jueves, 7 de febrero de 2013

Capitulo 52 Matar a pobres corazones


-Excelentes Sheels, éstas fotografías son excelentes –dijo Scott, y Murray asintió con la cabeza.
-¿Seguro?
-Claro que sí, sino no lo diría.
-Pero....necesitará mas, ¿no es cierto?
-Por supuesto, es un libro, hay que presentar mas.
-De acuerdo, seguiré tomando y seleccionando.
-Me parece bien –dijo Murray. -¿Con dos semanas más te alcanza?
-Si, si, me alcanza y me sobra.
-Perfecto, te vemos en 15 días.

Salió del edificio prendiéndose un cigarrillo y cerrando bien su cartera, ya que allí llevaba el dinero que acababa de cobrar. Subió al primer autobús que pasó y se ubicó en el primer piso, que casi siempre iba prácticamente vacío. Allí, mirando a todos lados para que nadie la descubriera, contó los billetes y sonrió, ya que era bastante. Cerró otra vez y se abrazó a su cartera, mirando por la ventanilla. Pese que estaba contenta, una sombra se interpuso: ¿Qué estaba pasando? No entendía porqué siempre tenía una pregunta persiguiéndola. Al principio era cuál de los cuatro elegiría. Y ahora, qué estaba sucediendo con ellos. Esa distancia qué había comenzado a sentir se hacía cada vez mas intensa, y lo peor era que ellos ya lo sabían, sin que le dijeran nada, supo que lo sabían. Y ni ella, ni ellos, hacían nada mas remediarlo, quizás porque no había remedio. La locura en la que se habían embarcado no tenía solución cuando empezó a hacer aguas por todos lados. Eso le estaba matando el corazón.



-¡Jenny qué suerte que volviste! –exclamó ni bien vio a su amiga parada en la puerta.
-¿Por qué “qué suerte”? ¿Pasó algo? –preguntó entre risas.
-Ehh...no, no. ¿Pero qué? ¿No puedo alegrarme de tu vuelta?
-Jaja, tenés razón, alegrate.
-Vení, charlemos.
Ambas se encerraron en la habitación de Eva, a tomar té y comer cupcackes que Jenny había traído.
-¿Y cómo estuvo todo?
-¡Genial! ¿Y a que no sabés qué? ¡Patrick grabará un disco!
-¿De verdad? ¿No es broma?
-¡Claro que no! ¡Estoy feliz!
-¡Me alegro muchísimo!
-Esta noche iremos a festejar, ¿venís?
-Mmm....no creo que los chicos quieran.
-Ay, ni que fueran tus padres...
-Ya lo sé pero...Prefiero que las cosas no empeoren.
-¿Empeorar? ¿Está todo mal?
-No, no....En realidad, no pasa nada.
-No entiendo. ¿No pasa nada, o no pasa nada en el sentido de que se ignoran?
-Eh...no sé....
-¿Se pelean? ¿Discuten?
-No...
-¿Tienen sexo?
-Si...
-¿Y entonces? ¡Está todo perfecto!
-Ya te dije, no sé.
-Son ideas tuyas, no te enrosques.
-Si quizás si....Cambiemos de tema, ¿Joseph no te molestó mas?
-¡Ni me lo nombres! Por suerte, no apareció nunca mas, y es lo que debe hacer, porque el perímetro judicial ya salió, y si desobedece, va preso.
-¿Y Patrick sabe?
-Te dije que no le contaría nada. Sólo sabe que Joseph me estaba molestando, nada mas. No quiero que sufra por una cagada que me mandé.


-Eva pará de fumar –dijo George al ver que ella abría el tercer atado del día.
-Mirá quién habla. –respondió haciendo caso omiso y encendiendo uno.
-Hacé como quieras entonces
-Claro que sí –dejó su guitarra a un lado, George sólo suspiró resignado.
Paul entró apurado a la sala y los vio, antes de hablar le dio un beso en la mejilla.
-George apurate, estás ahí sin hacer nada y no te cambiaste. Yo ya estoy listo.
-¿Van a salir? –peguntó ella sorprendida.
-Si....tenemos ganas de salir a tomar algo y ver alguna banda. John y Ringo no tienen ganas y...
-¿Y no piensan invitarme?
-Eva...dijiste que te quedarías toda la noche revelando fotos....Por eso no te dijimos...-contestó Paul algo apenado.
Se sintió ofendida, pero ellos tenían razón. Podría haberles dicho que cancelaba todo para ir con ellos, pero no lo hizo y ni sabía porqué. George se fue siguiendo a Paul y se quedó sola.
Un rato después, vio por la ventana cómo se iban. . Pensó en qué estado volverían. Suspiró, enojada, y se dirigió a la cocina, donde encontró a John en pleno viaje de LSD. Lo miró con indiferencia, incluso pensó en la posibilidad de tomar un poco y colocarse junto con él, pero no estaba bien anímicamente y no quería tener un mal viaje. Se sirvió un vaso de agua y se quedó apoyada en la mesada, pensando. Ya no tenía ganas de revelar fotos, y la única opción que le quedaba era aburrirse mirado televisión, ya que Ringo ya se había ido a dormir, después de un día donde había dado muchas entrevistas. Se le ocurrió una idea: llamar a Jenny.


Cerca de una hora después, ya estaba lista. Bajó las escaleras con rapidez y acercó al teléfono para llamar a un taxi que la dejara cerca de la casa de Patrick, donde se encontraría con su amiga. Pero al lado del teléfono estaba John.
-¿Adónde vas? –preguntó vagamente.
-Saldré con Jenny.
-¿Por qué?
-Porque tengo ganas de salir, y Paul y George se fueron.
-Salí conmigo.
-Mirate como estás, es imposible.
-Entonces no salgas.
Colgó el auricular del teléfono al escuchar eso y lo miró. Parecía que, en su delirio, le hablaba en serio.
-¿Cómo dijiste?
-Que no salgas. No quiero.
-Por favor, ni sabés lo que decís. –volvió a levantar el auricular y marcó los números, pero John cortó la comunicación -¿Qué hacés?
-Te dije que no quiero que salgas.
-Vos no me impedís nada.
-¡Sí! –gritó.
Lo miró de arriba a abajo. Si quería pelea, la tendría.
-¡Te dije que no me impedís nada!
-Soy tu novio y te digo que no quiero que salgas.
-No me jodas...
-¡Me estás haciendo enojar!
-¿Y a mí qué me importa?
-No tenés porqué salir, te podés quedar acá, ¿qué necesidad tenés?
-Dejame en paz, voy a hacer lo que quiera.
-Así esto no funciona Victoria.
-Esto no funciona desde hace tiempo.
Se quedó callado, se dio cuenta que lo que él sentía, también lo estaba sintiendo ella.
-No salgas, no empeores todo.
-¡Te dije que me dejes en paz, John!
-Hablemos de esto que pasa.
-¡No pienso hablar de algo tan serio con un drogado!
-¡Dejá de gritar!
-¡Dejá de gritar vos!
-Ey, ey, ey ,¿qué pasa acá?
Los dos miraron hacia la escalera, donde Ringo, bastante dormido, miraba todo sin entender nada.
-Se quiere ir –informó John.
-¿Eh?
-No lo digas como si me fuera para siempre. Saldré con Jenny, su novio, y los chicos de la banda de su novio, porque celebrarán que podrán sacar un disco.
-¿Con una banda? ¿Te vas por ahí con una banda? ¿Sos groupie o qué?
Miro sorprendida a Ringo, jamás pensó que la llamaría de esa forma.
-¿Saben qué? Me voy a ir igual, piensen de mi lo que quieran. Es mas, les voy a dar motivos: me acostaré con el primero que se me cruce.
Dicho esto, dio un portazo y se fue.



Paul y George ya estaban pasados de copas. Los dos ya sabían lo que estaba pasando con Eva, y se habían tomado todo justamente para borrar de sus mentes ese pensamiento. Les costaba creer que todo estuviera acabándose, quizás tan rápido como empezó, pero ninguno de los dos se animaba siquiera a mencionar el tema. Con mirarse y tomar les alcanzaba para saber lo que el otro pensaba.
-¡Hola! –Paul miró a su izquierda y vio a la chica rubia que había visto hacía un tiempo en una fiesta. Si mal no recordaba, se llamaba Linda.
-Hola...¿Linda?
-¡Exacto! No puedo creer que te acuerdes de mi nombre.
-Es fácil relacionarlo con vos....
Linda no dijo nada, solo se sonrojó un poco. George los miró a los dos casi con asco. No entendía como su amigo ya podía ponerse a flirtear con cualquier chica.
-Te presento a George.
-Ja, no necesita presentación. Hola George, me llamo Linda.
-Hola Linda –contestó con poco interés.
-¿Por qué no te sentás con nosotros?
-Es que...estoy con una amiga.
-Llamala.
La chica dudó unos instantes hasta que gritó el nombre de su amiga. Otra rubia, que parecía mas joven, se levantó de una mesa que estaba al otro lado del bar y se acercó con timidez.
-Ella es Pattie –dijo Linda –Bueno Pattie, supongo que no necesitás que te diga quiénes son ellos.
-No, claro que no –contestó sin poder ocultar su emoción –Un gusto conocerlos.
-Vengan, siéntense.


Eva estaba tratando de que su cara de angustia no arruinara la alegría del resto del grupo. Trataba de reír junto a ellos, pero no podía.
-¿Me podés decir porqué estás así? –preguntó Jenny, entre enfadada y preocupada.
-Nada, peleé. Por eso estoy acá. Perdoname, pero va a ser mejor que me vaya.
Patrick, que había escuchado lo último, dijo:
-Ey no Eva, sólo quedate un rato mas. Ahora iremos a tomar algo y después, si querés, te dejamos en libertad.
Sonrió, no podía negarse, así que subió al auto de uno de los guitarristas de la banda junto con el bajista y Jenny. Los de más iban en el auto de otro amigo de ellos.
Un cuarto de hora mas tarde, entraron  a un bar del centro, bastante distinguido. Se ubicaron en una mesa y Eva comenzó a charlar con el bajista, que le preguntaba si podía hacerles unas fotos de promoción. Le estaba explicando mas o menos cómo las querian cuando ella desvió la vista y vio algo que prefería no haber visto nunca: Paul y George, tomando con dos chicas rubias. Lo peor era que ellos también la estaban viendo a ella.


-Creo que es mejor que nos vayamos, ustedes están borrachos
-No Pattie, no –dijo George, y sin querer le tomó la mano, pero ella se zafó.
-Tiene razón, además ya es tarde –dijo Linda poniéndose de pie. -Nos vemos otro día.-
-Ah si, si claro –contestó Paul, distraído. Después que se fueron, se puso de pie, y sin quitarle la mirada de encima a Eva, fue hacia el baño, que quedaba oculto a la gente.
Ella entendió enseguida lo que quería.
-¿Me disculpás? Voy al baño –le dijo al bajista, interrumpiendo su parloteo.
Cuando llegó, aparte de estar Paul, también estaba George.
-Eva, Eva por favor, no es lo que pensás....
-No me expliquen nada. Salieron para verse con ellas, está genial.
-No, salimos solos, y ellas nos encontraron -dijo George –Aparte, ¿que hacés acá? ¿No ibas a quedarte en casa?
-Peleé con John y Ringo.
-¿Por qué?
-No tiene importancia.
-Por favor, perdonanos.
-Los perdono porque....No sé, de algún modo siempre supe que esto pasaría. Los hombres necesitan muchas mujeres, y compartir una....Era obvio que esto acabaría sucediendo.
-Pero no te vamos a dejar....Eva por favor, yo te amo –Paul le tomó una mano y se la besó –Yo te amo.
-Lo sé  -dijo con los ojos llenos de lágrimas –Y yo los amo a ustedes. Pero las cosas no están igual, y creo que ninguno de los cinco tiene la culpa.
Asintieron y se quedaron callados. Por unos segundos los tres sólo miraron el piso, y lo único que escucharon fue el bullicio del bar.
-¿Vamos a casa? –propuso George.
-Vamos, es lo mejor.
Se despidió de Jenny y los demás y salió afuera. Luego de unos minutos salieron ellos también, para no levantar sospechas.
Durante el trayecto en el auto  de George ninguno dijo nada, y cuando entraron a la casa, descubrieron que tenían los ojos húmedos, llenos de lágrimas, y mucha, mucha tristeza en el alma. Allí también estaban John y Ringo esperándolos.
Se miraron, los cinco tenían el corazón roto. 


****************
Hola! Como siempre, pido perdón por la espera, ya saben, exámenes....
Una aclareishon (?) jajaja. Ya sé que Linda y Pattie no eran amigas, pero se me antojó ponerlo así, total es un fanfic, y aquí todo es posible muajajaja
Como ya es mi costumbre, les dejo la música, esta vez es un tema de Fito Páez, se llama Ciudad de pobres corazones, escúchenla, además le da el re clima al capítulo ;)


Les dejo un saludín a todas y gracias por leer! 

sábado, 19 de enero de 2013

Capitulo 51 Sinfonía Agridulce


Salía del correo, luego de enviar el telegrama de renuncia cuando un auto se estacionó. El vidrio de la ventanilla se bajó y vio a Brian.
-Eva, ¿podés subir?  Necesito hablar con vos.
Se extrañó, a saber con qué le saldría.
Subió al auto y Brian condujo hasta un lugar apartado sin decir una palabra. Ella no le quitó la vista de encima.
Al fin paró, y la miró.
-Paul me dijo que le pediste ayuda para tu amiga.
-Ah, si....-sintió algo de alivio.
-Mirá, sé que no nos caemos bien, pero...decime qué le pasó.
-Bueno....ella volvió con su ex, que se había divorciado. Pero le pegó, y ella lo dejó, pero ahora no la deja tranquila, se le aparece por todos lados y ella le tiene miedo.
-Me imagino. Uno de los abogados que tenemos tiene un colega que se ocupa de estos casos. Ya hablé con él, pero necesita que vaya tu amiga.
-Perfecto, le voy a decir.
-Ésta es su tarjeta, ahí está la dirección.
-Gracias Brian, de verdad.
-No es nada, lo único que hice fue hablar con él.
-No importa, gracias por ayudar con eso. Sos un buen tipo.


Dos dias después, Eva escuchaba como Jenny contaba con lujo de detalles todo su suplicio al abogado. El hombre anotó todo, y escuchó con atención.
-Bien señorita Cooke, déjeme decirle que lamentablemente usted no es la única que pasa por esto. El gobierno está ocupándose de estos casos, y quiere ayudar, asi que el perímetro judicial saldrá muy pronto.
-Ok, eso espero.
-Sí, usted podrá quedarse tranquila. Y también quédese tranquila en cuanto a mis honorarios, le cobraré poco, eso es algo que el gobierno también está haciendo, que los abogados cobremos poco a las víctimas, lo cual me parece mas que correcto.
-Ohh...bueno, muchas gracias.
-Cuando tenga novedades, la llamo por teléfono.
Jenny agradeció una vez mas y salió del estudio de abogados.
-Jen...¿le vas a contar a Patrick sobre esto?
-Y....tendré que decirle. Pero sólo le contaré que Joseph me molesta, no le diré porqué. No quiero perderlo, no quiero volver a ser una estúpida.
Eva abrazó a su amiga y luego la acompañó hasta su casa. En el camino no hablaron mucho, se dedicó a “estudiar” a Jenny. Su cabello había crecido mucho en los últimos tiempos y le llegaba a la cintura, además lo tenía mas claro y brillante. Estaba delgada, y sus preocupaciones le daban un toque triste a su semblante. Pensó en proponerle algo que quizás la entusiasmaría.
-Jenny...¿te gustaría ser mi modelo?
La chica se paró en seco, sorprendida.
-¿El qué?
-Verás....no te lo dije, pero renuncié  a la revista.
-¿Eh? ¡Noo!
-Pará, ahora estaré en el instituto de fotografía. Haré exposiciones y está la posibilidad de un libro. Sacaré fotos a lo que yo quiera y...ahora que te veo bien, podrías ser mi modelo, aunque sea para unas pocas fotos. ¿Te gustaría?
Jenny la miró por unos segundos hasta que esbozó una amplia sonrisa.
-¡Si, si, si! ¡Quiero hacer eso!
-Genial, entonces el sábado  a la tarde te espero en mi casa.


Como ya no estaba trabajando, esa semana la pasó llena de pereza, leyendo y mirando televisión. Cuando llegó el sábado, recordó que aún no sabía dónde tomarle las fotos a Jenny. Inspeccionó la casa, buscando un lugar apropiado, que tuviera luces y sombras.
-George....-le acarició el pelo al chico, que tocaba la guitarra tranquilamente en un sofá.
-¿Qué hay?
-Necesito pedirte un favor.
-¿Un  favor? –se incorporó para mirarla bien –Claro, decime.
-¿Podrías prestarme tu habitación?
-¿Eh?
-Necesito tomarle unas fotos a Jenny, y ese lugar es muy adecuado. Por la tarde entra buena luz.
-Mmm....mientras no satisfagan su curiosidad femenina revolviendo mis cosa.....
-¡Georgie! –rió.
-Jaja, sí, usala todo el tiempo que quieras. Además, prometo no molestar entrando y saliendo.


Antes de que llegara Jenny, había cambiado todo de lugar. Por suerte era una tarde de sol, lo que la beneficiaría.
-¿Qué tengo que hacer? –preguntó Jenny parada en la puerta, mirando todo.
-Primero, soltate el pelo, y ponete este vestido –le dio un vestido largo y blanco, que parecía mas un camisón. –Y ahora ponete esta corona de flores.
-¿Flores?
-Si, serás como una princesa triste.
Jenny largó una carcajada, pero obedeció. Eva le cepilló el cabello.
-¿No me tengo que maquillar?
-No, todo natural. Ahora somate al balcón, te tomaré una foto a color.
-¿Y qué hago?
-Mirá a un costado, nada mas. Y quedate seria, pensá en algo.
-Bien...
Eva le tomó la foto y después la hizo volver  a la habitación.
-Mirá por la ventana, pero apoyá tu mano en la cortina.
-¿Cómo si la estuviera descorriendo para mirar?
-¡Exacto! Quedate bien quieta, te tomaré una color y otra blanco y negro.
Después le hizo recostar le cabeza al borde de un sillón. Le encantaba como Jenny lo hacía porque era justo lo que había pensado, ella daba con el perfil melancólico que buscaba, además de tener unos ojos claros muy bonitos.
-Y ahora la última, mordé esta manzana.
-Ja, acá la Eva sos vos, no me corresponde a mí morder manzanas.
-Jaja, vamos, sólo ponete de perfil y mordé. 1..2...3 ¡Perfecto!
-¿Terminamos?
-Si.
-Uy, ya me siento famosa. ¿A quién mas le sacarás fotos?
-A Dante. Él será mi próximo modelito.




Pasaron dos meses. Apenas faltaban quince días para la exposición y revelaba las últimas fotos. Se sentía orgullosa, estaba muy conforme con lo que había hecho. Estaba libre, se levantaba a la hora que quería, iba donde quería, tomaba fotos a lo que quería.....No le quedaba mucho dinero, y prefería morirse antes de pedirle a los chicos, pero de todos modos, no necesitaba tanto, ni siquiera estaba gastando en transporte porque le gustaba caminar.
Colgó, para que se secaran, las fotografías que le había tomado a Dante. Amaba el contraste que hacía con las de Jenny: Ella, tan triste, nostálgica. Él, tan lleno de vida y felicidad. No importaba en qué pose estuvieran, con solo verles los ojos bastaba para notar ese contraste. Las que mas le gustaban de él era una donde tocaba la guitarra y otra donde estaba abrazado a un conejo, su nueva mascota.
Pensó en llamar a Jenny para que viera sus fotos, pero enseguida recordó que se había ido con Patrick y su banda, de gira. El chico no estaba enterado de que ella se había ido con Joseph, y al parecer jamás se enteraría. Pero Jenny estaba muy bien, se la veía normal.
Mientras guardaba sus cosas, ya que ya había terminado con todo, no pudo evitar pensar en  lo que venía ocurriendo desde hacía un tiempo. Andando por ahí, o cuando estaba con los chicos, no pensaba, pero una vez que se encerraba a revelar fotos, cuando quedaba casi a oscuras y aislada, se encontraba así misma. Y ahí pensaba en lo que estaba notando, desde que había vuelto de Francia. Las cosas con los chicos no estaban igual, a simple vista parecía que sí, pero en el fondo, no. Ellos seguramente ni lo notaban. A veces sentía como una tensión entre los cuanto,  o entre los cinco. Otras veces sentía distanciamiento. Sí, eso era, distancia. Quizás fuera su culpa por irse a ese viaje, pero ahora estaba de vuelta, y pasando mucho tiempo con ellos, pero pese a eso, los sentía lejos. Suspiró, con la esperanza de que todo fuera pasajero. Ya no se imaginaba viviendo sin ellos.



El día de la exposición llegó y allí estaban los cuatro, camuflados a mas no poder.
-¡Eva por Dios! ¡Están increíbles!
-Gracias John pero....ya las habías visto.
-¡Pero no en gigante!
-Si, bien grandes se ven super –agregó Ringo.
-¡Eva Victoria Sheels! ¡Voy a matarte! –gritó Jenny, riéndose –Toda esa gente mira las fotos donde estoy yo y me preguntan si soy la misma.
-Bienvenida a la fama –bromeó George.
-Ay no...¡me da vergüenza!
-Te doy una noticia: acaban  de decirme que esas fotos son las que mas se están vendiendo.
-¡No, Eva no! ¡Me muero!
-Sheels ¿podés venir? –se giró y se encontró con Murray. La siguió.
-¿Qué sucede?
-Tenemos la maqueta de lo que será el libro. Miralo. –le entregó una especie de revista.
-“5 fotógrafos ingleses” –leyó en la tapa. Debajo, los nombres de tres hombres, una mujer, y ella.
Le dio vértigo hojearlo, ya que se encontró con una foto suya que ocupaba una página completa, y al costado, bien grande “Eva Shells”. Se preguntó si estaba preparada para eso, pero enseguida se respondió que sí, que lo estaba.

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Ey, no se pueden quejar, les traje capitulo doble, para compensar la espera tan larga.  
Encontré una foto que mas o menos ilustra a nuestra Jenny:


Y como siempre, les dejo la música del capitulo (un temazo!)


Saludos y gracias por leer!


Capitulo 50 Cambios


Despertó sintiéndose extraña. No sabía qué tenía, si le dolía el cuerpo o no, si estaba deprimida o no. Era una sensación nueva, pero fea.
Se pasó las manos por la cara, tratando de recordar qué había hecho para estar así. Suspiró con culpa cuando lo recordó: la noche anterior se había puesto con la porquería de coca. No le había gustado, y ahora notaba las consecuencias. En realidad, ya no estaba atraída por esas cosas, ya no le llamaban la atención, pero estar rodeada de gente que sí le gustaba le hacía sentir la extraña necesidad de seguir consumiendo. Eso le daba miedo, pero creía en su autocontrol.
Estiró la mano y rió. Últimamente sus noches eran muy “locas” y a la mañana siguiente ni recordaba con quién estaba durmiendo. En otros tiempos le hubiera parecido una cosa de escándalo, pero la mente le había cambiado mucho.
-Ringo. –dijo adivinando. Lo destapó casi completamente y comprobó que sí era él.
-Ay Eva! –se quejó –¡No me destapes que hace frío!
Ella rió y volvió a taparlo. Se sentó en la cama y comenzó a vestirse, hasta que recordó que ese día no debía trabajar porque era feriado. Poco le costó sacarse todo y volver  a meterse en la cama.
No llevaba ni diez minutos dormida cuando escuchó que John le hablaba.
-Ey Vicky, vino tu amiga.
-¿Eh? –se giró con los ojos bien abiertos.
-Sí, Jenny. Está abajo. Creo que no anda muy bien....
Rápidamente se puso una bata y bajó junto a John. Mientras bajaba las escaleras, vio a Jenny sentada en un sillón, desarreglada y al parecer, bastante angustiada.
-Hola –saludó Eva.
Su amiga no le contestó, sólo se abalanzó sobre ella en un ataque de llanto.
-¡Perdón, perdón!
-¿Qué? ¿Perdón por qué?
-¡Tenías razón, tenías razón!
-¿En...en qué? –preguntó con temor.
-¡Joseph!
-¿Qué te hizo?
Jenny sólo negó con la cabeza y dijo algo ininteligible debido al llanto que la ahogaba. Eva la condujo hasta un sofá y allí  se  sentó junto a ella, a esperar a que se calmara mientras le acomodaba el cabello. Cuando pudo hablar, Jenny tomó aire, tratando de controlarse y no volver a llorar.
-Jo..Joseph....es una basura. Eva, me fui con él. Fue una pasadilla, me pegó.
-¿Cómo que te pegó?
Jenny asintió y se arremangó, en sus brazos Eva pudo ver varios moretones.
-Cuando me enteré que habías regresado de Francia, vine corriendo. Necesito alguien que me ayude, él me hará la vida imposible.
-Tranquila, lo vamos a denunciar.
-Nadie nos escuchará....
-Los chicos me pueden ayudar.
-Eva, mirá si gente tan famosa como ellos se va a enredar en un caso de una mujer golpeada.....Por favor...
-Tienen contactos. ¡Paul! –gritó.
El chico se asomó desde la cocina, somnoliento.
-¿Qué pasa?
-¿Podés venir?
Se acercó y saludó a Jenny.
-Paul, necesito que le preguntes a Brian o a alguien que ustedes conozcan, si nos pueden ayudar. El...bueno., el novio de Jenny le pega, y no la dejará en paz.
-Desgraciado....Mmm....creo que podríamos decirle a algún abogado....Se pueden hacer esas cosas, esas órdenes judiciales que no permiten que el tipo se acerque.
-Un perímetro judicial, sí.
-Se sentirá protegida. Hablaré ahora mismo con Brian. No le caés my bien pero...en un caso asi no dudará en ayudar, es buen tipo.
-Gracias Paul, de verdad.
-De nada, no me agradezcas –sonrió –Ahora lo llamo.
Paul se alejó y Jenny miró a Eva.
-Eva, ¿te parece?
-Claro, vas a ver que ese hijo de puta te dejará tranquila. Ahora volvé a tu casa y descansá. Pará....mejor te acompaño, hace mucho que no veo a Anne y a Dante.


Después de casi todo un día compartido juntas, Jenny se sintió mejor e incluso llamó a Patrick, a quien le había mentido diciéndole que ella también había viajado a Francia. Aún no sabía si decirle la verdad, pero no quería lastimarlo, él era el único tipo de su vida que verdaderamente era un hombre.
Cuando Eva volvió a su casa, estaba cansada de correr detrás de Dante y afónica de charlar y reír.
-Llamaron del instituto de fotografia –informó George ni bien la vio.
-Ah..¿qué dijeron?
-Nada, les dije que llamaran después. ¿Viste que buen secretario soy?
-Jaja, claro amor, eso no se duda –le dio un beso. El teléfono sonó.
-Ahí están –dijo George.
Corrió a contestar.
-¿Eva Sheels?
-Sí, soy yo.
-Soy Murray, del instituto de fotografía. ¿Mañana podría acercarse, por la tarde? Necesitamos hablar con usted.
Eva asintió, peo no se animó a preguntar qué pasaba. Pensó que quizás querían ofrecerle algo y eso le daba temor, sin saber porqué. Aún continuaba pensando la idea de dejar su puesto en la revista, pero no estaba segura.



Al día siguiente trabajó mucho pero casi terminó de decidirse a dejar su trabajo cuando escuchó, al pasar por un pasillo, que tenían pensado mandar a “un grupo” a Estados Unidos, a hacer notas. Se agarró la cabeza, seguramente en ese “grupo” estaría ella, y quién sabe por cuanto tiempo la mandarían, Estados Unidos era enorme y llevaría meses recorrerlo.
Por eso, cuando fue hacia el instituto lo hizo con rapidez, aceptaría cualquier cosa que le ofrecieran hacer.


-Pase.
-Hola señora Murray –saludó con timidez.
-Eva, pensaba que no vendrías. Sentate –señaló unas sillas frente a su escritorio.
-Disculpe la tardanza, tenía mucho que hacer en el trabajo.
-No te preocupes. Decime...¿en ese trabajo ganás bien?
-Mmm....sí, no está mal.
-Pero debés cumplir horarios e ir donde ellos quieren, ¿no?
-Si, si,. Además es un trabajo de tiempo completo.
-Y...¿te gusta?
Frunció el ceño, extrañada ante la pregunta. Murray era una mujer que parecía recta y de pocas palabras, era realmente raro que le hiciera esas preguntas.
-Pues....sí, me gusta porque amo tomar fotografías.
-Bien Eva, iré al grano. Hay otra exposición y queremos que estés. Eso no choca con tu trabajo, ¿o sí?
-N...no....
-Pero hay otra cosa. Me decís que te gusta tu trabajo porque tomás fotos. Te ofreceré algo, pero quizás no te podamos pagar lo mismo, no tenemos las ganancias que tiene una revista, por mas que el arte esté en auge.
Pestañeó rápido, tratando de entender todo lo que le había dicho. Murray continuó hablando.
-Existe la posibilidad de un libro de fotos. Serías vos y cuatro fotógrafos mas. Sabemos que será un éxito, a todo el mundo le interesa la fotografía ahora. Pero si aceptás, tendrás que poner lo mejor de vos, y creo que si trabajás tanto no podrás....Si te interesa el dinero inmediato, esto no te conviene. Pero si no es así, y te conformas con dinero luego de la exposición, o de la salida del libro, podés aceptar. Te doy unos días para pensarlo y después me de...
-Acepto.
Murray la miró, era la primera vez que Eva la veía sorprendida por algo.
-¿Cómo?
-Si, acepto. Quiero dedicarme a esto, el dinero no me interesa mucho. Sobre todo, quiero tener mas tiempo para dedicarle a....mi familia.
-¿Estás casada?
-No, estoy de novia.
-Mirá que si aceptás tendrás que...
-Si, ya sé, tengo que renunciar  a la revista –la interrumpió –Lo haré.
-Muy bien Eva Sheels, bienvenida al universo de la fotografía. De acá a nada serás una reconocida fotógrafa.



-¿QUÉ? –exclamaron los cuatro al mismo tiempo -¿RENUNCIÁS?
-Así es –respondió traviesa. –Que conste que ustedes no ganan, evalué todo y decidí que es lo mejor.
-Claro que es lo mejor –dijo John –Ahora no te mandarán por ahí con un montón de babosos.
-John y sus celos....¿Para cuándo la película?
-No te burles Victoria, que sabés que digo la verdad. Tus compañeros son unos acosadores.
-Bueno...en cierto punto, sí.
-¡Ahora pasarás mas tiempo junto a nosotros! –dijo George.
-Esa es una de las ventajas. No cumpliré mas horarios, y le tomaré fotos a los que se me antoje. Pero hay algo mas....Adivinen qué.
-¿Harás muchas exposiciones? –preguntó Paul.
-Mmm....no sé. Pero eso no es.
-¿Hoy prepararás la cena?
-Ni sueñes George.
-¿Te teñirás el pelo?
-John...está relacionado con el trabajo –lo miró y negó con la cabeza.
-¿Sacarás  un libro?
-¡Bien Ringo! ¿Cómo adivinaste?
-Es medio vidente el narigón.
-Callate Lennon
-Ey, ey, no peleen. Decime cómo supiste.
-Se me ocurrió.
-Buena ocurrencia., acertaste. Harán un libro de fotos de cinco fotógrafos y ahí estaré yo.
-¡Eso es brutal! –gritó Paul -¡Vamos a festejar! John, traé algo para tomar.
-Sí, amo –le sacó la lengua.


Cuando se despertó sintió lo mismo que días atrás. Otra vez el festejo se había alargado mas de la cuenta y lo que era peor, se había metido la mierda de coca otra vez.
Recordó que tenía que hablar con el director y se levantó, apresurada.
-¿No hay beso de buenos días?
-No John, estoy apurada –contestó tratando de ponerse los zapatos.
El chico sólo gruñó y ella juntó sus cosas.
-Iré a maquillarme al baño, así no te molesto con la luz. Nos vemos después –le dio un beso rápido y se fue.



Al llagar al trabajo miró su reloj. Era temprano y eso explicaba que aún no hubieran llegado todos. Vio al director de la revista peleando con una máquina expendedora de café.
-Hola....
-¡Hola Eva! ¿Cómo estás?
-Bien. Necesito hablar con usted, es un tema...digamos que delicado.
-De acuerdo, vamos a mi oficina, asi no termino de romper esta máquina.
Subieron al ascensor y allí hablaron de cosas triviales, como el clima. Ni bien entraron  a la oficina, Eva enseguida comenzó a hablar de lo realmente importante. Le expuso sus razones y agradeció todos los beneficios de los que había gozado mientras estuvo allí. Para su suerte, el director no se lo tomó mal, e incluso la felicitó, asegurándole que se haria famosa.
Trabajó todo ese día y cuando terminó sintió que se había sacado un peso de encima. Sonrió, ahora era libre.

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En minutos subo el próximo :)

domingo, 30 de diciembre de 2012

Capitulo 49 Ella usó mi cabeza como un revólver


La estadía en Francia se estaba haciendo demasiado aburrida. No hacía ni dos días que estaba allí y ya se sentía fastidiada. Sarah, su compañera, no hacía mas que coquetear con todos y decir estupideces, aparte de reírse histéricamente de cualquier cosa. En una sola cosa coincidía con ella: en quejarse del hotel mugroso donde estaban parando.
-Eva, ¿podrías prestarme algo de shampoo? Olvidé el mío –dijo Sarah asomándose por la puerta del baño, tapándose con un toallón.
Suspiró y estiró su mano, para abrir el cierre de su maleta y sacar un frasco. Se puso de pie y se lo alcanzó.
-Gracias –sonrió la pelirroja antes de cerrar la puerta.
Se dejó caer en la cama y tomó su cámara, observándole todos sus detalles. En realidad no la observaba, su cabeza estaba en otra cosa: en los cuatro que había dejado en Londres.
Ni siquiera los había llamado avisándoles que ya estaba en su lugar de destino, pero sentía que quizás a ellos ni siquiera les importara. Sus dudas empezaron a asaltarla. Quizás, también, ella ya no fuera tan importante para ellos.
Se puso de pie, rebuscó en el bolsillo interno de su tapado que estaba colgado en una silla, y sacó un paquete. Lo abrió y a la vista quedó la hierba que se había traído. Comenzó a armarse un porro, pensando que lo único que tenía de ellos en ese momento era eso, un poco de hierba. Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando por su mente cruzó una especie de presentimiento: quizás eso, la hierba y varios vicios que estaba adquiriendo fueran lo único que le quedaría de ellos.


-Ni siquiera llamó –dijo Ringo mirando el teléfono con insistencia.
-Que te olvides de ella Starkey, ya te lo dije –respondió George acomodándose la corbata frente al espejo.
-¿Cómo podés ser así?
-¿Así cómo?
-Parece que ya no te importara.
George se giró y miró a su amigo. Ringo se dio cuenta que lo de George eran puras palabras, su semblante demostraba que no la estaba pasando nada bien.
-No tendría que importarme porque a ella ya no le importamos. Pero bueno, la vida es así. El amor es así.
-Mejor vamos, Brian nos espera.
Cuando bajaron, el manager sólo hizo un suspiro de exasperación.
-Ustedes también. ¿No pueden cambiar esas caras de funeral?
-No. –respondió John.
-Lamento esto pero voy a pronunciar una frase que en este momento me regocija: “Se los dije”.
-Callate Brian –dijo Paul, sin poder ocultar su molestia –No hables como un padre. Y no te metas en esto.
-Muy bien, hagan lo que quieran. Pero esas caras las cambian.
Resignados, echaron a andar hacia la puerta.


-Hola Evita de mi amor.
-Salí de acá Robert, no me toques.
-Pero...
Se puso de pie, sin reprimir su cara de asco hacia su borracho compañero, que no había parado de molestarla.
-¿Te vas? –preguntó otro compañero.
-Si, me voy. Este bar apesta.
Tomó su chaqueta y se largó de allí, ante la mirada de desprecio de sus compañeros. Caminó hasta que salió de los suburbios y llegó al centro de París. Anduvo hasta cansarse y se sentó en el cordón de una vereda. No estaba permitido sentarse allí pero le daba igual. Vio que enfrente había un teléfono público y sin pensárselo dos veces cruzó la calle. Si embargo, al llegar, comenzó a dudar. ¿Llamar o no llamar? Miró a todos lados, impaciente sin saber porqué, como si esperara algo. Al fin se decidió y sacando unas monedas del bolsillo de su minifalda, se acercó y tomó el auricular, metiendo antes las monedas.
-Operadora, comuníqueme con Londres.


El teléfono sonaba y sonaba, pero no había nadie allí para atender. Los cuatro estaban en una fiesta que habían creído que sería aburrida, pero estaba resultando lo contrario. Esperaron a que Brian decidiera irse para soltarse del todo. Comenzaron por barrer con todo el alcohol que hubiera a su disposición, charlar o bailar con todas las mujeres,  y después terminaron encerrándose en un baño para fumarse unos porros.
-Me voy a volver loco –dijo John.
-Sólo se fue hace dos días y la extraño demasiado –agregó Ringo.
-No llamó, nada. No nos quiere.
-Paul no digas estupideces
-Es la verdad, George.
-Hari hace unas horas decias lo mismo.
-Pero ahora pienso lo contrario.....ay, no sé, no sé qué pensar.
-No pensemos nada, sigamos ahogando penas. Aprovechemos que es gratis.
Todos siguieron  a Paul no muy convencidos. Ni bien salieron, se separaron. Paul sólo se apoyó en una pared y cerró loso ojos, para calmar el mareo Cuando los abrió, tenía delante suyo a una chica rubia que lo miraba con curiosidad.
-¿Podría hacerte algunas preguntas? -dijo con tono amable.
-Ah, si, si, claro –trató de recuperar la compostura. –Primero decime tu nombre.
-Linda.


Colgó el teléfono con rabia y echó a andar, temiendo haberse perdido en aquella gran ciudad, aunque consideraba que si le pasaba eso sería un favor. Sólo tenía ganas de desaparecer.
Metió las manos en los bolsillos de su chaqueta, ya que tenía frío y caminó y caminó, a veces insultando a los automovilistas que le gritaban algo. La verdad que, siendo la hora de la madrugada que era, y estando sola en la calle, mas de uno la confundiría con una prostituta.
Cuando llegó al hotel, Sarah ya estaba dormida. Se desvistió mientras miraba a la chica, y pensaba qué habría hecho parta entrar a trabajar en la revista, cuando no sabía nada de nada. Evaluó si se habría acostado con el director o con el vice.
-Al fin llegás –se quejó la pelirroja cuando abrió los ojos, molesta por la luz del velador –mañana nos vamos a Lyon.
-Mirá que bien –contestó Eva sacándose las botas.
-Ey Sheels, ¿vos vivís sola? ¿Tenés novio? ¿Qué hacés de tu vida?
La miró bien, sin creerse que le preguntara eso, y se metió en la cama.
-Eso no es algo que te importe.


Después de un agotador, y según ellos, frustrante día de trabajo, los cuatro se sentaron a la mesa.
-Esta comida es horrible, ¿dónde la compraste John?
-Llamé a un teléfono que había pegado en la heladera. Comé y callate Harrison.
-Yo no tengo ganas –Ringo empujó su plato –Mejor me voy a dormir.
-Esperá –dijo Paul –Quiero mostrarles algo.
-La comida se enfría –John señaló el plato de Paul.
-Da igual –Paul revolvió sus bolsillos hasta que sacó una bolsita pequeña, con algo adentro envuelto en papel.
Abrió todo hasta que sobre la mesa quedó al descubierto un polvo blanco.
-¿Y eso? –preguntó George.
-Me la dio un amigo.
-No me digas que es.....
-Si John –completó Paul –Es coca, merca, piedra, la dama blanca....en fin, cocaína.
-Dame todo lo que tengas.
-Pará hombre, no te apresures....-con una sonrisita, fue armando una línea, y después comenzó a hacer un rollo con un billete. –Si tenemos dinero, podemos usarlo para cosas como estas, ¿no?
Al rato, todos estaban aspirando como locos, pero cuando el efecto se fue disipando, cayeron en un bajón que los deprimió aún mas.


Luego de tomar fotos a una banda que consideraba mediocre, Eva se sentó en la camioneta.
-Bien muchachos, es hora de partir hacia donde pasaremos la noche –anunció el chofer. Todos subieron precipitadamente.
-¿Podríamos....?-comenzó a decir, pero Robert, su compañero, la interrumpió hablando a los gritos sobre un partido de futbol que se disputaría esa noche en Inglaterra, el cual insistía en ver.
Cuando se calló, Eva volvió a hablarle al chofer.
-¿Podríamos pasar por un lugar donde haya teléfonos públicos?
-Claro que si Evita, ya busco uno.
Hizo una mueca, fastidiada por la forma en la que la llamaban, “Evita”. Diez minutos después, pedía comunicación, mientras  miraba a sus impacientes compañeros en la camioneta, al otro lado de la calle.
-Hola –dijo cuando escuchó que se descolgó el teléfono.
-¿Vos?
Reconoció enseguida la voz de George. Sonaba a rencor.
-George.....sí, soy yo.
-¿Recién ahora llamás?
-Perdoname....Llamé anoche pero nadie contestó.
-No estábamos.
Escuchó ruidos, y otras voces, pero no pudo reconocerlas debido al barullo de la calle.
-Eva...
-¿Ringo? ¿Sos vos?
-Te extraño.
Sonrió, le pareció tremendamente tierno, al menos él no estaba enojado. Pero también le pareció extraño.
-Ringo...¿te pasa algo?
-No....
-¿Estás drogado? –dijo lo mas bajo posible.
-Bueno....sí, algo así.....Cuando vuelvas la vas a probar, es co....
-Hola Victoria. –se escuchó de repente.
-John.
-¿Llamaste para decirnos lo bien que estás? ¿Ya no volverás?
Puso los ojos en blanco y suspiró profundo. No le diría que lo estaba pasando mal sólo para no darle el gusto.
-Llamé para ver cómo están. Y sí, volveré.
-Que bien, pero no sos nuestra madre para llamar por si estamos bien o mal. No estamos a tu cuidado.
-¡Eva apurate! –gritó Sarah desde la ventanilla de la camioneta.
-Tengo que irme, me están esperando.
-Da igual –dijo John, y colgó.
Casi azotó el auricular contra el aparato y cruzó la calle sin mirar, en dirección a la camioneta.
-¿Dijiste Ringo? ¿Hablabas con alguien que se llama Ringo? –preguntó Sarah con insistencia.
-Si, mi perro.
-¿Tu perro habla por teléfono?
-Ya vámonos –le dijo al chofer, que arrancó enseguida.

-¡¿Qué hiciste?! –exclamó Paul -¡Iba a  hablar yo!
-Tuvo que irse, la esperaban., o algo así dijo. Además, te recuerdo que hace unos minutos no parabas de insultarla.
-Pero....no sabía que llamaría –se dejó caer en un sillón, y se agarró la cabeza –Esto me va  a matar.
-Esa porquería te tira abajo....no sé si la volveré  a probar....-dijo George.
-No me refería a eso. Me refería a lo de Eva.
-Bueno si, también......
-¿A veces no sienten que todo se está yendo al carajo? –John miró a sus amigos, que sólo asintieron.



Los días pasaron con lentitud, una lentitud suficiente como para volverlos locos a los cinco. El humor no ayudaba, ya que era fluctuante. Todos pasaban del amor al odio en cuestión de minutos, lo mismo sucedía con las recriminaciones, las culpas, las excusas, los celos, las suposiciones.....
Eva concluyó que el viaje había sido el peor de su vida, ya que ni siquiera había apreciado los paisajes, debido a su constante preocupación.
Pero no quería reconocerlo, sentía que si lo hacía en cierto modo les estaría dando la razón a ellos. Se sentía dominada, pero a la vez incapaz de sobrevivir sin esa dominación.


Cuando al fin se paró frente a la puerta de la casa con una maleta en cada mano, se debatía entre llamar o no. Quizás la echaran como a un perro.
Se decidió y  extendió su brazo para golpear, pero no tuvo tiempo, la puerta se abrió, y apareció George, que tampoco le dejó tiempo para hablar, ya que cuando quiso decir algo, él ya la estaba besando con desesperación.
Se separó de ella, para mirarla con sus profundos ojos, y acariciarle el rostro.
-¿Estás bien? ¿No te pasó nada?
-Si George, estoy bien....-dijo aún sorprendida -¿No....no estás enojado?
El chico sólo sonrió y volvió a acariciarle el rostro.
-Tantas veces me enojé y tantas te perdoné....Aunque ni sé si había algo para perdonar. Vení, entrá. Vi por la ventana que habías llegado, por eso corrí a abrirte.
Entró con una sonrisa, auque también temiendo por la reacción de los otros.
Vio que Paul bajaba las escaleras corriendo, y se alegró de inmediato. El sólo la besó casi con la misma pasión que George, y luego le besó el resto de la cara y el cuello.
-Ya Paul...-rió.
La abrazó, y le acarició el pelo.
-Te extrañé, ¿sabés?
-Yo también Paulie. A todos los extrañé.
-¿Segura? ¿A mí también?
Se soltó de Paul y vio a John, apoyado en el marco de la puerta de la sala de música. Curiosamente, la reacción que mas temía era la de él.
-Sí John.  A vos también.
Le sostuvo una mirada de hielo, hasta que al fin la relajó y le sonrió. Durante esos segundos, Eva temió lo peor.
-Vení Vicky –John extendió sus brazos y ella fue a él.
Se abrazaron con fuerza, y después se besaron, pero de una forma mucho mas tranquila.
-Te amo, ¿lo sabías?
-Claro que lo sé, John, y no lo dudo. Y yo también te amo.
John le regaló una sonrisa que ella pocas veces le había visto, una sonrisa llena de sinceridad y agradecimiento.
-¿Y Ringo? –preguntó.
-Por ahí...-contestó George sin darle importancia.
-¡Está en el jardín! Ni se debe haber enterado que llegaste, voy por él.
-No Paul, dejame a mí, voy a darle la sorpresa.
Salió al jardín y allí lo vio, sentado con su mirada confundida en el azul del cielo.
Se acercó de puntillas, por detrás, y le tapó los ojos.
-¿Quién soy?
Ringo quitó sus manos al instante y se giró rápidamente.
-¡Viniste!
-¡Claro que vine, amor! –le plantó un gran beso, y cuando intentó separarse, fue él quien la besó, con mas intensidad.
-Vamos adentro, ¿si? Hay mucho de qué hablar.



Pronto se hizo de noche, el tiempo pasó rápido mientras ellos le contaban todos los sufrimientos por los que había pasado. Se sintió culpable, pero luego siguió hablando ella. Sin darse cuenta, comenzó a hablarles de su viaje, no podía ocultarles nada a esos cuatro pares de ojos que la miraban con toda curiosidad e interés. Les habló de las condiciones, del acoso de sus compañeros, de Sarah....Sin embargo, ellos no le recriminaron nada, simplemente la escucharon y la consolaron de su desilusión. Mientras los escuchaba y aceptaba sus mimos, se le pasó por la cabeza lo que tantas veces le habían dicho. Dejar el trabajo. Comenzó a pensar que quizás no era una idea tan mala.  


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Hola! Ultimo capitulo del año! Espero que lo pasen lindo :)
Les dejo la canción que le da título al capi, una de mis canciones preferidas, que se puede usar para aplacarla a una mujer, pero dicen que en realidad está dedicada a la cocaína, o sea, está bien relacionada al capitulo jeje. 


domingo, 9 de diciembre de 2012

Capitulo 48 Presenté mis credenciales a tu risa, y me clavaste una lanza en el costado.


Parada al lado de un montón de desconocidos, sonreía nerviosa. Era la inauguración de la exposición, y Scott, el hombre mayor que prácticamente era dueño del instituto, pronunciaba unas palabras de bienvenida a todos los interesados que se habían acercado.
Además de ella, exponían unos diez fotógrafos mas, por lo tanto la galería de arte estaba llena, de punta a punta, de fotografías, que todos miraban con interés.
-Hola...-escuchó detrás suyo, y de inmediato reconoció la voz y se giró, asustada.
-¡George! –exclamó, aunque en voz baja -¿Qué hacés acá?
-Vinimos –dijo sonriendo con inocencia.
Eva miró a su alrededor hasta que distinguió a los otros tres, perfectamente disfrazados.
-¿Qué hacen acá? –le dijo a George -¡Los pueden reconocer y se armará un caos!
-Tranquila, no pasará nada.
-Hola Vicky –dijo John, acercándose –No suponías que te dejaríamos sola, ¿o si?
-Pues...ni siquiera lo habia pensado. Di por sentado que no venían
-Pero acá estamos. Te felicito, estás teniendo éxito. Esos tipos de allá miran muy bien tus fotos.
-John...esos son Paul y Ringo –dijo muerta de risa.
-Ah, mirá vos, están irreconocibles jaja. Bueno, hay mas tipos que también miran tus fotos.
-Es verdad, yo escuché a unos tipos cuchicheando sobre lo tuyo –dijo George.
Murray se acercó y miró con algo de curiosidad a los dos extraños.
-Son amigos míos –dijo Eva antes de que la mujer pronunciara una palabra.
-Un gusto –dijo Murray, con poca expresión –Eva, vení conmigo, hay gente que pregunta por vos.
Saludó con la mano a George y a John y se fue. Murray le presentó al resto de los fotógrafos, algunos simpáticos, otros un poco reticentes. Seguramente no les caería muy bien la entrada de una “nueva” al círculo casi exclusivo que parecía tener el instituto. Sin embargo, las buenas críticas, tanto de los fotógrafos como de otros hombres que se encontraban allí, le dieron mas confianza como para enfrentar a esas miradas displicentes.
Regresó junto a los chicos, que ni bien pisaron la casa descorcharon champagne.
-Hay que brindar –dijo Ringo sirviendo las copas –Eva tuvo un éxito rotundo en su primer exposición y nosotros....¡terminamos el disco!
-¿Ya? ¡Qué rápido! Los felicito.
-Claro que lo hicimos rápido, nosotros somos así –John le guiñó un ojo.
-Eso ya lo sé –respondió ella con una sonrisa picara.
-Ey Evy, tendrías que dejar tu trabajo y dedicarte solo a esto.
-Paul, lo de las exposiciones no es nada seguro, capaz que ni me vuelven a llamar.
-Brindemos de una vez –dijo George.




-Hola, soy Jenny –saludó la chica cuando Ringo abrió la puerta.
-Si, ya sé quién sos –rió -¿Buscás a Eva? Ya la llamo. Pasá, ponete cómoda.
-Ok, gracias –Jenny entró y al instante se quedó sola. Comenzó a mirar todo a su alrededor con mucha curiosidad. En otros épocas hubiera matado por entrar allí, y una vez dentro se hubiera llevado hasta el polvo de las alfombras, pero en ese momento de su vida ya no estaba para esas cosas de chiquilla.
-Ey Jen, ¿cómo estás? –saludó Eva, bajando las escaleras –Te esperaba en la exposición, y no fuiste. Mala amiga –dijo riéndose, pero Jenny se mantuvo seria.
-¿Podría hablar con vos de...un tema?
-Por supuesto, ¿pasó algo grave? –dijo preocupada al ver el semblante de su amiga.
-No, no.
-Vení, vamos a mi habitación.
Jenny siguió a Eva, subiendo por las escaleras, hasta que llegaron y se encerraron. Ambas se sentaron en la espaciosa cama.
-Contame qué te pasó.
-Es...Joseph.
-Me imaginé –dijo en un suspiro.
-Eva yo.....voy a volver con él.
-¿Qué? –preguntó sobresaltándose.
-Si, voy a hacer eso.
-Jenny....no, no lo hagas....
-Lo quiero, y no puedo evitarlo –dijo tratando de ocultar un sollozo.
-Pero, ¿y Patrick? ¿A él no lo querés?
-Si, claro que lo quiero. Pero lo de Joseph...es distinto, es mas....mas...
-Mas nada Jennifer –le cortó, enojada –No podés hacer esto, te vas a arruinar la vida.
-Es una decisión tomada.
-¡Que no! No podés hacerlo, te vas a arrepentir, ¿ya no recordás todo lo que te hizo?
-Si, claro que lo recuerdo. Eva vos también vas a arruinarte la vida, y sin embargo no te digo nada, cuando te lo dije no me hiciste caso, seguiste adelante. ¡Yo voy a hacer lo mismo!
-¡Pero es muy distinto! A ver....-respiró profundamente, tratando de calmarse para poder hablar bien –tenés que pensar no solo en vos, sino también  en Patrick, saldrá muy lastimado y no se lo merece.
-Ya lo sé. Estaré con Joseph, si las cosas no van bien seguiré con Patrick, y no se enterará nunca de nada. Y si todo va bien....bueno, buscaré la firma de decírselo.
-Jenny eso es muy egoísta. –la miró bien, tratando de reconocer a quien tenía enfrente. No era la misma Jenny de siempre.
-Vos también sos muy egoísta.
-No desvíes el tema hacia mí, estamos hablando de vos. Lo vas a usar, lo vas a engañar, o cornear, o como le digas, todo por volver con....¡con ese viejo!
-¡Basta Eva Sheels! ¡Basta de opinar y criticarme! No sé para qué vine  a contarte esto. Evidentemente, no me entendés. ¡Me voy!
Y sin darle tiempo a nada, Jenny desapareció dando un portazo. Pero Eva ni trató de retenerla. Sabía que en poco tiempo volvería. Rogaba que sucediera eso, antes  de que fuera demasiado tarde.
-¿Pasó algo? ¿Estás bien? –dijo George asomándose –Escuché a tu amiga que....
-Si, pasó algo malo –lo interrumpió, mientras trataba de aguantarse las lágrimas de rabia que querían escapársele.
-Uy no....-George entró, cerró la puerta y se sentó con cuidado a su lado. La abrazó y le dio un beso en el pelo –Contame todo lo que pasó. Y llorá todo lo que necesites, sabés que a mi no me importa.



Al día siguiente, entró al edificio buscando a su amiga hasta que se topó con su mirada. Las milésimas de segundos que la vio, notó una mirada fría, que luego Jenny desvió, para mirar hacia unos papeles que tenía en la mano. Igualmente se acercó.
-Jenny....
La chica ni levantó la vista, y justo comenzó  sonar uno de los teléfonos.
-Tengo que atender –fue todo lo que dijo, antes de descolgar.
Eva dio media vuelta y subió las escaleras. El día, en esas condiciones, le sería muy duro, y quien sabe hasta cuándo serian así. Jenny parecía ser la chica que conoció, había retrocedido al pasado. Seguramente Joseph ya le habría llenado la cabeza.
Caminaba por el pasillo pensando en todas esas cosas cuando se abrió la puerta de una de las oficinas y se apareció el director.
-Ah Eva, justo tenía que hablar con vos.
-Bueno, dígame –trató de hacer una sonrisa.
-Verás....tendrás que hacer un viaje.
-¿Un viaje?
-A Francia. Hay bandas y cantantes nuevos allí, y estaría bueno que hagamos una recorrida, así se nota que somos internacionales. No te preocupes, no irás sola con los muchachos –rió –también irá Sarah.
Saber que tenía que irse de viaje, y encima con Sarah, una pelirroja de ojos verdes por la que todos estaban locos aunque no sabía ni escribir sin faltas de ortografía, le hizo dibujar una mueca en la cara.
-Pero...¿tengo que ir yo?
-Así es, sos de lo mejor de acá. El viaje estaba planeado para hace tiempo atrás, pero como estabas enferma......Además, podrás tomarte unas mini vacaciones. ¿Alguna vez fuiste a Francia?
-No.
-Bueno, aprovechá. Salen en dos días.
-¿Cómo? ¿Dos días?
-Si, ¿para qué esperar mas? Te dejaré tu pasaje esta tarde. Ah, y recordá que te pagaré mas, ya sabés, los viáticos. ¡Nos vemos!
El director se alejó alegremente, mientras saludaba a todos los empleados que se le cruzaban. Eva se mordió el labio y se agarró la frente. En esos momentos odiaba su trabajo.



-Muñeca....
-Ay Ringo soltame –dijo riendo –Estoy cocinando.
-Eso puede esperar –dijo besándole el cuello -¿Qué te parece?
-Ey, ey, está haciendo comida eso es importante, no la molestes –dijo George entrado a la cocina.
-Harrison el interrumpidor –Ringo soltó a Eva -¿Por qué no te casás con la comida y dejás de molestar?
-Pobre Georgie, seguro tenés hambre.
-Si mami.
-Ay “si mami” –se burló Ringo, pero por toda respuesta, George le sacó la lengua.
-Acá hay unos bocadillos, comé uno. O bueno, comé todos –Eva le dio una bandeja, que George comenzó a comer con entusiasmo.
-Mmm....está delicioso.
-Hola energúmenos –saludó John –Perdón, eso no iba  para vos Vicky.
-Mas te vale. ¿Ya terminaron?
-Si, solo era grabar las voces de Paul y la mía. Ya casi está terminada la canción.
-¿Y Paul dónde está?
-No sé, se quedó comprando “una cosa”. Así dijo.
-Que raro. Bueno, ¿me van  a ayudar con la comida? Miren que yo no soy su chef.
-Ayy...está bien, te ayudamos –dijeron de mala gana.
Los cuatro siguieron con la comida con tranquilidad, ya que cada uno estaba concentrado en una tarea, para así terminar mas rápido.
-Para mí que Paul se fue por ahí para no cocinar –dijo Ringo –Yo tendría que haber hecho lo mismo, así no luchaba con estas cebollas de mierda.
-Uy no...¿te hacen llorar? –Eva se acercó.
-Me hacen llorar como la puta madre.....las odio –se restregó los ojos –Ay....¡arde!
-Vení, vení, dejá eso, no quiero que esos ojazos se estropeen –le dio un beso en cada párpado, mientras él reía –Dejame que yo sigo.
-No, no, te va a hacer mal.
-¡Hola!
Todos se dieron vuelta y vieron a un gran ramo de flores de colores, y detrás, a Paul.
-¿Y esas flores? ¿Son para tu entierro? –dijo John.
-Idiota. Son para Eva.
-¿Para mi? ¡Paulie! ¡Gracias! –se abalanzó sobre él, para llenarle la cara de besos.
-¿Te gustan?
-¡Me encantan! Voy a ponerlas en mi habitación, ya vuelvo.
Subió corriendo con el ramo, y cuando entró a su habitación, buscó un florero, que llenó de agua. Mientras acomodaba las hermosas flores, recordó que tenía algo para decirles. Algo que seguramente no tomarían bien. Suspiró.


-Al fin, ya te estábamos por llamar a comer. Como ves, terminamos –dijo John –Y apurémonos porque tengo hambre.
-De acuerdo, pero...
-¡Vamos a comer! –George  se sentó a la mesa y miró impaciente a todos.
-Si, pero quería decirles algo...
-Puede esperar, hay que comer.
-Paren, paren, es algo importante.
Los cuatro la miraron inquisitivamente, ya que no distinguían la expresión de su rostro, parecía insegura, tímida, perdida....
-¿Pasó algo malo? –peguntó Paul con miedo.
-No....es....es que....
-Sin rodeos Vicky.
-Ok. En dos días me voy a Francia.
-¿Qué? –preguntaron al unísono.
-Me voy  por diez días.
-Pero...pero.....¿por qué? –peguntó George, canalizando el desconcierto de todos.
-Me mandan de la revista. Tengo que ir, no me queda otra opción.
-¿Vas a ir sola?
-No Rin. Voy  con mis compañeros.
-¿Compañeros? ¿Son hombres?
-Si....-dijo con miedo –Somos siete personas., cinco hombres y dos mujeres.
-¿Cinco tipos? ¿Diez días viajando con cinco tipos?
-Son muy buenos, no se preocupen, siempre trabajo con ellos.
-¡Pero Eva! –Paul se levantó de la silla –A ver, entiendo que sean buenos, que los conozcas, pero una cosa es trabajar una tarde a cinco cuadras de tu casa, y otra estar diez días en Francia.
-Ya sé que hay diferencias, pero la mayoría está casado y....
-Eso no tiene nada que ver –cortó John –Olvidate de ese viaje. No vas.
-Es mi trabajo, y tengo que cumplir, lo suspendieron antes porque estaba “enferma”
-Ah, ahora la culpa es nuestra.
-No estoy diciendo eso, Lennon –lo miró con severidad.
-¿Entendés porqué te decíamos que dejaras el trabajo? Te quita tiempo, y si ahora te mandan a Francia, mañana te mandarán a Alemania, pasado a América, y así.
-Y bueno...tendré que ir.
-Es que no vas a ir. Renunciá.
-¿Eh?
-Si, renunciá –dijo George.
-Otra vez este tema.....Ya les dije que no.
-¿Pero por qué? Podés seguir en ese instituto.
-Ya dije que no es algo seguro eso. Quiero trabajar, me gusta disponer de mi propio dinero.
-Cortala Eva –John se puso de pie, y se paró frente a ella –Cortala con esos delirios de independencia. No estás sola, no vivís sola. Cualquier mujer deja un poquito eso cuando tiene novio o se casa.
-Y no soy como otras mujeres.
-Eso salta a la vista. Estás con cuatro.
-¡Pero eso no les da derecho a...!
-Eva si querés trabajar, está bien. Pero te buscás otra cosa. Esto de que te vayas de viaje no me gusta. No NOS gusta.-dijo Paul
-A mi no me van a estar mandando ustedes, o soy su esclava.
-¡Nadie te dice eso! Empecemos a comportarnos como pareja. Está bien., somos una pareja un poco....rara. Pero estamos juntos.
-Cuando nosotros nos fuimos, te llevamos, no te dejamos sola –dijo Ringo.
-¡Pero yo no puedo llevarlos a ustedes!
-¡Nadie te pide eso, mujer! Te pedimos que no vayas.
-Voy a ir igual.
-No sabés lo que significa estar juntos –dijo John.
-No me hieras con eso.
-No me importa si te hiere o no, te estoy diciendo la verdad. No sabés estar con alguien. No todo es revocarse en la cama, ¿sabés? Pero veo que no entendés. Así que hacé lo que quieras.
-Pos supuesto que  voy a hacer lo que quiero.
-De eso no me quedan dudas –dijo Paul.
John dio media vuelta y se fue al jardín, junto a Paul. Ringo subió las escaleras, pasando a su lado sin siquiera mirarla, y George se levantó de la mesa arrojando una servilleta, y se metió en la sala a mirar televisión. Ella subió las escaleras con lentitud, se encerró en su habitación, y rebuscó en el cajón de su mesa de luz, hasta que encontró un porro. Lo encendió, y se echó en la cama.

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Hola! Perdonen por tardar en subir, pero acá les dejo este capitulo que me gustó mucho escribir, espero que se note jajaja, como ven, todos andan medios egoístas y caprichosos, nadie es santo acá XD
Les dejo el video con la canción que le da título al capítulo, seguro que la conocen

domingo, 25 de noviembre de 2012

Capitulo 47 Handle with care


Sentada en el avión, al lado de Paul, miraba por la ventanilla. Después de su tormenta con Brian, las cosas habian mejorado un poco. Por lo menos podía viajar con ellos en el regreso a casa y, siempre simulando, los últimos días de la gira los había acompañado en actuaciones o entrevistas.
El asunto de los anónimos estaba casi solucionado. Según Brian, eran producto de los empleados de los hoteles, que siempre se pasaban de chismosos. Había hablado con el dueño del último hotel, que advirtió a sus empleados y no apareció mas ningún papelito misterioso. La hipótesis se conformaría cuando la gira terminara, sino volvía a aparecer ningún anónimo mas, sería cosa de los hoteles.
-¿Estás bien? –preguntó Paul.
-Si, si, sólo pensaba.
-¿En qué?
-Que curioso sos –rió –Pensaba que las cosas mejoraron un poco.
-Es verdad. Y mejorarán mas cuando lleguemos a casa -le dio un beso rápido.
-¡Paul! ¡Que nos pueden ver!
-Ay pero si sólo fue un besito –contestó el haciéndose el inocente.

Pasaron dos días donde lo único que hicieron fue dormir, aprovechando el tiempo que les habían robado en la gira. Después, hubo que volver al trabajo.
-¡Eva! –gritó Jenny ni bien la vio –Que...que bien que estás...-dijo mirando a todos lados.
-Ah si, si, estoy mucho mejor –Eva trató de aguantarse la risa.
-Esta noche te invito a cenar con Anne. Y nos contás todo, todo. ¿Te parece bien?
-Buenísimo ¡reunión de chicas!
-Eva, ¿cómo estás?
Se giró y se encontró nada menos que con el director de la revista.
-Ya estoy muy bien, y lista para volver a trabajar.
-Excelente, ésta tarde acompañarás a los muchachos, entrevistarán a los Kinks.
Se sintió un poco nerviosa al oír eso, temía encontrase con Dave Davis y que volviera con sus sospechas, pero no le quedaba mas remedio.

El resto de la mañana lo pasó junto al trabajo atrasado que tenía. Legó la hora del almuerzo, pero Jenny estaba muy atareada, asi que Eva cruzó al bar de enfrente, donde siempre comían. No alcanzó a llegar, cuando se cruzó con un hombre que le pareció reconocer. Se giró  y se percató de que el hombre que la miraba. Se acercó a ella.
-Eva, ¿cómo estás?
Abrió grande sus marrones ojos. Por nada del mundo esperaba volver a encontrarse alguna vez con Joseph.
-Ho...hola Joseph. Estoy bien.
-Necesito ver a Jenny.
-¿Para qué? –preguntó, poniéndose  a la defensiva.
-Por favor....confirmame que sigue trabajando acá enfrente.
-No te voy a decir nada. Debo irme, se me hace tarde.
-Decile que la necesito. Me divorcié, al fin. Quiero que vuelva conmigo.
-No soy tu mensajera. Decile vos cuando la encuentres algún día.
Entró al bar y pidió el teléfono. Desde allí se comunicó con su amiga.
-Jenny soy Eva.
-Hola, tanto tiempo –rió la chica.
-Tengo que contarte algo. Me encontré con Joseph. Te está buscando, está en la puerta del edificio.
No escuchó nada mas, hasta que un ruido seco cortó la comunicación. Devolvió el teléfono y se sentó en la mesa de siempre. Por la ventana vigiló a Joseph y rogó que su amiga no hiciera ninguna locura. Sabía lo mucho que lo había querido, y no estaba segura de que hubiera dejado de quererlo. Si volvía con él se arruinaría la vida.


Su turno de tarde comenzó, intentó hablar con Jenny pero estaba muy ida, distante. Sabía que no se habia encontrado con Joseph, pero saber que la buscaba seguramente la había perturbado.
Esperaba junto a los entrevistadores en la casa de los hermanos Davies, donde se realizaría la entrevista.
-Hola Eva –saludó Dave. Lo vio con un aspecto y actitudes burlonas y sarcásticas, y así respondió a las preguntas.
Cuando todo finalizó, suspiró aliviada, había sido algo incómodo para todos.
-¿Cómo estás?
-Estoy bien Dave, gracias –contestó indiferente, mientras guardaba la cámara.
-¿Sabés? Tengo novia. Y...otras chicas mas. No necesito mujeres que se acuestan con beatles.
-¿Pero qué decís? –lo miró, escandalizada.
-¿Me va  a decir que no es verdad?
-Claro que te lo digo. Y otra cosa, me importa un rábano tu vida privada. No me molestes.
-Si, claro....
-Sos un histérico con la fama en la cabeza. ¿Porque una te dijo que no le inventás toda una historia?
-Ya te dije que digo la verdad. Sos asistente, todas las asistentes se acuestan por lo menos con dos de la banda. Sos una groupie, Eva querida.
Se colgó su bolso, indignada, y se fue junto a sus compañeros que la llamaban. En el viaje en camioneta, de regreso a las oficinas de la revista, no pudo sacarse de la cabeza lo que Dave le había dicho. Después de todo, tenía toda la razón.


John y George la miraron serios. En verdad, ni siquiera había pensado en como lo tomarían, era algo muy inocente y simple.
-¿Qué pasa? –peguntó con inquietud.
-Las “cenas de chicas” siempre me resultaron raras –respondió George.
-Chicos solo vamos Jenny, Anne, y yo. Hace mucho que no tenemos una charla entre las tres.
-Pero nosotros planeamos una super cena, ahora que por fin volvió todo a la normalidad –dijo John.
-Yo...no sabía.
-Hacé lo que quieras –George subió la escalera.
-¿Qué le pasa? –le preguntó a John.
-Tiene razón.
-Oigan no seas tan celosos, sólo es una cena –John no la escuchó, solo imitó a George y se fue.
-¿Pasó algo? –preguntó Ringo entrando desde la cocina.
-John y George se enojaron –respondió molesta.
-Ah...¿por la cena con tus amigas?
-Si. ¿Vos también? –lo miró con enojo, pero el chico sólo le dio una sonrisa dulce.
-Claro que no. No tengo motivos para enojarme –la tomó de la cintura y le plantó un gran beso.
-Veo que sos mas vivo que los otros dos –le dijo ella con picardía.
-Por supuesto, ¿tenías alguna duda?


En la cena, hablaron de todo, pero Jenny se veía incómoda, hasta que, presionada por las preguntas, decidió hablar.
-Me encontré con Joseph. Salí con la excusa de ir al bar para hablar con él.
-¿Y? –preguntó Anne.
-Me habló. Se separó de su mujer. Y...quiere volver conmigo.
-Pero vos estás con Patrick, y estás bien. Quiero imaginarme que lo querés.
-Si Anne, lo quiero pero....con Joseph viví muchas cosas.
-¡Por favor Jenny! –exclamó Eva –Ese tipo te usó, te jodió muchos años.
-Mirá quien habla. ¿Pensás que terminarás bien cuando todo se acabe con tus cuatro?
-¡No hay puntos de comparación!
-Chicas, no peleen por favor –Anne intentó calmar los ánimos –Jenny, pensá un poco. Eva tiene razón en algo, te arruinó pese a los momentos lindos que hayas vivido con él.
-Jenny pensá en Patrick, ese chico te adora, es bueno, tiene un gran futuro, le vas a destrozar el corazón.
-Estoy muy confundida.....-comenzaron a caerle algunas lágrimas -¡Mierda! ¡Ya estoy llorando!
-Tranquila, pensalo con la cabeza en frío.
-Eso haré, gracias por todo.


Se encerró en su pequeño laboratorio montado en la casa. Buscó los rollos y rollos que tenía. Era el momento de revelar las fotos.
La puerta se abrió lentamente y apareció George.
-Evy, teléfono para vos.
-Gracias George.
El chico cerró la puerta. Suspiró, algo molesta. Todavía no entendía qué les había pasado a George y a John. Después de su escenita de celos, pasaron casi dos días sin hablarle, dos días donde se comió la cabeza, se llenó de culpas y enojos, y ellos parecieron de los mas tranquilos. Y después, volvieron a hablarle, y a besarla, y a todo. Y ella no podía resistirse, ni poner una objeción. A veces pensaba que tenían la capacidad de dominarla sólo con la mirada.
-Hola....-dijo cuando se puso al teléfono.
-Soy Murray, del instituto de fotografía.
-Ah, hola señora Murray.
-Quería saber si ya tenía las fotos para al exposición.
-En este momento comenzaba a revelarlas....
-Tiene tiempo para traerlas hasta la semana que viene. Que no sean mas de 100, hay muchos que compiten por un lugar.
-De acuerdo...-respondió dudando, no sabía eso de “competir”. Pensaba que cuando le había ofrecido hacer eso ya tenia el lugar asegurado.
Se despidió y colgó con algo de desilución.

La semana pasó demasiado rápido, debía buscarse el tiempo para encerrarse y seguir revelando fotos a veces hasta altas horas de la noche.
Cuando al fin terminó, eran mas de 300. Comenzó una selección muy meticulosa, descartando lo que le parecia mediocre, ordinario, o simplemente malo. A la vez pensaba que eso de “competir” no le iba. Era una época donde todo el mundo sacaba fotografías, era casi pasión en todos, y ella no era una profesional en el ámbito artístico, así que no consideraba que llegaría a la exposición.
Luego de terminar la selección, contó lo que tenía: 200. Ya estaba cansada, así que, bostezando, salió del pequeño cuarto.
-Chicos....-los cuatro dejaron de mirar televisión y leer revistas -¿Podrían venir?


-¿Que hagamos qué? –preguntó Paul, sorprendido.
-Que seleccionen las que le parecen mejores
-¡Pero son un montón! –exclamó Ringo, tratando de abarcar con su mirada la cantidad de fotos dispersas y colgadas por todo el cuarto.
-Hay 200. Les daré 50 a cada uno, al azar. Traten de reducirlas a la mitad.
-O sea....¿que de 50 elijamos sólo 25? –preguntó John –Es imposible.
-Es posible, se los aseguro.
-¡Todas son muy buenas! Y te lo digo yo, que tengo ojo de fotógrafo –dijo George.
Eva juntó y contó las fotos, formando cuatro montoncitos de 50 fotos, y se los dió.
-Tienen dos días para hacer la tarea.


Luego de esos dos días, John golpeó con insistencia la puerta.
-Mmm..¿quién es? Pase....-respondió somnolienta -¡Ringo! ¿Qué hacés en mi cama?
-Dormía....
-Hora de levantarse –dijo John entrado –Veo que tenés compañía.
-John, buen día. Ringo ¿por qué no me avisaste que estabas acá? Esa costumbre que tienen de meterse sin decir nada...
-Señorita maestra, acá le traigo mi tarea. 25 fotos.
-Gracias John. Ringo....
-Uy ya voy, ya me levanto, hola a todos –se incorporó, rezongando.
-¿Terminaste tu tarea, Starkey? –preguntó John.
-Eva estaba dormida.
-¡No me refiero a eso, idiota! ¡Te hablo de las fotos!
-John, es temprano para que andes a los gritos.....Y si, ya tengo las fotos.
-Chicos, por favor, váyanse que me quiero levantar.


Mientras desayunaba, desparramó las fotos sobre la mesa, bajo la atenta mirada de los chicos.
-Fue un trabajo insalubre –dijo George –Una pena descartar algunas muy buenas.
-Quedan para la exposición que viene.
-Ojala haya “exposición”, Paul.
-Ay Eva, seguro entrás.
-Me estoy arrepintiendo un poco....
-No seas tonta Vicky, vas a ver que sí. Estaría bueno que te dedicaras sólo a esa cosas. Es mas independiente y no dependés de horarios de trabajo.
-Mmm....no sé, John. Es un mundo del que no sé nada. Bueno, les agradezco su colaboración, señores. Serán bien recompensados.
Metió todas las fotos en un sobre color madera y escribió los nombres de Murray y Scott, los directores del instituto. Antes de entrar a trabajar, dejó el sobre en la recepción, con pocas esperanzas.


-EVAAA!!!! –el grito desaforado de Ringo la hizo saltar de la silla. Se puso de pie, enojada.
-¿Qué mierda pasa?
-¡Teléfono! ¡Y son del instituto ese!
Corrió hasta el teléfono y le quitó el auricular de las manos. Sin embargo, cuando se dispuso a hablar, tuvo miedo. Miró a Ringo, que le sonrió, tranquilizándola.
-Hola....
-¿Señorita Shells? Soy la señora Murray.
-Hola señora Murray, ¿cómo le va?
-Muy bien, recién terminamos de ver su trabajo. En diez días la quiero en la inauguración de la exposición. Su trabajo es muy bueno.
Apenas pudo reprimir un gritito de emoción, y se despidió, agradeciéndole a la mujer. Ni bien colgó, se abalanzó sobre Ringo.
-¡Estoy en la exposición! ¡Entré!

domingo, 4 de noviembre de 2012

Capitulo 46 Hoy hagamos la excepción de romper las reglas


Sintió  que le acariciaban el pelo y entreabrió los ojos. Vio a Paul y sonrió al recordar la noche anterior.
-Buen día Paulie...
-Al fin despertás muñeca. Buen día –le dio un suave beso
-¿Es tarde?
-No, pero ya me tengo que ir –dijo fastidiado.
-Paul, no te enojes –lo abrazó –ya falta poco para que volvamos a casa y estemos....relativamente tranquilos.
-Si, es cierto....Pero aún así, no tengo ganas, me gustaría quedarme acá con vos. Aunque.....-repentinamente su expresión cambió, por una mas alegre –esta noche hay una fiesta con varias personalidades, pero nada de gente estirada ¡gente como nosotros! Y después....podríamos seguir la fiesta acá ¿qué te parece? –le guiñó un ojo.
-Me parece una idea genial –le dio un beso rápido –Ahora siento decirte que tenés que levantarte antes de que Brian te tire por la ventana.


La mañana transcurría tranquila, o mas bien, aburrida. Decidió llamar a Jenny, la única que sabía la verdad sobre su “pulmonía”.
-Hola...-contestó vacilante
-¡Jenny! –gritó Eva, casi dejando sorda su amiga.
-¡Eva! –la chica le contestó de la misma forma -¿Como va esa gira?
-Pues...aburrida. Encima Brian está ensañado conmigo, no sé qué le pasa.
-Ohh, y yo que pensaba que estabas pasándola en grande......Acá está todo bien, el director a veces me pregunta sobre tu salud y le digo que estás mejorando, pero en cama. Esa debe ser la única verdad, seguro estás todo el día en la cama con los cuatro.
-¡Jenny! –exclamó riendo –No digas esas cosas y habla mas bajo, que alguien ahí te puede escuchar.
-No hay nadie, hace un tiempo horrible y los clientes se han quedado en sus casas, supongo. Y los empleados están tomando café en la cocina.
-Bueno, te digo que en una semana estaré por allí, anda preparando el terreno.
-Ok, ya voy avisando.
-Dale saludos a Anne, y si querés contale todo, sé que ella no dirá nada.
-Como quieras, nos vemos. ¡Y mas vale que traigas regalos!


Luego de cortar, tomó su cámara y se disponía a salir cuando lo recordó. Así que volvió a avisarle a Brian.
-Pase –contestó él al escuchar los golpecitos en la puerta.
-Buen día Brian. Voy a salir, volveré al mediodía –dijo asomada a la puerta.
-No salgas.
-¿Qué?
-Que no salgas. Te vas a quedar acá. Es una orden.
-Pero....¿por qué?
-Porque yo lo digo.
Indignada, cerró la puerta de un golpe, y decidió salir igual. Brian no era su jefe ni nadie, así que salió y tardó mucho mas en su paseo, ya que volvió casi al anochecer. Llegó de regreso al hotel satisfecha, con tres rollos de fotografías en sus bolsillos y casi sin recordar el incidente con Brian. Hasta que se lo cruzó en el pasillo, cuando se dirigía a su habitación.
-¡Eva ¿recién volvés?!
-Si –contestó calmada, algo que al manager enfurecía.
-¿Y lo decís así? ¡Te prohibí que salieras!
-Brian, déjeme tranquila, no soy su empleada, sabe bien quién soy.
-Te prohibí que salieras por tu seguridad y la de todos.
No le contestó, sólo giró la llave en la puerta, entró y se la cerró en la cara. Cinco minutos después, golpeaban y atendió ya mas enojada, pensando que sería Brian. Sin embargo., se encontró con la enorme sonrisa de Ringo.
-¿Te dijeron de la fiesta? –le preguntó ansioso.
-Si Rin...
-¡Preparate, en una hora nos vamos!
-Pero....¿yo voy a ir?
-¡Claro! Pensé que Paul te había dicho...
-Si, me lo dijo...
-¿Y? Vamos, se supone que sos “la asistente” –le guiñó un ojo y se fue.
Comenzó a dudar en si debía o no ir, tenía miedo de que alguien sospechara algo.
John abrió la puerta
-Se golpea antes de entrar –le dijo riendo.
-Perdón, vinimos a decirte que te apures. Yo y él –señaló a George, que entró con un paquete.
-Antes fumate uno
-Chicos, ¿van a ir a la fiesta ya con porros encima?
-Si no pasa nada....-dijo George despreocupado –Dale, agarrá uno.
Tomó uno, George se lo encendió y comenzaron a fumar juntos, sentados en la cama. Cuando se dieron cuenta de que la hora pasaba demasiado rápido, ella se puso de pie y abrió las puertas de su armario.
-No sé qué ponerme...
-El eterno drama de las mujeres –dijo John hurgando en sus cosas -¿Qué tal éste? –sacó un vestido azul
-Mmm.....no....
-Mirá, me queda bien –John se miró al espejo, poniéndose el vestido encima.
-Uy Lennon, que buena estás –bromeó George –Con ese vestido se te marcan tus sensuales curvas.
Rieron hasta que ella sacó otro vestido, esta vez rojo.
-¿Este les gusta? A mí me parece un poco escandaloso.
-Está buenísimo ¡rojo infierno! –exclamó John.
-El rojo es el color favorito de Ringo, se le van a cruzar los ojos cuando te vea
-Bueno asesores de moda, váyanse que me tengo que cambiar
-¿Y por qué no podemos quedarnos? –preguntó John lleno de picardía.
-Porque no, fuera degenerados –entre risas, les dio empujoncitos hasta que salieron. Cerró la puerta pero se abrió enseguida.
-Esto es tuyo –John le tiró el vestido azul y cerró.

Cuando llegaron a la fiesta, ya estaban todos un poco mareados por los porros, pero para su sorpresa, el resto de los asistentes también estaba en un estado un poco anormal. Así que comenzaron a tomar y bailar, pero siempre cuidándose, marcando una línea imaginaria que los separaba de su “asistente”. Hasta que no aguantaron mas.


Sentado frente a su escritorio, leía una pila de papeles y también los diarios que no había podido leer en la mañana. Se estaba arrepintiendo de haber dejado ir a los chicos solos a esa fiesta, pero ya estaba harto de escuchar sus quejas.
-¿Señor? –escuchó luego de un pequeño golpe en la puerta.
-Pase –contestó con indiferencia.
Un empleado del servicio entró con el carrito con la cena.
-¿Lo dejo por aquí?
-Sí, si, ahí –con la mano señaló un rincón, sin siquiera despegar la vista del diario.
El empleado se quedó unos segundos mas, destapando una botella de vino y luego Brian le agradeció y se fue. Cinco minutos después, volvieron a golpear.
-Señor, vengo por la ropa –dijo una mucama joven, de baja estatura y uniforme rosa.
-Ah sí, está por ahí –contestó sin mirarla. La chica entró y cambió las toallas del baño y metió la ropa sucia que encontró en un canasto.
Después que terminó de ordenar y guardar sus papeles se dispuso a cenar. Calculó que la comida ya se habría enfriado, pero estaba cansado y no quería esperar a que le trajeran comida mas caliente. Aún parado, probó un bocado y no le pareció que estuviera tan fría.


-George soltame, recordá que soy....
-Si, si, la asistente. Pero ya no me importa, mejor dicho, no nos importa –le dio un apasionado beso al que en un principio no se resistió, pero después lo separó.
-No, no George....
-¿Qué pasa? –preguntó Paul acercándose con dos copas de champagne en la mano
-Chicos no se pasen, estamos delante de toda esta gente...
-No te preocupes –Paul le dio un beso rápido y le entregó una de las copas –Tomá y olvidate.
-Pero....
-Están peor que nosotros –rió George.
-¿Por qué no volvemos? Ustedes mañana tienen que actuar....
-Vicky –de la nada apareció John –ya dejá de ser tan responsable, lo rebelde te queda bien. Estos tipos ni nos están mirando, y mañana no se acordarán de nada si vieron algo. Por lo tanto ¡hay que disfrutar de la fiesta! ¡Vamos a bailar!
Salieron  a bailar, mientras seguían tomando. Cuando se cansaron, Ringo llegó a su rescate con unas pastillas en la mano.
-Con esto aguantamos toda la noche –le dijo, antes de ponerle una en la boca –Tomala y vas  a ver.
Cuando la fiesta les empezó a parecer aburrida, decidieron volver, aunque ya no estaban en buen estado. Por eso, entraron al hotel a los gritos, sin ningún reparo en que la vieran a ella.
Entraron a la habitación de ella, a hacer algo que estaban esperando con ansias: ponerse de ácido como si no hubiera mañana. Sin dudas, esa fiesta era mucho mejor que la que acababan de ir. Tenían ganas de, al fin, sacar afuera todo lo que habían reprimido. Por lo tanto ni les importó donde estaban, aunque ya casi ni lo sabían. Todo era risas, cantos locos, gritos y besos. Las fiestas que antes los cuatro se habían hecho con varias chicas, ahora eran con una, con la que amaban. Y ya nadie los detendría.

Se estaba sirviendo un vaso de whiskey, tratando de no hacerse problemas por el desastre que estaba escuchando, cuando vio sobre una mesita un papel celeste, doblado. Le llamó la atención, ya que no recordaba haberlo puesto ahí, y lo desdobló. Cuando lo leyó sintió que el alma se le iba a los pies: “La asistente es la amante de uno o dos de ellos”.


Casi estaba tirada sobre Ringo, besándolo, cuando la puerta se abrió y entró Brian como una fiera, con el papel en la mano. De inmediato, todos parecieron recuperar la sobriedad de repente, incluso George apagó la música.
-¡Vos! –le gritó Brian -¡Vos nos vas a arruinar!
-¿Qué?
-Brian ¿qué te pasa? ¡No le grites!
-Tranquilo John, esto ya es algo entre él y yo –intentó calmarlo -¿Qué te pasa? ¿Qué querés?
-¡Quiero que desaparezcas! ¡Alguien, o varias personas, saben quién sos! –le tiró a la cara el papel, que ella leyó y dejó caer al suelo
-Se equivocan, dice que estoy con uno o dos, y estoy con los cuatro –le dijo burlándose.
-¡Callate! ¡Nos estás arruinando!
-A ver Brian, yo no hago nada
-¿Ah no? ¡Sos una trepadora! ¡Maldita sea la hora en la que estos estúpidos te conocieron!
-¡Ya Brian, te estás pasando! –le gritó Paul, pero Eva lo miró de tal forma que se calló. Y es que sí, era un gran problema entre ellos dos, y nadie mas debía meterse.
-No me grites, o me harás explotar
-¿Que no te grite? ¿Pero quién te creés que sos? ¡Sos una basura Sheels! Lo estás consiguiendo, ¿éste era tu plan? ¿Tirarnos todo a la mierda?
-No vengo a tirarte nada, y debés saber que ellos no son de tu propiedad, ni vengo a quitarte algo.
-¡No sabés cuánto te odio!
-¿Sabés qué? ¡Yo también!
-¡Ojalá te mueras, puta de mierda!
-¡Ojalá te mueras vos, marica, gay reprimido!
Se hizo un silencio sepulcral y Brian se la quedó mirando, sorprendido por lo que le había gritado la chica.
-¿Qué? –dijo ella desafiante -¿Te pensás que no lo sabía? ¡Pues lo sé! A ver, ¡decime a cuántos tipos se la comiste!
-Eva....-dijo Brian, nervioso pero tratando de calmarla –por favor, no digas nada....
-¿Que no diga nada? ¿Ahora me tenés miedo, nenita? Te dije que no me provocaras, que sabía algo ¡ahí lo tenés!
-Hagamos un trato....
-Esto no es ningún negocio
-Mirá, vos no decís nada y yo no te molesto mas.
-No me convence
-Evy –Paul la tomó de los brazos.
-Dejame Paul, dejame que haga negocios con la señorita esta, ya parece que eso es lo que quiere.
-En serio Eva, calmate.
-¡Paul, te dije que no...!
-¡Basta Eva, basta!
Miró a Paul, no podía creer que le hubiera gritado y que estuviera tan enojado, pero cedió.
-Está bien. Olvidemos todo esto –le dio una mirada de odio a Brian y se encerró en el baño.