber hecho al principio: elegir. Pero aquella vez no pude,
y ahora, sinceramente, tampoco.
-Yo te amo.
-Y yo también mi amor....
Se quedaron viéndose, hasta que una voz los interrumpió.
-Hola...
Vieron a Paul, indeciso sobre si entrar o no.
-Paul, no te había visto en todo el día –sonrió.
-Es que estoy ocupado con la idea del nuevo disco. Te conté
que quiero que sea totalmente diferente al resto.
-Y lo será –aseguró George.
-Pero ahora venía a proponerte algo...Si el domingo está
soleado, podríamos ira pasar un día de campo ¿Te gustaría?
Eva sonrió. Paul, siempre proponiendo soluciones cuando
pareciera que ya no existiesen, siempre tratando de solucionar las cosas. Eso
era lo que amaba de ellos: eran tan diferentes, que cada uno parecía “ocuparse”
de determinadas cosas. En este caso, Pauil era “el solucionador”.
-A mi me parece bien. Si
hoy termino con estas fotos, ya estaré desocupada. ¿Qué te parece
George?
-Me parece genial.
-¡Buenísimo! John y Ringo están de acuerdo, así que
preparate.
-¿Cuándo veremos a The Beatles con novias oficiales?
-A mí me parece que ya es hora, aunque sus fanáticas llorarían.
John miró de reojo a Eva y rió con la cara de asco de la
chica. Cambió de canal.
-Qué suerte que sacaste a ese par de viejas chismosas. Odio a
las viejas esas.
-¿Odiás a las viejas
u odiás el tema de conversación que
tenían?
-Ambas cosas –contestó riendo.
John la atrajo hacia sí con el brazo.
-¿Cómo te sentís?
-Mmm....de ánimo mejor, pero físicamente no sé que me pasa,
siento como si me hubieran dado palazos por el cuerpo. Es raro.
-Estás muy flaquita.
-No tengo hambre, deben ser los nervios.
John le dio un beso en el pelo y la acarició.
-Tranquila, esto se va
a solucionar.
El domingo llegó, y por suerte había sol.
-Día de campoo, día de campoo, día de campooo....
-Ay Ringo por favor, pará de decir lo mismo –Eva habló entre
risas, ante la mirada indignada del chico, mientras ponía cosas en una canasta
de mimbre.
-Es mi manifestación de que estoy contento –le dio un beso
en la mejilla y silbando fue al jardín, donde los otros tres discutían sobre en
qué auto debían viajar.
Los miró por la ventana, riendo por lo que escuchaba. Sin embargo,
pese a que ella también estaba contenta, no podía evitar sentirse triste. Ya no
sentía esa distancia, porque ellos se estaban esforzando para que no existiera, pero sentía que se
trataban distinto. No como amigos, como
algo mas. Como hermanos. Lo cual era peor.
Apartó todo eso de su cabeza y tomó confianza, la confianza
que tenían ellos en que todo se arreglaría.
Decidieron ir en el auto de George, porque le había
instalado un tocadiscos, lo cual haría mas divertido el paseo.
-Esperen –dijo John antes de que salieran de la casa –Voy a
mirar bien, puede haber fotógrafos y no
quiero que nos sigan. Ayer vi a uno rondando.
Después de comprobar que no había nadie, salieron, cargaron
las cosas en el auto, y partieron.
Pero al parecer, John no había mirado bien.
Eva se secó las lágrimas que le caían de tanto reírse. Sí,
evidentemente eran cuatro niños, cuatro niños pequeños que ni bien llegaron
salieron disparados del auto a revolcarse en el césped. No crecían mas.
El lugar al que habían ido era una especie de camping, que como
era invierno, estaba desierto. Pese a eso buscaron el lugar mas apartado de
todos, para pasar bien desapercibidos.
-¿Piensan comer o van a estar todo el día peleándose en el
suelo? –dijo con los brazos en jarra,
apoyadas en la cintura.
-Uy, salió la madre quejona –dijo John.
-¡Yo sí quiero comer!
-Je, a vos no iba dirigida la pregunta George, ya sé que
siempre tenés hambre.
Extendió un mantel sobre el césped y a su alrededor se
sentaron todos, a devorar papas fritas, sándwiches y gaseosas.
La tarde la pasaron charlando, riendo, escuchando música y
jugando a los naipes y a la pelota.
Cuando volvieron a la casa, se sentían tranquilos y contentos.
Algo de lo que gozarían por poco tiempo.
Brian sintió como un sudor frío le corría por la espalda. Se
toco la frente con la punta de sus dedos y tragó saliva, tratando de asimilar
lo que veía en la tapa de aquella revista. Allí, con un gran titular anunciando
que era una primicia exclusiva de la revista, estaban los chicos, junto a Eva,
subiendo al auto de George, felices. El titular preguntaba “¿Quién es la misteriosa
chica que vive con The Beatles?”. En las
páginas interiores estaba Eva, saliendo del instituto de fotografía, o entrando
a la casa, o alternativamente con cualquiera de los chicos, riendo. Aún no se
sabía su nombre, pero se especulaba con que fuera una asistente o una “amiga”
del grupo. En realidad, Brian notó que las especulaciones eran en vano: se daba
por sentado que era una amiga. La forma fina de decir que era una groupie.
Trató de calmarse, respirando profundo. Tenía que hacerlo
para que no le diera un ataque.
El teléfono sonó, interrumpiéndolo, y cuando levantó el
auricular, oyó la voz histérica de John.
-¡Brian! ¡Brian! ¿Qué es lo que están diciendo en la radio? ¡Hablan
de Eva!
Sintió que ya no tendría sentido calmarse. Esa revista había
encendido la mecha, ya era tarde, ya todos hablaban de eso.
Dos días después, Eva lloraba desconsolada, aunque estaba
cansada de hacerlo. El gran secreto había sido descubierto, y parecía que
hubieran abierto la caja de Pandora, porque no llegaban mas que malas noticias.
Lo peor era que se sentía culpable, aún a sabiendas de que no era la única responsable.
Pero los chicos se estaban tragando un buen problema, que nadie sabía cómo resolver.
Todo el mundo sabía que The Beatles vivían con una groupie, que ella era
fotógrafa y que seguramente “andaba” con todos. Para agrandar mas la cosa, se
agregaban mas novios famosos en su haber.
Por primera vez, Brian no sabía qué hacer. Organizar una
conferencia de prensa sería como tirarlos a la hoguera, pero ya habian hecho
algo parecido cuando debieron remediar la “metida de pata” de John al hablar de
Jesucristo. Aparte de todas las habladurías de que eran unos herejes, ahora los
curas agregaban que eran unos inmorales por convivir con una mujer.
En fin, era un escándalo. Un escándalo publicado en todos
los diarios y revistas y contado en
todos los canales y radios. Se repetía una y otra vez que tenía razón cuando
pensaba que esa chica los arruinaría. Lástima que no se había mantenido firme
para que la dejaran.
-Brian quizás esto no afecte las ventas, al contrario. Ya
sabés cómo es la gente de morbosa.
Se giró y miró a Neil Aspinall, que desde hacía rato lo
observaba caminar de un lado a otro de su oficina.
-¿Creés que realmente me importa eso? ¡Lo que necesito es una
solución!
-Perdón, yo...
-Mejor andate. Quiero estar solo para pensar.
-La hemos cagado. Pero la hemos cagado bien cagada. –dijo John,
dejando su vaso de whiskey sobre la mesa.
Nadie contestó, todos estaban demasiado metidos en sus
pensamientos.
-Estaba penando en irme. Tengo dinero, puedo ir al
extranjero y desaparecer por un tiempo, hasta que se calmen las aguas y...
-No Eva, no –interrumpió Paul –No te vayas huyendo como si
tuvieras la culpa o fueras una delincuente. Todos estamos metidos en esto, y
todos saldremos.
-Sí, pero la culpa es mía. Si yo hubiera elegido a uno de ustedes,
o a ninguno, nada de esto hubiera pasado.
-Entonces si nosotros no te hubiéramos propuesto ser nuestra
novia y vivir aquí, tampoco habría pasado nada –dijo George –Entendelo Evy, acá
la culpa la tenemos todos. Bah, en realidad no sé si hay culpas....
-En el amor nunca hay culpables.
-Salió la sabiduría ringuística.
Rieron un poco por la contestación de George, pero volvieron
a su estado anterior.
Miró con incredulidad a Murray, sin poder creérselo. Sin embargo,
vio sólo reproche en su rostro. Apenas había pasado una semana desde el
comienzo del escándalo, y aún así seguían en el candelero.
-Lo lamento, pero las cosas son así, Sheels. Nadie querría
un libro donde está la groupie mas famosa del momento. Ojo, yo no me quiero
meter en tu vida ni te juzgo, pero ya te digo, las cosas son así.
-Pero...
-Pero nada. Está bien, sí, le daría mas ventas. Pero queremos
que el libro se venda por su calidad, no porque estás vos. Deberías haber hecho
algo para que tu vida personal no interfiriera en tu vida profesional.
-Murray yo....
-¿Qué? ¿Qué vas a decir? –preguntó con prepotencia.
Bajó la mirada. ¿Qué decirle cuando tenía razón?
-Nada. Olvídelo.
Murray se echó para atrás y suspiró. Miró las fotos que Eva
había tomado, las metió en un sobre y las puso sobre el escritorio.
-Estás despedida Eva. Llevate las fotos, son excelentes y podrías
usarlas.
Se revolvió en la cama y entreabrió los ojos. A su lado,
Ringo dormía plácidamente. Suspiró y negó con la cabeza. Aquello no estaba bien
teniendo en cuenta el lío en el que
estaban metidos. Se sentó con lentitud, apenas si eran las ocho de la mañana,
pero se levantaría porque debía hablar con alguien muy importante que le
aclararía unas dudas que tenía. Dudas que estaban siendo acrecentadas con el
dolor de cabeza y estómago que estaba sintiendo.
Salió de la casa después de apenas probar un té medio frío. Se
abrigó, no se preocupó mucho en ocultar su rostro para que no la descubrieran. Al
fin y al cabo, ya todos lo sabían.
Caminó tiritando, lo único que sentía tibio eran las lágrimas
inevitables que le brotaban.
Al fin llegó a la casa de Anne, rogando que Jenny ya se hubiera
ido al trabajo.
-¡Eva! ¡Qué alegría verte!
Respondió con una sonrisa triste que su amiga interpretó
enseguida.
-¿Cómo estás? ¿Jenny ya se fue?
-Sí, hará unos diez minutos. Pasá, tomemos un café.
Se sentó en la pequeña cocina y comenzó a desabrigarse.
-¿Dante?
-Duerme, hoy no lo llevé al jardín de infantes porque hace
frío y tiene tos, no quiero que se enferme del todo.
-Ahh. Supongo que ya sabrás todo, ¿no? –dijo mirando como
Anne preparaba el café.
-Y cómo no saberlo....Eva, te han calumniado, deberías
denunciarlos.
-No....-dijo suspirando –No quiero mas problemas. Me echaron del instituto.
-¿También eso? –dijo Anne sorprendida, mientras se sentaba
frente a ella.
-Si, es todo por lo mismo. Pero Anne....siento decirte que
no vine sólo a visitarte.
-Me imaginé, uno no sale de visita tan temprano. ¿En qué necesitás
ayuda?
Eva sonrió ante la predisposición de su amiga. Sin dudas,
valía oro.
-Verás...Aparte de todo, tengo un problema mas grande. Es mas
grande porque son puras dudas, ninguna certeza.
Anne pestañeó rápido, tratando de entender. Eva le dio un sorbo
a su café, estaba visiblemente nerviosa, le temblaban las manos.
-Es...complicado. Pero sos la única que me puede ayudar,
porque ya sabés lo que es, y si yo te cuento me vas a poder decir y....
-Basta Eva. Dejá de dar vueltas. Decime de una vez qué pasa.
Se sorprendió de ver su determinación. Anne siempre había parecido una mujer dulce, y
ahora la veía llena de firmeza y seriedad. Tomó aire y trató de controlar su
temblorosa voz, mientras sentía la penetrante mirada de Anne clavada en ella. Tomó
aire otra vez y tragó saliva.
-Creo que estoy embarazada.
