Dos meses habían transcurrido desde el escándalo. Sin
embargo, las bocas aún hablaban. A Eva, eso ya había dejado de importarle, se
sentía deprimida, ajena a todo. Se arrepentía de ya no trabajar mas, ahora se la
pasaba aburrida, nada le llamaba la atención, y se fumaba todo lo fumable que se
le cruzara. Básicamente, estaba hastiada de todo. Atribuía parte de su estado a
su problema de salud, que ya estaba bajo control y casi normalizado, pero
culpar a eso le servía como excusa.
Los síntomas del desgaste de la relación habían vuelto. Y para
agravar aún mas las cosas, ella se había resignado. El barco hacía aguas por
todos lados.
Pero si había alguien por el que estaba dispuesta a abandonar
su letargo y ponerse en pie de guerra, ese alguien era Paul. Dos veces lo había
escuchando hablar con George de una tal Linda. Lo que temía estaba llegando y
ella no iba a permitir que una cualquiera se lo arrebatara. Si tenía que luchar,
lo haría, hasta las últimas consecuencias.
Pensar eso la llenaba de odio hacia esa desconocida y hacia
todas las que se le cruzaran a Paul, o a
cualquiera de los chicos. Estaba consumiéndose de celos.
Mordisqueaba un lápiz con fuerza, cuando unos golpes en la
puerta la hicieron reaccionar.
-Permiso –una sonriente Jenny se asomó.
-¡Ey! Vamos, entrá. –contestó, palmeando la cama para que su
amiga se sentara.
-¿Cómo estás? ¡Tengo que contarte una noticia!
-Mejor no te digo cómo estoy, que te arruinaré la alegría
que llevás encima. ¡Dale, empezá a contar!
-¡Patrick comenzó con el disco!
-¡Eso es buenísimo, perfecto!
-Cree que en un mes estará a punto. ¡Ay, no sabés la alegría
que tiene! Y yo también, obvio. Ah, pero hay otra cosa que debo decirte.
Eva pestañeó rápido ante el cambio de voz y de semblante de
Jenny. Pasaba de la euforia a la seriedad en milésimas de segundos, y eso era,
muchas veces, desconcertante.
-¿Qué pasó? –preguntó con cuidado.
-Anne me contó todo.
-¿Q...Qué?
-¡Esperá! No fue su culpa, ella comenzó a hablar de que el
médico “le tira onda” y yo empecé a tratar de averiguar más, y cuando se dio cuenta...Bueno,
estaba contándome lo tuyo. Dijo que había ido con vos, y después volvió por unos
controles, y ahí empezó todo. Yo, claro, le pregunté qué porqué había ido con
vos y...eso, me dijo.
-No puedo creerlo...¡Anne me lo prometió!
-No te enojes, ya te expliqué. ¿Podés creerlo? ¡Anne tiene un pretendiente!
-Ese doctor parece buena persona, ojalá que...
-Igualmente estoy enojada con vos.
Eva no puedo reprimir una risita. Los cambios de Jenny
tornaban algo delirante a la conversación.
-Decidite por qué cosa hablarás primero.
-De acuerdo. Estoy enojada. No, mentira, no lo estoy –sonrió
–Entiendo que a veces soy un poco....impulsiva, y enterarme de tus dudas
hubiera hecho que me enojara, te gritara, y todo eso. Prometo controlarme, así ya
no hay mas secretos. Igual, sos una tonta.
-Lo sé. Pero por suerte no pasó nada, si no, no sé qué
hubiera hecho. Y me alegro que lo sepas, y que no estés enojada, yo tampoco
quiero mas secretos entre nosotras. Ahora sí, ¡Qué bien por Anne!
-¡Sí! Cuando me contó quedé pasmada, pero....ella se lo
merece. Sé que desde que quedó viuda tuvo varias propuestas, pero ella no
quiso, ahora parece que se quiere animar a comenzar de nuevo.
-Es muy joven y tiene que darse una oportunidad. Ojalá todo
salga bien. Hay que ver cómo se lo toma Dante.
-Seguro que bien, ese chico es un encanto. Ahora contame lo
tuyo.
-Jenny....lo mío es siempre lo mismo.
John y George tomaban distendidos en el lugar mas apartado
del bar de mas categoría de Londres. Charlaban de cualquier cosa cuando la
conversación cayó en un punto delicado: Eva.
-Pues...ya ves que todo está jodido.
-No John, no lo veo así. Para mí es sólo una crisis.
-Si vos lo decís...Aunque, no sé qué se hace en casos de crisis.
-Supongo que dejar que las cosas se arreglen solas.
-No, no, así no. Se trata de buscar soluciones y...
-¡Hola!
Ambos miraron sorprendidos a la chica rubia que los saludaba.
George la reconoció enseguida.
-Hola...Pattie, ¿no? Sos la amiga de la otra chica...¿Cómo
era que se llamaba?
-Linda –rió –Y sí, soy Pattie, su amiga.
-Ah, qué bueno verte. Te presento a John.
-Ya sé quién es –volvió a reír –Hola John, soy Pattie, un
gusto.
-El gusto es mío –contestó John, poco entusiasta.
-Qué raro vernos acá –dijo George con una sonrisa.
-La verdad que sí, es la primera vez que vengo y no esperaba
encontrarlos.
-¿Estas con alguien? –preguntó inseguro.
-Estaba. Mi novio me trajo.
-Ahh...tu novio....-repitió George.
-Y ahora ya me estaba yendo, él se enojó y se fue. Así que
eso, nos vemos, un placer haber charlado con ustedes.
-Esperá, ¿querés tomar algo? La otra vez muy amables no
fuimos con Paul, y quiero revertir esa imagen.
Pattie sonrió, pero vio la cara de disgusto de John. Iba a
negarse, pero George insistió.
-E...está bien, pero sólo una copa, además es tarde y mañana
tengo que comenzar a trabajar temprano.
-¿Trabajás? ¿En qué?
-Soy modelo. Y mañana hay una sesión de fotos con mi hermana
y...
Pattie continuó parloteando con George, y luego de casi una
hora, se despidió de ellos y salió rápidamente del bar y corrió un taxi. Luego
de que vieron por la lejana vidriera que ella se había ido, John se sentó junto
a George, en el lugar que Pattie había dejado vacío.
-Con que sólo una crisis, ¿no?
Los sábados por la tarde eran peores que los domingos. Los chicos
casi siempre tenían notas u otras actividades, y dejaban la casa sola. Después de
limpiar la cocina y acomodar un poco las habitaciones, se tiró en su cama a leer.
Fumó un cigarrillo tras otro, pensando en que su vida iba la deriva. También
pensó en su madre.
Vio que el atardecer llegaba, tomó su cámara y salió a la
calle, decidida a aprovechar los claroscuros de la tarde que moría. Solo pudo
tomar dos o tres fotos porque la poca luz se desvaneció. Sin embargo, no quería
volver a casa tan rápido, a estar sola.
Optó por vagar por ahí, en la noche nadie la reconocería.
Después de recorrer varias calles y de casi acercarse al
centro de la ciudad, paró a descansar. Ya hacía frío y rebuscó en su bolso, pero
no pudo encontrar ni un solo cigarrillo, los había olvidado. Maldijo, y se
sentó en un cantero con unas pocas y tristes flores. En el bolsillo interior de
su saco encontró un porro. Ella no lo había puesto allí, seguramente habría sido alguno de los chicos. Miró a
todos lados, cerciorándose de que no hubiera nadie. Lentamente, lo prendió y se
lo llevó a la boca. Luego de un cuarto de hora, echó a andar rumbo a su casa,
ya era totalmente de noche y hasta le daba algo de miedo. Sentía los efectos de
la marihuana y hasta temió perder el
rumbo, pero continuó caminando. Hasta que escuchó un silbato.
-¡Señorita!
Se giró y vio que hacia ella corría un policía.
-Mierda, mierda, mierda –repitió susurrando desesperada. Arrojó lo que le
quedaba del porro al suelo y lo pisó con el taco del zapato.
-¿Documentos? –pidió el policía, de malas maneras.
-N...no los traje.
-¿Qué arrojó al suelo?
-Nada...un cigarrillo.
El policía la movió del lugar donde parecía haberse quedado
clavada y miró bien.
-Eso no es un cigarrillo –dictaminó –Tendrá que acompañarme.
-¡Pero yo...!
-Acompáñeme o le cargaremos “Desacato a la autoridad” a su
prontuario.
Sin darle tiempo a una palabra mas, el policía la tomó de un
brazo y casi la arrastró, mientras le hacía señas a un compañero. Entre ambos,
la metieron en un auto policial y se la llevaron.
-Oigan...¿acaso no es ésta la que anda con The Beatles?
-Sí, sí, acá dice que se llama Eva Victoria Sheels. Hola
bonita.
-No me hablen idiotas –contestó molesta.
-Bien, a pesar de lo mal que nos tratás, chiquita famosa, te
soltaremos. No encontramos hierba en tus pertenencias, así que ya te podés ir.
Pero sola no, acá tenés un teléfono –uno de los policías puso un aparato sobre la
mesa, y desconfiada, Eva llamó. Con pocas explicaciones dijo que estaba en la
comisaría y que necesitaba que la fueran a retirar.
-Ojalá venga alguno de ellos, tendremos autógrafos.
-Le daré uno a Lisa, con eso ya no podrá negarse a salir
conmigo.
Eva negó con la cabeza, mirando hacia otro lado. Jamás pensó
que terminaría allí.
Al fin se abrió la puerta y apareció Paul, apurado y molesto.
-¿Qué hiciste? –reclamó.
No pudo contestar porque varios policías se abalanzaron
sobre él, pidiendo los dichosos autógrafos. Paul firmó varios, hasta que el
comisario los llamó a los dos.
-Leeré el acta.
-De acuerdo –dijeron Paul y Eva.
-“A los 21 días del mes de junio de 1967, se
procede a la detención de la señorita Eva Victoria Sheels, de 22 años, nacida
en Manchester el 14 de enero de 1945, ocupación fotógrafa, columnista de rock y
groupie, por portación ilegal de marihuana”
-Oiga, yo no soy una groupie
-Callese y firme aquí sino quiere pasar la
noche en el calabozo
La aludida firmó de mala gana y debajo firmó
quien la había retirado de la comisaría de Londres, Paul McCartney.
-Por favor, que esto no se sepa-pidió el
beatle
-Veremos que hacemos-respondió el comisario
-No, se lo estoy pidiendo por favor-pidió
suplicante
-Son 500 libras -respondió
cortante el policía
-Usted es un mafioso
-Paul….-dijo la “casi” convicta
-Todo con tal de que no hable-dijo con tono
resignado Paul, mientras sacaba su billetera
Paul la sacó de allí, casi a rastras y la metió en el auto.
-Sos
una tonta-dijo Paul mientras manejaba su coche- ¿A quién se le ocurre ir por la
calle fumando marihuana?
-Esto pasa porque este es un país de
mierda-respondió casi indiferente
-Ahora la culpa la tiene el país
-Si, porque es un atraso, ¿o me vas a decir que un país que sigue
manteniendo a la monarquía no es un país atrasado?
Paul solo suspiró de rabia y ella esbozó una
sonrisa ganadora mientras miraba por la ventanilla y recordaba como había empezado
todo…
Cuando llegaron a la
casa, discutía. Paul seguía enojado, y ella seguí indiferente a todos los
reproches. Al bajarse del auto, Eva lo miró, y se paró firme delante de él.
-Si tan enojado y
defraudado por mí estás, andate con tu Linda.
Las palabras
parecieron escupidas con odio a la cara de Paul, que la miró sorprendido.
-No sé de qué
hablás.
-No te hagas, que
tonta no soy y lo sabés bien. Así que yo también estoy enojada y me siento
defraudada por vos. Estamos mano a mano.
Sin decir más nada,
entró en la casa y cerró dando un portazo, dejando a Paul afuera, apoyado en el
auto, desconcertado.
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Hola! Bueno, se habrán dado cuenta (o no) que en este capitulo, se vuelve al primero, o sea, que si releen el primer capi van a encontrar un pedazo de este y viceversa. Locuras mías, pero así lo pensé desde el primer momento en que concebí el fic (?) jajajaaja
Como les va? Espero que estén perfectas, y disculpen la tardanza. Pronto subiré el próximo :)
Ahora me despido, adiós!!!
